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La gaitera Susana Seivane graba su segundo disco con buenas perspectivas internacionales. Noviembre 2001 De casta le viene al galgo
Porque si algo distingue a Susana del resto de los gaiteros que inundan el actual panorama discográfico es precisamente eso: que ella presume de gallega y que todo lo que ha aprendido alrededor de la gaita proviene de la larga y concisa tradición hablada que, por aquellos pagos, funciona mejor que la tele. "Es asombroso "--comenta Roberto, su novio--". Cuando estás trabajando en el taller, igual te viene un hombre muy mayor y comienza a curiosear con las gaitas. Coge una y te quedas pasmado por lo que es capaz de hacer. Es entonces cuando te das cuenta de lo poco que sabemos aún". Roberto trabaja en el taller que la familia Seivane tiene en Cambre, en la provincia de A Coruña. Allí se continúa la tradición familiar del obradoiro, la fábrica artesanal de gaitas, que este apellido ha tenido durante generaciones. Con esos ancestros, no es extraño que Susana haya salido gaitera, aunque, del mismo modo, uno podía defender el hecho de que los hijos tienden a hacer justo lo contrario de lo que sus padres les enseñan. En este caso no fue así y el cariño que esta muchachita de veinticinco años demuestra por su familia y sus enseñanzas podría ilustrar tranquilamente cualquier capítulo de "La casa de la pradera" siempre que ésta estuviera ubicada en un pazo gallego. En su segundo álbum, "Alma de buxo", aparece una jota que Susana compuso para su hermana y un cálido homenaje a su abuelo, Xosé Manuel, con la interpretación de dos muiñeiras que él la enseñó en una fiesta celebrada en su casa. Lo más curioso de todo es que Susana nació en Cataluña. Sus padres emigraron a aquella comunidad y montaron allí su primer obradoiro haciendo aquello que, para ellos, era su profesión. A uno le puede sonar extraño que una fábrica de gaitas sea un negocio que funcione bien en Cataluña, pero, si algún día se hiciera un censo real de los gallegos que hay distribuidos por el mundo, uno se quedaría asombrado: en Cataluña hay suficientes centros gallegos como para dar de comer a quienes trabajen en un obradoiro. Y no sólo eso: en cada centro gallego hay un grupo de coros y danzas. Susana comenzó a tocar en uno de ellos cuando apenas levantaba dos palmos del suelo. Era tan canija que hubo que fabricarle una gaita a medida para que pudiera participar en los pasacalles habituales que estos grupos realizan en sus fechas señaladas. En uno de ellos, varias personas se la acercaron para comprobar que una cosa tan pequeña era capaz, de verdad, de tocar la gaita. La curiosidad llegó a tal extremo que los organizadores del evento pusieron a la cría en el centro del palco para que ella sola se marcara una muiñeira. Fue su primera actuación como artista estelar. Cuando habla de esa época, Susana no duda en deshacerse en elogios para con su familia y para con todos quienes la enseñaran algo, por pequeño que fuera. Su cariño hacia la gaita llegaba a tal extremo que, cuando le gustaba una canción que escuchaba en la radio, cogía su instrumento y conseguía reproducirla en su particular versión. Con el tiempo, la familia terminó en su tierra natal y con ellos viajó el obradoiro. El apellido Seivane tenía suficiente nombre en Galicia para que, en los corrillos gaiteriles, empezara a circular el rumor de que la familia tenía una cría que era un prodigio. De ahí a empezar a aparecer en todos los festivales folklóricos gallegos sólo hubo un paso y, a la edad de doce años, Susana se encontró con su primera propuesta para grabar un disco. El momento no parecía el adecuado, por lo que... la cosa se dejó correr. La segunda propuesta llegó en 1998. Rodrigo Romaní, miembro de Milladoiro, ya había contado con Susana en algunas ocasiones como invitada a los conciertos del grupo y, en un momento dado, decidió convertirse en su productor. La idea era grabar un álbum, sin prisas, y hacer lo posible para que, una vez realizado, alguna compañía pudiera editarlo. La suerte quiso que el tiempo coincidiera con el éxito de Carlos Núñez y con la revolución gaitera de Hevia. Si la gaita fusionada con otras músicas tenía éxito era lógico que los sellos especializados en música tradicional buscaran también a artistas capaz de mostrar la faceta más folkie del instrumento. Así llegaron al mercado los discos de Cristina Pato y el de Susana, ambos con el marchamo comercial que suponía el que la protagonista del álbum fuera una chica. "Cristina y yo no nos parecemos en nada: ni en el estilo, ni en la música que hacemos, ni en el aspecto... Ella comenzó a tocar en la Banda de Orense. Es una formación muy al estilo escocés, con desfiles, bastón de mando y gaitas de ese tipo. Lo que yo hago huele a Galicia. Cristina hace otro tipo de música y usa la gaita como instrumento. Lo mío es más de aquí", comenta Susana un poco molesta cuando se le hace la pregunta obvia. Ni ella ni Cristina tienen la culpa de haber publicado sus discos al mismo tiempo, tener raíces gallegas y ser mujeres, pero resulta natural que, para quienes no han seguido un poco de cerca el panorama gaitero, haya ciertos paralelismos. "Si se habla de fusiones... también yo hago algo de fusión: mezclo la gaita con instrumentos no gallegos, como la triki o algunas percusiones, pero, sobre todo, le doy importancia a la raíz más tradicional. La música gallega también tiene influencias que la han enriquecido, ya que es raro ver un lugar del mundo en el que no haya estado un gallego y se haya traído una jota, una polka o algo así. Gente como Carlos Núñez o Hevia han introducido la gaita en otros estilos, pero eso es una cosa que no tiene nada que ver con lo que yo hago. Yo toco música de antes para gente de ahora", comenta Susana poniendo de manifiesto su mejor virtud. El logro de esta mujer es ofrecer la música tradicional sin adornarla con la parafernalia típica que huela a alcanfor. Los arreglos que hace en sus piezas cuentan con una estética contemporánea que no retira fidelidad al material y las formas con las que se expone son absolutamente defendibles sin necesidad de unirlo con lo arcaico. El repertorio del que se surte la gaitera aparece en los cancioneros tradicionales, pero entre su colección personal hay numerosos archivos que se van incrementando en sus intensas relaciones con los círculos gaiteriles de los que nunca parece salir. "Elijo lo que más me gusta y lo único que me planteo es que en los discos haya cierta variedad de ritmos. Se trata, sobre todo, de evitar lo obvio, lo que todo el mundo conoce y que ya se ha hecho muchas veces".
Si no hubiera sido por el famoso atentado cometido en Nueva York en septiembre, ahora mismo estaría girando por Estados Unidos ampliando más aún su popularidad internacional. El primer álbum de Susana contaba con la lógica referencia de Rodrigo Romani. Junto con la gaitera, estuvieron un año y medio preparando el material del disco para, posteriormente, grabarlo en un período de tres meses. "Ahí hay mucho de Milladoiro. Era mi mayor influencia y Rodrigo era el productor. Nosotros sólo pusimos los arreglos de gaita, acordeón y percusión y él puso todo lo demás. En éste hay más de mí, ya que todos los arreglos los he preparado con mi banda y Rodrigo puso menos. Creo que suena más a Seivane, es más arriesgado, más contundente y más moderno". El debut discográfico de Susana tuvo un reconocimiento apreciable. Y no sólo en nuestro país. Su primera experiencia internacional, con tres actuaciones en Italia para celebrar el día de San Patricio, trajo consigo la contratación para una nueva gira de once días por el país transalpino. Poco tiempo bastó para que su nombre apareciera en los festivales más prestigiosos y que, incluso, su rostro fuera el que apareciera en los carteles de los eventos: "Estar en el Keltic Connection, llevando el nombre de Galicia, y ver a la gente vibrando de aquella manera con algo que empezaban a conocer ponía la piel de gallina. Fue como en Portugal, una verdadera pasada". Dentro del ámbito de la música tradicional esta chica resulta una verdadera renovadora. Lo más normal es que las formaciones que parten de la música de raíz tiendan a unirla con corrientes más contemporáneas o con estilos provenientes de otras culturas. A Susana eso la sobra: la basta con adaptar la música tradicional para demostrar que ésta tiene suficiente aceptación como para llegar al público amplio. En el extranjero, donde la gaita está asociada a las culturas escocesa e irlandesa, su presencia sorprende por la novedad. Hay que tener en cuenta que, en esos países, un personaje como Carlos Núñez es visto como un continuador de las corrientes celtas más que un desarrollador de la música gallega. Exponer la tradición norteña no supone, sin embargo, caer en los tópicos folklóricos y pueblerinos que podían alejar a esta música del público más urbano. Susana no tiene una presencia campestre en modo alguno y colabora ávidamente con su compañía a la hora de mostrar en sus fotografías de promoción que es una persona que vive al día y que está totalmente integrada en la rápida sociedad en que vivimos. "No voy a negar que el físico cuenta, pero también es obvio que, si en tus discos no tienes nada, lo del físico se agota enseguida. Yo soy así: hago esta música y no se me puede pedir más. En el escenario no basta con lucir una cara bonita", afirma. Cuando se le pregunta por el hecho de que, con su edad, lo más normal habría sido quedarse colgada con músicas más actuales, ella no lo niega, pero señala que "rockeros y gaiteros son muy similares. Nacen y aprenden ellos mismos, sin academias ni profesores, y saben que lo que hacen no es lo más aceptado socialmente. Llevan una filosofía de vida que se aleja de la normalidad". Su vida ha cambiado más bien poco desde que saltó a la popularidad. Bien es cierto que ahora viaja más y que nota a los medios más pendientes de ella cada vez que se presenta en público, lo que la ha obligado a dejar cualquier otro tipo de actividad para dedicarse enteramente a su carrera musical. Comenta que lo que más la ha satisfecho del mundo que está conociendo es el contacto con públicos de diferentes culturas, así como sus reacciones, distintas en cada país. El hecho saca a colación su colaboración con Kepa Junkera, el trikitxilari bilbaíno que también ha participado en "Alma de buxo" y que señalaba algo similar en una entrevista anterior. "Nos conocemos hace años "--añade Susana--". Me invitó a participar en algunos de sus conciertos y realmente me pareció una pasada. Me gusta el estilo propio que posee y su espíritu de improvisación: cuando le escuchas sabes perfectamente que es él quien toca. En el disco quería contar con gente de la tierra, con amigos míos con los que tengo relación personal, pero me ilusionaba que también estuviera Kepa". Amante de lo tradicional como es, no llama la atención que Susana no se complique la vida a la hora de diseñar sus instrumentos. Sí es cierto que los adornos de sus gaitas no son nada frecuentes, pero no considera importante realizar alguna modificación para cambiar el sonido a su instrumento del alma. Fabricadas por su padre (Alvaro) y "vestidas" por su madre (Beni), sus dos gaitas suenan exactamente igual que las que fabricaba su abuelo hace cincuenta años. Cosa curiosa en este proceso es la consecución del boj ("buxo" en gallego), la madera de la cual se hacen los punteros de las gaitas. El hecho de que Susana haya bautizado su segundo disco con el título de "Alma de buxo" viene dado por la particular manera en que dicha madera ha de cortarse para que la gaita a construir tenga un acabado perfecto: "Es verdad. El boj tiene que cortarse en el cuarto menguante de la luna vieja de enero. Es el momento en el que la savia del árbol está en su parte baja. Si no lo haces así no podrás construir la gaita". Lo dicho: de casta le viene al galgo. O a la galgueira, ya que Susana reconoce por igual la influencia de su abuelo que la de los clásicos Portela o Moxenas. "Y Milladoiro, por supuesto". E.P. Susana Seivane. "Alma de buxo". Boa
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