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BLOC DE NOTAS No es extraño que un artista se queje de su anterior discográfica; más chocante es que ponga en la red su queja y que desarrolle una crítica del Estado de las Cosas (Musicales). Lo ha hecho Kiko Veneno y DIEGO A. MANRIQUE examina los argumentos. Julio 2002 Manifiesto de liberación de Kiko Veneno Bajo ese título circula por Internet un vigoroso texto del Lobo López que el personal debería conocer. A mí me sugiere ciertas reflexiones que puedes leer debajo…
¿Qué puede hacer una persona que piensa diferente, que cree en la diferencia como fuente de libertad y riqueza en estos tiempos en los que pensar en público en contra de la idea establecida es casi prohibitivo y contraproducente? Domina un pensamiento único: el dinero, el poder. Y no es eso lo que me hizo abrazar esta profesión de músico y autor, ya lo veis por mis maestros. ¿Qué voy a hacer? : Lo que siempre hice, luchar, ser paciente, disfrutar de los pequeños logros que son la sal de la vida; y aprovechar la libertad de Internet mientras nos la dejen. Tengo una ventaja, que llevo mucho andado y cuento con la complicidad de mucha gente que no se avergüenza de ser minoría, y eso no es fácil de destruir. Muchos de vosotros me conocéis desde el ‘Cantecito’, pero el Lobo López llevaba ya tiempo dando sus pataítas. Mi primer grito fue con ‘Veneno’, 1977, junto a Raimundo y Rafael Amador. Me gustaban los conjuntos, esa asociación juvenil por la música y la liberación que marcó mi generación… y las que vinieron después. Si soy políticamente incorrecto ahora, imaginaos cuando tenía 25 años. Me decían que me adelantaba a mi época. Claro, el negocio lo hicieron más tarde. CBS vendió más de 300.000 copias de ‘Veneno’ a precio reducido: según el contrato, no sólo no tenían que pagarme royalties, es que no tenían ni que comunicarme la cifra de ventas. Hasta 1993 no pude vivir de la música. Había firmado con BMG, y la gira ‘Juan Perro y Kiko Veneno vienen dando el cante’, con aquel maravilloso cartel de Max, relanzó mi trabajo. Por supuesto, la gira la ideamos y organizamos nosotros, el crédito de Santiago Auserón fue mi gran aval. ¿Alguien recuerda alguna publicidad, promoción o algo parecido? Simplemente no existió. Pero yo era feliz, por fin mi sueño se estaba realizando, me dieron disco de oro y firmé ampliación de contrato por 5 discos más. ¡Qué ingenuidad la mía! Había firmado la esclavitud, en la Compañía no me apoyaban ni creían en mí, sólo querían tenerme bien atado. Ya el disco del ‘Cariño’ no les gustó tanto, no era tan bueno como el anterior, ya vieron que yo me mantenía en mi línea, que me interesaba más el arte que la publicidad, que conmigo no podían, y así no se fabrica un superventas. Nunca me hicieron promoción, jamás una canción mía sonó en ‘Los Cuarenta’. Se negaron a publicar mis discos fuera de España, ni Francia, ni Argentina, ni Alemania… ni Portugal, con lo que cortaron de raíz mi derecho a difundir mi música en otras latitudes. El vídeoclip de ‘Menfis Blues’ se hizo, a regañadientes, y con un presupuesto mínimo. No cobró nadie. Y eso que Santiago Segura, el director, empezaba a despuntar en Madrid. Cuando me fui a Tarifa a grabar ‘Punta Paloma’, ya llevaba la puntilla dada. Se veía todo claro. Yo respondí con mi disco más experimental. Pero me cortaron el suministro: el disco se quedó sin terminar, no me dejaron darle la segunda mano a las voces, ni ir a Londres a mezclar con Joe Dworniak. Hoy escucho este disco con emoción y con mala leche. Esos sonidos guitarreros, esos ambientes, ¿para quién son? Antes de publicarlo, la Compañía ya había tirado el disco a la basura. No es que no lo defendieran, es que se molestaron personalmente en hablar mal del disco y de mí. Lo que me quedaba era el calvario, cumplir el contrato. Ni siquiera me dejaron hacer un disco en directo. Así nació ‘Puro Veneno’, en directo y en el estudio, o sea, sin la fuerza del directo y sin el presupuesto del estudio. Yo no podía decepcionar a mi público, pero ¿con qué ilusión puede uno hacer canciones para que se las tiren a la basura? ‘La Familia Pollo’ ha sido el último trago. Bueno, por fin he llegado al final, espero no haberme puesto demasiado dramático. ‘Un ratito de gloria’ es, según ellos, lo que he tenido en la música española (mientras me lo han consentido). Un ratito de liberación es lo que quiero compartir con vosotros, no puede ser que el negocio de la música esté todo en manos de quienes no la aman ni la respetan. Os lo digo para que aprendáis de mi experiencia, necesitamos libertad. Sé que hay gente valiosa todavía, pero la van arrinconando. Sé que hay Compañías independientes, pero las van devorando. No puede ser que sólo interesen los grandes pelotazos, que a todos nos tenga que gustar lo mismo. No se respeta suficientemente el derecho de las minorías a expresarse y a elegir la música que les dé la gana. Radio 3 sola no puede hacer democracia. Hay demasiados artistas dependiendo de los caprichos de unos cuantos funcionarios. Necesitamos toda esa fuerza, esa creatividad que nos están mutilando… ¡Ojú! Bueno, por lo menos he podido llegar hasta aquí. He sentido la liberación en mis carnes y quiero seguir disfrutando de la música. No me lloverán las ofertas, y menos después de este manifiesto, pero ¡y lo agustito que uno se queda! Procuraré en adelante medir bien los pasos, entregar mi música a quien crea en ella y la defienda. Lo importante es disfrutar, comunicar, y sobre todo, ser libre. Como decían los dibujos animados, esto es todo por hoy, amigos. Salud y hasta pronto”. Kiko Veneno Y aquí llega el abogado del diablo Coincido con el argumento general, pero se me ocurre que…. yo he seguido la carrera de Kiko durante esos años y nunca, NUNCA, le oí quejarse de su compañía: sospecho que se reservaba los disgustos, tragaba la bilis y peleaba entre bambalinas. Como todos, jugaba en el margen de lo posible. Con el agravante de que le tocó el sello RCA, que en los noventa cambió constantemente de directivos. Duele que Kiko no especifique quiénes le putearon y quiénes --me consta-- le apoyaron a muerte. Una discográfica es una bestia que no cambia de nombre, pero sí de personalidad según quién trabaje allí, y en RCA hubo, y mucho, personal comprometido con el arte “venenoso”. Algunos de quienes todavía quedan han preferido callar: “podíamos responder con historias desagradables, pero… ¿para qué?. En estas polémicas, la gente ya ha decidido que el artista siempre tiene razón”. Es un clásico que los artistas se quejen de que no cuentan con suficiente apoyo discográfico. Sólo que Kiko ve la mano negra o el desinterés en todo lo que le ocurrió, sin que acepte la posibilidad de que hay discos que tienen chicha creativa pero no llegan a ser del agrado del gran público. Es decir, las incertidumbres del mercado. Y lo que cuenta sobre el vídeo lo podrían ratificar el 99% de los artistas españoles: tienen poca salida y los presupuestos están a esa altura, suelen rondar alrededor del millón de pesetas. Otras quejas demuestran cierta ignorancia del funcionamiento de la industria. Por ejemplo, una compañía española no tiene el poder de lograr que los discos de tal artista se editen en sus filiales extranjeras si ellas no tienen genuino interés. Sí puede presionar y torcer el brazo, pero ese disco se publicará por compromiso y silenciosamente (pasa aquí, constantemente, con muchos artistas del otro lado del Atlántico). Hora de denunciar la rapiña de algunas disqueras Lo que cuenta del seminal disco de Veneno sí que es una historia de horror (me gustaría creer que “Veneno” ha despachado realmente 300.000 copias en edición barata). Pero es una historia vieja de la industria discográfica y sólo se puede resolver con una acción pública y conjunta. En Estados Unidos, la Rhythm and Blues Foundation ha logrado con el método de amenazar a las multinacionales con la revelación de su rapiña institucionalizada que se paguen royalties sabrosos de reediciones en CD a grandes músicos negros olvidados. Aquí sería ingenuo confiar en que SGAE y AIE, que pasan mucho tiempo en la cama con los poderosos, encabezaran una iniciativa similar. Pero, mira qué coincidencia, ahora que las discográficas se visten de Caperucita Roja para denunciar al Lobo Feroz de la piratería, sería el perfecto momento para denunciar aquellos contratos lacerantes. Curioso que RCA haya heredado el catálogo de Zafiro, histórica compañía española que acumuló un sombrío anecdotario de prácticas gangsteriles: la gente de Leño o Tequila debió renunciar a sus futuros royalties (y sus discos se han seguido vendiendo) para conseguir la ansiada carta de libertad. Sólo Joan Manuel Serrat se enfrentó a cara de perro con Zafiro… y triunfó. ¡Ese pedazo de Noel!
Según el mayor de los Gallagher, en EE. UU. no hay más rock digno que The Strokes y Black Rebel Motorcycle Club. “Nunca ha estado tan mal el rock americano. Hay un montón de hombres crecidos que no se afeitan, que llevan pantalones recortados y zapatillas de patinadores y que se dedican a cantar lo negro que está el futuro. Allí no hay alma. Deberían afeitarse, ponerse pantalones, quitarse la máscara, escuchar a los Beatles y entonces podrían hacer música de verdad”. Recomendaciones como ésas hacen pensar que Mr. Gallagher está tomando el pelo a los yanquis, aunque no se lo recomendaría ahora que Oasis está a punto de girar por Estados Unidos y allí están con el orgullo patriótico subido. Lo que me llama la atención es que alguien ofrezca un diagnóstico del rock “made in USA” basándose mayormente en detalles externos y reduciendo tan inmensa música al subgénero del “new metal” o el “rap-metal”. Un chiste, vamos. Quedan claras las razones de que no se encarguen análisis panorámicos a los músicos: tienden a ser reduccionistas, carecen de visión de 360 grados y su cultura musical no es precisamente enciclopédica. No; los músicos a tocar. Y aquí debo avisar que “Heathen chemistry”, nueva entrega de Oasis, contiene rock de categoría superior. Rockero de pelo en pecho
A Noel Gallagher le invitó Tony Blair cuando ocupó la casa del primer ministro en Londres, una oportunidad para que se tomara una foto que enlazara simbólicamente el “brit pop” con el “new labour”. Pero el hombre de Free y Bad Company puede presumir de que el político quiere algo más. Quiere actuar con él. No es broma, asegura: “creo que el grupo que tenía en la universidad sonaba muy a lo Free. Hace tiempo, un ayudante suyo me pidió que le mandara la partitura con acordes de varias canciones de Free. Aparentemente, estaba ensayándolas para poderlas tocar conmigo en una convención del Partido Laborista, aunque luego se suspendió tras lo del 11 de septiembre. Tiene gracia, ya que los laboristas nos expulsaron a muchos músicos del Reino Unido con aquellos impuestos brutales. Y me divierte pensar en el primer ministro británico, un laborista, encerrándose en una habitación de Downing Street para aprenderse algo que “(el difunto guitarrista de Free)” Paul Kossoff sacó en unos minutos”. Pataleo para… … Jonathan Davis, el cantante de Korn, que lleva al absurdo esa obsesión de sectores del rock rudo por los asesinos en serie, una pasión que manifiesta --a mí me parece-- una sospechosa insensibilidad por las víctimas. Davis es rico, Davis se ha comprado memorabilia de aquellos monstruos, Davis quiere montar un museo en Los Angeles para exhibir su colección de disfraces, cartas, dibujos, coches pertenecientes a asesinos de niños, mujeres y vagabundos. Huele feo. … la terca organización de Festimad, que quiere darse brillos de (pseudo)modernidad con sus nocturnas sesiones de DJs. Ellos, clasicistas para su programación, se empeñan en que todo quien quiera mover el cuerpo lo haga con “techno”· y “house” a volúmenes abrumadores. De allí salía rebotado bastante personal, que --sorpresa, sorpresa-- prefiere bailar con pop, rock, soul o funk. … ese periodista despistado que se empeña en que el nuevo disco de Burning se titula “Alerta” cuando su nombre verdadero es “Altura”, igual que la última canción del CD (por cierto, título inspirado por el gran Jaime Noguerol). El muy bestia puso lo de “Alerta” en “El País” y lo reiteró en estas mismas páginas el pasado mes. Tomen nota de semejante individuo: se llama Diego A. Manrique.
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