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Electrofunk y breakbeat
Sí. Telefunken era el nombre de una marca de electrodomésticos sumamente popular cuando éramos críos. Pero esa marca sigue viva por el sistema con el cual se rigen las patentes en nuestro país. Ernesto Sánchez no pudo registrarlo como nombre de su grupo y realizó un baile de letras (lo del baile es algo que él entiende) y creó Telephunken. La elección del nombre venía que ni pintada: sonaba a funk y el funk era uno de los puntos cardinales de su música. Elegir un nombre adecuado para tu proyecto musical puede marcar tu destino. La primera experiencia que tuvo Ernesto en este mundillo se llamó Nothing. Y no llegó a nada. Nació a partir del típico grupo de amigos que tienen instinto artístico cuando cumplen los diecisiete. En un principio pensaron que tenían suerte porque conocían a alguien liado en un sello discográfico. Era la época de la explosión indie, los responsables de los sellos pequeños estaban a la busca y captura de bandas y Nothing entraba de lleno en las coordenadas de la época: pop inglés, letras en inglés y finalistas en el concurso de maquetas organizado por la revista Rock de Lux. Aquello sucedió en 1994 y les supuso que Grabaciones en el Mar les publicara su EP de debut. Obtuvieron suficiente reconocimiento como para obtener un fichaje con Elefant y allí grabaron otro EP, "Bite", un año después. Siguió el álbum "Orange park", otro EP y un segundo disco grande ("Suspicious high") que sería el testamento final de la banda. El caso es que la historia fue cruel con Nothing. En el concurso del Rock de Lux en el que se dieron a conocer el otro finalista fue Sexy Sadie. Los mallorquines llegaron mientras que Ernesto y sus compañeros no. Dándole vueltas al asunto, alguna vez ha pensado que igual no fueron ellos quienes tuvieron la culpa. Señala que su compañía no se mostraba muy avezada en aquella época a la hora de mover a sus bandas mientras que otras parecían estar por todos los sitios y no paraban de pegar carteles. Fue entonces cuando les llegó la "iluminación", como a él le gusta decir. Ya que el grupo no les proporcionaba un duro decidió trabajar en un bar y, para darle algo de gracia, además de poner las copas, ponía la música con la que entretenía a la clientela. Poco a poco fue conociendo lo que se empezaba a llamar "música electrónica". En teoría, la música electrónica había estado ahí desde hacía mucho tiempo, pero ahora aparecía renovada, preparada para el baile y con efluvios mucho más divertidos que los que ofrecían las corrientes de las décadas anteriores, aquéllas que relacionaban la electrónica con el sinfonismo y lo existencial. El momento decisivo fue aterrizar en Londres. Por aquellas cosas de la modernidad, el último paso de la producción del segundo disco de Nothing se llevaría a cabo en la capital inglesa y él iba a estar presente en el proceso. De repente se encontró con un mazazo en el que la música británica estaba cambiando de cara y en el que el Heavenly había sustituido en la mitología clubbing al ya inexistente Marquee. Si los gustos habían ido cambiando poco a poco en la mente de Ernesto, a partir de entonces era cuestión de cambiar otras cosas. La respuesta del resto de sus compañeros de grupo no fue unánime. Algunos iban en la misma dirección, pero otros preferían seguir con el pop lánguido e introvertido que empezaba a convertirse en una marca de fábrica de los grupos indie españoles. "No es que el ambiente indie cambiara siguiendo los modelos británicos, pero sí es cierto que aquí siempre hay una respuesta a lo que se hace allí con un año de retraso. Mucho público del ambiente indie también cambió hacia la música electrónica, no fueron solamente los músicos. Sellos como Elefant o festivales como Benicàssim cambiaron de orientación y probablemente lo hicieron porque los gustos del público demandaban otra cosa sin necesidad de salir del ambiente independiente", comenta Ernesto con una taza de tila entre las manos. "Ellos inventaron el pop y es lógico que se mire en esa dirección a la hora de hablar de ese estilo. Tratan de exportarlo igual que nosotros intentamos que los japoneses bailen sevillanas. Yo lo veo más como un tema de base: Radio 1 allí es como aquí los 40 Principales. En los 40 escuchas a Papá Levante y a Spice Girls. Allí escuchas a las Spice Girls pero no a Papá Levante". Ocho años pinchando música de todo tipo hacen que los cambios no sean radicales. Ernesto no se acostó un día con una guitarra y se levantó con ella convertida en sampler. El trabajo de DJ obliga a estar un poco al tanto de las novedades técnicas que aparecen cada día, a conseguir discos sugerentes dependiendo del estado que se respira en la pista y a dejar un poco de lado las sesiones "alucinantes" que todo el mundo se hace en casa para sí mismo. Cuando pones música para bailar obtienes las notas enseguida: "si en veinte minutos no consigues que el público esté bailando es que lo estás haciendo mal", comenta. El caso es que, si lo haces bien, empiezas a apreciar que estás construyendo música. Hay DJs que se conforman con pinchar un disco tras otro, pero también los hay con la suficiente creatividad como para inventarse una sesión a base de cortar y pegar, utilizando efectos y samplers, recogiendo fraseos escogidos de cualquier tipo de disco o manipulándolos en base a la velocidad o a la repetición. Ernesto era de éstos. Con algunos durillos ahorrados fue colocando una especie de estudio en algún rincón de su casa de Zaragoza. Utilizaba aquellos trastos para crear su propia música, canciones sin letra que respiraban groove negro y en los que cabía cualquier cosa blanca. El referente era el funk, pero no en un concepto cerrado y catequético como el que había mandado en la escena indie. "Hay muchos tipos de música que me llaman la atención pero igual no me apetece hacerlos. Lo que más me gusta del funk es lo irracional y eléctrico que es. Es una música para esquizofrénicos", dice. Aquellas canciones tuvieron salida por un golpe de suerte de ésos que también ocurren de vez en cuando. Era fácil conocer a todo el mundo dentro de la escena de la música electrónica porque quienes se lo tomaban en serio eran poco menos que cinco. Cuando la distribuidora Boa tomó la decisión de empezar a fichar a artistas que se movieran dentro de esas corrientes era lógico que terminaran tropezándose con las cintas de Ernesto. Chema, del sello Ama Records, ejerció de cicerone y puso a las dos partes en contacto. Era el momento ideal para que naciera Telefunken. No pudo ser por aquello del registro y el nuevo proyecto se llamaría Telephunken. En esta ocasión el nombre no predestinaba un final frustrante. Cuando apareció el disco resultó ser uno de los buenos. Y no solamente en el terreno musical. El envoltorio de packaging resultó llamativo y Ernesto consiguió sacar adelante su reivindicación de editarlo en formato de digipack. Era un capricho que le perseguía desde los tiempos de Nothing y en esta ocasión lo pudo cumplir dado que la producción del álbum no le costó un duro a la compañía, ya que les dio el master completamente terminado. En el interior del compacto estaba lo que, tras escucharlo, iba a resultar adorable: efluvios de ambientes urbanos, bajos explosivos que martilleaban tu cabeza, piezas que, sin quererlo, contaminaban tu cuerpo. Y todo ello con un estilo sumamente personal que no remitía ni a Brooklyn ni a Londres. El caparazón de todo ello era un corazón mediterráneo de corte latino y aroma español. La mezcla perfecta para captar acólitos una vez fuera expuesto en sociedad. Con todo, Ernesto no estaba contento. El individuo pretendía, además, poner todo aquello en directo aun cuando no fuera la tónica que se manejaba en la escena electrónica. "Quieras que no, aún teníamos en la cabeza la historia de Nothing, el sentimiento que en los conciertos te sugiere el contacto con el público. Yo no me veía defendiendo mi música en un escenario tocando solamente botoncitos: me parecía aburrido. Había visto a algunos grupos británicos cuyo directo me gustaba y me planteé hacer algo parecido, algo vivo", comenta. El paso inmediato fue convencer a Sergio Zamarvide, compañero de aventuras en el anterior proyecto, y a Alvaro Pendejo, bajo y batería que permitirían ofrecerse en un escenario con una base real sobre la que crear. "Al principio lo considerábamos una prueba "--recuerda Ernesto--" y estábamos dispuestos a pasar de ello si veíamos que no funcionaba. El caso es que funcionó y que, desde entonces, hemos hecho más de ochenta conciertos". La infraestructura de sus directos dependía del caché que cobraban. Si resultaba de principiante, era solamente el trío el que se movía de ciudad en ciudad cada fin de semana. Si el cliente era más receptivo, Telephunken se hacía acompañar de dos vídeojockeys y de un par de espectaculares gogós que aportaban el ambiente afro y retro del funk de los setenta. La idea era espectacular y la respuesta del público... la lógica. Mientras el disco comenzaba a recibir críticas elogiosas por todos lados, la contratación se disparaba. Todos los festivales con carpa dance han contado con Telephunken y aquellos clubs que todavía no podían permitírselo contrataban a Ernesto como DJ para una de sus sesiones. "Lo fundamental para mí en un concierto es pasármelo bien y que la gente baile. No somos un grupo torturado: queremos que el público disfrute y se mueva". Tal ajetreo suponía la vitamina necesaria que un artista de este tipo necesita para seguir vivo. Pinchar durante tres años todos los fines de semana en el mismo local puede terminar haciéndote una ostra, ya que consigues saberte de memoria los gustos del público habitual y los recursos que puedes utilizar en los momentos más bajos. "Lo bonito es cuando cada fin de semana pinchas en un sitio diferente. Todo lo haces sobre la marcha, nunca pones la misma música y la respuesta del público te va marcando las pautas. Los festivales son lo mejor: poner a bailar a seis mil personas...". "Telephunken" pasó a convertirse en un disco de referencia. Hasta el año pasado, la música electrónica no era considerada por las compañías grandes como un elemento a promocionar y apenas sí se conseguía colocar ocasionalmente uno o dos discos del amplísimo catálogo internacional en las listas de ventas. Pero el público empezó a responder. El crecimiento de artistas como Chemical Brothers, Da Funk, Fatboy Slim u Orbital hizo abrir las orejas a los encargados de los fichajes y las aventuras empezaron a aparecer. Profesor Angel Dust se colocó en una multinacional, José Padilla fichó por otra... Era bastante probable que Telephunken se encontrara en la órbita de los ojeadores habida cuenta de la repercusión que había tenido su debut. "Era la primera vez que todas las críticas que se hacían de mi música eran buenas. Probablemente viniera dado porque aún no se había hecho nada como eso aquí. Al fin y al cabo, lo que hacíamos con Nothing lo hacía también mucha gente y no sorprendíamos a nadie", recuerda Ernesto. Las hábiles gestiones de su oficina de management consiguieron que el álbum llegara a una de las mesas en las que se toman las decisiones dentro de EMI. Allí encontraron otro padrino en la figura de Bunbury, artista de la compañía acostumbrado a ver las sesiones de Ernesto en Zaragoza. El fue quien tranquilizó a los ejecutivos haciéndoles comprender que los artistas que trabajan con máquinas no se diferencian en demasía de los que hacen otro tipo de cosas. El caso es que EMI aceptó dar soporte de distribución al recién creado sello Da Funken, nueva etiqueta cuya primera referencia es el segundo álbum de Telephunken y que nace con vocación de dar amparo a otros proyectos de la misma índole. El mito de que la música electrónica no vendía en España ha terminado en el río este mismo verano cuando sesiones de DJs envueltas en discos triples y cuádruples han escalado las listas con una facilidad pasmosa de la mano de pequeñas compañías que han sabido encontrar el amplísimo hueco que aún no estaba cubierto en nuestro mercado. "El ambiente de la música electrónica era lo suficientemente cerrado como para generar una pescadilla que se mordía la cola. Los artistas se comportaban como en la época indie, pensando que las multinacionales son diablos y negándose a hacer determinada cosas para promocionar sus discos. Al comportarse así, los discos no se vendían. Y, si no se vendían los discos, las compañías no arriesgaban. Al no arriesgar, no se vendía. Y así dándole vueltas. A mí todo eso me parece una tontería: yo hago mi música para que la escuche la gente, y cuantos más sean mejor. Si tengo que hacer algo para colaborar en la promoción del disco lo hago. Es ridículo negarte a llegar al público", comenta Ernesto. Con esas premisas el acuerdo fue fácil. Telephunken le pide a su nueva compañía un trato humano correcto y una respuesta lógica en la distribución de sus discos. "Es, precisamente "--añade--", lo que se dice que no te dan las multis. A mí, de momento, me han ofrecido lo que nadie me había ofrecido nunca. Y asumo que las compañías siempre dan lo mínimo cuando tú les pides lo máximo". El nuevo proyecto se titula "Nipón" y debe estar a punto de aparecer en las estanterías de las tiendas. El parto se ha realizado sin problemas, con la misma dinámica que el anterior pero con una mayor disposición de medios. "No soy de los que lleven bien el que me metan prisa o que me marquen tiempos. Voy haciendo y grabando mis canciones según me surgen. Unas veces pueden nacer de una línea de bajo y otras de un sampler de alguien tan singular como Pérez Prado. Soy bastante caótico a la hora de componer y por eso me gusta llevar mi propio ritmo. Cuando tengo los temas es cuando me puedo poner a pensar en el disco. Eso sólo tiene una cosa mala: que si el disco no sale en ese momento me junto con un montón de material y tengo que empezar a descartar". En el apartado estético no hay grandes cambios entre "Nipón" y su predecesor. La mayor diferencia parte del terreno técnico dado que Ernesto ha ido mejorando su estudio invirtiendo en él lo ya recogido. Admite que "se madura, se aprende... pero en el fondo es lo mismo. Es lo que quiero hacer y a la gente le gusta. ¿Para qué cambiar?". La idea principal es ser una mezcla entre músico y recolector. Los estudios musicales que atesora el líder de Telephunken no son considerados por él mismo como una ayuda a la hora de componer: "es peor. Lo que te enseñan es todo método y en la realidad ves que no hay cosa mejor que dejarse llevar. No hay una forma lógica para componer por más que te lo quieran hacer ver". El argumento cobra peso cuando te enteras que este personaje es capaz de componer una de sus piezas en una furgoneta en pleno viaje acompañado solamente por su Macintosh portátil. "Nipón" cuenta, por tanto, con muchas cartas de la baraja si de lo que se trata es de ganar la partida. Tiene una compañía poderosa detrás, un material de lo más sugerente y un genio de la lámpara adosado que puede conceder deseos. El genio es Levis, la marca de vaqueros que ha elegido la música de Telephunken para sus campañas publicitarias del año que viene y que permitirá a las canciones de Ernesto sonar en toda Europa. Atendiendo a todo eso no es extraño verle ilusionado. Ha trasladado su residencia a Madrid para colaborar más activamente en las labores de promoción del disco y para consolidar su nombre dentro de la escena clubber de la capital. Actualmente está preparando una pequeña gira de presentación en la que, si cuenta con presupuesto, pretende incluir una sección de metales como apoyo al sonido de las nuevas piezas. Aún no se conocen las fechas definitivas, pero es seguro que una de las paradas del trayecto será nuestra ciudad. Las que no estarán en el viaje serán las gogós: "No es cuestión de seguir con lo mismo. Nos va a descubrir un público nuevo y no quiero que se piensen que, asociado a Telephunken, hay un par de culos o una muestra de carne. Lo principal es la música y no quiero que la gente se despiste con otras cosas. Quiero que bailen". E.P." Telephunken. "Nipón". Da Funken 1
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