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Rammstein sigue mejorando con su nueva entrega sin renunciar a sus textos en alemán. Abril 2001

Todo sobre mi mutter

Muchos conservan aún el espíritu festivo a la hora de ir a un concierto. Según se acercan al recinto van mirando aquí y allá los puestecillos ocasionales que escoltan el camino a la sala. Camisetas, bocadillos de panceta (siempre más sugerentes al salir que al entrar), mezclas explosivas de alcohol a granel, posters... Todo constituye la parafernalia natural de una feria ambulante que termina en la carpa gigante que alberga la atracción estelar. Es en ella en la que aparecen los verdaderos protagonistas del evento: mujeres con poca ropa, tragafuegos, equilibristas, magos, ropas de fantasía...

Lo curioso de este circo es que sale muy barato: los miembros de Rammstein son los encargados de dar vida a todos los papeles.

Fue aparecer en la escena y revolucionarla. Alemania estaba plagada de grupos de power metal cuya imagen partía de las leyendas teutonas, con brillantes melenas lacias y capas en los escenarios y espadas y walkirias semidesnudas en las portadas de los discos. Por debajo de aquello, un ambiente de club y nocturnidad en el que se prodigaban DJs y live acts que aparecían una semana y desaparecían la siguiente. Los épicos cantaban en inglés y los DJs... no cantaban.

En lo que en su día fue Berlín Este surge a mediados de los noventa un grupo formado por Flake Lorenz, Oliver Riedel, Christoph Schneider, Paul Landers, Richard Kruspe y Till Lindermann. Su estética no es teutona, sino propia del cómic futurista que triunfó en la década de los ochenta: pelos cortos de punta engominados, trajes que emulaban a "Star trek", botas hasta la rodilla, hombreras de jugador de fútbol americano, guardapolvos plateados y brillantes... Su música también era diferente: arrasaba con ritmos marciales que tiraban de las cabezas arriba y abajo y que casi hacía marcar el paso a quienes la oían. La batería era cuadriculada, los teclados ejercían de bomba sonora y su cantante permanecía regio ante el micrófono poniendo cara de zombie mientras soltaba gruñidos en alemán.

No se parecían a nadie y, como era de esperar, los chavales germanos se volvieron locos con ellos. Según fueron cogiendo cierto cartel su show se fue incrementando, aproximándose cada vez más a un circo. Aparecieron lanzallamas, bengalas, chicas espectaculares, falos de tamaño increíble, luces hasta debajo de los altavoces... era todo un espectáculo que poco tenía que ver con las posturas típicas de los épicos (pie apoyado en el monitor con el cuerpo echado para adelante) o de los DJs (cascos a medio poner con la cabeza apoyada en un solo hombro).

Lanzaron un disco en el 95 ("Herzeleid") y consiguieron vender mucho más de lo que esperaban. Con "Sehnsucht" (97) hasta se dieron a conocer fuera de su tierra. En contra de lo que pudiera pensarse al principio, el grupo no tuvo demasiados problemas para triunfar aunque nadie entendiese lo que dijeran: llevaban a sus lomos suficiente arsenal estético como para pasar de las letras. Contaron, además, con el añadido de una promoción gratuita muy al orden del día en los tiempos que vivimos: con su música marcial y sus poses rígidas no se tardó demasiado en relacionarlos con el mundo neonazi que empezaba a tomar cuerpo dentro de las fronteras alemanas. Lo curioso es que sus letras no tienen nada que ver con eso. Los miembros de Rammstein son tan normales (?) como se puede esperar de cualquiera que trabaja dentro del rock. Tendrán sus virtudes y sus defectos, pero, en lo posible, pasan de comprometerse políticamente y cuando lo hacen procuran no herir sensibilidades de ningún posible cliente.

Actualmente son la réplica europea al concepto americano que está explotando en los últimos años Marilyn Manson. Su música tiene poco que ver, pero ambos fían casi toda su proyección a su capacidad de animales escénicos. La cuestión es que mientras que el reverendo vende menos con cada uno de sus discos los alemanes hacen todo lo contrario. Su primera gira internacional se saldó con suficiente éxito como para que empezaran a circular por toda Europa grabaciones piratas pertenecientes a cada uno de sus directos, por lo que decidieron sacar su propio álbum en vivo para aprovechar el tirón. Se trató de "Live aus Berlin", un CD doble que vino acompañado de un espectacular vídeo en el que el sexteto mostraba todos sus recursos encima de un escenario.

Resultó demoledor. Quienes no les conocían se quedaron con su nombre y comenzaron a aparecer reconocimientos tan pintorescos como una nominación a los Grammy, rotación de sus clips en la MTV y remezclas para Faith no More, Korn o Rob Zombie. En el 99 ya se les consideró el grupo alemán de más éxito en el extranjero y se ha convertido, para los teutones, en el embajador musical que sigue la senda de Kraftwerk y los Scorpions.

Recibo en la oficina una copia de adelanto de "Mutter", el nuevo disco de Rammstein. Es su primera grabación en estudio desde el 97 e incluye piezas incompletas con una duración máxima de tres minutos. El problema de la piratería hace que, últimamente, las compañías se busquen las vueltas para que sus copias de adelanto no sean radiadas antes de que puedan llegar a acuerdos con tal o cual emisora que presente las cosas en exclusiva. No sé si será el caso de Rammstein, pero lo cierto es que, según escucho las piezas, me voy quedando colgado con todas: cuando empieza a armarse la canción y subir la tensión sonora es cuando se da fin a la muestra.

Como conclusión saco que los temas serán de una duración respetable y que con "Mutter", en contra de lo que aparecía en sus dos entregas anteriores, Rammstein ha decidido acabar con lo obvio. En las nuevas piezas hay más trabajo musical, giros clásicos que juegan con coros y con un manejo de los teclados mucho más académico. Decididamente, es un paso adelante que hace a los alemanes mucho más asequibles y que los mete más dentro de la tradición germánica, con esas sonoridades ampulosas que no pueden ocultar cierto grado de pretenciosidad.

El álbum viene precedido por un single que extrae "Sonne" y "Adios", un par de piezas de "Mutter" que se ven aderezadas con dos remezclas de Clawfinger y una versión instrumental del tema principal. También hay vídeo, lógicamente, pero en esta ocasión no es sino un clip orientado a las cadenas musicales en los que aparecen estratégicamente mostrados todos los paradigmas del estilo Rammstein: provocación, profundidad, chicas curiosonas, juegos de imágenes y el machacante agobio teutón de unos músicos vestidos de carnaval galáctico.

Un par de días después de escucharlo todo tengo cita en un céntrico hotel madrileño con Richard. El y Paul son los encargados de realizar la promoción de su nueva obra en España. En un primer momento me alegro, ya que la última vez que tuve contacto con el grupo fue por medio de Flake, su teclista. Era un tío tan soso que terminó con mi cuestionario en cinco minutos sin haberme dicho prácticamente más que "sí" y "no". En esta ocasión me ocurre lo contrario: Richard es parlanchín, de esas personas a las que les gusta reflexionar sobre lo que dice, demasiado bueno para una ristra de entrevistas en las que el tiempo se ve acortado por los retrasos habituales generados por el hecho de que los periodistas se van amontonando esperando rigurosamente su turno.

Por otra parte, tiene ya la experiencia que le han podido proporcionar abundantes juegos de este tipo. Las preguntas comprometidas son evitadas sin quedar por ello como un mosquito. Eleva su dignidad de artista y te sale por la tangente con una frase que él sabe aprovechable. Cuando le pregunto, por ejemplo, si le parece normal la manera cómo tratan la figura femenina en sus shows y sus vídeos, él cumple lo políticamente correcto señalando que "estoy convencido de que las mujeres son más inteligentes que los hombres. El ochenta por ciento de mis amigos son mujeres y pienso sinceramente que son las criaturas más bonitas que hay. Lo único que no se puede hacer con ellas es intentar comprenderlas". Sin nombrarlo te está diciendo que liga un montón y que hace con las chicas todo lo que se le pasa por la cabeza excepto tratar de comprenderlas. Eso sí: reconoce su inteligencia y que son bonitas.

Hablar del disco es lo más sencillo. Debajo de un kilo de gomina que mantiene su pelo erecto y colocadamente descolocado hay un montón de frases que surgen ya con una naturalidad aplastante después de haberlas tenido que repetir cada vez que alguien como yo le hace las preguntas más evidentes. En ocasiones basta con cruzar dos palabras con la intérprete para que ésta, a fin de ganar tiempo, conteste por sí misma lo que ya ha tenido que traducir en una docena de ocasiones. "Siempre titulamos los discos con alguna canción y buscamos algo que represente lo que hay dentro del álbum. El primero se llamó 'corazón', el segundo 'nostalgia' y éste lo hemos titulado 'madre'. Obviamente, nosotros no podemos ser madres, pero de alguna manera cogemos ese papel cuando creamos canciones. Todas son como hijos nuestros".

En esta ocasión los hijos han nacido ya un poco mayorcitos. En el nuevo material se aprecia una evolución lógica y unas ganas enormes por hacer algo más elaborado que lo presentado con anterioridad: "Los dos primeros discos fueron muy difíciles para nosotros, pero éste ha podido ser incluso más. Después de tener un par de álbumes de éxito necesitas un tercero que esté a ese nivel y que te consolide para, a partir de ahí, poder experimentar con cosas nuevas. En esta ocasión no hemos dejado nada al azar y nos hemos tomado todo el tiempo que hemos considerado necesario para que el resultado fuera exactamente el que queríamos". Justifica también el tiempo pasado entre álbum y álbum de estudio con la tremenda gira que les ha tenido de hotel en hotel durante casi dos años y medio: "yo no sé componer cuando estoy de gira" --comenta-- "; necesito tranquilidad para ponerme a componer".

El disco comenzó a gestarse en Francia y se grabó entre Bélgica y Estocolmo. En la ciudad sueca se hicieron las mezclas finales y las cintas viajaron hasta Nueva York para ser masterizadas allí. El periplo viajero tiene su explicación: "Nuestro tour manager estuvo buscando el sitio perfecto para realizar la preparación del álbum y, después de estar danzando durante semanas por el sur de Francia, encontró un estudio estupendo. Nosotros queríamos sol y un buen ambiente, algo que se hizo realidad en un pequeño pueblo coronado por una torre en la que estaba colocado el estudio de grabación. Allí concretamos todos los temas y nos fuimos a graba a Bélgica, pero, en contra de lo previsto, nada funcionó como se esperaba. El estudio nos resultó estéril y frío y no causó más que discusiones entre nosotros y el ingeniero, por lo que decidimos parar el proceso y tomarnos un par de meses para masticar más las cosas antes de volver a grabar. Cuando estábamos listos decidimos irnos a Estocolmo porque queríamos trabajar con otro ingeniero y él no estaba dispuesto a moverse de su estudio. Allí todo fue mucho mejor".

Aparte del trabajo de los miembros de Rammstein, "Mutter" incluye otras grabaciones externas que fueron añadidas en las mezclas finales. Entre ellas están las partes grabadas por diversas formaciones orquestales alemanas que son la nota más característica del disco por lo que suponen de cambio en el sonido metálico del grupo.

La producción, como siempre, ha corrido a cargo de Jacob Hellner, el que podría considerarse séptimo miembro de Rammstein: "Es perfecto para nosotros" --comenta Richard, quien, como curiosidad, muestra en su rostro un ojo de cada color al más puro estilo Bowie--". La mayoría de los productores tratan de transmitir en su obra lo que a ellos les gusta, pero Jacob deja eso de lado y se concentra en sacar lo mejor del grupo que tiene delante. Estuvimos pensando si sería bueno para nosotros cambiar de productor para este disco, pero llegamos a la conclusión de que era un riesgo demasiado grande. Estábamos acostumbrados a él y es prácticamente un miembro más de la banda. Si hubiéramos probado con otro quizás a los seis meses de empezar a trabajar nos diéramos cuenta de que habíamos cometido un error y nos encontráramos con un precioso tiempo perdido".

Jacob fue, además, quien puso en contacto a Rammstein con Clawfinger. Hace unos años, cuando los suecos estaban comiéndose el mundo, permitieron que los alemanes fueran el soporte de su gira de cara a que éstos promocionaran su incipiente trabajo. Ahora, sin embargo, las tornas se han dado la vuelta y probablemente Clawfinger abrirá para Rammstein en el tour que los germanos prepararán concienzudamente durante los próximos dos meses. Fruto de esta amistad han sido también las remezclas que los escandinavos aportan al primer single de "Mutter".

El resultado del álbum ha tenido que fraguarse en base a dos ideas fundamentales: la primera, seguir manteniendo un estilo que hasta el momento ha dado resultados excelentes; la segunda, mejorar y evolucionar. "Somos seis personas con las mismas ideas musicales, pero, quieras que no, creces, evolucionas y desarrollas esos cambios en tu música. Queríamos mantenernos cerca de una especie de línea invisible que es, al fin y al cabo, nuestro sonido. El tema era alejarnos y volver a acercarnos a esa línea buscando la evolución sin dejar de ser nosotros mismos".

El tema está, en base a lo escuchado, plenamente conseguido, pero a uno se le ocurre pensar que quizás no sea la música aquello con lo que más disfrutan los miles de chavales que asisten a cada uno de los shows circenses que caracterizan hoy por hoy a Rammstein. "Nosotros vemos en nuestros espectáculos que la gente canta las canciones y eso quiere decir que, previamente al concierto, han comprado el disco. Es lógico que el público vaya a ver un show, que espere algo diferente al disco. Lo ideal es que asistieran a los conciertos buscando las dos cosas, no solamente lo más vistoso. Dejaría el grupo inmediatamente si pensara que lo único que le interesa a la gente son nuestros shows", comenta Richard.

Uno, en su papel de abogado del diablo, no puede olvidarse del efecto Manson de hace un par de años en el que a salas repletas de fans respondían unas pobres ventas de discos. Entre los dos patrones hay, además, otra coincidencia, y es el deseo provocador que genera el que en ambos shows aparezca continuamente el sexo, la sodomía o la misoginia. "En nuestro caso existe el problema del idioma, que puede dar pie a que esas cosas no se entiendan bien. Queremos reflejar algo relacionado con la canción que interpretamos, pero, evidentemente, nunca podemos reflejarlo todo, por lo que no es extraño que mucha gente se quede únicamente con lo que ve si no conoce de qué va la letra. Es posible que la gente de fuera de Alemania le dé al show una idea muy diferente a la que realmente tiene. Nos encanta provocar haciendo que la gente piense en las cosas, que hable, que discuta... En el fondo, nosotros necesitamos a los críticos tanto como los críticos nos necesitan a nosotros. Es una forma de retroalimentar el debate".

El debate se alimentó, hace tiempo, por derroteros que, quizás, no se buscaban. Escuchar las primeras canciones de Rammstein y ver su estética hierática alimentada con formas marciales, gabardinas de cuero que recordaban a las formas cinematográficas de la Gestapo y tíos con lanzallamas enfocados al público hizo pensar a más de uno que aquello tenía que ver con las formas más autoritarias que ha dado de sí la política alemana. "Siempre hemos querido ser muy auténticos y no hacer copias de nadie, así que no creo que se pueda decir que con nuestra estética recordamos a nada en concreto, y mucho menos a nada que tenga que ver con lo nazi. Lo único que queremos es trabajar sobre una música con imágenes y eso es algo que trasladamos hasta el cuidado con el que hacemos los libretos de los discos. No tenemos nada que ver con lo que la gente pueda entender equivocadamente sobre nosotros".

Le comento el caso de Manson al que me refería antes. A él se le ha escapado la broma de las manos con sus provocaciones y la gente cada vez hace menos caso a su música. "Es que no es tan interesante musicalmente" --dice Richard--", no es nada del otro mundo. Lo que sí es cierto es que ha conseguido que todo el mundo se fije en él y ha resultado algo lo suficientemente nuevo como para que los críos se sirvan de él de cara a enfrentarse con sus padres. Es bueno que los chavales tengan gustos diferentes a los de la generación anterior y, en ese aspecto, Manson tiene su valor. En lo musical, sin embargo, lo mejor que ha grabado partía de Trent Reznor. El ponía la música y Manson la imagen. Eso pesaba tanto que el concepto de banda en ese grupo ha desaparecido por completo. Es solamente un personaje".

Richard se afana en aclarar que sus poses no son solamente efectos de cómic. "En nuestra vida diaria somos igual que cuando trabajamos. Una de nuestras motivaciones principales es la que surge del dolor o el sufrimiento y eso implica que esas temáticas se vean reflejadas en nuestra música. Otros, por el contrario, se tienen que inventar las historias que cuentan para poder hacer canciones", dice. Entiendo que se refiere a lo de "motivaciones principales" refiriéndose a que las malas experiencias son siempre fuente de inspiración para quien sabe escribir letras. Con todo, y dado que mi conocimiento de la lengua alemana se limita a la palabra "gracias", le pregunto por la temática de sus textos: "No hay una sola. En este último disco hablamos de la madre, de la vida, de la muerte, del sufrimiento...".

No parece, con todo, un tema muy agradable; o, al menos, eso es lo primero que se me ocurre en un día en el que empieza a lucir el sol y sólo pensar en sufrir me quita las ganas de comer. Prefiero buscar otra cosa en el cuestionario antes de terminar con el tiempo que tengo asignado. Se refiere a la evolución que ha sufrido la música alemana en los últimos años. El caso de Rammstein no es, ni mucho menos, la tónica habitual de la escena germana. "Creo que lo más positivo de lo último que ha salido es la escena techno. Esa música tiene las bases sobre las que crecer, componer y evolucionar. Puede que aún no se haya llegado a eso y que el techno esté aún en un momento trivial, pero, con el tiempo, puede dar mucho de sí".

E.P.

Rammstein. "Mutter". Universal 549639

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