|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Silvio Rodríguez presenta en su nuevo trabajo canciones inéditas de su pasado Culpable de coherencia Parece que España, a nivel de estado, está peleada con Cuba. Afortunadamente, eso no quiere decir que los españoles tengan ningún tipo de animadversión hacia los cubanos y, de hecho, los artistas de la isla siempre han tenido una grata acogida en nuestro país. Uno de los compositores cubanos que mejor ha calado en el corazón del público español desde siempre es, sin duda, Silvio Rodríguez. El cantautor ha publicado hace pocas semanas "Mariposas", lo que es su último álbum. "Creo que la prensa en España se ha derechizado tanto, y que ha habido tanta claudicación y falta de fueros, que la homogeneización ideológica es trágicamente un hecho en su país. Eso no sólo lo están sufriendo ustedes, sino que, para colmo, nos lo hacen sufrir a los demás. Lo asombroso es que en España casi nadie parece darse cuenta porque, salvo honrosas excepciones, el tono general empleado es como de orgullo por esa condición. Claro que no son ustedes solos, aunque no veo consuelo en ello. La imagen que dio la prensa de Estados Unidos sobre la reciente cumbre hispanoamericana, muy parecida con respecto a Cuba a la española, aunque en ocasiones más abierta, es como para que cualquier hijo de vecino de Cuba se convenza de que el sentido de su vida es estiércol y que la única forma de ser correcto y querido por la comunidad internacional es siendo contrarrevolucionario y traicionando a Martí. Evidentemente, estamos condenados al estigma del diferente. Y parece que, salvo las mulatas y las playas que adoran los empresarios, al resto nos puede partir un rayo". El manejo de las palabras que hace y siempre ha hecho Silvio Rodríguez le permite permanecer siempre tranquilo. Aun cuando esté cantando o hablando sobre situaciones dolorosas o incómodas, él siempre ha sabido decir lo justo en el momento adecuado. Puede que sea por ello por lo que sus canciones conquistaron al público español desde el mismo momento en que aparecieron en nuestro país. En 1982 comenzó a sonar en España "Te doy una canción", pieza que daba título al sexto álbum del cantautor cubano. Su repercusión fue tal que los discos anteriores que habían aparecido aquí ("Al final de este viaje" (78), "Mujeres" (79), "Rabo de nube" (80) y "Unicornio" (80)) comenzaron a sonar en numerosos hogares de lo que entonces se denominaba la "progresía". Silvio consiguió contactar, gracias a sus canciones, con un público muy amplio, pero lo mejor de ello es que ganó sin ningún esfuerzo el aprecio de una generación más joven. Tras aquellos álbumes, este hombre, nacido en 1946 en San Antonio de los Baños, en la provincia de La Habana, siguió publicando sus canciones en "Tríptico" (83), "Causas y azares" (85), "Memorias" (87), "Arboles" (88), "Oh melancolía" (88) y, durante los noventa, en una trilogía que bautizó con su nombre y apellidos en un evidente homenaje a sus progenitores ("Silvio" en el 92, "Rodríguez" en el 94 y "Domínguez" en el 96) y en una recopilación de sus canciones inéditas que tituló como "Descartes" (98). Antes de todo ello, pero sin llegar a España, la historia había empezado con "Días y flores", un álbum publicado en 1976 que era el primero que Silvio grabaría a su nombre y del que, curiosamente, ha rescatado la canción que le daba título para su reciente "Mariposas", aparecido hace apenas un par de meses. "La vigencia de algunas canciones es algo que queda fuera de mi alcance. Es la realidad la que determina eso. Y me gustaría que canciones como 'Días y flores' hubieran perdido actualidad, ya que eso querría decir que el mundo sería mejor hoy que hace un cuarto de siglo", comenta Silvio por escrito contestándonos a una entrevista enviada a La Habana hace apenas quince días. "Días y flores" es una canción que habla de rabia, un sentimiento que Silvio ha sabido trasladar, como tantos otros, a través de sus canciones. Mucho de su público esperaba que, tras una trilogía tan introspectiva como fue la formada por "Silvio", "Rodríguez" y "Domínguez", el cubano volviera a enseñar los dientes, máxime cuando su país está pasando por una fase de acoso internacional que no es, evidentemente, compartida por quienes disfrutan de sus canciones. "No me parece que quienes gustan de mi trabajo "--señala sobre el tema--" esperen que yo sea un noticiero ambulante o un vocero puntual de vaivenes políticos. Nunca me he propuesto semejante cosa. Yo empecé en la trova y continúo, entre otras razones, porque disfruto la libertad con mi guitarra. Nuestras limitaciones quedan entre nosotros porque nos amamos. Cuando nos ponemos a jugar, el intelecto participa, pero a la zaga de los sentimientos. Imagínate qué me respondería mi guitarra si yo le dijera: 'Oye, ahora nos vamos a España. Hagamos unas cuantas canciones que digan tal cosa, que es lo que está esperando allá un grupo de gente'. Estoy casi seguro que me respondería con un silencio sepulcral". El material incluido en "Mariposas" no es de creación reciente, sino que pertenece, en su mayoría, a las canciones que Silvio escribió a finales de los sesenta y principios de los setenta, mucho antes de llegar siquiera a grabar. Por aquella época, Silvio Rodríguez había comenzado, junto con Pablo Milanés y Noel Nicola, a dar forma a lo que sería la Nueva Trova Cubana. El movimiento se integró rápidamente en el famoso Grupo de Experimentación Sonora (GESI) del Instituto de Arte e Industrias Cinematográficas de Cuba (ICAIC) del que hace algunos meses se han publicado en España interesantes documentos sonoros por medio de Fonomusic. En aquel barco navegaban también Eduardo Ramos, Vicente Feliú, Emilio Sábato, Amaury Pérez y otros muchos que han llegado a conseguir que la Nueva Trova tenga ya más de trescientos miembros. "Yo comencé cantando con la orquesta de la televisión, o sea, prácticamente una sinfónica, y también trabajé por entonces con un combo llamado Sonorama 6, bastante electrificado para la época. En el GESI hacíamos música electrónica experimental, con osciladores de onda porque todavía no se habían inventado los sintetizadores. Más tarde trabajé seis años con Afrocuba, encuentro del que quedaron dos discos dobles y uno que ahora estoy mezclando. Después me fui a Chile con Irakere, una superbanda, a un concierto del que se hicieron tres discos, e inmediatamente ayudé a organizar el grupo Diákara, con el que hice varias giras y algunas grabaciones que también estoy rescatando ahora. No creo que sea para acusarme de acústico a ultranza, aunque sí creo que un trovador, por mucho que dé vueltas, siempre regresa a la escena del crimen", escribe Silvio cuando se le pregunta por las experiencias "eléctricas" dentro de su carrera. "La primera guitarra que tuve se la debo a Elvis Presley "--recuerda--". Era un trozo de madera, toscamente recortada, que yo me ataba al cuello para menearme ante el espejo doblando la voz de Elvis en 'Don't be cruel'. Creo que aún no había cumplido los diez años. Pero mi familia era de gustos muy tradicionales, como la mayoría del pueblo, y lo que se cantaba en casa era canciones de la trova. Aun así, el rock, que era 'lo moderno', o las sonoridades parecidas, como el calipso, me llamaban mucho la atención. Debe ser por eso que empecé a componer con una mano en el bolero y otra en la balada, que era como se le decía en los sesenta al rock lento". Hoy Silvio es ya una institución que ha superado considerablemente aquella época aun cuando él siga considerando las canciones realizadas entonces como plenamente válidas, lo suficientemente, por lo menos, como para formar parte de su más actual trabajo. En él, el cantautor cubano ha vuelto, como señalaba antes, "a la escena del crimen" colaborando con el guitarrista Rey Guerra y dando a sus piezas un formato netamente acústico. "Rey tiene la ventaja, creo yo, de que primero fue guitarrero y después guitarrista "--apunta Silvio--", o sea, que empezó por la música popular. Con otro guitarrista hubiera obtenido otro resultado, quizá también bueno, pero no igual. Tenemos en común cierta manera de plantearnos algunas cuestiones musicales, ya que en algún momento de nuestras vidas entramos en contacto con la maestría de Leo Brouwer". Brouwer es un destacadísimo compositor contemporáneo cubano, creador del ya citado GESI y fuerte influencia en la mayoría de los creadores vanguardistas de la isla. En las palabras de Silvio siempre trasciende la humildad. Probablemente esto responde, una vez más, al sentido de coherencia que suelen destilar las acciones de este cubano que no quiere verse desligado de su país pese a que se vea continuamente alabado por público de numerosas nacionalidades. "Hay muchas ocasiones en las que tenemos que conciliar lo que piensan los demás con lo que pensamos nosotros mismos "--escribe el cantautor en sus notas--". Quienes no entran, cuando menos en cierta medida, por ese aro son calificados como inadaptados sociales y en algunos países se suben a azoteas a disparar a la gente hasta que les dan un balazo o los internan en sanatorios. Otros deciden bailar la danza cadavérica de las drogas extremas o se arrojan a la comunión hermética con los monasterios. Yo hago canciones y digo lo que considero, pero jamás he pretendido levantar demasiado polvo porque siempre he estado consciente de mis límites. La que a veces parece saber un poquito es la guitarra. Yo sólo me aprovecho, y con prudencia, de la confianza que me da". El trovador cubano se ha definido en numerosas ocasiones como una "fábrica de canciones", una manera más de huir del estrellato del que ahora disfruta a nivel internacional y de ponerse a la misma altura que la del resto de trabajadores de su país. "Cuando he dicho eso he tratado de hacer un guiño histórico a Vladimiro Maiakovsky, quien, porfiándole al PCUS, le decía: 'a mí pídanme poemas, lo que sé hacer, y no otra cosa'. Es una analogía con la realidad cubana de otros tiempos y con mi contingencia personal que ahora requeriría de una explicación demasiado larga. Tú pareces referirte a aquella máxima de que 'el hombre piensa como vive'. En términos generales no niego que eso pueda ser así, aunque no se puede obviar que el hombre con conciencia, compromiso y memoria no tiene por qué ser un títere de su buena suerte personal". En base a su buena suerte, Silvio ha sido reconocido considerablemente fuera de Cuba y eso le ha permitido ver, de primera mano, la impresión que sobre aquel país tienen otras poblaciones. Por lo menos, a través de los medios de comunicación, los cuales le preguntan habitualmente en sus ruedas de prensa por la situación política cubana. "Si fuera una causa incomprendida algunas cosas se podrían explicar con mejor fortuna. Lo cierto es que uno quisiera hablar como habla en Cuba entre compañeros, más profunda y críticamente, pero llegar a un lugar donde prácticamente todas las voces públicas que nos mencionan lo hacen desde la calumnia lo hace difícil", comenta. Además de cantautor y trovador, Silvio es también uno de los máximos responsables de Abdalá, estudio de grabación y sello discográfico que él ayudó a poner en marcha. "El estudio tiene trabajo todo el tiempo. Va gente de muchos países. El sello recién se está consolidando y hay intereses de asociaciones manifestados por diversas firmas. Es un proyecto que está marchando realmente bien", comenta sobre el tema. En una de sus visitas a España Silvio Rodríguez tuvo que abordar una vez una pregunta en la que se le instaba a definirse sobre la hipotética situación de que Celia Cruz o Gloria Estefan desearan trabajar en dichos estudios. El cantautor no dudó en empeñar su palabra asegurando que no habría ningún tipo de problema para que eso sucediera. "Casi ningún músico que sale a trabajar fuera de Cuba lo hace con actitud beligerante respecto a la Revolución, sino todo lo contrario. La mayoría de los músicos quieren encontrar un espacio, un respeto, ganar algún dinero y volver con los suyos. Quienes hablan mal de la Revolución son los desafortunados que, después de mil vueltas, tienen que ir a parar a Miami: ése es el peaje que les cobran allá para ser admitidos, cosa que, por supuesto, no les asegura ningún éxito sino sólo la oportunidad de intentarlo sin inconvenientes políticos. También algunos de los que llegan a España sueltan sus venenitos. Piensan que con eso van a caer más simpáticos. Hasta ahora, ni Celia Cruz ni Gloria Estefan nos ha solicitado un turno de grabación. O sea, que no he podido comprobar mi tesis en contra de rencores y prejuicios", contesta. En los últimos años la música cubana está consiguiendo que no solamente sea Silvio el único embajador de su arte. Actualmente, en España numerosas figuras de la música popular de la isla están encontrando un público expectante que recibe con agrado sus obras y llena sus conciertos cuando aparecen por aquí. "Me parece saludable "--comenta el cantautor--" que España conozca nuestras raíces, lo que nos identifica. Quizá todo debió empezar para ustedes así, como fue con nosotros: con lo primigenio como antesala del devenir". Este devenir ha llegado, en muchos casos, por medio de la fusión del pop español con la música cubana, algo que no siempre pasa más allá de un mero oportunismo comercial pero que también, en ocasiones, está dando excelentes frutos. "Pudiera resultar "--ironiza Silvio--" que aquel espíritu desalmidonado que temía la España visigoda y que pretendieron bloquear en el sur por prejuicios raciales y religiosos les esté entrando ahora a golpe de tambor por el oeste". Sea como sea, este hombre que ha pasado ya la cincuentena se sigue mostrando bastante distante de lo que es el mercado musical y pone por delante otros valores a la hora de analizar su obra: "Yo no he tenido la suerte de estar entre los autores más vendidos y premiados, pero una idea general sobre el compromiso que yo más entiendo de un artista te la voy a dar con algo que leí cuando tenía diecisiete años y comenzaba a tocar la guitarra. Es un pensamiento extraído de la crítica que hizo Martí sobre los pintores impresionistas que expusieron a finales de siglo pasado en Nueva York y es un concepto que me fulminó para siempre: 'Son culpables las vidas empleadas en la repetición cómoda de las verdades descubiertas'". E.P.
|