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Miguel Angel Chastang publica “En el Central” dentro de la nueva entrega de la colección. Julio 2002 El contrabajo del ‘white boy’
Es un hecho más que demostrado: la figura del club está desapareciendo ante la imposibilidad real de mantenerlos económicamente. Y, si ya es difícil mantener en activo un club de rock o uno de blues, mucho más complicado resulta aún si el club pretende ser de jazz. Las nuevas generaciones parecen entender esta música como demasiado lejana para sus gustos y el comportamiento de los medios de comunicación no colabora para que los chavales con menos edad se acerquen a ella. Por eso resulta tan fascinante y atrevido el que un pequeño sello especializado y uno de estos clubs (el Café Central de Madrid) se hayan liado la manta a la cabeza y hayan decidido poner en la calle una serie de grabaciones recogidas en vivo desde el mismo escenario del Central. Hasta el momento son cinco los álbumes editados, todos ellos tremendamente interesantes y con una producción sumamente digna. Los protagonistas de los mismos han sido el armonicista Antonio Serrano (quien contaba en su álbum con el trío de Joshua Edelman), el saxofonista Fusi Abdul-Khaliq, el pianista Horacio Icasto, la banda del batería Larry Martin y el quinteto del contrabajista Miguel Angel Chastang. “Disponía del material musical, disponía de grupo y había la voluntad de grabar “--comenta este último--”. Me puse en contacto con Andreas Prittwitz, de Ingo Música, y fue él quien me sugirió la posibilidad de incluirlo en la colección que producía junto a Gerardo Pérez, del Central”. Chastang grabó su álbum el pasado octubre contando como acompañantes con Carlos Carli, Mariano Díaz, Chris Kase y Mikel Andueza, los músicos que forman su actual quinteto. “Son cuatro grandes solistas que, a su vez, son líderes de sus propios grupos. Mi opinión sobre ellos queda reflejada en las notas incluidas en la carpeta del CD: doy las gracias a Chris Kase por sus melodías y por su criterio en la improvisación, a Mikel Andueza por su brillante y poderoso sonido, a Mariano Díaz por su frescura y por su swing, y a Carlos Carli, compañero de sección rítmica en multitud de ocasiones, por su entrega, su experiencia y solvencia”, añade Miguel Angel, quien con “En el Central” hace ya el cuarto de los discos firmados por él mismo. “Guardo un recuerdo ciertamente entrañable del momento que entré a mi casa con mi primer disco bajo el brazo (‘Viriato blue’, 1983). Me senté en un sofá, lo puse en el equipo y empezó a sonar ‘mi música’. Luego, dos años después, grabé ‘Magic night’, una fuente de energía importante, con mucha fusión, muchas ideas y mucha música, producto de la fructífera asociación con Jorge Sylvester. ‘Live at Popular’ (1992), sin embargo, es un encuentro en clave de standards con músicos americanos: Greg Bandy, Wallace Rooney, Gary Bartz, Jimmy Ponder… Prometo que, a partir de ahora, no volverá a pasar tanto tiempo hasta que haga un nuevo disco”. El contrabajista señala en la conversación lo acertado de crear una serie como “En el Central” y pone como prueba su misma participación. “Respecto a mis preferencias, dado lo limitado de la serie, me vas a permitir que no me decante por ninguno de los otros álbumes. Antonio Serrano, Larry Martin, Horacio Icasto… todos son compañeros y todos los discos me gustan”. Miguel Angel es madrileño y, aunque nadie pudiera suponerlo cuando se le ve tras su enorme contrabajo, su pasión artística la despertó la pintura y la arquitectura. De hecho estuvo estudiando ambas facetas antes de decantarse por la música. “Estando en la escuela de arquitectura conocí a Dave Thomas y Jean Luc Vallet a través de una asociación que se llamaba Jazz Forum. Ese fue el inicio de mi carrera musical. No es cierto que, cuando aparece una vocación, sea difícil seguirla; a mí nunca me resultó difícil. No me ha costado ningún esfuerzo dedicar mi vida al jazz”, comenta recordando sus épocas de adolescente. Thomas, como el propio Chastang dice, fue su primer maestro y debió ejercer bien habida cuenta de que, en un tiempo relativamente corto, el contrabajista fue invitado al Festival de Montreux como parte del grupo del pianista argentino Luis Vecchio y comenzó a colaborar en discos del propio Vecchio o del saxofonista Jorge Pardo. Para grabar a su nombre tuvo que esperar un poco más, hasta que en el 83 ganó, con su quinteto, el concurso de las “Jornadas de jazz de San Isidro”. Aquello le proporcionó la edición de “Viriato blue”. “Es francamente difícil hablar de uno mismo, entre otras cosas, porque yo puedo tener una opinión y ésta no tiene por qué ser ni siquiera la correcta. Tanto al tocar como al componer se manifiesta la propia personalidad, de ahí la dificultad de definir una diferencia con el resto de los contrabajistas. De todas maneras, arriesgaré en dos adjetivos: me gustan la intuición, la tradición , el avant garde. Me gusta un concepto firme y poderoso del tempo aunque, en definitiva, es el resto de la gente quien debe valorar estas cosas. Supongo que, mezcladas con mi propia experiencia, tendré influencias de los grandes maestros con los que he estudiado: Dave Thomas, Ron Carter, Dave Holland…” Lo señalado por Chastang es evidente habida cuenta de que estamos ante uno de esos músicos a quienes le fascina el estudio de su instrumento. Su aprecio por tal faceta es tal que no dudó en hacer las maletas cuando, tras conseguir una beca, pudo estudiar durante dos años en Nueva York. Allí su maestro fue Ron Carter, pero la enseñanza no se paraba cuanto terminaban las clases. “Vivía, paseaba y tocaba en los mismos clubs por donde habían andado Miles y Red Garland y muchos otros. La sensación de cercanía con el jazz y la autenticidad del entorno ha sido quizás lo que más huella me ha dejado en aquel período. Mi adaptación al entorno fue tremendamente fácil y, a los pocos meses, la figura del ‘white boy’ con el contrabajo a la espalda resultaba casi normal por las calles de Harlem”. No es hasta los noventa cuando vuelve a España, lugar plenamente diferente a Estados Unidos a la hora de valorar a sus músicos de jazz. “Creo que el arte está en sobrevivir y hacer lo que a uno le apetece, en este caso tocar música y dedicar la vida a ello. Si ‘triunfas’, bueno. Si no ‘triunfas’… un poco menos bueno. El jazz español goza de una vigorosa salud, con gran número de artistas y solistas que, si bien es cierto que no gozan de la debida consideración, dedican plenamente su vida a la música, y en particular al jazz”. Chastang se convirtió en miembro habitual de los cuartetos de Jorge Pardo y de Pedro Iturralde y entre sus proyectos más peculiares se cuenta su colaboración con Isaac Turienzo, el pianista asturiano con el que tocó junto al cuarteto de cuerda de los Virtuosos de Moscú y con quien grabó “Punto y seguido” en 1996. Lo único que le faltaba al contrabajista para sentirse a gusto era tener un nuevo disco en la calle. A finales de los noventa participó en los nuevos álbumes de Turienzo, de Pedro Iturralde (“Live at Dado Dada”) o de “Boby Martínez (“Intensity”), pero en ninguno de ellos la formación aparecía encabezada por él hasta que no ha llegado este “En el Central”. Si exceptuamos una composición de Ed Summertime (su maestro de armonía en los días de Nueva York) todos los temas del álbum son de su autoría. “El disco se grabó en directo. Llevé preparados unos once temas que tocamos a lo largo de la semana y, sencillamente, escogí los que mejor habían quedado”, añade Miguel Angel. La actividad actual de Chastang no se queda únicamente en su peregrinar constante por los (cada vez más escasos) clubs de jazz. Desde finales de los noventa es también profesor en la Escuela Popular de Música y Danza de Madrid, faceta que le proporciona otro tipo de satisfacciones: “Llevo bastante años aprendiendo de mis profesores, pero ahora doy clases y aprendo de mis alumnos. Me gusta dar clase porque ayuda a tener en orden tus conocimientos, ya que los tienes que transmitir a gente que confía en ti. Me lo tomo muy en serio”. También se ha involucrado decididamente en la promoción de su nuevo álbum y tiene en mente volver a publicar en un plazo no superior a los seis meses. Sus posibilidades se amplían por cuanto, al mismo tiempo que mantiene como formación estable el quinteto protagonista de “En el Central”, Chastang participa también en un trío junto a Mikel Andueza y Juan Manuel Barroso, con el que también desea grabar en breve. Su actividad en directo, mientras, no decae dado que es compañero habitual de Pedro Iturralde en sus actuaciones en vivo. Musicalmente, Miguel Angel se ha sentido recientemente impresionado escuchando a Brandford Marsallis y a Dave Holland, aunque también tiene opiniones en campos estéticos diferentes al jazz. “Me llaman la atención determinadas cosas, si bien los géneros emergentes no dejan de ser otra cosa que palabras y etiquetas. He escuchado hip hop que me gusta y también malo, muy malo. Lo mismo ocurre con las fusiones y con las músicas étnicas. La sensibilidad y el buen gusto están por encima de los estilos”, apunta. Sus metas, actualmente, unen íntimamente su carrera musical con su vida personal, ya que, en el fondo, estamos hablando de un músico pasional para el que todo gira alrededor de la música. “Pienso que un músico de jazz continúa aprendiendo y progresando hasta el último concierto de su vida. El afán de tocar mejor, de hacer mejor música, creo que es común denominador a los auténticos jazzmen. Dentro de mi vida personal tengo la misma obsesión por mejorar y hacer mejor las cosas”. De momento, lo conseguido es reseñable, aunque haya requerido tiempo para ver la luz. Esperemos que, después de este “En el Central”, no haga falta esperar tanto para volver a escuchar a Chastang en un nuevo CD. E.P.
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