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El guitarrista Santiago de la Muela ofrece su visión del jazz de abajo a arriba. Abril 2001

Disco piramidal

"Lo que nos gusta es esto" parece una declaración de principios. Y es posible. Este canario es de los típicos músicos de conservatorio que termina finalmente en el jazz. Pasó por Berklee, obtuvo el graduado "cum laude" y comenzó una carrera profesional que se detiene, momentáneamente, en esta obra que supone ya su tercer disco.

Los dos anteriores, "Blues para Tete" y "Carmen's favorites", le mostraban en su faceta más ligera. No a nivel de intensidad, sino de formación. El primero nos lo ofrecía en trío mientras que el segundo no contaba con más instrumentos que su guitarra. En ambos discos, como en el actual, él ponía no sólo la faceta interpretativa y los arreglos, sino que, bajo el nombre de I. Reilly, también se encargaba de la producción sufragando la mayoría de los gastos. "Los músicos de jazz en España hacemos de todo: tocamos, nos autopromocionamos, nos producimos...", suele decir.

Todo vale si el resultado es tan satisfactorio como "Lo que nos gusta es esto", un disco que parte de una línea ascendente alrededor de la cual se agrupan doce piezas. La primera parte de la guitarra sola para ir incorporando, en temas posteriores, más y más instrumentos. Un dúo, un trío, quinteto, sexteto... hasta llegar finalmente a una formación de big band tan inusual en nuestro panorama jazzístico como difícil de mantener en cualquier parte del mundo.

Si bien su técnica está fuera de toda duda, no es Santiago de los músicos que impresionen especialmente por eso. El es de quienes creen más en el aspecto jazzístico de la guitarra, aquél en el que su colocación dentro de un todo es mucho más importante que los solos veloces con exhibiciones de digitación. Eso le hace muy particular cuando toca en solitario, pero mucho más efectivo cuando suena dentro de un conjunto que le permite lucir sus arreglos. Habitualmente se presenta en directo en formación de trío junto a Carlos González (

Sir Charles dentro de nuestro jazz) y Richie Ferrer, el contrabajista valenciano afincado en Madrid que igual tocaba con Marsalis que con Tete o Perico Sambeat.

-- En las notas de tu álbum Juan Claudio Cifuentes habla del concepto de "disco pirámide". ¿Es tuya la apreciación?

-- "Cuando concebí el disco tenía bien presente que quería que la orquestación se incrementara progresivamente, es decir, comenzar solo e ir añadiendo instrumentos a pesar de que recibí más de un amable consejo de que no lo hiciera así por ser poco comercial. Sin embargo, no podía prescindir de ese concepto puesto que fue el motor inicial del disco. De todas formas, y para paliar un poco mi tozudez al respecto del orden de los temas, en el CD he incluido un 'trayecto alternativo' por si alguien quiere seguirlo. El término 'disco pirámide' se me ocurrió al principio, cuando surgió la idea de ir de menos a más, porque se me representaba mentalmente una pirámide donde mi pieza a guitarra sola era el vértice superior y a partir de ahí se iba incrementando hasta la base. En el fondo, no deja de ser una pequeña broma. Quiero decir que no tiene una connotación ni geométrica, ni filosófica, ni nada por el estilo".

-- Me ha resultado curioso que, en contraposición con tu disco anterior, abordes aquí composiciones para formaciones tan grandes como las que ocupan la última parte del disco...

-- "En efecto. El contraste es grande. Cuando grabé 'Blues para Tete' estaba en una etapa en la que me atraía el reto de hacer cosas con poca instrumentación. Prescindir de la batería incrementaba la dificultad, pero daba carácter. Ya sé que no soy ni mucho menos el primero que ataca esta instrumentación. Desde el trío de Nat Cole ha habido grabaciones para piano, guitarra y contrabajo (hay una de Ray Brown, Monty Alexander y Herb Ellis realmente notoria), pero me atraía la idea de aquel momento. Ello no quiere decir, sin embargo, que no me gusten las formaciones más grandes, con vientos, etc. Simplemente, es otra estética y una cosa que tengo clara como músico de jazz es que no quiero encasillarme con una formación que repita disco tras disco. El jazz es una música realmente versátil y, en lo que esté a mi alcance, quiero explorar todas las parcelas posibles".

-- En un par de temas del disco escribes, incluso, para un formación de big band. ¿Por qué? Parece un género que ya se usa poco y que resulta tremendamente caro poner en escena...

-- "La verdad es que a mí siempre me apasionaron las big band. Cuando empezaba a estudiar arreglos y cómo orquestar me resultaba casi mágico que en mi cabeza pudieran llegar a caber todas esas voces. Uno de los momentos que se me han quedado grabados fue precisamente el escuchar mi primer arreglo para big band. Si se usa poco es, en gran parte, por lo que tú apuntas: porque es costoso. Sólo a través de big band de academias de música, de tipo pedagógico, puede mantenerse una formación así. Pero hay que luchar contra las dificultades. Me viene a la memoria la Big Band de Thad Jones y Mel Lewis, que estuvo funcionando muchos años en los sesenta y setenta, cuando había que estar loco para sostener una formación de ese tipo. Sin embargo... ya ves: la misma banda toca todos los lunes en el Village Vanguard de Nueva York aunque sus dos líderes, desafortunadamente, ya han desaparecido".

-- También me llama la atención que las piezas con instrumentación más austera son las versiones cuando algunas de ellas podían tener un tratamiento más vistoso con la formación grande. ¿Por qué preferiste tocar a Jobim tú solo o a Mingus en trío?

-- "Soy de quienes piensan que un buen arreglo tiene que hacer atractiva una pieza musical, independientemente de cuántos instrumentos tenga el arreglista a su alcance. La pieza de Jobim se me representó enseguida en la mente para ser tocada con guitarra española por lo cálido e intimista de este instrumento. Las piezas a dúo o trío son una selección del repertorio que habitualmente tocamos Richie, Carlos y yo. En una de las sesiones de grabación donde no había vientos grabamos unas cuantas piezas a trío y escogimos las dos que más nos gustaron. No podíamos incluir más porque hubiera destruido el 'efecto pirámide' del que hablábamos antes".

-- ¿En base a qué seleccionaste esas versiones?

-- "Las de los temas standard son una selección de nuestro repertorio a trío, que es bastante amplio. La verdad es que intento no tocar siempre el mismo repertorio y en el mismo orden cuando toco en directo. Siempre es una tentación hacerlo, porque ¿para qué cambiar algo que funciona bien? Pero hay que intentar evitar a toda costa convertirse en un funcionario de tu propia música. Un puntito de emoción e incertidumbre siempre viene bien".

-- Hablemos un poco sobre el proceso de grabación del disco, de todas esas cosas que hacen un disco diferente de otro...

-- "La idea básica surgió en el verano del 98 y enseguida me puse a hacer orquestaciones. El problema es que, entre clases, giras y demás, el tiempo para dedicarse a la composición y orquestación no es siempre el que uno quisiera. Constantemente tenía en la mente avanzar, pero había períodos en que iba más lento, por lo que hasta la primavera del 2000 no tuve listo el material. Luego vino el tema de coordinar a todos los músicos que había elegido mentalmente para la grabación. A base de muchas llamadas y rellamadas logré contar con casi todos los que quería. Todo un puzzle. Hubo algún problema añadido, como el de Chus Santandreu, el saxofonista valenciano que se rompió una muñeca en pleno proceso de grabación y al que hubo que sustituir dos días antes de hacer las tomas. El día que terminé de grabar todo dormí catorce horas seguidas. Después vino la mezcla y la edición, que es un proceso laborioso, aunque... el material ya está ahí, en la bobina, a buen recaudo. Sólo se trataba de conseguir que sonara lo mejor posible".

-- Con todo, desde que apareciera "Carmen's favorites" ha pasado un tiempo considerable...

-- "Fundamentalmente fue lo complejo del proyecto lo que hizo que se alargara excesivamente la distancia entre uno y otro. Y ni mucho menos me gustaría esperar dos años y medio para sacar el siguiente. La verdad es que, desde que terminé de mezclar éste, ya estoy pensando en lo que voy a hacer a continuación. Hay que tener en cuenta que el proceso de producción es largo y muchas veces la discográfica, por motivos comerciales, te retrasa el lanzamiento varios meses. Es el caso de 'Lo que nos gusta es esto', que estaba totalmente terminado en el mes de octubre del año pasado".

-- ¿Has quedado satisfecho con el resultado?

-- "En líneas generales sí. La verdad es que a veces soy demasiado perfeccionista y eso me lleva a irritarme con las pequeñas cosillas que podían haber quedado mejor. Pero creo que, globalmente, es un producto digno, cuya concepción nunca se había visto antes, y no me avergüenzo para nada de él".

Si bien las primeras piezas de "Lo que nos gusta es esto" son versiones, cuando la formación llega al sexteto es Santiago quien se encarga de la composición. Es en estos terrenos en los que más sorprende por su soltura a la hora de manejar formaciones grandes teniendo que crear específicamente para ellas. Hasta el momento, la discografía del canario abundaba en retratos propios que evidenciaban un gusto brutal por los grandes guitarristas clásicos.

-- Tú reconoces tu gusto por Joe Pass y Wes Montgomery, pero supongo que también tendrás otros guitarristas preferidos dentro de los más contemporáneos...

-- "Admiro mucho a ambos, y también a otros clásicos como Barney Kessel, Kenny Burrell, Billy Bauer, o René Thomas, por citar algunos. De los más contemporáneos hay muchos que me gustan, pero no hay ninguno del cual me guste todo, sino que procuro escoger lo que más me llena de ellos. Admiro, por ejemplo, el descaro y la frescura de John Scofield, la claridad en el fraseo de Russel Malone o el concepto armónico de Peter Leitch. Entre los europeos hay gente excelente, aunque a veces, de forma injusta, menos conocida. Es el caso de un guitarrista que a mí me gusta mucho, llamado Sylvain Luc, o de Bireli Lagrene. Muchas veces escucho a pianistas para tomar ideas, dado que en mi concepto de la guitarra la armonía es de capital importancia. No sólo me pido a mí mismo hacer buenos solos, o al menos intentarlo, sino también hacer de la guitarra un instrumento autosuficiente en el plano armónico. En ese sentido, existe un guitarrista que sólo grabó un disco con guitarra sola en el año 1977. Se llama Ted Greene y hace cosas increíbles. Hay otros que son mayores pero musicalmente siempre suenan frescos, como Jim Hall".

-- Has tenido oportunidad de tocar en Estados Unidos y en algunos países europeos. Supongo que eso te da criterio para evaluar el panorama jazzístico español en relación al de nuestros países vecinos...

-- "La primera tentación es caer en la demagogia típica de decir que aquí todo va fatal y fuera todo es maravilloso, pero, por lo que yo conozco, no es así. Hacerse un hueco con esta música es duro en cualquier parte porque hay muchos y muy buenos músicos y porque es un género que no mueve grandes sectores de público. Lo que sí es cierto, desde mi experiencia personal, es que España es el país donde más difícil lo he visto porque, a la natural dificultad de una música minoritaria, se añade muchas veces el snobismo y la ignorancia de muchos que creen que por tener nombre y apellido español ya no se puede ser un buen músico de jazz".

- Yo nunca terminé de entender muy bien por qué esta música es tan minoritaria en nuestro país. ¿Tú no crees, por ejemplo, que "Lo que nos gusta es esto" podría gustar a cualquier aficionado?

-- "Creo que es un poco el problema de la pescadilla que se muerde la cola: mucha gente cree que el jazz es demasiado intelectual, se asusta y no lo oye. Mi opinión, basada en la experiencia, es que, si cualquiera pone de su parte, le acabará enganchando. Pero, eso sí, requiere una actitud participativa del oyente. Hay que escuchar, no sólo oír superficialmente lo que nos echen. En cuanto a mi disco en particular, pienso sinceramente que puede gustar a cualquiera que esté dispuesto a otorgarle una hora de su tiempo y que tenga un mínimo de sensibilidad por la música, cosa no tan frecuente en estos tiempos".

La vida del músico de jazz en España, como dice el propio Santiago, pasa por hacer un poco de todo. "Llegué a un acuerdo con la casa de discos para quedarme con un número de copias para mi exclusiva gestión, lo cual me permitirá recuperar la inversión, porque en el mundo del jazz se vende mucho a pie de escenario, en los conciertos", dice. Con todo, él puede considerarse afortunado gracias a su cartel habida cuenta de que es solicitado tanto en el circuito de salas como en los habituales festivales que, dentro de poco, empezarán a prodigarse de nuevo por nuestra geografía. Esto, como ha quedado palpable en la entrevista, hace difícil el hecho de ponerse a componer delante del pentagrama, pero... siempre hay tiempo para todo.

-- Supongo que ya estarás pensando en proyectos nuevos. Antes has dicho que ya tenías en mente cosas para el próximo álbum...

-- "Proyectos, a nivel discográfico, se me van ocurriendo muchos. Meditando, algunos son más realizables que otros. Quiero grabar las composiciones que estoy haciendo para sexteto y también tengo en mente un disco exclusivamente con guitarra española, muy intimista, en el plano justo opuesto a este último. A corto plazo están surgiendo cosas muy interesantes de cara a la gira de este año, con formaciones casi tan variadas como las que figuran en el disco: actuaciones en trío con Richie y Carlos, fechas en cuarteto con el saxo alto Mikel Andueza, conciertos en sexteto con el tenor Chus Santandreu y el trompetista Chris Kase... En cuarteto tocaremos aquí, en Madrid, el 9 de mayo, en las VI Jornadas de Jazz de la Universidad Politécnica. Hay previstos, incluso, espectáculos de sexteto con vocalista. Todo ello augura una gira interesante".

-- Entiendo que, en esa gira, el material que podéis presentar con big band no será el mismo que si tocáis solamente en trío...

-- "La verdad es que el setenta y cinco por ciento de los temas que he arreglado para formaciones amplias lo venimos tocando en versión de trío desde hacía un par de años. Pienso que ése es uno de los secretos del disco: que la base rítmica está muy asentada. Luego, obviamente, hay temas que son más guitarrísticos y otros que lucen mejor con una sección de vientos. Ahora estoy arreglando algunos para sexteto con vistas a nuestros próximos compromisos y he aplicado la misma idea: todo son temas que ya estamos tocando Richie, Carlos y yo".

-- Aparte de tu actividad como músico también eres presidente de la Asociación de Músicos de Jazz de Madrid. ¿En qué consiste, exactamente, ese colectivo?

-- "Intentamos promocionar tanto esta música como a sus intérpretes, algo que me he tomado como asunto personal desde hace muchos años. Soy socio de ella desde mis tiempos de estudiante en la Berklee School of Music de Boston y, desde abril del año pasado, tengo el honor de presidirla. Hemos realizado un ciclo de conciertos en otoño y en este momento tenemos solicitadas ayudas económicas para realizar otro en primavera. Ahora estamos promoviendo entre los buenos aficionados al jazz una campaña para captar socios simpatizantes, no profesionales. Se trata de realizar una aportación módica, de quinientas pesetas mensuales, algo así como un gesto simbólico en pro del jazz español, pero que a nosotros nos viene muy bien para facilitar nuestro funcionamiento. Quienes se animen y quieran información pueden llamar o enviar un fax al 91 430 21 13 o mandar un e-mail a jazzmadrid@wanadoo.es".

Bueno. Será cuestión de colaborar, ¿no?

E.P.

Santiago de la Muela. "Lo que nos gusta es esto". Satchmo

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