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Steve Wynn regresa, en plan rockero, con su primer disco doble Grabando en el desierto
La aspereza de la arena del desierto de Arizona y el rugir de la música urbana se dan la mano en este nuevo álbum, un disco propio de quien perteneció a lo que se dio en llamar "el nuevo rock americano" y que no era sino una evolución lógica de los sonidos tradicionales de Estados Unidos. Lo bueno que tienen los países jóvenes es que en ellos todo tiene poca edad, hasta la música tradicional. En los States el rock es para sus habitantes como para nosotros la rumba: la música que oyen al venir al mundo y la que les acompaña casi todos los días de su vida. En un momento en el que el rock quería mirar hacia delante, buscar fusiones y nuevas estéticas, una manada de jovencitos se afanaba en la idea de volver hacia atrás, de recuperar el sonido de la guitarra sin efectos y el sonido campestre y casi sureño en voces que recitaban textos muy pensados. Steve Wynn fue de quienes ejerció en el oeste a primeros de los ochenta, una época en la que el maquillaje y los cardados de peluquería reinaban en el territorio rockero con la ayuda de espectaculares shows en directo y torsos desnudos propios de gimnasio. Formó, junto a Gavin Blair y Russ Tolman, una banda a la que llamó Suspects, pero no tardó demasiado en abandonar aquella aventura y entrar en un grupo barbilampiño que respondía al nombre de Long Ryders. La formación, que tiraba más hacia las costumbres del country rock y que terminó firmando discos realmente valorables, le pareció poca cosa y decidió que lo suyo era tener una banda propia. En Los Angeles fundó Goat Deity, pero con aquel nombre era obvio que no iban a ningún sitio, por lo que aquello cambió rápidamente hasta ser lo que todos conocemos como Dream Syndicate. Su primer álbum, "The days of wine and roses" (82), hizo que la gente prestara atención. No eran sino una actualización juvenil de lo que, en aquellos días, Lou Reed o Neil Young estaban dejando de hacer, pero impactó por sinceridad y buen uso. Al fin y al cabo era rock'n'roll y eso, en Estados Unidos, siempre gusta si se hace razonablemente bien. El álbum les generó un contrato con A&M, pero las cosas no salieron como se esperaba. Los resultados comerciales no crecieron y la banda se fue incomodando. Wynn trató de respirar juntándose ocasionalmente con algunos amigos de Long Ryders y Green on Red en un pintoresco proyecto llamado Danny & Dusty y, con nuevos bríos, volvió a poner en funcionamiento su particular sindicato. Nada que hacer: el grupo había pasado al status de culto gracias a la figura de Steve, metido también a productor ocasional y con una calidad lírica que le ponía por delante de sus compañeros de generación. La situación podía ser satisfactoria a nivel personal, pero no lo suficientemente rentable como para que un sello aguantara a la banda durante dos discos seguidos. Era el momento de salir de casa y buscarse la vida en solitario. La historia recomienza en los noventa. Un par de álbumes rápidos ("Kerosene man" en el 90 y "Dazzling display" un año más tarde) dan paso a una de esas obras que terminan por consolidar a cualquiera. "Fluorescent", lanzado en el 94, trajo a la palestra a un Steve Wynn que jugaba con las palabras y los sentimientos y que mostraba a las claras que podía ser tan sutil como animal fuera en la etapa de Dream Syndicate. Su figura cogió relevancia en Europa y terminó firmando su inclusión en el club de los malditos, siempre con público ávido de escucharle pero, con las mismas, siempre fuera de los circuitos mayoritarios. No cambiaron la situación sus discos siguientes ("Melting in the dark", "Sweetnees & light" o su más reciente "My midnight"). Su nombre se había quedado asociado a un género, a un estilo, a una manera de ver la música que encontrará admiradores en cualquier parte del mundo aunque esos admiradores no generen más que para una vida modesta. En España, unos grandes fans de Steve Wynn son los asturianos Australian Blonde, quienes le invitaron el año pasado a grabar un disco al alimón que terminó gestándose a base de e-mails. Ahora, recién cumpliditos los cuarenta, Steve retoma su faceta rockera, su parte más eléctrica y se marcha a grabar a Tucson, ciudad en la que vivió buenas experiencias veinte años antes. Allí hace recuento, mira su agenda y se da cuenta de que tiene a tiro de piedra a un montón de gente a la que le gustaría enseñar sus nuevas canciones. Son Chris Brokaw, Chris Cacavas, Howe Gelb, John Convertino, Johnette Napolitano... todo un universo de "nuevos rockeros americanos" que terminarán metiendo algo en lo que sería "Here comes the miracles", el álbum doble que vuelve a traer a Steve Wynn a la actualidad discográfica. -- "Tenía las canciones y sólo quería grabarlas. No me planteé cuánto podían durar hasta que, al terminar, vi que daban para un disco doble. En el fondo, me gusta el concepto de disco doble. Algunos de mis favoritos tienen ese formato: 'London calling', 'Exile on main street'... Son grandes viajes de los cuales yo aún no había hecho ninguno". -- Lo más llamativo es que tienen un registro bastante diferente a lo que ofreciste en "My midnight". Estas son mucho más rockeras... -- "Sí. Con el anterior quería un disco más orquestal y sofisticado y quedé muy feliz con él, pero en éste no quería hacer lo mismo ni repetirme. No quería algo tan elaborado. Salió más duro, más parecido a lo que hacía antes". -- ¿Y lo de los invitados? -- "Chris tenía una gran influencia en mis nuevas canciones, por lo que era lógico que lo produjera con él. Es un gran amigo y nos entendemos muy bien en estas cosas como pudimos comprobar cuando yo produje un par de sus discos. Los otros participantes eran de la zona de Tucson: nos conocíamos y quería sus ideas para el disco. En una u otra cosa siempre hemos trabajado juntos, por lo que hay una buena conexión entre todos". Se conserva bien. Al fin y al cabo, no es de quienes desparrama en cuanto tiene oportunidad. Sabe disfrutar de la comida y aprecia los lugares por los que pasa. Cuando le ofrezco un cigarrillo no lo quiere y en vez de un café prefiere una botella de agua. Es lógico: tiene mucho que contar. "Tengo una carrera en solitario, pero eso no significa que sea, propiamente, un solitario. Me gusta escuchar las ideas de otros músicos y responder a lo que me sugieren. Lo bueno de trabajar así es que puedes cambiar de disco a disco y no tener que depender de lo que opinen otros. Cuando elijo a los músicos para un disco decido yo, pero busco de ellos una libertad expresiva que, en el fondo, les haga formar parte de lo que hacemos y que quede marcado en lo que grabamos". Surge la respuesta cuando le sugiero que, en sus últimas dos obras, da la impresión de añorar la vida de banda. Al fin y al cabo, una de ellas ha sido acompañado de Australian Blonde y la otra, la que nos ocupa, tiene un elenco propio de una big band. Con todo, parece que no es así y, a decir verdad, en algunas cosas se nota. Sus dos últimos álbumes fueron producidos por John Agnello, pero aquí ha preferido mandar él habida cuenta que el bueno de John estaba liado con otras cosas. Como siempre, se ha dejado aconsejar siguiendo su tónica de "recabar ideas" y ha aceptado el consejo de Agnello poniendo en la mesa a Craig Schumacher. Cacavas, que en este disco parece un alma gemela, también ha tenido su parte de responsabilidad en el sonido final del álbum. Respecto al estudio, Steve valoró las posibilidades de Nueva Orleans, Virginia... pero se quedó con Tucson por una cuestión sentimental. "Quería el sonido de una ciudad pequeña", dice alabando el espíritu pintoresco de la localidad. "En Nueva York es fácil grabar (lo conozco todo de allí), pero esta vez quería sorpresas y nuevas experiencias". Hablamos de los textos del disco, una colección que no abunda en un tema concreto pero que él define como "un cruce de caminos". Muestra de ello es la pieza que da título al álbum, una reflexión sobre la excentricidad de la gente al considerar milagrosa cada nueva cosa que se nos propone. Para Steve, el tema de los milagros tampoco queda tan lejos habida cuenta de que cuenta cada uno de sus discos como tales. "Me fascina cómo se pueden comunicar emociones y sentimientos con unos instrumentos y la voz. Eso sí que es un pequeño milagro que surge cada día", dice. Todas las canciones de "Here come the miracles" fueron escritas antes de entrar en los estudios de Wavelab. Este es de los músicos que prefiere tener claras las cosas antes de empezar a realizar las tomas y que deja para la pecera únicamente las cuestiones de arreglos o las modificaciones que puedan surgir después de escuchar a sus colaboradores. De ese modo, sus discos cuentan con una personalidad que raramente se obtiene cuando se analizan los discos de rock surgidos en Estados Unidos en los últimos años. Allí ahora manda el mercado, el producto elaborado y medido de cara a la consecución de buenos resultados económicos. "Es música de otro mundo: son productos, como los que puede hacer IBM o cualquier otra gran compañía. De lo que domina las listas americanas me gusta poco. Yo prefiero el mundo que hay más abajo y que curiosamente tiene más repercusión en Europa que en Estados Unidos. Son bandas minoritarias que, como en el caso de Walkabouts, por ejemplo, no giran más que por su estado mientras que en Europa tienen un gran reconocimiento. En América viven con la obsesión del éxito y el fracaso mientras que en Europa se valora más al artista y a su obra. En el fondo, es como la historia de Charlie Parker y músicos de su generación". Steve, como muchos de sus amigos, tiene en nuestro continente un seguro de vida. Puede tirarse un año entero actuando en Alemania, Suecia, Noruega... y valora de este público que no es tan cambiable y maleable como el que se da en Estados Unidos. "Hay ocasiones en las que me apetece hacer una gira americana" --dice-- ", pero, cuando la termino, siempre pienso que no volveré a tener la experiencia hasta por lo menos dos o tres años". Con todo lo que pueda parecer, Wynn no es conservador a nivel de gustos. Se muestra crítico ante las bandas de neocountry porque apenas incorporan cosas nuevas y de entre sus compañeros de generación valora a quienes saben cambiar con el tiempo. "Lo que se dio en llamar el 'nuevo rock americano' sigue existiendo, ya que hay muchos artistas de aquéllos que siguen tocando, muchos incluso mejor que lo hacían entonces. De lo que se trata es de mezclar la música americana con músicas nuevas. Particularmente, prefiero a algunas formaciones inglesas que hacen esto muy bien, gente como Primal Scream o Spiritualized, pero también me gusta lo que hacen Wilco, Wildhearts o Eminem", afirma haciendo un rápido repaso sobre lo que más le interesa ahora. Personalmente, él se encuentra más maduro, más asentado como artista: "Cuando era joven quería cambiarlo todo y ahora veo que hay cosas que merecen la pena conservarse. A veces pienso que no soy tan diferente de como era cuando empecé a tocar; pero, por otro lado, me gusta cambiar siempre que ese cambio venga desde mi interior, que no esté condicionado con lo que veo fuera". Su gusto por lo nuevo también se expresa por el uso y el interés que despiertan en él las nuevas tecnologías informáticas. Ya dejó su evidencia aceptando hacer un disco en el que enviaba sus canciones por correo electrónico sin juntarse con los responsables del producto final. "Aquel proceso permitió ver que Internet aún no está optimizado para trasladar música, ya que el formato de archivo no es bueno. Eso mejorará y podremos intercambiar archivos con gente de todas partes del mundo sin pérdida de calidad". Cuando le digo que con el tiempo podrá, incluso, grabar con músicos muertos, él no pone cara de asco. Al contrario: "Me gustaría grabar con Miles Davis, con Lenny Bruce, con Cobain por supuesto, aunque supongo que Cobain estará tan ocupado que pedirá, desde el cielo, que le dejen descansar". En mayo se le podrá ver en nuestro país acompañado de su banda habitual. Una vez más Wynn evidencia su gusto por la vida de carretera y por ir escribiendo su historia musical día a día allí donde aterrice. "Tengo mucha suerte de que mi batería sea mi novia; sería mucho más difícil llevar esta vida si no fuera así. A mí me parece una buena vida: descubrir lugares nuevos y, sobre todo, tocar todas las noches. Como mejor aprende un músico es tocando delante del público todo lo que pueda", afirma. Entre sus sueños inacabados está la escritura de una novela, algo que se pone difícil en un año en el que se le juntan diferentes lanzamientos discográficos a los que tiene que dar cobertura promocional. Mientras que en España asistimos a la aparición de su nueva obra, en otros países su figura aún no es tan popular y se ve asistida del lanzamiento de un recopilatorio. En otros, por el contrario, lo que sale ahora al mercado son reediciones de sus obras antiguas. Los sonidos heredados de la Creedence, de Dylan, de Lou o de Neil Young se entrelazan entre lo nuevo y lo viejo dentro de las canciones de Steve, algo muy bien representado en la portada del reciente "Here comes the miracles". En ella, el vinilo, el corazón, un tocadiscos de oro y la sangre se unen en una fotografía creada por Linda Pitmon específicamente para una exposición y que Steve pudo utilizar gracias a su amistad con la artista plástica. Después de su recorrido por Europa, que tuvo su inicio en Madrid, Wynn tendrá que regresar a Estados Unidos antes de poner en marcha su nueva gira. Allí se encontrará de nuevo con la dinámica habitual y con los resultados generados por las nuevas elecciones. "Yo no voté por el nuevo presidente" --dice a este respecto--" y la mayoría de la gente tampoco. Me surge un problema porque, por un lado, no quiero desastres en América, pero me gustaría que el mandato de Bush fuera lo suficientemente desastroso como para que saliera de ahí lo más rápido posible. No me gusta". ¿Y a quién sí? E.P. Steve Wynn. "Here come the miracles". Astro
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