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John Mayall, uno de los padres del blues blanco, aparece en "Along for the ride" acompañado por una multitud de sus hijos. Abril 2001

Universidad con feeling

Sería injusto valorar la historia de la música británica si no se pasara por las raíces de los géneros afroamericanos. Ya no es un secreto para nadie que John Lennon quería ser Elvis Presley o que Chuck Berry influenció a la mitad de la escena inglesa de los sesenta. En aquel panorama, magnificado por el tremendo éxito que tuvieron los Beatles con su lanzamiento, no todos los artistas ingleses querían seguir la estela de los yeh-yeh o del incipiente pop destinado a copar las listas de ventas. Algunos prefirieron indagar aún más en los géneros norteamericanos y crearon una legión de bandas que terminaron convirtiéndose en el verdadero baluarte de la música británica durante los setenta. Mientras que los artistas de pop aportaban éxitos enormes en carreras muy cortas, quienes se decidieron por el blues consolidaron una escena bien diferente: marcaron estilo, hicieron historia y muchos de ellos pueden presumir de carreras verdaderamente longevas.

"Si se habla de mí como de un personaje histórico o de una leyenda es simplemente porque he tenido una carrera muy larga", comenta John Mayall al otro lado del teléfono. La frase es cierta, pero no encierra toda la verdad. Cuando a principios del siglo XXI se habla de una carrera larga probablemente estamos hablando de mantenerse en primera línea durante diez años. Conseguir hacerlo durante veinte es un lujo que pueden permitirse muy pocos. Mayall lleva ahí treinta y cinco.

Cuando, a principios de los sesenta, se empezaba a hablar de blues en Gran Bretaña él ya era un adelantado. Muchos adolescentes querían descubrir las formas salvajes del género en un momento en el que en Inglaterra dominaban los melódicos y la canción popular. El mercado de vinilos importados empezaba a funcionar y la mejor manera de ligar en el colegio era poseer una decente colección de música americana. Los más avezados se vestían y peinaban como los ídolos del otro lado del Atlántico y cualquiera que tuviera la más mínima intención de subirse a un escenario devoraba de principio a fin cada uno de los discos made in USA que caía en sus manos. Lo negro estaba de moda y todo el mundo quería sonar negro.

"Soy consciente de quien soy, pero si significo algo ha sido debido a un proceso de trabajo, de un trabajo diario. Claro que estoy contento de lo conseguido. Me agrada que, de algún modo, se me reconozca y se hable de mí como del 'padre' de toda la historia. He trabajado duro por ello", continúa Mayall cuando se le pregunta por su repercusión en la historia de la música. Recientemente se ha publicado "Along for the ride", un álbum en el que muchos de los músicos que pasaron por sus bandas le rinden un homenaje tocando de nuevo junto a él. El disco, curiosamente, no es ni un testamento ni un tributo, sino una referencia más en una carrera que ha aportado ya cuarenta y cuatro álbumes y multitud de discos recopilatorios.

Cuando Mayall debutó en 1955 no tenía ni idea de lo que podía llegar a suponer. Por entonces era un adolescente de veintidós años que había formado Powerhouse Four con unos amigos del colegio. Su paso a la profesionalidad llegaría con Blues Syndicate, el germen del que nacerían los míticos Bluesbreakers. Por aquel entonces, en Inglaterra se estaban gestando varios caminos diferentes por los que los músicos se inclinaban según sus preferencias. Los Beatles empezaban a dar forma al pop, los Stones se decidirían por la parte más macarra del r'n'b y un trío de marcianos se decantaría por inventar el blues británico.

Alexis Corner era un francés recriado en Inglaterra. Junto a Cyril Davies montó el Blues Incorporated y se hizo un fijo del Marquee, uno de esos locales clásicos en el que terminaba tocando cualquiera que tuviera cierto nombre en el ambiente musical de Londres. Por su grupo pasarían, entre otros muchos, Paul Jones, Robert Plant, Ginger Baker, Graham Bond o Zoot Money, aunque no convendría olvidar que, antes de volar del nido, también pasaron por allí Mick Jagger, Keith Richards, Brian Jones y Charlie Watts. Corner formó músicos a mansalva, los trataba como si él fuera su maestro y confesor y el ambiente más underground de la capital inglesa le consideraba como un verdadero icono. Murió en el 84.

Graham Bond también pasó por las manos de Corner, pero apenas duró un año con él. Mientras que Corner era un amante del blues acústico, lo de Bond derivaba entre el r'n'b y el jazz más caluroso. Jack Bruce, John McLaughlin o Joh Hiseman, entre otros, tocaron con él antes de que terminara tirándose al metro en 1974.

Mayall era el tercer marciano. Nació en Manchester en el 33 y en 1965, cuando publicó su primer disco con los Bluesbreakers, ya era una figura. Frente a los otros dos, Mayall consiguió el respeto mayoritario por una virtud que le acompañaría siempre: sabía elegir a sus músicos mejor que los demás. Y ya has visto cómo elegían los demás. Por los Bluesbreakers pasaron Eric Clapton, Peter Green, Mick Taylor, Aynsley Dunbar, John McVie, Jack Bruce....

Mayall, al contrario que sus otros dos compañeros de Marte, sigue vivo y en activo. En "Along for the ride" le acompañan Gary Moore, Peter Green, Mick Fleetwood, Mick Taylor, Jonny Lang, Otis Rush, Chris Rea, Steve Miller, Andy Fairweather, Billy Preston, Jeff Healey, John McVie...

"Yo no me veo como si fuera una escuela. Me veo más como el líder de una banda que tiene el privilegio de escoger a los músicos que le gustan, algo que no todo el mundo puede hacer. Elijo músicos que me estimulan y hago mi trabajo con ellos. Todos juntos", señala. La afirmación contradice toda la historia de la música, pero... es propia de un tipo así. Cualquiera de los artistazos que pasaron por las diferentes formaciones de los Bluesbreakers reconoce su deuda con él y considera a la banda como una de las mayores canteras que ha habido nunca dentro del blues. "Si lo piensas bien, John Mayall ha creado una increíble escuela de músicos. Quiero decir que la mayoría de quienes han pasado por su grupo han conseguido ser realmente grandes", comentaba Eric Clapton no hace mucho. No es nada extraño, por tanto, que en un disco como "Along for the ride" se pueda juntar a toda una enciclopedia. "En muchos casos sigo teniendo contacto con ellos "--comenta Mayall sobre sus compañeros en el disco--" y, aunque en alguna ocasión puede que no coincidamos en años, cuando nos encontramos de nuevo todo es como antes, seguimos siendo amigos. Es como el caso de John McVie o Mick Fleetwood; hace tiempo que no nos vemos, pero seguimos teniendo una buena relación. En este disco todos son amigos míos e, incluso, amigos entre ellos. Es la parte más excitante del disco: los buenos momentos que surgían".

"Along for the ride" tiene un tufillo ineludible a reconocimiento, a pago por los buenos momentos vividos. "Todos a quienes comentamos la posibilidad de participar en el disco se mostraron encantados de poder hacerlo. Todos querían estar en el álbum. Sus reacciones me emocionaron", señala Mayall a la hora de hablar de sus nuevos acompañantes. En demasiadas ocasiones este tipo de álbumes responden únicamente a un espíritu comercial con la idea de relanzar una carrera casi olvidada, pero en el caso de nuestro personaje no es así. En 1994, sin ir más lejos, aún era nominado a los Grammy y su gira del 99, en la que presentaba su álbum "Padlock on the blues", se hacía junto a B. B. King por todo el territorio europeo. "Creo que he tenido lo que pudiéramos llamar una carrera exitosa "--señala--". Quizás como en los años ochenta no hubo discos la gente pensara que no hacía directos, pero nunca tuve la tentación de dejarlo. Siempre me he sentido fuerte en ese sentido". Si se habla de ventas de discos, su respuesta es elocuente: "He hecho cuarenta y cuatro discos originales y no sé cuántas recopilaciones en distintos países. ¡Es imposible saber cuántos discos se venden!".

Una de las características más asombrosas de Mayall es su longevidad y experiencia encima de los escenarios. Cuando estaba en uno de sus momentos álgidos de popularidad no dudó en abordar proyectos novedosos en los que aparecían violines y desaparecían baterías y, cuando el blues pasó por una época tonta en Gran Bretaña, se fue a los Estados Unidos. Allí consolidó todavía más su carrera y su devenir contribuyó a engrandecer más su figura y a quedar consolidado plenamente como un clásico. Actualmente, con sesenta y siete años a sus espaldas, aún es capaz de liarse la manta a la cabeza e iniciar una de esas inacabables giras que destroza el cuerpo a cualquiera. "Trato de cuidarme tanto como puedo, aunque no me resulta muy difícil porque, por suerte, tengo una familia muy longeva y creo que me viene por herencia. Bueno "(se ríe)". También es que no bebo ni fumo. Trato de llevar una alimentación sana y mantenerme en forma". Sobre las giras comenta que "lo de estar viajando durante todo el día de aquí para allá es lo que menos me gusta, pero, cuando llega la hora del concierto, estar encima del escenario es la gran recompensa del día".

Actualmente se está trazando la estrategia para su próximo tour por Europa, si bien aún no están confirmadas las fechas y no hay una seguridad plena de que Mayall pase por España, donde sus visitas siempre han tenido un buen resultado. Obviamente, en la gira no aparecerán los músicos que han participado en "Along for the ride", aunque no se descarta un show específico en el que todos puedan participar. "Realmente sería muy difícil juntarles a todos al mismo tiempo. ¡Bastante hemos hecho con reunirlos para que toquen en el disco!", bromea.

Actualmente, John Mayall es una persona mayor que no sigue con demasiado interés los cambios que se producen alrededor de la música contemporánea. "La verdad es que no me gustan cosas como el hip hop o el techno. A mí me gusta la música, pero no entiendo la que no sale del corazón", afirma reconociendo que ni siquiera tiene ya un especial interés por la escena bluesy británica. "Vivo en América y no tengo mucho contacto con la escena de allí. Por lo que me comentan, aún hay clubs y lugares donde se mantienen bandas que tocan por todo el país".

Su vida está completamente rehecha en Estados Unidos, país al que se trasladó a principios de los setenta. Allí fue donde conoció a su mujer, donde tuvo sus hijos y donde realizó más y más formaciones de los Bluesbreakers. Curiosamente, aunque su interés por los músicos populares o por los nuevos géneros apenas existe, continúa con su dinámica de fijarse en aquellos artistas jóvenes a los que, tarde o temprano, pueda dar salida. "En este álbum no hay nadie más joven que Shannon Curfman. Sólo tiene quince años. Los cumplió el pasado junio. ¡Buff! Es increíble. Es de la misma ciudad que Jonny Lang. ¡Una verdadera figura!".

Respecto a su carrera y a su vida personal, Mayall reconoce tener todo lo que siempre ha deseado. Atrás quedan ya los malos momentos en los que un incendio destrozó su casa o en los que, repetidas veces, tuvo que abordar la reformación de su banda. Admite que con "Along for the ride" ya ha cumplido su sueño de tocar con todo aquél con quien siempre deseó y que aún le faltaba en su agenda. Su único objetivo actualmente es "mantener un espíritu creativo y continuar con mi carrera como he hecho hasta ahora".

La edad no parece pesarle en absoluto y el hecho de que el blues no sea ahora una música en auge a nivel comercial tampoco es algo que le quite el sueño: "El blues seguirá rodando y haciéndose más y más fuerte. Estoy seguro que a la gente le llamará más la atención con el tiempo y que los músicos jóvenes están sembrando un buen futuro".

Ana Felipe

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