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Homenaje al Rock de esta ciudad. Marzo 2002

La noche de las Púas de Oro y algunos cristales rotos

En tiempos de solistas melódico/melosos y de operaciones triunfo catódicas suena arriesgado y casi trasnochado el “Homenaje al Rock de esta ciudad” que proponía Todas las NOVEDADES en la convocatoria a la fiesta por el número 100 de esta revista (con esa inenarrable portada que a nadie ha dejado indiferente). Así que, como a un servidor le tira el riesgo y, sobre todo, el trasnoche (además convocaba un ex-patrón reconvertido en colega), emprendí camino a la sala El Sol, escenario de los grandes acontecimientos, dispuesto a dejarme sorprender y, ¡vive Dios!, no sólo me sorprendí, sino que me lo pasé como un enano en una velada en la que se juntaron los elementos y, sobre todo, los músicos para convertirla en mágica e irrepetible. Me consta que, desde el número 50, el incansable E.P. llevaba dándole vueltas a la idea de un fiestorro con grupos en directo y que había barajado algunos nombres para actuar, pero, al haberse diluido la idea en el tiempo, no era fácil apostar por quién pisaría el escenario. Coincidir con Josele “Enemigo” en la puerta daba alguna pista más que esperanzadora, pero lo que vivimos en el interior pulverizó todas las marcas. El público estaba compuesto en su mayor parte por músicos, si bien se podía ver a gente de la prensa musical y a algún que otro crápula al reclamo de la doble copa por barba (colectivo en que me incluyo). Poco tiempo para saludos y enseguida los Kikes (Babas y Turrón) se subieron a presentar el evento con loa incluida a la labor de la publicación homenajeada y llamada de atención de la necesidad de iniciativas como ésta. También comunicaron que, en el trascurso de la noche, se irían entregando a los grupos  participantes las Púas de Oro, especie de trofeo con evidente simbolismo musical que también se convirtieron en el icono del evento.

 

La primera sorpresa llegó de la mano de Dover. La banda madrileña desplegó su energía en el pequeño escenario de la sala demostrando que es capaz de adaptarse a todo tipo de aforos. Cristina, Amparo, Jesús y Alvaro daban la impresión de encontrarse a gusto de regreso a unas tablas que conocen bien desde sus comienzos, época a la que también se refirieron con emocionadas palabras para explicar su participación en la fiesta. “Estamos aquí por egoísmo, porque esta revista siempre nos ha apoyado en los momentos malos, en los buenos y en los regulares”, comentó Amparo. Tocaron cinco temas pertenecientes a sus dos últimos álbumes y dejaron el listón alto al resto de las bandas.

 

Los siguientes en desfilar por el escenario fueron Los Enemigos. El cuarteto, a punto de poner punto final a su carrera, ofreció un aperitivo de lo que serán sus próximos conciertos de despedida. Como es habitual en ellos, no defraudaron y elevaron la intensidad del asunto con varios temas de su último álbum de estudio y algunos clásicos de su repertorio como clásico es ya su saber hacer en directo, una vez más puesto en práctica.

Con la temperatura (no sólo ambiental, también musical) bien alta, y cuando a más de uno ya se le caían las copas, llegó el turno de todo un clásico del rock patrio: Rosendo. Mr. Mercado hizo gala de su habitual modestia personal y escénica combinada con el poderío guitarrero que también le caracteriza. Un lujo al alcance de los pocos que allí nos encontrábamos reunidos. “Todo el mérito es de los músicos; ellos se han enrollado porque han querido, se han implicado desde el primer momento y para nosotros es como un sueño”, repetían emocionados Esteban y Ana, su chica, protagonista muda de muchas de sus crónicas y fan declarada del ex-componente de Leño. Con “Navegando”, Rosendo coronó una mini-actuación que logró dejar al respetable por las nubes y consiguió las mayores aclamaciones de la noche.

El número final le tocó jugarlo a Burning, la decana banda castiza que transforma cada uno de sus directos en un alegato a favor del rock'n'roll de cuero cervecero. En esta ocasión Johnny y los suyos se entregaron a fondo en dejar claro que su veteranía es un grado y que, a pesar de las ausencias (Risi nuestro que estás en los cielos), la energía ni se crea ni se destruye, simplemente permanece. Faltó su imprescindible “Una noche sin ti”, pero, a cambió, no se resistieron a interpretar uno de su grandes himnos, “Mueve tus caderas”, para delirio de supervivientes y advenedizos.

 

Una distinción con la consabida Púa de Oro para la sala puso el punto final a la actividad en el escenario, aunque la fiesta continuó un buen rato más y de hecho continúa y continuará mientras Todas las Novedades (e iniciativas similares, cuantas más mejor) siga llegando puntualmente a tiendas de discos, bares, locales de ensayo y otros establecimientos, no precisamente mimados por este Ayuntamiento, para dar a conocer todo lo que de nuevo surge en la controvertida industria discográfica más allá de prejuicios, gustos, géneros y corsés. Y el proyecto se expande a la Red con su flamante página web. ¿Alguien da más por menos? Quizá le falte un diseño más fashion, pero, a cambio, el papel (y ahora también la pantalla) se aprovecha al máximo con sobredosis de información. Quizá las portadas sean poco atractivas, pero tienen la garantía de no ser publicitarias. Y si la fiesta por el número 100 reunió a un cartelazo de lujo, la del número 200, que está a la vuelta de la esquina, promete ser de traca. Porque el empeño acaba teniendo recompensa. Felicidades y enhorabuena

Carlos Moral

La Púa de Oro

Uno de los motivos fundamentales para organizar la fiesta celebrada el pasado día 5 era la de homenajear al rock madrileño. No estamos muy acostumbrados a que en España quienes llegaron primero y construyeron lo que hoy se da por sentado tengan ni siquiera un mínimo reconocimiento público. Sí es verdad que en otros ambientes la costumbre está más extendida, pero, por lo general, aquí es necesario que te mueras para que venga alguien a darte las gracias por construir aquello que te ha permitido vivir.

Todas las NOVEDADES ha instaurado un galardón que, aunque no aspira a ser otra cosa que un reconocimiento, consideramos importante dado que trata de paliar un hueco dentro del ambiente musical de Madrid. En esta ciudad existen músicos verdaderamente clásicos que, por llegar los primeros, apenas sí han recibido otra cosa que apelativos de abuelo. Dicho galardón, la “Púa de Oro”, no es otra cosa que un recuerdo cariñoso para aquellos músicos que han entrado en nuestra historia, una historia que, probablemente, no será reconocida por otras personas hasta que no se la vendan en un recopilatorio de Navidad. Nosotros no queremos esperar tanto y es por ello por lo que, de golpe y porrazo, hemos decidido entregar unas cuantas a personas que merecen, cuanto menos, nuestro más profundo respeto por lo que han hecho: dar vida y música a esta ciudad.

En la fiesta del pasado día 5 concedimos tal galardón a los miembros de Burning (Johnny Cifuentes, Eduardo Pinilla, Carlos Guardado y Kacho Casal), Enemigos (Josele Santiago, Fino Oyonarte, Chema Pérez y Manolo Benítez), Dover (Amparo y Cristina Llanos, Jesús Antúnez y Alvaro Díez), Rosendo y a sus dos compañeros de banda, Rafa Jiménez y Mariano Montero. Del mismo modo, hicimos entrega del galardón a la sala El Sol, la más clásica de Madrid en los entornos del pop y el rock.

En la mente de todos están otros nombres a los que esperamos entregar, en breve, su merecido ejemplar. El galardón es una púa de cuatro gramos y medio de oro dorado labrada con la imagen de un guitarrista en una cara y su nombre en la otra.

E.P.

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