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Kepa Junkera se encuentra, con su nuevo álbum, ante la posibilidad de popularizar la trikitixa. Octubre 2001

Música pictórica

La apuesta de las grandes compañías por la música tradicional no decae. En un primer momento los ojos se pusieron en los hijos del flamenco y se dio amplia notoriedad a una nueva generación de artistas que no dudaban en mezclarlo con el pop. Más tarde los objetivos se giraron hacia consolidados gaiteros con ansia de mestizaje. La nueva aventura parte de un terreno más simple: no se trata de otra cosa, sino de recoger lo ya sembrado. Kepa Junkera se ha consolidado en todos los terrenos como un músico extraordinario y ha atesorado un prestigio inusual dentro del ambiente de la música tradicional. En este momento no resulta nada extraño que una multinacional ponga sus ojos en él.

Y así ha sido. Si en otros terrenos uno puede sacarse a un artista de la manga, maquearlo, vestirlo y presentarle en televisión con su etiquetita y todo, eso no es posible dentro de la música tradicional. Primero porque el público de base no suele dejarse llevar por etiquetas o modas y después porque para tocar este tipo de música hay que tener una sensibilidad innata que una al artista con la tierra de la cual extrae su materia prima.

El caso de Kepa es un ejemplo palpable. Cuando de crío le dio por elegir la trikitixa como instrumento para expresar sus sentimientos no sabía que iba a terminar convirtiéndose en uno de los grandes maestros de todos los tiempos y, a la sazón, un verdadero revolucionario que marca un antes y un después en torno a su persona. Hoy el nombre de Kepa Junkera sólo produce halagos y genera prestigio. Si las compañías grandes buscaban a alguien que merezca respeto dentro de la música tradicional no podían haber acertado mejor.

Kepa acaba de poner en la calle "Maren", noveno álbum dentro de su producción personal y, como todos los que ha hecho, un considerable paso hacia delante dentro de su carrera. Para alguien que escuche por primera vez una triki puede resultar llamativo que se puedan hacer nueve discos innovando continuamente dentro de este singular instrumento diatónico. Kepa lo ha hecho y ahí reside su principal virtud. Ha tenido, para ello, que revolucionar la técnica, fusionar su sonido con elementos innovadores y plasmar en sus discos composiciones propias que demostraran que la triki es un instrumento del que no sólo se puede sacar jugo, sino que, además, es capaz de generar belleza. Y mucha.

"Maren" supone, igualmente, el último paso de una carrera de más de doce años dentro del mundo discográfico, algo singular dentro del entorno de la música tradicional y sólo posible si el éxito acompaña al artista. Son muy pocos los músicos que pueden presumir de tal bagaje y, como ellos, Kepa se muestra consciente de que aún hay muchas cosas por hacer. Su obra pasa por discos primerizos en los que el folk tradicional era el primer referente y deriva conscientemente en mixturas de todo tipo, bien sean con el jazz, con las raíces de otras culturas o, como ahora, con un universo propio en el que el emblema es una música de talante casi pictórico. El trikitxilari pretende, en sus nuevas canciones, aunar sonoridades, historias legendarias, tradiciones vocales y espacios naturales para crear una obra que casi se pueda ver. No ha dudado para ello en ofrecer su álbum con pista interactiva incorporada y con un vídeo en el que elementos reconocibles de cuatro culturas diferentes se dan la mano cruzando sus caminos en sendas teóricamente inusuales. "Maren" no puede, con todo, considerarse el mejor de sus discos habida cuenta de que cada uno de ellos poco tiene que ver con el anterior. En éste, si acaso, se prolonga lo apuntado en su fantástico "Bilbo 00:00h" que entregara en el 98, si bien, como él mismo señala, "aquél partía más de colaboraciones individuales con músicos a los que admiro. Este cuenta con un concepto que desarrollo en todas las canciones". Entre aquél y éste han pasado tres años cuajados de directos, de trabajos de producción y de colaboraciones ambiciosas que también han dejado hueco para la negociación que ahora le permite publicar su obra en una compañía fuerte con posibilidades de amplia promoción internacional.

Preguntarle ahora por el motivo de su amor hacia la triki es asistir al cuento narrado por el luchador. Nacido en el barrio de Rekalde, en pleno Bilbao, lo normal era que su niñez se complementase con los típicos estudios musicales que le inculcó su madre. Ahí donde le ves, este bilbaíno de andar por casa pasó por el conservatorio. Y se aburrió. Reafirma las virtudes del estudio y es capaz de recomendárselo a cualquiera, pero... su carácter no iba bien con las normas rígidas de la composición académica. "Quiero enmarcar el suspenso que tuve en armonía porque, en el fondo, todas las etapas que vives te aportan algo. A mí aquélla me ayudó aunque no me atrajera. Mi cuerpo pedía más soltura a la intuición. Siempre me ha gustado ser libre y encontrarme yo mismo a gusto con lo que hago", comenta.

Tuvo la suerte de que su abuelo tocara la pandereta, compañera ineludible de la triki dentro de la música más enraizada de Euskal Herria. Gracias a él comenzó a apreciar un instrumento que define como "vital, lleno de ritmo y con un enorme efecto comunicador". Enseguida notó el contraste que suponía lo surgido de una triki con lo aprendido en el conservatorio, pero se encontró con la imposibilidad de prosperar si no era él quien inventaba previamente cada uno de los pasos que le era necesario dar: "En Rekalde no se veía mucho la música popular; no había profesores con los que estudiar". La solución vino dada con su incorporación al grupo de danzas Beti Jai Alai, formación que le permitía desarrollar el contacto que había iniciado con la triki a la edad de once años.

Llegaron las romerías, los pasacalles... pero también otras músicas, otras sonoridades que él quería captar y reproducir. En el campeonato de trikitxilaris celebrado en el 86 su hermano Motriku (con la pandereta) y él quedaron segundos. En teoría era un reconocimiento, pero no siempre los jurados tienen el mismo punto de vista que el público. Dos años más tarde quedaron terceros, pero "la gente estuvo continuamente pitándonos", recuerda. Su manera de tocar tenía poco que ver con la "tradición de toda la vida". Había aparecido un revolucionario y la gente no estaba muy por la labor de que le cambiaran sus tradiciones. "Es muy difícil. Cuando empecé a tocar la triki nadie en Rekalde me comprendía. Cambié de entorno introduciéndome en otro ambiente que, en teoría, tenía que ser más receptivo... y tampoco me comprendía. Lo bueno que tiene eso es que, si sales de esas situaciones, lo haces muy fortalecido", comenta. En aquel campeonato quedaron terceros, si bien obtuvieron un premio "extra": gracias a su colaboración habitual con el grupo Oskorri les ofrecieron la posibilidad de grabar un primer álbum. "Oskorri son los grandes pioneros de la música tradicional vasca. Fueron los primeros que mimaron las producciones y los espectáculos, los primeros que hicieron buenas portadas y promociones, los primeros en sacar este tipo de música fuera de Euskadi... Son extraordinarios compositores y arreglistas y, además, divertidos. Cuando me dijeron que colaborase con ellos se me pusieron los ojos como platos. Eran mis ídolos", recuerda. También le sobran palabras para dibujar a aquel Kepa que estaba "descubriendo la vida. En todo este tiempo he evolucionado muchísimo: he apostado por una música abierta y libre que rompa los encasillamientos que siempre se tenían de cara a la triki. Tengo una convicción muy fuerte y ya no necesito que nadie me ponga nota".

"Infernuko auspoa" exploraba las experiencias de un trío urbano tratando de abrir el fortín de lo más tradicional, pero, en el fondo, no era más que un punto de partida, la línea de salida en una carrera de fondo. "Triki up" (90) y "Trikitixa zoom" (91) irían más allá y colocaban a un instrumento tan (teóricamente) limitado como la trikitixa dentro del mundo del... jazz. "Vino dado porque tenía una buena relación con músicos cercanos a ese género. A partir de ahí evoluciono y veo que también puedo entrar en contacto con otro tipo de texturas, no necesariamente basarme en un criterio marcado. No reniego de aquellos discos, ni mucho menos, pero, con lo aprendido, si los volviera a hacer serían muy diferentes".

La carrera ya estaba lanzada y era imposible detenerla. Su calidad como instrumentista le permitía ganar prestigio allá donde le vieran y sus piezas musicales se definían tan abiertas que cualquier músico con la mismas inquietudes enseguida aceptaba comenzar un proyecto en común. "Trans Europe Diatonique", aparecido en el 92, permitió verle acompañado del inglés John Kirkpatrick y el italiano Riccardo Tesi en una colaboración que se prolongaría con una gira europea. En "Keljira Al-Buk" (94), volviendo a cambiar de brújula, aborda un interesante proyecto en el que involucra a Mikel Laboa, Luis Delgado, Ibon Koteron, Natxo de Felipe y otros muchos para acercarse desde una singular perspectiva al concepto del folk-rock. No había pasado todavía un año cuando se le pudo escuchar en "Lau eskutara" (95) mano a mano con el portugués Julio Pereira en un álbum tradicional que nada tenía que ver con el anterior. "Muchas veces "--comenta--" no eres consciente de la propia evolución. Todo surge partiendo de la intuición y la curiosidad. Me gusta la historia y me apasiona el futuro, dos cosas que sugieren cimientos y revolución interna. Eso es lo que me lleva a interesarme por la música como tal: componer, producir, imaginar espacios y mundos... Me gustaría que se creyera más en mi nombre que en el estilo que puedo hacer o dejar de hacer, evitar las etiquetas y hacer una música reconocible que no tenga pautas definidas".

Otra de las cosas ineludibles en la música de Kepa es su necesidad de compañía. Podrá ser más o menos famosa, pero, a estas alturas, parece una savia necesaria para que surja cada uno de los brotes que genera este personaje: "La música me ha permitido ese privilegio, el poder tocar con gente a la que admiro. Mezclar las cosas sirve para romper complejos y tópicos y genera lo que a mí más me interesa: la originalidad. Ahora bien: soy capaz de distinguir una necesidad de una moda. Yo respeto mucho, por ejemplo, a los grupos que meten una txalaparta dentro de la música heavy, pero... no le veo la interrelación. Tengo mis reservas sobre algunas fusiones porque he estado haciendo fusiones toda mi vida y, para hacerlas, no siempre necesito compañeros de relumbrón. Podría hacer un disco con gente anónima perfectamente".

Cuando Kepa habla de fusión habla, evidentemente, de su fusión. No todo el mundo es capaz de codearse con Phil Cunningham o Carlos Núñez, de hacer bandas sonoras y, al mismo tiempo, generar piezas populares que pongan música a la korrika anual de Bilbao. Después de grabar "Leonen orroak" en 1996, el trikitxilari se atrevió, incluso, a medir su instrumento con una orquesta sinfónica. "No pretendía reivindicar nada: no me interesa eso. Hay gente que pide que el txistu se enseñe en el conservatorio, pero, de todo eso, sólo me vale el resultado como fruto de la experimentación. Yo sé dónde estoy: la música es la personalidad del artista", argumenta.

Después de aquello llegó su aclamado "Bilbo 00:00h", un álbum doble presentado en formato de disco-libro que obtuvo un reconocimiento unánime como uno de los mejores álbumes realizados en Europa en 1998. En él Kepa se unía, mano a mano, a los mejores nombres de la música tradicional (Justin Vali, Liam O'Flynn, La Bottine Souriante, Benito Lertxundi, Hedningarna, Alasdair Frasser...) y en ningún caso salía perdiendo. "El nuevo disco, 'Maren', se basa en desarrollar aquél. He querido potenciar la percusión, meter voces que representen otras culturas y añadir cuerda. Sobre eso se construyen y se añaden el resto de elementos. Es la misma idea multicultural, pero no tan marcadamente tema a tema como se hizo en el anterior disco", señala sobre su más reciente trabajo.

"Maren", con todo, no es explicable únicamente a nivel técnico. En el vídeo insertado en el álbum aparecen elementos tradicionales de muy diferentes lugares con los que Kepa juega como moviéndolos en un tablero de ajedrez. El hilo conductor del mismo es la figura del propio trikitxilari jugando a la cesta punta, una de sus mayores aficiones: "De la cesta me gusta su danza", comenta cuando se le pregunta por esa faceta de su personalidad.

Hablando sobre el nuevo trabajo, el bilbotarra no duda en señalar que el formato de un CD se le queda pequeño y que ya fluyen en su cabeza ideas curiosas que contrastarán con la imagen de "músico acompañado de enormes figuras" que ahora puede trasladar. El motivo de dicha imagen es lógico, ya que en "Maren" vuelve a aparecer una enorme ristra de colaboradores entre los que brillan Glen Velez, Cañizares, Andy Narell, María del Mar Bonet, José Antonio Ramos o, de nuevo, el malgache Justin Vali. Otro colaborador de postín es Hevia, popular en grado sumo dado su afán de rediseñar la gaita adaptando el instrumento hacia una sonoridad que se ponga al servicio de sus ideas musicales. Kepa ya utilizó una triki mi en el 91 y coincide con Hevia en su gusto por actualizar el diseño de los instrumentos tradicionales.

Como punto de partida de la carrera inacabable no puede evitarse advertir al País Vasco como un eterno generador de impulsos en la música de Kepa, pero, lejos de posturas más militantes, el trikitxilari encuentra en las tradiciones de Euskal Herria muchas cosas que nada tienen que ver con fundamentalismos. "El euskera tiene sonoridad e historia, pero como el búlgaro o el albanés. Lo que me gusta es fundir esas sonoridades. Me interesa más el músico improvisador y buceador que el que se ancla a la tradición. Cuando uso en este disco las voces búlgaras o albanesas noto que está presente la cultura vocal del Mediterráneo, por ejemplo. Es como en el vídeo: aglutinar diferentes paisajes sonoros dentro de un mismo paisaje físico y moverlos para entrecruzarlos; coger el mar, el paisaje y la historia y añadirle la belleza de otras culturas".

Su idea es presentar el disco en directo tal y como lo hizo en Getxo hace pocas fechas, con muchos de sus invitados, un cuarteto de cuerda y cuatro voces búlgaras. Aún no está cerrada la fecha para su presencia en Madrid, pero advierte que no se retrasará hasta la próxima primavera y que las actuaciones que ahora habrán de venir no son sino un paso más de todo lo que le queda por hacer. Ahora no pasan por su cabeza los nubarrones que sitiaron en muchos momentos a su persona y que le hicieron pensar muy seriamente en abandonar cuando era un perfecto incomprendido. "Yo vivo la música al cien por cien y, cuando haces algo para la gente y ves que la gente no lo aprecia... Sí. Ha habido muchas veces en que he llegado a pensar que, quizás, lo mejor era dejarlo. Siempre fui a contracorriente y resulté muy particular en relación con mi entorno. La mayor ayuda que he tenido ha sido siempre mi personalidad e iniciativa", comenta. Cuando se le pregunta por el legado que está forjando como referente de la triki, reconoce su capacidad y su inventiva, pero siempre con el guiño del recuerdo que nunca permite olvidar los días de incomprensión: "A la triki yo le añadí una técnica de acordeón. Antes no se conocía tanto el instrumento y empecé a tocarlo con más dedos, a improvisar y a crear, algo que era muy raro porque la triki se utilizaba básicamente para recuperar folklore. Me criticaban porque mi música no se podía bailar, porque me gustaba romper el ritmo. Yo nunca me quise quedar en ser un simple instrumentista y creo que, con otros músicos como Tapia, por ejemplo, formo parte de una nueva generación de trikitxilaris que recoge el testigo de los Mauricia, León, Xacabi... En Euskadi tenemos el entorno que tenemos: quizás no hemos dado buenos violinistas o pianistas, pero...".

La diferencia entre Kepa y los demás es que ahora se encuentra ante la posibilidad de promocionar su música allá donde antes era impensable. Si bien sólo tiene parabienes y elogios para las discográficas por las que ha pasado (Elkar y Resistencia), admite no sentirse incómodo con el tratamiento que le están dando en EMI: "Elkar apuesta decididamente por la música vasca y Resistencia me permitió conocer a un montón de músicos con los que me ilusionaba trabajar. Ahora espero que EMI ayude a normalizar el que músicos como yo estemos presente en el panorama musical. De momento me han respetado y me apoyan y creo que podemos hacer algo para que este tipo de música se conozca más".

E.P.

Kepa Junkera. "Maren". EMI 7243535484

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