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Enero del 200

The Millenium men

La llegada del año 2000, a nadie se le escapa, es un recurso comercial que ha sido utilizado hasta la saciedad. A algunos también les ha servido como fuente de inspiración y como hito en sus carreras. Dos hombres han destacado por este motivo, y los dos encuadrados en una música muy propia que flirtea entre el pop electroacústico y los sonidos atmosféricos. Alan Parsons y Mike Oldfield han sido elegidos por diferentes organizadores y promotores para realizar fastuosos conciertos conmemorativos con motivo de la llegada del 2000 y ello ha coincidido con la llegada de sus nuevas obras. Parsons presentó hace un par de meses "The time machine" y será el encargado del concierto póstumo de las celebraciones del "Amazing Thailand", la fabulosa fiesta que, además del nuevo año, celebrará la consecución del círculo astral de la reina thai, que acaba de cumplir setenta y dos años. Oldfield cierra el 99 con su concierto en Berlín para el que ha escrito una música específica publicada en "The millenium bell".

Puede que no, pero, para muchos, estos dos individuos han cambiado la música moderna. Oldfield es el más obvio. Su "Tubular bells" ha quedado escrito con letras de oro en la historia del siglo XX y fue el inicio de una carrera exitosa que parece no tener fin. Por su parte, Alan Parsons comenzó como ayudante de ingeniero, pasó a manejar las mesas, consiguió hacerse productor y en 1976 inició una carrera de compositor que ha mantenido viva hasta hoy con unos resultados excelentes. Los dos se iniciaron en el estudio, despreciaron el directo hasta que no pudieron evitar la presión del público y colocaron en sus obras la tecnología más moderna y los sonidos más originales que pudieron encontrar cuando comenzaron a tocar.

Hoy son superestrellas que han aguantado veinticinco años en primera línea. Su música ya no es tan novedosa, pero no porque ellos se hayan adaptado a las modas, sino porque el mundo musical ha derivado en buena parte por los senderos que ellos pronosticaron. Apostaron más por la música que por la canción, por el sonido que por el ritmo y por las piezas de desarrollo antes que por los temas cortos. Cuando se pusieron a hacer canciones su éxito se desbordó y tanto Parsons como Oldfield colocaron single tras single en las listas y en la radio sin ser los protagonistas de sus propias piezas.

Ahora, cuando acaba el 99, es lógico que ambos miren al nuevo milenio con expectativas. Su música ha estado cuajada, en muchos casos, de ciencia ficción y previsiones. Sus espectáculos en directo abogan por la espectacularidad y sus discos siguen buscando el futuro aun cuando sólo sea en las temáticas. Son, sin duda, los "Millenium men", personajes que se mueven como pez en el agua entre botones, secuenciadores y puertas de sonido.

Mike Oldfield

¿Quién le iba a decir a este hombre que al final del 99 iba a ser un personaje de tal calibre? "Hay algo especial en el nuevo milenio. Cuando era pequeño pensaba lo lejos que estaba el año 2000. '¿Cómo será eso?', decía. Aquello era en el año 65 y el fin del siglo quedaba aún muy lejos. Pero, según ha pasado el tiempo, has visto que se acercaba más y más y tal vez se ha podido perder interés por el tema, ya que lo terminas esperando a la vuelta de la esquina. Yo estoy satisfecho de ser músico en esta época, en este momento, y me satisface poder hacer el concierto de Berlín. Es un hito importante que quizás signifique el inicio de un nuevo principio", comentaba el guitarrista compositor en su última visita a España.

Dicha visita se realizaba con motivo de la aparición de "The millenium bell", un álbum peculiar dentro de la discografía de Oldfield. En él, el músico británico elige once momentos de la historia con los que trata de reflejar lo que ha sido la vida humana en los últimos dos mil años. El material de este disco fue creado para ser expuesto en el concierto que el 31 de diciembre ofrecerá (o habrá ofrecido, depende de cuando leas esto) delante de la puerta de Brandemburgo, en Berlín. La idea del concierto surgió durante la presentación de "Tubular bells III", celebrado en septiembre del 98 en el Houseguards Parade. Allí Oldfield hizo coincidir el uso de las campanas en su música con el sonido de las campanadas del Big Ben londinense. "Si hice coincidir las campanadas con el Big Ben a las diez, ¿por qué no hacerlas coincidir con las doce de la noche, con la nochevieja? Aunque soy guitarrista, soy conocido, no sé muy bien por qué, por el sonido de las campanas, por lo que vi que todo encajaba bien en ese papel", comentaba.

Lo cierto es que Oldfield no hará (o hizo) realidad su sueño. El concierto de Berlín habría de terminar un poco antes de las doce porque, al acabarlo, comenzaría una especial "cuenta atrás" que no tendría nada que ver con su espectáculo. Otra de las cosas que comenta el guitarrista es que es conocido por las campanas, cosa que no es nada extraño. Su "Tubular bells" es ya una marca de fábrica y en la portada de "The millenium bell" ni siquiera aparece el nombre del artista. Se ilustra con el omnipresente símbolo de ese triángulo que se golpea y produce el sonido "campanístico" que tanto ha aparecido en la obra de Oldfield. "Es difícil de explicar, ya que hay cosas que no tienen explicación. En mi primer álbum apareció la campana, pero del mismo modo pudieron aparecer unos huevos, ya que el disco se iba a llamar 'Breakfast in bed' y el diseñador de la portada, Trevor Key, quería poner un huevo duro ensangrentado en la cubierta. Le dije que ni hablar y empezamos a darle vueltas al asunto: que si un instrumento, que si el glokenspiel… Y al final se puso la campana".

¿Y qué tiene esa famosa campana --se podrá decir-- que tanto ha marcado la trayectoria de este hombre? Pues mucho. Mike Oldfield saltó al mundo gracias a que en 1974 lanzó "Tubular bells", un disco revolucionario que supuso un éxito tal que fue el álbum más vendido en el Reino Unido durante la década de los setenta si exceptuamos el "Bridge over trouble water" de Simon & Garfunkel. La historia del álbum es pura novela y su importancia puede considerarse de fundamental a la hora de convertir a Oldfield en la superestrella que es ahora.

Los inicios de Mike dentro de la música corresponden a un dúo que formó con su hermana (The Sallyangie) y que llegó a grabar un álbum, "Children of the sun" (68). Apenas tenía dieciséis años cuando este personaje se involucró en The Whole World, una banda en la que también estaban Kevin Ayers, Robert Wyatt y David Bedford. Con ellos hizo dos discos y eso le permitió participar en reuniones musicales que le llevaron, incluso, a grabar un concierto en directo con John Cale, Nico y Brian Eno en junio del 74. Su carrera en solitario comenzaría cuando presentó una de sus maquetas a Richard Branson, un hombre que contaba con una cadena de tiendas que funcionaban bajo el nombre de Virgin. Branson quería montar un sello discográfico y no le pareció mal la idea de que Oldfield fuera su primer artista. Tom Newman, el primer productor de Virgin, escuchó el material de Mike y le dijo, francamente, que él merecía más que un pequeño sello recién montado, que lo mejor era que se presentara ante las grandes compañías y que, en caso de que no tuviera suerte, volviera.

Oldfield lo intentó, pero tuvo que volver. Nadie confió en él y tuvo que marcharse a The Manor, una granja de Oxfordshire que se convirtió en el primer estudio de Virgin. Cuando terminaron su trabajo, Newman y Oldfield presentaron a Branson una sola pieza de cincuenta y dos minutos en la que Mike tocaba una infinidad de instrumentos y en la que la voz humana aparecía como por casualidad.

El disco se puso a la venta y fue un fenómeno, llegando a vender más de diez millones de discos. "Tubular bells" fue presentado en directo en el Queen Elizabeth Hall londinense en un concierto en el que Mick Taylor (ex de los Stones) ejercía de guitarrista junto al propio Mike. El éxito se desbordó y las siguientes entregas de Oldfield ("Herbest ridge", "Ommadawn", en el que colaboró con Paddy Moloney y los Chieftains) continuaron con unos resultados espectaculares. En 1976 aparece "Boxed", un álbum cuádruple en el que se reúnen los tres discos de Mike junto a un volumen de colaboraciones. Era, entonces, la segunda vez que aparecía en el mercado "Tubular bells".

La campanita fue resucitada otras dos veces más. La primera fue en 1993, cuando, tras romper con Virgin y firmar con Warner, Mike edita "Tubular bells II". Cinco años después llegaría "Tubular bells III" y cerrando el 99 aparece este "The millenium bell" en el que el hierro triangulado sustituye directamente al nombre de Oldfield en la portada. Evidentemente, un huevo duro sangrando no habría dado tanto de sí.

"Yo soy un guitarrista, aunque, por mis competencias, me toca hacer un poco de todo: producir, programar… Yo me considero, antes que nada, un escultor del sonido", se define a sí mismo Mike mientras luce su pelo teñido y una sonrisa sincera que se torna seria en cuanto escucha las preguntas que se le hacen. La definición es sumamente válida por cuanto Oldfield ha sabido entrar en terrenos de todo tipo aportando un sonido particular que siempre ha comulgado con el éxito. En 1978, y después de ver cómo evolucionaba el fenómeno del punk en Gran Bretaña, el guitarrista reapareció con un álbum doble ("Incantations") y con el pelo corto. En el disco contaba con la aportación de Maddy Prior (proveniente de Steeleye Span) y se atrevía a escribir canciones, no piezas instrumentales de larga duración. Fue, además, cuando Mike se embarcó en su primera gira internacional dado que su público estaba un poco harto de seguir a un fantasma que apenas aparecía en los medios de comunicación.

De aquel tour surgió "Exposed" y tras él "Platinum" y "QE2". Si bien el número de ventas de sus discos seguía siendo de lo más complaciente, aquello no era nada comparado con lo que iba a venir. Después de tomarse un año sabático para convertirse en piloto lanzó "Five miles out", un álbum en el que contaba con la vocalista Maggie Reilly, el batería Carl Palmer (de los famosos E, L & P) y, de nuevo, Paddy Moloney. El disco tenía singles como "Family man" o el mismo "Five miles out" que colocaron la música de Oldfield en cualquier ambiente. Aquello tuvo continuación con "Crises", en el 83, con "Moonlight shadow" como canción bandera también en la voz de Maggie y las colaboraciones de Jon Anderson, Roger Chapman y Simon Philips.

Después de lanzar "Discovery" se involucró en la banda sonora de "The killing fields" cerrando una etapa que precedería a un descanso de tres años.

La reaparición no pudo ser más exitosa, ya que se realizó con "Islands", un disco que contaba con Bonnie Tyler como vocalista y que volvió a poner a este personaje en lo más alto de las listas.

En los noventa ("Earth moving" fue su último disco de la pasada década) ha publicado ya nueve discos, tres de los cuales se han agrupado en un espacio de algo más de un año. "Es cierto "--dice--". He estado muy ocupado últimamente. Hice 'Tubular bells III' y luego quise hacer un álbum de guitarra ('Guitars'). Con todo, en el fondo de mi corazón quería hacer algo para el nuevo milenio. Hice este disco porque era el momento oportuno para hacerlo. No es que haya tenido una energía especial para hacer tantos discos en tan poco tiempo; es simplemente la necesidad de trabajar, de hacer música". Para hacerlo, Mike se ha fijado en momentos claves de la historia de la humanidad que, según dice, no le ha costado mucho elegir: "No ha sido difícil. De hecho fue lo más fácil. No soy historiador. Sólo sé de historia lo que aprendí en el colegio o lo que he leído, pero, si no sabía de algo concreto, creo que he viajado lo suficiente como para enterarme más".

Los momentos elegidos para convertirlos en piezas musicales son tan dispares como el nacimiento de Cristo, las épocas álgidas de la cultura inca, el descubrimiento de América, la trata de esclavos, el romanticismo, la época de la prohibición, la Segunda Guerra Mundial o la esperanza del nuevo milenio. Muchos de estos momentos parecen marcar lacras de la humanidad en estos veinte siglos, pero Oldfield parece ver únicamente el lado positivo: "Es cierto que hay cosas negativas, pero también hay un aspecto bueno en esas cosas. 'Peace on earth' habla del nacimiento de Jesús, algo que fue bueno aunque luego haya habido cosas como la Inquisición. 'Pacha Mama', aun sabiendo que la civilización inca fue arrasada, habla de una cultura que nos dio cosas muy hermosas. 'Santa María' representa un momento en el que se estaban intentado descubrir cosas en el mundo… Incluso en las piezas que hablan de temas como la Segunda Guerra Mundial tratan del espíritu humano, de las ganas de sobrevivir, del coraje…"

Ese coraje puede haber llegado a su fin cuando se habla de la carrera de Oldfield. En diferentes entrevistas, Mike ha puesto de manifiesto sus dudas en torno a la continuación de su obra. Ha dejado de manifiesto que éstas serán sus últimas campanas, pero aún no se siente capacitado para anunciar cuál será su próximo trabajo. Preguntado por lo que dará de sí el futuro, el guitarrista se rasca la cabeza, piensa y termina contestando en castellano un "no sé" que se resolverá, seguramente, en el próximo milenio.

Mike Oldfield. "The millenium bell". Wea 8573808852

Alan Parsons

Este hombre puede presumir de ser el primer productor que ha triunfado grabando discos. Van ya para veintitrés años los que Parsons lleva anteponiendo su labor como compositor a la que ejerció anteriormente en los estudios de grabación. El, como todo el mundo sabe, participó en el "Abbey Road" de los Beatles y en "The dark side of the moon" de Pink Floyd, dos álbumes que resultaron históricos. En el primero apenas era un cantamañanas que ponía café y aprendía, ya que trabajaba como ayudante del ingeniero. En la obra de los Floyd ya había ascendido peldaños y en esa ocasión sí era el ingeniero responsable del sonido.

Con el tiempo pasó a ser productor… y de lujo. Pilot, Steve Harley y, sobre todo, John Miles y Al Stewart (el fabuloso "Year of the cat") trabajaron bajo su supervisión. Pero, sobre todo, lo que dio a conocer a Parsons ante el público masivo fue el lanzamiento, en 1976, de "Tales of mystery and imagination", un álbum conceptual sobre las historias de Edgar Allan Poe que se encaramó enseguida a las listas de álbumes más vendidos de Inglaterra. "Tales…" venía firmado por Alan Parsons' Project, una unión conceptual del propio Parsons con Eric Woolfson, otro productor habitual de los estudios Abbey Road. Juntos firmaron también "I robot" (77), "Pyramid" (78), "Eve" (79), "The turn of a friendly card" (80), "Eye in the sky" (81), "Armonia avenue" (83), "Vulture culture" (84), "Stereonomy" (85) y "Gaudí" (87). Vendieron once millones de discos (todos los "Projects" han vendido más de un millón de copias) y consiguieron once nominaciones para los Grammy.

El éxito no acabó con el final del Project. Parsons, en solitario, redebutó en el 93 con "Try anything once" y por fin salió a la carretera. Nunca antes este hombre había pisado un escenario ni, lo más gracioso, había tocado un instrumento. Parsons nunca fue músico; en todos los discos su labor era la de componer y producir. El resultado de aquella gira trajo consigo "The very best. Live", un álbum recopilatorio de su obra que tuvo una continuación espectacular con "On air", un disco que se completaba con un espectacular CD ROM que le valió a Parsons el premio de la Muestra de Diseño e Ingeniería en la Convención CES de Las Vegas.

"The time machine" es el trabajo más reciente de Alan Parsons. Aparece pocos meses antes de que el productor se involucre en los cuatro conciertos que culminen el "Amazing Thailand", una celebración que, además de dar la bienvenida al año 2000, hará los honores a la reina del país, quien ha culminado, en las creencias típicas de aquella zona del mundo, su ciclo zodiacal al cumplir los setenta y dos años. "Para mí este tipo de conciertos son una excepción, ya que suelo actuar en salas de unas dos mil personas. En esta ocasión los productores son los mismos que llevaron a cabo el World Liberty Concert y me lo propusieron, lo que supone que tendré que pasarme algún tiempo allí antes de empezar a componer la música para la celebración", comenta Parsons. El "World Liberty Concert" se celebró en 1995, al lado del puente John Frost, en Arnhem, Holanda. Celebraba el 50º aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial y pudo ser visto por todo el mundo en una retransmisión televisiva de alto copete. Parsons había empezado a actuar en público poco antes, en abril del 94: "Para mí es un poco frustrante tocar en directo porque no puedo representar bien lo que expongo en los discos. Muchas veces el resultado me parece poco convincente, sobre todo al hacer canciones antiguas, algunas de las cuales contaban hasta con orquesta", señala, aunque añade que "no quiero decir que no me convenza el hecho de actuar delante del público, sino que es tremendamente difícil y supone hacer muchas concesiones de sonido. Sí me motiva el ambiente que se crea y el sentimiento de cada interpretación es único. Hay noches buenísimas y otras bastante malas".

Con el material de "The time machine", basado en la famosa obra de H. G. Wells, Alan volverá a salir a la carretera una vez haya concluido sus cuatro conciertos del milenio thailandés. En este caso contará, como en ocasiones anteriores, con una banda de lujo, pero aportará al público la escenografía de Roger Dean, uno de los portadistas más famosos del rock responsable en buena parte de toda la iconografía que representó al rock sinfónico durante los años setenta. "Nuestra relación es nueva. Roger ha construido una especie de pantallas para colocar detrás del escenario. Con él tengo en el equipo a dos de los mejores diseñadores del mundo, ya que el portadista de mis últimos discos es Storm Throgerson, a quien conozco de la época de 'Dark side of the moon' y quien es responsable de muchas portadas de Pink Floyd o Led Zeppelin".

Las premisas en la obra de Alan Parsons son evidentemente definitorias. Desde que comenzó su carrera musical, este mago del sonido se ha decantado por un pop adulto con sonidos electrónicos y producciones de lujo. La mayoría de sus discos son conceptuales y abordan casi siempre temas fantásticos que dejan volar la imaginación. "Para mí es más fácil escribir canciones cuando me centro en un tema. Hay gente que escribe sobre el amor, sobre las relaciones personales… Yo prefiero tener un tema central que me resulte más interesante", comenta. Su problema, como el de Mike Oldfield, es que sus obras no están enfocadas a la promoción en la radio dado que, habitualmente, tienen una amplia duración. Parsons ha encontrado el punto medio para su música: "Me gustaría no tener que dividir los álbumes en canciones, pero eso no funciona en el pop; siempre tienes que hacer concesiones a la radio, ya que no ponen cosas que pasen de los cuatro minutos. Al final casi siempre llegas, por tanto, a la colección de canciones. En 'Try anything once', mi primer álbum en solitario, la segunda cara era un único tema y, aunque no sonó en la radio, se hizo bastante popular. Hoy en día prefiero ser más precavido en ese aspecto".

La precaución es comprensible. Parsons siempre ha estado en el filo de la navaja arriesgándose en nuevas empresas y la mayoría de las veces se ha caído. La última vez fue cuando planteó un nuevo concepto de producto para entregar al público. En "On air" añadía al disco musical otro que era un CD ROM. "No lo repetiría porque no tengo dinero "--dice--". Hacer eso supone doblar el coste del álbum y, económicamente, la aventura no salió bien. Yo corrí con los gastos de la producción y la compañía se vio obligada a comercializar un álbum doble en lugar de uno sencillo. Al final, el único beneficiado era el público y éste no compró tantos discos como para que la experiencia resultara rentable". A principios de los ochenta, en pleno auge del Project, Parsons montó una compañía de vídeo: "Fue en el 81 o en el 82. Estaba basada en Abbey Road y se fundó cuando la MTV hizo explotar el negocio de los vídeos musicales. Me planteé 'si soy productor de sonido, ¿por qué no serlo de imagen?'. Pero cometí errores a la hora de comprar equipos y todo salió mal. Además, era un trabajo muy desagradecido, ya que apenas eres una línea de textos en la lista de créditos".

Entre otras actividades que se han añadido a su carrera musical Parsons ha realizado la serie de televisión "London calling" y ha desempeñado un importante papel en el desarrollo de la cadena europea de música por cable Music Box. Parsons ha sido también miembro de RuPro, la asociación británica de productores discográficos, ha sido vicepresidente de EMI Studios Group y se ha convertido en un experto conferenciante en lo referente al sonido y sus técnicas de emisión y grabación.

En su carrera tampoco podían estar ausentes las artes escénicas. Realizó la banda sonora de la película "Lady Halcón" y se involucró en el teatro aportando la música para "Freudiana". "En el teatro no fue nada positivo. Trabajar para el cine o el teatro es una cosa totalmente diferente a grabar un álbum "--señala--". Estoy acostumbrado a controlarlo todo y en 'Freudiana' terminé perdiendo el control ante el director de la obra y el director musical. Yo hacía música rock y ni la obra ni las salas de teatro están preparadas para eso; no pegaba en absoluto. Puede que, como músico, Andrew Lloyd Weber sea capaz de hacer esas cosas, o se le dé mejor, pero a mí no. Respecto a la banda sonora, descubrí que hacerlas es toda una ciencia. Tienes que elegir momentos para situar la música y el proceso es justo el contrario que el de un vídeoclip. En el clip adaptas la imagen a la música y en una banda sonora adaptas la música a la imagen. Es muy interesante y siento no haber tenido más oportunidades en ese terreno. A ver si con el tiempo trabajo con Spielberg", bromea. El caso es que la experiencia de "Freudiana", otro de sus batacazos, llevó a la muerte al Project después de once años trabajando codo a codo con Eric Woolfson. "Yo quería seguir en la música, pero tenía un juicio pendiente con los productores de la obra y no podía mantener económicamente el Project. Fue casi una cuestión de supervivencia", recuerda.

Después de aquello, Parsons desapareció de la escena discográfica por un período de seis años, justo los que pasaron entre "Gaudí", la última obra del Project, y "Try anything once", la primera firmada solamente por Alan Parsons. Para reaparecer sólo tenía que poner en la mesa sus credenciales, mucho más abultadas ahora que cuando sacó a la calle "Tales of mystery and imagination". "Ser ingeniero de sonido es desagradecido, aunque no en mi caso, ya que me hice un nombre gracias a eso. Hay veces que ni aparecen en los discos, si bien eso ha cambiado bastante desde que hice 'The dark side of the moon'. En aquella época cobraba treinta y cinco libras a la semana, pero para mí fue una gran ayuda. Si no hubiera sido ingeniero no habría sido productor y sin eso no habría tenido el Project. Fui de los primeros productores en hacer valer mi nombre, ya que, en mis discos, yo no toco. Sólo produzco la música", comenta.

La faceta de productor la tiene casi abandonada salvo en sus propios trabajos, donde siempre ha experimentado con la última tecnología de sonido. Ahora ese tema es casi habitual, sobre todo si miramos a la escena electrónica en la que día sí y día no están apareciendo sensacionales aparatos que hacen más llevadero el trabajo del compositor. "Me gusta mucho ese tipo de música, sobre todo la instrumental. Ahí hay más sustancia que en otros tipos de música moderna, como el rap o el hip hop. Me hace gracia "--añade--" que se hable de dance cuando la mayoría de esa música no está hecha para bailarla sino para escucharla, que es lo que puede hacer un hombre de cincuenta años como yo".

Entre todo lo que ha grabado, su primer álbum con el Project sigue siendo el que más satisfecho le dejó: "Siempre he sentido una conexión especial con aquel disco. Fue muy aventurero y rompió algunas reglas. Los productores no éramos artistas y para mí fue muy satisfactorio sacarlo y ser reconocido", recuerda. De entre los artistas con los que ha trabajado se queda con John Miles, ya que "hicimos 'Rebel' en tres semanas y consiguió dos éxitos enormes".

Previsiblemente se le podrá ver en España dentro de su nueva gira, aunque, a juzgar por los precedentes, ¿quién puede decir lo que hará este hombre en el nuevo milenio?

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