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El yogur del corazón negro
Bueno. Pues queda explicado. Arrancando el CD de su caja nos encontramos con los artífices de todo esto, los "Chamacos" con contrato fijo, dos personas que han decidido arrejuntarse a músicos para grabar el álbum sin casarse con ellos. Ellos (los fijos) son Manu España y Toni Guerrero: "empezamos con formación de grupo, pero al final siempre hay diferencias, distintas formas de ver la música; es difícil coincidir en todo y al final nos hemos quedado los dos. Preferimos rodearnos de músicos y que no nos cambien mucho lo que hacemos". Una postura muy inteligente, aunque, si les preguntamos por los gustos que guardan en común, lo mismo encontramos la respuesta a este binomio de músicos que no quieren ver cambiada ni una sola nota de sus composiciones. ¿Serán solistas lo que prefieren en sus ratos de pinchar discos en guateques? Porque la estética del disco huele a eso: "como influencias comunes, a ambos nos gusta la estética retro, los Rolling Stones y muchas otras cosas. En cuanto a gustos personales, a Toni le gusta Francis Cabrel y a mí Porrina de Badajoz. Compartimos muchas fobias. No nos gustan los grupos que van de alternativos. Tampoco los grupos que siempre hacen lo mismo, que ni cambian ni evolucionan ni arriesgan, que no están por el mestizaje, por llevar la música por otros caminos", comenta Manu. La cosa se empieza a torcer. Si al principio dije que recordaban a los citados grupos, ahora mismo retiro (en parte) aquello porque, a la pregunta de cuáles son las ubres de sus raíces musicales, uno no podía esperar ni suponer semejante respuesta: "musicalmente, nuestras raíces están en la música italiana de los años sesenta y en la música mexicana, gente como Flaco Jiménez y los grupos tex-mex, pero también la música francesa. Son nuestros orígenes y es lo que más escuchamos". Y sí. Lo dejan claro: retro, romanticismo, trompetas, descaro... Mucho descaro, tanto como para revisar el "Fiesta" que popularizó la Carrá: "hemos hecho sólo un par de versiones. En el disco anterior incluimos una de 'Mariquilla bonita', canción que me enseñó mi abuela. En este disco hemos elegido 'Fiesta' porque a los dos nos gusta mucho Raffaela Carrá y queríamos darle otra visión al tema". Al final me doy cuenta de que estoy ante un par (y un disco, en consecuencia) de nostálgicos amantes de los buenos tiempos que, con títulos como "Para mi siempre es domingo", "Corazón anestesiado" o "El vestido más caro de México", quieren transportarnos a un universo particular y no privado, pero sí selecto. Tanto es así que el trabajo está producido por ellos mismos: "y te digo que si nos hubiesen dejado escoger productor hubiéramos hecho exactamente lo mismo, lo hubiésemos producido nosotros. Tenemos muy claro lo que queremos hacer, el sonido, y tenemos miedo de que nos lo puedan estropear. Ya hemos tenido problemas con gente que quería meter mano y alterar el sonido Chamaco. ¡Mejor nosotros! En una grabación apostamos por los ingenieros más que por productores. El disco anterior también lo produjimos nosotros". Finalmente, y aclarada parte de las afirmaciones iniciales, no queda otra cosa que preguntar de dónde sale tan surrealista título: "después de buscar muchos nombres, las canciones parecían más apetecibles para un perro de esa raza al despertar. Es un 'Desayuno para chihuahuas': se lo pones al perro y ya está comido. Chihuahua suena muy mexicano y en el disco hay mucha influencia en esta onda. Es un disco compuesto por la mañana". Pues eso. Ya está todo aclarado: Chamaco es el grupo y te esperan para desayunar chihuahuas. Kike Buitre Chamaco. "Desayuno para chihuahuas". Discos en la Arena
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