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Marea graba su tercer álbum y presenta su candidatura como grupo revelación del año. Junio de 2002

Los nuevos románticos

Y su triunfo no será casualidad. Kutxi, Kolibrí, César, Piñas y Alen son ya una institución en el norte de España, tocando ante públicos sumamente numerosos y con el respeto ganado por parte de toda la comunidad musical. Su carrera, desde el 97, ofrece ya tres entregas discográficas con un importante desarrollo y con una de esas virtudes que vale su precio en oro: la capacidad de comunicar.

Es cuestión de posturas. O de carácter. Unos eligen presentarse a “Operación Triunfo” con el sueño de convertirse algún día en un estandarte de la canción melódica. Otros disfrutan con el rock y prefieren seguir la tan cacareada tradición que indica que las bandas se hacen en directo, no en una academia. Kutxi (Romero, para más señas) es de quienes entiende que, para ser alguien, no es necesario salir en la tele a todas horas. Sus primeras aventuras en esto de la música pasaron por formar parte de grupos de punk (ATZ) o por bandas de thrash (Kintal), pero no tardó mucho en darse cuenta de que su camino natural era tener su propia formación. Enseguida se lió con Alen Ayerdi, el batería de otra formación primeriza (El Nido del Cuervo) y con Edu Beaumont, un amigo de años al que todo el mundo conocía como “El Piñas” y que aspiraba a tocar el bajo en algún sitio sin demasiadas pretensiones. César Ramallo se incorporará un poco más tarde como guitarrista y David Díaz (“El Kolibrí”) llega el último como caído del cielo. De todos ellos él era el único que se había hecho cierto nombre propio que mantenía, en ese momento, con The Forrest Band, una banda de soul. Juntos dan a luz La Patera un 24 de diciembre.

Tardaron un año, un mes y una semana en convencerse de que tenían que hacer un disco, y así nació “Marea”, una colección de temas convincentes expuestos con un sonido tan crudo que los técnicos de estudio que lo avalaron no pudieron sino calificar como “de maqueta”. En esos momentos daba lo mismo: los miembros de La Patera ya habían decidido que, por su cuenta y riesgo, iban a prensar lo obtenido para ponerlo a la venta entre sus amistades e iniciar la habitual “gira de los sordos” de compañía en compañía. Pero encontraron a uno que no era tan sordo como los demás: un representante de la RCA les puso delante un contrato para hacerles estrellas y darles la felicidad. El quinteto estaba tan abrumado por la oferta que no se le ocurrió idea más peregrina que presentarse en otra discográfica diferente para preguntar si el contrato que les ofrecían era tan sugerente como les querían hacer ver. Según cuenta la historia lo era, por lo que el 22 de mayo del 99 los cinco elementos de Berriozar se convirtieron en un nombre más en la lista de aspirantes a la fama. Sólo había un problema: en Melilla ya existía un grupo que se llamaba La Patera y que no estaba dispuesto a renunciar a su nombre. También había una solución: Kutxi y los suyos se llamarían Marea y el nombre del disco lo cambiarían por “La patera”. El orden de los factores no altera el producto.

La gente de RCA no se tomó la molestia de regrabar el álbum. Ni siquiera de remasterizarlo. Lo sacó a la calle tal y como se lo entregaron. Y lo trató como lo que era: una maqueta. Sin embargo, lo mejor de “La patera” no estaba en las guitarras hirientes del “Kolibrí” ni en los ritmos de rocanroleo patrio surgidos de las cuerdas del “Piñas” y los tambores de Alen. La magia del disco se escondía en letras que escocían, en poemas de medio pelo que crecían hacia dentro con un poder evocador enorme. Eran letras que, una vez que se entendían, calaban a la primera, hacían hervir la sangre y ponían de tertulia a las neuronas. Escucharlos era como rememorar la mejor época de Extremoduro, cuando Robe escribía para él y no para sacar discos con DVD. Marea se convirtió en muy poco tiempo en una banda cercana al público y dejó claro a las primeras de cambio que su oferta resultaba coherente. A una actuación contratada en Levante Kutxi se presentó con un amigo lo suficientemente oscuro como para que el portero de la sala sacara de dentro su vena xenófoba. No hubo problema: Marea se negó a tocar aunque se volviera a Navarra con algo menos que lo puesto.

Planteamientos de este tipo no iban con el estilo de la RCA. De allí salieron sin gusto Reincidentes, Porretas o los Enemigos convencidos de que una compañía de ese tipo no sabía dar a conocer un disco de rock. Marea siguió el mismo camino después de que, con la maqueta de su segundo álbum, enviara una carta a la discográfica quejándose de su capacidad y de su eficacia. La respuesta llegó en forma de carta de libertad. RCA reconoció que sólo fue capaz de vender dos mil quinientos discos de “La patera” aun cuando el grupo giró y actuó junto a Reincidentes, Etsaiak, S. A. o La Polla dejando a la gente más que satisfecha. Cuando “Revolcón” salió a la calle, publicado por Gor, doscientos chavales hicieron cola para que Kutxi y sus amigos les firmaran el disco. Por esa época RCA trabajaba arduamente para traer a España a Cristina Aguilera.

Si “La patera” impactaba, “Revolcón” era una continuación lógica y mejorada. En él empiezan a aparecer algunos de los himnos que el público de Marea corea hoy a voz en grito. Las letras de Kutxi se entienden mejor aun cuando el pistón de los guitarrazos sigue levantado. En aquellos días tú podías elegir entre el álbum de Marea o el “Canciones prohibidas” de Extremoduro. La mayoría se quedó con el segundo, pero, en cuanto conocían “Revolcón”, empezaban a invertir sus preferencias. El público de Marea crecía de una manera apabullante. Si la primera vez que tocaron en Madrid lo hicieron en una sala de pequeño aforo como el Hebe vallecano, en su última visita reventaban el Aqualung juntando a más de dos mil personas. Todo estaba listo para que el quinteto diera su golpe de gracia. Y eso es lo que es “Besos de perro”, un disco definido por Kutxi como “aquél en el que la poesía y el rock follan como locos”.

“Besos de perro” puede considerarse como el primer disco “realmente serio” de Marea, el que estará al alcance de todo el mundo y el que contará con un presupuesto de promoción capaz de hacerlo crecer. Es en el que, por fin, el grupo ha contado con la producción de Iñaki Antón, el “Uoho” de Platero y Extremoduro, que se está consolidando como un productor con numerosos pretendientes. “Es el único lujo que hemos tenido, pero con el que nos parece más que suficiente. Es el mejor y sabe sacar la esencia de los grupos con los que trabaja. Sólo graba con quien le gusta y eso hace que ponga un enorme cariño en todo”, comentan los componentes de Marea cuando se les pregunta por la cuestión. Con todo, trabajar con Iñaki supone valores añadidos que uno no tarda en imaginar: por su estudio pasa, un día sí y otro también, toda la cofradía que ha formado la mancomunidad de Extremo y Tú o Plateroduro. “Habíamos hablado con Fito hace tiempo de cara a hacer con él una versión de Barón Rojo para un disco homenaje, pero aquello no se pudo culminar dado que él estaba liado con la grabación de su disco. Nos dijo que no nos preocupáramos, que para nuestro próximo disco haríamos algo. Y así fue”, señalan hablando de la colaboración que Fito, la voz de Platero y de los Fitipaldis, hace en “Pan duro”, la última de las once canciones incluidas en “Besos de perro”. Del mismo modo que Fito pasaron por la Casa de Iñaki Roberto Iniesta, Martín Romero o Batiz, aunque la colaboración más apreciable del álbum es la que no está, la del Cabrero, cantaor flamenco del que se recogen algunas palabras a fin de introducir la versión que Marea hace de su “Como el viento de poniente”. Este acercamiento al flamenco (aunque sólo sea para recuperar un texto escrito originalmente por Elena Bermúdez) es seña de identidad de Kutxi y queda reflejado en todos sus discos de un modo u otro. Si en “La patera” aparecía el tema “Ya lo dijo el Camarón”, en “Revolcón” la cosa se fue un poco más allá y se incluyó la colaboración de Domingo Calzado aportando un minuto de jondura en “Canto de tierra seca”. “El Cabrero es el mejor letrista que hay dentro del flamenco, y también el más incomprendido. No entiendo cómo dentro del flamenco hay tantos letristas que se conforman con hacer textos de fiesta y alegría”, dice Kutxi mientras sus compañeros ponen cara de póker. “No es que no me guste el flamenco “--apunta Alen--”, es que hay muchas cosas en él que aún no entiendo. De todas maneras, le concedo su terreno y cada vez escucho algo más”. Kutxi, sin embargo, no concede ni pizca: ya ha empezado a tirar para atrás y, como un aficionado más, empieza a sentir curiosidad por nombres tan grandes como Manolo Caracol o Antonio Mariena. “La gente del flamenco “--dice--” debería ser todavía más cerrada. Hace poco estuve viendo al Cabrero en directo y la mayoría de la gente que había entre el público era la mar de pija. No sé si esperarían ver a alguien como Navajita Plateá o algo así”.

Con todo, no es el flamenco la seña de identidad de Marea. El quinteto se define como una banda de rock en toda regla. Y cuando se dice en toda regla es porque no se admite otro apelativo del rock que no sea “&roll”. “Es evidente que Robe ha marcado camino con sus letras. Escribe sin prejuicios y yo lo hago igual. Probablemente por eso tanta gente señala la influencia que podamos tener de Extremoduro, pero para nosotros queda claro que, en el terreno musical, hay otras bandas de las que estamos más cerca, como los Suaves o Barricada, por ejemplo”. Dos guitarras en línea, dureza en cada esquina y una melodía de voz que sirve de catarsis para que el público se quede pegado a cada canción. “Este disco es más completo que los anteriores”, señalan cuando se trata de poner en tela de juicio su nuevo trabajo. En el álbum se aliñan las composiciones con un mayor cuidado, pero sin buscar nunca el parecido con la modernidad o con los esquemas complicados. “Siempre hemos dicho que nuestros discos tienen el rock’n’roll de toda la vida pero tocado por nosotros. Lo más sencillo es, a la postre, lo más difícil de hacer; y, a la vez, lo más bonito. No entendemos muy bien el porqué de complicar las cosas e, incluso, no entendemos ese concepto de hacer las cosas complicadas. ¿Qué quiere decir eso? A nosotros nos salen muchas cosas cuando nos ponemos a tocar, pero lo simplificamos en aras de la canción”. De todos modos, en “Besos de perro” no han dejado de lado la oportunidad de hacer algo diferente: “La canción ‘Pan duro’ es muy distinta a todas las demás, tanto que igual no la tocamos en directo. Kutxi la quería hacer sólo con la guitarra y la voz, pero yo creí que era mejor aportarla matices, darla lo que ella pedía. Fue por eso por lo que al final decidimos incluir un cuarteto de cuerda. Igual es una cosa que se queda ahí”, aclara el “Kolibrí” mientras que, en esta ocasión, son sus compañeros los que ponen cara de póker.

La otra seña de identidad del álbum es, obviamente, los textos. Kutxi se ha confirmado ya como un letrista excelente y como un aficionado consecuente a la poesía. Ha publicado dos libros por su propio riesgo (“El sumidero” es el último de ellos) y es de las personas que sabe retratar una imagen con las palabras más adecuadas y el rasgo más accesible. “No es que me gusten las palabras malsonantes o los tacos. Lo cierto es que los uso muy pocas veces, pero, como el resto de lo que escribo es tan romántico, contrastan. Si estuviera todo el rato con ese lenguaje no llamaría tanto la atención. Si tengo que decir ‘mierda’ digo ‘mierda’, pero, cuando todo está más descontaminado, choca”. Sus libros, sin embargo, no son tan directos ni tan evidentes. Al contrario, reflejan más un mundo interior con cierto aire de pesimismo y con una necesidad evidente de colaboración por parte del lector. “Bueno, ya, pero es que eso es como para mí. Yo me entiendo. En las canciones tienes que contar una historia en tres minutos mientras que cuando escribes poesía le puedes dar muchas vueltas. Al fin y al cabo, los poemas son como los pedos y los niños: sólo le gustan al que los hace. Antes los llevaba a los conciertos para ver si vendía alguno, pero dejé de hacerlo porque los chavales creían que eran canciones y cosas así”. Kutxi, curiosamente, nunca se ha planteado escribir en euskera: “Alguna vez se me ha ocurrido, sí, pero para eso antes tendría que aprenderlo. No sé decir nada en euskera más allá de pedir unas cañas y un bocadillo de pimientos”.

Este personaje, que presume de romántico, hace distinciones a la hora de hablar de dicho romanticismo. “En el rock’n’roll dura hasta que haces un master. A partir de ahí todo son hijoputas con burocracia, balances, ventas y…, en el fondo, dinero. Les da lo mismo vender discos que lencería femenina, churros o cualquier otra cosa. El día en que nos tomemos esto como un trabajo será el final; esperemos que no nos llegue nunca”. “Lo mejor del rock son los grupos, los que hacen la música, no lo que tiene que ver con la industria”, apostilla Alen. La postura, que puede resultar exagerada si se mira desde fuera, tiene sus cimientos en las andanzas de Marea con sus anteriores compañías. “Te vuelves más zorro, más ágil de cabeza. Ya les calas hasta por la pinta que llevan. Siempre fuimos reticentes para tratar con estas cosas, pero necesitábamos darnos de cabeza contra la pared para convencernos”.

Hasta el momento están contentos con su reciente fichaje por Dro, la discográfica que ha lanzado “Besos de perro” en un elegante formato de digipack y con un vídeo dirigido por Kike Turrón y Kike Babas alrededor de la canción “A la mierda primavera”. El resultado ha sido suficiente como para que quienes siguen de cerca el terreno del rock apunten a Marea como uno de los grupos que, en este año, dará la campanada a nivel de repercusión. Demasiados como para que el asunto se quede en agua de borrajas. “Nosotros nos consideramos un grupo grande cada vez que hacemos un disco. Es como ganar una batalla y lo que menos nos preocupa es si eso es ir para arriba o para abajo. Es una cuestión de supervivencia. Cuando hemos discutido con compañías por nuestro nivel de ventas es porque una cosa es que te hundas tú y otra muy diferente que se rían de ti. No pienso dejar que nadie se ría de nuestro trabajo; cuesta mucho sacar un disco como para que cualquiera deje de tenerlo en consideración”, afirma Kutxi, quien dice no notar en demasía los síntomas de crecimiento de un grupo que cada día va a más: “Date cuenta de que no hemos tenido ningún escalón demasiado grande, nuestro público ha ido creciendo de una manera gradual y no me planteo ni a dónde voy ni de dónde vengo; simplemente sé que estoy. Cuando te paras es cuando te pones a mirar atrás y yo soy de quienes siempre van para adelante sin mirar otra cosa que mis pies para no tropezarme”.

En los últimos cuatro años no han dejado de tocar en directo si exceptuamos el período de cinco meses que se han tomado para hacer “Besos de perro”. Sus cifras son espectaculares: setenta conciertos en el último año y otros cuarenta contratados para éste antes siquiera de publicar su disco. El grupo ha tocado ya en el “Viñarock” de este año y aún tiene que asistir al “Derrame” y al “Tintorock” en sus ediciones del 2002. Tras ello se plantean continuar con una gira de salas que les tenga ocupados hasta diciembre.

Los llenos están asegurados, sobre todo cuando la gente pueda escuchar las canciones de “Besos de perro”.

E.P.

Marea. “Besos de perro”. Dro

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