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Bill Wyman pasó por España para presentar su "Double Bill". Septiembre 2001

Los Stones son historia

Quizás a él no le gusta, pero, en nuestro país, el nombre de Bill Wyman sigue asociado a su pertenencia a los Rolling Stones hasta 1993. Desde entonces el tiempo ha pasado y su vida personal y profesional se ha alejado de lo que aquello supuso. Sin embargo, la sombra de los Stones es alargada y, en la presentación que hizo en Madrid de "Double Bill", su último disco, tuvo que responder a más preguntas sobre su pasado que sobre su futuro. Wyman cuenta en la actualidad con sesenta y cuatro años.

Lo hizo público nada más empezar el año y la noticia, confirmada en el programa "Tonight" de la cadena de televisión ITV, no sorprendió a nadie. Tanto él como Charlie Watts (el batería de los Stones) habían hecho público numerosas veces su disgusto con el devenir del mítico grupo. "El problema que yo tuve en los Stones fue el mismo que tuvo Mick Taylor. Nosotros hacíamos un disco cada dos años y en cada disco metíamos diez temas. Nunca había espacio para que mis canciones entraran y me frustraba no poder contribuir en ese aspecto. Escribía música para películas y grababa discos en solitario, pero eso no tenía nada que ver con los Stones. Estoy muy orgulloso de lo que hice durante el tiempo que pasé con ellos, pero una vez que dejé el grupo dejé de interesarme por ese tipo de música. Ahora me encuentro feliz con lo que hago: tocar en salas pequeñas (como cuando empezamos), cobrar poco dinero (como cuando empezamos), trasladarnos en autobús (como cuando empezamos), saludar al público que viene a vernos... Con los Stones llegué a ser, para mucha gente, una mancha en un escenario colocado al final de un enorme estadio. Había gente que, en nuestros conciertos, sólo podía ver el espectáculo mirando a las pantallas de vídeo. No hecho de menos esa época: estoy feliz con lo que hago ahora".

En el momento en que Wyman abandonó los Stones Mike Jagger acababa de ser padre por tercera vez, abuelo por primera y estaba trabajando en "Wandering spirit", su tercer disco en solitario. Richards, por su parte, acababa de publicar "Main offender", también en solitario, y Wyman decidía cambiar de vida después de que su divorcio le hubiera costado 580.000 libras. Para cualquier habitante del planeta aquello habría sido un duro golpe, pero no para un Stone. La oficina de management del grupo estaba gestionando en esos momentos un adelanto de treinta millones de dólares sobre lo que sería el grueso de contratación de su siguiente gira americana, aún estaba en la calle "Flashpoint" (uno de los habituales directos del grupo) y la maquinaria generadora de dinero no dejaba de ingresar habida cuenta de la aparición en vídeo de la película "Gimme shelter", de la reedición de "Hot rocks" y el anuncio de la próxima salida de "Jump back", ambos recopilatorios de diferentes etapas de la era Stone. Wyman no abandonó el grupo con disgusto. Pocos meses después veía cómo uno de sus discos en solitario (una recopilación de su obra que llamaron "Stuff") era editado en Japón y él, por su parte, se casaba con cara de felicidad con Suzanne Acosta, una mujer veinticuatro años menor que el bajista.

En un principio, la larga duración de las lunas de miel que pueden permitirse los millonarios hizo que Wyman se alejara de la industria de la música, pero el alejamiento no fue muy duradero. En poco tiempo publicó su libro "Stone alone" (usó el mismo título que en su segundo álbum en solitario, grabado en 1976) y enseguida empezó a participar en jams con viejos amigos. Sus álbumes ("Monkey grip" del 74, el citado "Stone alone" y "Bill Wyman" del 82) habían demostrado que, por su cuenta, el hombre que siempre había parecido callado y calculador se alejaría consistentemente de lo que los Stones estaban preparando para los noventa. Y así fue: en 1998 salió a la calle "Struttin our stuff", el primer disco de los Rhythm Kings. "Cuando empecé con esta banda quería hacer algo diferente y decidí contactar con los mejores para conseguirlo. La cosa empezó poco a poco y ahora cada día nos va mejor, parece que empezamos a tener éxito", señala.

Wyman ya había alumbrado el nacimiento de los Rhythm Kings tiempo atrás, cuando a mediados de los ochenta se juntó con un grupo de amigos (allí estaban el mismo Charlie Watts, Jimmy Page o Paul Rodgers entre otros) bajo el nombre de Willie and the Poor Boys. "La diferencia entre aquel grupo y los Rhythm Kings es que con los Poor Boys sólo tocábamos temas del primer rock'n'roll. Ahora tocamos de todo e igual nos liamos con una pieza de 1928 que con una de los años setenta", advierte Wyman sin negar que su actual banda no es más que una versión más elaborada de lo que en su día fuera aquélla. "Allí estaba Terry (Taylor), que está en los Rhythm Kings, Gary Brooker, Graham Broad... La mayor diferencia es que esto es una big band, un combo. Cada uno de los músicos tiene una solvente carrera en solitario y eso hace que, en ocasiones, cuando tenemos que tocar, llame a otros amigos para participar en los shows, gente como Chris Rea, por ejemplo".

En un primer momento, una formación como los Rhythm Kings puede entenderse como una reunión de viejas glorias, una fiesta perecedera en la que antiguos dinosaurios exitosos rememoran sus mejores tiempos tocando aquello que, verdaderamente, les divierte. "Puede que seamos eso "--responde Wyman sin inmutarse--". Cada uno de nosotros tiene una trayectoria detrás y es posible que se nos vea como un museo". Para el caso es lo mismo: las ínfulas de estrella y de un pasado glorioso no afectan ya a este hombre ni a sus compañeros de aventura. "No quería estar tocando 'Jumplin' Jack Flash' durante treinta años; ya llevaba otros treinta haciéndolo. Sigo manteniendo una gran amistad con los Stones y, cuando hemos coincidido en algún acto benéfico o algo así, nos hemos reunido luego para tocar algo juntos, pero no echo nada de menos aquella época. De vez en cuando me mandan sus discos, o alguna camiseta, pero no les presto mucha atención. Igual lo escucho una vez y no vuelvo a ponérmelo. He perdido por completo el interés en la música actual y no me interesa nada de lo que sale, cosas como las... Spice Girls. Los Rhythm Kings hacemos música real: blues, gospel, soul, rockabilly... Ya sabes: Fats Waller, Billie Holiday, Creedence Clearwater Revival... Cuando estamos juntos no tocamos las canciones de nuestras carreras en solitario: tocamos la música de los Rhythm Kings".

El asunto, lógicamente, está, en el terreno comercial, en las antípodas de lo que fueron los Stones. "Creo que hacemos música para todo el mundo, pero sí es cierto que en nuestros conciertos se ve poca gente joven, aunque los que vienen terminan saltando y bailando. Puede que no contactemos más con los jóvenes porque nuestra música no suena en la radio. No son buenos tiempos para un grupo como éste", comenta este peculiar personaje que se autodefine como un "músico honesto, comprensivo y buen padre".

En el último álbum de los Rhythm Kings aparece un nuevo invitado, George Harrison, otro ejemplar de museo que perteneció a los Beatles. "Conseguir que participara fue simple: le llamé. El me preguntó para qué le quería si tenía en el grupo a dos guitarristas tan buenos como Martin Taylor y Albert Lee. Le dije que lo que quería era su sonido, que quería que una de las canciones del disco sonara como su guitarra. 'Ya sabes que yo sólo toco una nota', me dijo. 'Esa, ésa es la que yo quiero', le dije. Y participó". Wyman señaló que Harrison no estaba en su mejor momento. "Me acabo de enterar de que está internado con un tumor cerebral. Me gustaría contactar con él para saber cómo está", añadió. Lástima. Parece que la vida de los ex-Beatles no es tan agradable como la de los Stones aun cuando compartieran una época dorada de la música. Con Lennon muerto, Harrison en una clínica y Ringo merodeando en busca de trabajo, solamente McCartney ha conseguido ver el nuevo siglo con cierta salud. Frente a ellos está aún una banda solvente y exitosa y un ex que tiene su propio grupo y que se gana una reputación intelectual grabando discos y escribiendo libros. "Actualmente estoy trabajando en tres o cuatro. Lo último que he hecho ha sido una historia del blues aprovechando la gran cantidad de material fotográfico que tenía. El argumento sirvió también para un documental que he realizado para la tele sobre el mismo tema. También estoy trabajando en un libro de arqueología sobre el medievo inglés y, a lo mejor después del verano, sale la segunda parte de 'Stone alone'. No es un libro que busque crear polémica o escándalo. Se trata de contar la historia y yo soy el único que se acuerda de todo. El primero de los libros cubría desde que éramos críos hasta 1969. Este cubrirá el período hasta 1991".

No es lo único en lo que un tipo como Wyman se entretiene. Aunque admite que su único y actual proyecto es su banda, no deja de lado la gestión de su cadena de restaurantes. "No los monté porque sea un gran amante de la comida. Lo que ocurrió es que tenía en casa un montón de recuerdos y ya no me cabían en las habitaciones. Los restaurantes son más como un museo, con cosas colgadas por todas las paredes". Su vida le satisface tanto que no tiene intención de crecer más en el terreno de la hostelería, ya que eso le obligaría a viajar y tiene un pánico terrible al avión. "Mientras que el grupo viaja en línea aérea yo hago la gira en coche. Antes de tocar en España lo hicimos en Montreaux y estuve viajando durante diecinueve horas. Después del concierto de A Coruña volví a coger el coche para venir a Madrid. Nos han contratado para una gira por Estados Unidos y, como no hay puentes hasta allí, no me queda más remedio que volar, por lo que he decidido empezar a beber un poco antes de subir al avión. Espero no enterarme mucho".

Música añeja y tremendamente bien hecha es la que danza en la cabeza de Bill Wyman y de todos sus Rhythm Kings. Eligen el repertorio, que se compone de temas propios y de versiones, en conjunto y asumen su participación como una experiencia feliz en la que dejan de lado sus aventuras en solitario. "Cuando estaba en los Stones grabábamos diez canciones a lo largo de seis meses y tardábamos otros tres en mezclarlas. Cada uno de nuestros discos costaba dos millones de dólares. Ahora, en 'Double Bill', grabamos veinticuatro canciones en ocho días, a la primera o segunda toma. Ese es el método adecuado de grabar la música y, al mismo tiempo, la forma de que salgan los números", añade.

Su carácter es amigable, relajado, propio de quien trabaja divirtiéndose y se divierte trabajando. No ejerce de líder ni parece tener intención de asumir complicaciones que no traigan consigo una satisfacción. La manera de reclutar a sus músicos es un fiel ejemplo del funcionamiento de Wyman al frente de los Rhythm Kings. "Albert Lee estaba de gira por Inglaterra y le pregunté si quería tocar en un par de temas del disco que estábamos grabando. Tocó y decidió quedarse en el grupo".

Qué fácil son las cosas cuando uno es un histórico millonario, ¿no?

E.P.

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