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US3 lanza, por fin, su tercer disco con posturas plenamente renovadas. Noviembre 2001

Con el jazz a vueltas

Al principio se les señaló como un proyecto centrado en el acid jazz, pero, a estas alturas, parece evidente que fusionar el jazz con la música contemporánea da para mucho más que una etiqueta. US3, el proyecto liderado por Geoff Wilkinson, es una muestra palpable de ello, aunque, desgraciadamente, poco pródiga. Desde que lanzaran su primer álbum, en el 93, sólo han puesto en la calle dos más. Lo bueno es que el último acaba de aparecer, con lo que se hace patente que la propuesta aún está viva.

Al principio no era un grupo, aunque... lo cierto es que tampoco actualmente se puede señalar a US3 como tal. Sí es cierto que es un proyecto colectivo por cuanto Geoff Wilkinson, el padre de la criatura, no se aventura a dar un paso si no es rodeado de gente que merece su plena confianza. En principio sólo se trataba de Mel Simpson, compositor y técnico de estudio que compartía con Geoff el gusto por el jazz y por la música clubbing que aportaba la noche londinense. Juntos pusieron en marcha un proyecto que enseguida consiguió un toque de atención por parte de la Capitol británica dado que su primera grabación (un single que no llegó a vender ni doscientas cincuenta copias) incluía el sampler de uno de los miles de temas que componen el catálogo de la Blue Note, una de las etiquetas míticas dentro del mundo del jazz que, en el Reino Unido, depende directamente de la Capitol.

En lugar de andar con problemas de licencias, el AR puso a su disposición todo el catálogo de Blue Note siempre y cuando firmaran un contrato para que sus inventos fueran editados por la célebre compañía. Fue así como, en 1993, vio la luz "Hand on the torch", un álbum que consiguió la atención inmediata de los medios gracias a "Cantaloop (Flip fantasia)", una pieza que sampleaba el "Cantaloupe island" de Herbie Hancock y que consiguió escalar las listas de popularidad británicas. El álbum no sólo contaba con aquel caramelo, sino que disponía de una enorme colección de samplers que reactualizaban un catálogo impresionante con un estilo plenamente contemporáneo, bailable y absolutamente asequible para cualquier tipo de público.

Lo malo es que "Hand on the torch" no tuvo continuación. Para volver a escuchar a US3 hubo que esperar a 1997, cuando se publicó "Broadway & 52nd". El álbum tenía poco parecido con el debut, pero era, ineludiblemente, un disco de US3. Lo mejor que había conseguido Wilkinson con su primera aventura discográfica era marcar un estilo. Y el estilo se mantenía aun cuando en los mandos compartidos del barco ya no estuviera Mel Simpson.

Tampoco fue aquél el disco del despegue. Y no porque no tuviera en su interior piezas apetitosas o generadoras de baile. Fue otra vez el tiempo el que, por sí mismo, se encargó de apagar la llama de US3. Ni Wilkinson parecía demasiado pródigo ni Blue Note estaba dispuesta a esperar toda la vida, por lo que ambas partes decidieron olvidarse de sus papeles y, como testamento final, se editó "Flip fantasia" en lo que no era sino un compendio de temas exitosos, remezclas y... más remezclas.

Y en eso que siguen cayendo los años y aterrizamos en octubre de 2001. Nuevo siglo, nuevas formas y... unos nuevos US3. Ahí sigue estando Wilkinson con su cabeza pensante, pero aparece una vocalista llamada Alison Crockett (ya había grabado con King Britt & Sylk 130), que ha supuesto la guinda necesaria para que Geoff haya vuelto a las andadas. También está presente Michelob, un MC que había trabajado previamente con Funkmaster Flex y que entraba dentro del cuadro que Wilkinson deseaba para las partes más hip hop que se abordaban en "An ordinary day in an unusual place", el nuevo trabajo discográfico de US3.

-- No se puede negar que los tres discos están sumamente pensados. Escuchándolos ahora, en la distancia, ¿cómo los valoras?

-- "Pues... no puedo negar que el primero ya ni le escucho. Es muy difícil para mí volver a ponérmelo. Del segundo aún hay cosas que me interesan, pero lo cierto es que 'An ordinary day...' es el que más me gusta. Es el único de mis discos que actualmente me motiva".

Geoff Wilkinson habla sin reparos, sin recurrir al típico "ahora los haría de otra manera" que tanto se usa a la hora de desbaratar lo ya hecho. Parece lógico pensar que los gustos musicales cambian cuando estamos hablando de períodos de cuatro años entre disco y disco.

-- "Necesité mucho tiempo para terminar mi contrato con Blue Note y también me llevó bastante negociar el actual que me une a Verve. Pero no son ésos los únicos motivos por los que el disco ha tardado tanto en llegar. Quería elegir muy bien a los vocalistas y me tomé todo el tiempo que creí necesario hasta encontrar los que consideré adecuados. Quería que ellos aportaran esa especie de... literatura jazzística que mi música necesita".

-- ¿Y nada más?

-- "Sí. Hay más. Me he hecho un estudio en mi casa y eso hace que trabaje con mucha más tranquilidad. Ahora puedo pensar mucho más cada una de las cosas que quiero hacer, cuidar más las canciones y probar aquello en lo que tenga interés. Las horas pasan rápido".

-- El hecho de que los discos de US3 aparezcan tan distanciados en el tiempo provoca que salgan a la calle cuando las corrientes musicales más vanguardistas han cambiado. ¿Influye eso en tu manera de componer?

-- "En este caso sí. En los dos discos anteriores eso era inapreciable dado que todo lo que hacía lo basaba en el catálogo de la Blue Note, algo que poco tiene que ver con las corrientes actuales. En éste, sin embargo, el poder utilizar samplers de cualquier cosa ha hecho que aparezca una curiosidad acerca de lo que suelo escuchar a mi alrededor: drum'n'bass, música india, árabe, hip hop... También influye, como te decía antes, el hecho de tener tiempo, de poder pensar más tranquilamente las cosas".

¿Cosas nuevas? Sí; unas cuantas. Y muy enriquecedoras si nos atenemos al resultado. Si bien es cierto que "An ordinary day in an unusual place" no respira esa esencia clásica que aportaban los dos primeros álbumes de US3, sí se mueve dentro de un estilo que parece formalmente asumido por Wilkinson, el jazz. Los samplers son mucho más variados, pero siempre entroncan con naturalidad con el sonido de vientos y con ritmos plenamente negros. Hay incursiones de cierto talante exótico, pero no son, en la mayoría de los casos, rutas de viaje evidentemente claras. Todo queda ciertamente difuminado manteniendo el ambiente clubbing y dejando que la voz de Alison o Michelob sirvan de groove unitario. Se trata, en el fondo, de seguir buscando alrededor de la fusión entre el jazz y cualquier otra cosa.

-- En la nota de promo que acompaña al álbum señalas que aún queda mucho por hacer alrededor de esa fusión. ¿Puede deberse a que el ambiente jazzie es algo inmovilista?

-- "No, no creo. Si te pones a mirar ves que, desde los años cuarenta, el jazz empieza a mezclarse con el acercamiento de Gillespie hacia la música latina. Lo que ocurre es que hay tal variedad de formas dentro del jazz que, unidas al enorme muestrario que genera la música dance, parece no haber un final. Siempre hay algún tipo de fusión que hacer".

-- Sobre esto que dices, es curioso que la única fusión que parece resultar en la cuna del jazz, en Estados Unidos, es el smooth, ese híbrido entre el jazz y el pop que tan popular se está haciendo. Da la impresión de que ninguna otra mezcla obtiene el respaldo del público...

-- "Sí. Eso es cierto. Se han intentado hacer muchas mezclas y lo único que triunfa allí es el smooth. Puede ser debido al tema de las radios: hay muchas emisoras que ponen smooth y que no abren su abanico a otras tendencias. El caso es que ni hay escena ni mercado para cosas diferentes a eso tan aburrido y tan poco ambicioso a nivel creativo. Personalmente, prefiero la escena europea. Responde mejor a las formas vanguardistas del jazz".

-- Cuando apareció el primer álbum de US3 fue señalado desde los medios como un disco de acid jazz. Actualmente esa etiqueta parece obsoleta si se trata de orientar al oyente. ¿Cómo definirías tú la música de los actuales US3?

-- "Es curioso. Todo el mundo lo señalaba como acid jazz aunque nunca supe ni pregunté qué quería decir eso. Yo habría utilizado mejor el término 'hip hop jazz', pero también se ha quedado obsoleto si se trata de hablar del nuevo disco. Admito que ahora me sería imposible reducirlo a un único término y prefiero dejar que sean los medios los que se ocupen de esas cosas. Si escuchas las voces puedes decir que es soul, pero también hay música latina, jazz...".

-- De todos modos, acid jazz, hip hop jazz... El jazz siempre está presente a la hora de definir tu música. Sin embargo una de las características intrínsecas del jazz es la improvisación y la inmediatez, y no parece que la música de US3 tenga ninguna de esas características...

-- "Bueno. En este álbum hay solos, partes que, en directo, derivarán en improvisaciones que serán de una gran importancia para los nuevos temas. Con todo, ésa no es la faceta que más me obsesiona del jazz. Sí me gusta, pero no sé cómo respondería la audiencia de US3 a un cambio tan drástico; me da un poco de miedo imaginarlo. Actualmente, lo único que uso en directo programado es la batería y lo hago para poder darle un sonido más orgánico, más caliente que el que realmente tiene".

-- En muchos países el jazz se ha quedado con la coletilla de "música para adultos" o "música para intelectuales". ¿ Crees que propuestas como las de US3 colaboran a que un público más joven sienta curiosidad por conocer el jazz clásico?

-- "Sí, sin duda. Eso es, además, una de las motivaciones que me llevó a grabar el primer disco. Quería abrir una puerta a la gente joven. Sin imponer nada, pero presentando una posibilidad en la que tú pudieras elegir acercarte más o menos, entrar en esa puerta o no. Lo que no sé exactamente es si alguna vez lo he conseguido".

-- Seguramente, alguna vez...

-- "Hace cuatro años, en un festival celebrado en Bélgica, un chaval joven se me acercó y me dijo que, después de escuchar 'Cantaloop', buscó el disco de Herbie Hancock donde estaba el original, 'Jazz profile'. A partir de ahí fue comprando los discos anteriores de Hancock hasta llegar al primero, 'Takin' off'; y, cuando acabó con todos, siguió comprando los que grabó después. Gracias a eso empezó a conocer a Joe Henderson y a Donald Byrd. Según me lo contaba me sentía como si hubiera hecho bien mi trabajo, muy a gusto".

-- Algo le contestarías...

-- "Le dije que siguiera, que tenía que llegar al jazz de los años setenta".

-- ¿Es tu época favorita del jazz? ¿Los setenta?

-- "No. Yo prefiero más los sesenta, pero creo que, teniendo en cuenta los gustos del chico, disfrutaría más con el jazz de los setenta".

"An ordinary day in an unusual place" es lo que suele llamarse, por concepto, un disco "ecléctico", pero no deja de ser un disco de jazz. Probablemente, si te pones a hablar con un público purista del estilo, no aceptará con demasiado entusiasmo el uso de los ritmos binarios que la faceta dance de US3 aporta, pero, del mismo modo, el público que sólo busque baile en la música se quedará un poco desbordado por la riqueza que aportan las piezas de Wilkinson. En buena lógica, esa tierra de nadie se presume como muy favorable para la creación habida cuenta de que huye de los extremos y abunda en lo más lúdico. Geoff se ha dejado llevar, además, por otros terrenos hipnóticos que han ido añadiendo, cual especias en un plato de diseño, tanto la pintura curiosona como el sabor agridulce. Lo bueno es que, como aquello, no se puede probar sólo una vez.

En el álbum hay una aproximación latina a Nat Adderley en la que aparecen dos... sitares, una pieza de hip hop de alto contenido urbano en la que se reviven fraseos de McCoy Tyner o una mixtura de latin drum'n'bass en la que los vientos emulan a las estrellas cubanas de los setenta. Cada una de las canciones aporta un entrelazado diferente en el que siempre está presente el jazz.

Ese parece ser uno de los motivos por los que US3 siempre ha grabado en sellos especializados. Bien es cierto que tanto Blue Note como Verve tienen ya un catálogo amplio y abierto, pero no deja de ser igualmente verdadero que los discos con sus anagramas son siempre ubicados en las tiendas en el apartado dedicado al jazz, mucho menos visitado que otras corrientes más juveniles.

-- ¿No te perjudica eso a la hora de popularizar tu música?

-- "Pues... lo cierto es que, cuando deje Blue Note, lo pensé. Y mucho. Lo último que quería era volver a grabar para una etiqueta de jazz. Pero sucedió: la persona de Verve en Gran Bretaña me insistió mucho, mucho... mucho, de verdad. Ahora, viendo cómo van las cosas, no creo que fuera un error. El disco está teniendo buena promoción y estoy viajando por todos los países viendo la atención que ponen en él. Es importante, además, que la persona que va a tener que defender el álbum ante los medios se encuentre a gusto con él, lo entienda. Estoy seguro que si este disco hubiera caído en cualquier departamento de pop nadie de quienes trabajara allí sabría darle el marketing adecuado. Ellos saben vender otras cosas, pero no este tipo de material".

-- Sólo una cosa más. Uno de los temas del álbum se llama "Internet"...

-- "Sí, pero eso sólo sale en la edición japonesa, no en la europea".

-- Yo te iba a preguntar, aprovechando el asunto, qué opinión te merecía el nuevo medio de comunicación. Sabes que, entre los músicos, hay posturas bastante encontradas alrededor del mismo...

-- "Es innegable que hay un peligro real para la música. Por un lado está bien que se pueda escuchar música que, muy probablemente, ya es imposible de encontrar si no se reedita, pero, por otro lado, se da la situación de que los artistas no cobran por ese trabajo. Tal y como ha evolucionado la cuestión, con el asunto de Napster y demás, creo que, con el tiempo, los chavales se bajarán solamente canciones, no discos enteros. Eso probablemente lleve al caso de que las canciones terminen teniendo más interés que los artistas que las componen o interpretan".

E.P.

US3. "An ordinary day in an unusual place". Verve

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