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Marilyn Manson vuelve por los derroteros del "Anticristo"
Noviembre del 2000

Crucificado

El maestro de la provocación ya tiene nuevo álbum en la calle. Esperado como agua de mayo por unos y decididamente olvidado por otros tras el cambio de orientación que ofreció en "Mechanical animals", Marilyn Manson retoma nuevos hábitos decidido, una vez más, a consolidarse como una de las imágenes más impactantes dentro del actual panorama del rock norteamericano.

Hay quien le ha colocado apelativos como "gurú", "reverendo" o "satanista". Otros, la mayoría, entienden que lo ofrecido por Marilyn Manson es una más de las formas de expresión resultantes dentro de la enorme maquinaria que maneja la industria de la música americana. Desde muy joven eligió jugar el papel de provocador y la rentabilidad que ha obtenido con ello ha sido fantástica: ya es conocido en todo el mundo y un dossier de prensa que abarcara lo publicado sobre él no cabría en el Madison Square Garden.

Recientemente ha publicado "Holy wood", un álbum que recupera la dinámica de "Antichrist superstar" y que vuelve a traer a la actualidad la parte más siniestra del personaje. Tras la aparición de aquel disco, en 1996, desconcertó a sus seguidores con "Mechanical animals" (98), un trabajo más cercano al glam de los setenta que al metal de los noventa dentro del cual Manson se ha convertido en una estrella. "Holy wood" es presentado como el último elemento de una trilogía que engloba a los dos álbumes anteriormente citados, si bien, básicamente, ese concepto puede entenderse más como un argumento de promoción que como una realidad comprobable. Antes de publicar lo que es hasta ahora su última obra se puso en la calle "The last tour on earth", álbum en directo que rompe por completo la linealidad de una supuesta trilogía pero que era documento evidente del gran éxito que este personaje había conseguido en su última gira.

Manson ha reconocido numerosas veces su pasión por la provocación y, en ese terreno, no hay nadie que se atreva a hacerle sombra. Desde el modo en el que llamó a su banda y a sus músicos (aunando siempre el nombre de una actriz con el de un asesino en serie) allá por 1989 hasta su aparición crucificado en la portada de su último álbum, cada una de sus actuaciones cara al público ha sido medida como si se tratara de una estudiada campaña de publicidad. Sus puestas en directo, sus maquillajes, sus vídeos, sus manifestaciones... todo ha colaborado para ir engrandeciendo la repercusión del personaje hasta un punto de lo más respetable. En Madrid, por ejemplo, una conocida tienda de discos abrió sus instalaciones a medianoche de un domingo para que Manson pudiera firmar los primeros ejemplares vendidos de "Holy wood". En esa ocasión el norteamericano juntó a su alrededor a más público que el que fue a ver sus primeros conciertos en España dentro de la gira que promocionó "Antichrist superstar". No hace mucho de aquello, pero, si en esa ocasión Manson era todavía un artista de culto, ahora es capaz de interesar a todos los medios de comunicación de este país y dejar fuera a un montón de ellos por falta de sitio.

Y es que, hoy en día, Manson es el personaje musical que mejor entiende lo que es dar espectáculo encima y debajo del escenario. Cuando toma vacaciones se lava la cara y desaparece, pero cuando retoma la actividad no hay escándalo con el que no se relacione. El hecho de que el año pasado algunos medios norteamericanos citaran a Manson como "inductor" de la tragedia de Denver en la que unos adolescentes armados causaron una masacre en su propia escuela sirve para medir hasta que punto este artista ha preocupado a las mentes biempensantes de su país.

Sus primeros escarceos con la música fueron en una banda de death metal llamada Satan on Fire, pero aquello apenas pasó de una aventura de juventud. Un par de años más tarde, en 1989, conoció a Trent Reznor al hacerle una entrevista para el fanzine del instituto en el que estudiaba y se quedó enamorado de él. De Reznor obtuvo un planteamiento musical que poco a poco iría madurando según iba mejorando y de los grandes artistas del espectáculo se quedó con su afilada mente para llegar a la gente. Las primeras puestas en escena de Marilyn Manson & the Spooky Kids ya ofrecían chicas crucificadas en el escenario y jaulas que causaban sombras lúgubres, si bien aquello no era más que una de las múltiples actividades que Brian Warner (verdadero nombre de nuestro protagonista) realizaba en base a promocionar su banda. El se encargaba de todo: desde el diseño de los carteles hasta la construcción del logotipo, desde la elección de vestuario hasta los trucos de iluminación...

Ya en sus primeras maquetas se podía apreciar también que sus tiros eran certeros. Provocar en un país en el que la pena de muerte es legal o en el que se conceden Oscars a los más destacados elementos del cine pornográfico es realmente difícil. Manson atacó por el lado más sutil: si hay algo que no les gusta a los estadounidenses, dentro de su curiosa hipocresía social, es que les toquen la familia o la religión. Lo primero es considerado el pilar del imperio más poderoso del mundo. Lo segundo, el mayor negocio.

Trent Reznor vio potencial en él y le ofreció su sello para publicar "Portrait of American fammily", el primer álbum oficial de Manson tras tres maquetas en las que el poderío musical de su banda no permitía augurar que estuviéramos ante nada genial. En directo, sin embargo, sus shows eran esperados por los más curiosos sabedores de que siempre pasaría alguna cosa en ellos. Cuando no se incendiaba la batería se soltaban pollos en el escenario y, cuando no, alguno de los músicos salía con la cabeza rota ante las embestidas de su frontman. Reznor llevó a Manson como telonero en algunas ocasiones, pero casi siempre el show de uno terminaba confundiéndose con el de otro. En 1994, a su paso por Salt Lake City, Manson apareció en el concierto de Nine Inch Niles y se puso a romper el libro de los mormones tirando las páginas al público. Pocos días antes, las autoridades de la ciudad le habían prohibido realizar su propio show dado que la ciudad es la capital de la iglesia mormona y las manifestaciones de Manson sobre la religión no habían gustado a nadie. Si el escándalo había sido considerable con la prohibición ya puedes imaginarte la repercusión que tuvo la actuación del artista en una ciudad en la que casi el ochenta por ciento de su población da un porcentaje de su sueldo para mantener a la iglesia.

Después de intentarlo repetidas veces, Manson consiguió entrar en la cárcel y eso le supuso una promoción extra que trajo consigo su primera gira como cabeza de cartel y un interés inusitado ante la publicación de su "Smells like children". A estas alturas ya se había convertido en un maestro del maquillaje, tenía preparado un show bestial y había dado con el espectáculo que le haría traspasar fronteras: se convertiría en el anticristo.

Podía parecer un tema manido, pero, llegando a tiempo al momento adecuado, siempre resulta. Con "Antichrist Superstar" Manson realizó un álbum que fue aplaudido por la crítica y que le permitió sacar su show fuera de Estados Unidos. El personaje llamó la atención sobremanera, máxime cuando en temas religiosos el viejo continente es más puritano todavía que el nuevo y hacía mucho tiempo que no pasaba por aquí un personaje tan peculiar como éste.

Ahora, cuatro años después de aquello, Manson adora Europa por cuanto ha conseguido aquí un público considerable, aunque todavía no ve al continente lo suficientemente interesante como para mudarse. "En Estados Unidos tienen más tabúes que aquí y el conflicto me inspira. Este año, por ejemplo, hay elecciones y eso me va a proporcionar una gran repercusión. Sé que me criticarán, pero, al fin y al cabo, quiero servir como especie de contrapeso para todo lo que esa sociedad significa", comentó en Madrid en una de las restringidas ruedas de prensa que concedió para promocionar "Holy wood".

En persona, Manson está bastante distante del animal escénico que es. Mantiene su particular imagen sin cejas y con abundante pintura, pero se expresa pausada y tranquilamente con intención de ser entendido. Su actitud ha cambiado considerablemente desde que viniera a presentar "Mechanical animals", ya que en aquella ocasión jugaba a ser un personaje diferente, más displicente y elitista. "Ahora no quiero ser el rey del glam. Lo que quiero con este disco es provocar el caos", afirma.

Escuchando sus palabras, uno no duda de que este hombre sea un artista que juega el papel más interesante para su carrera en el momento que juzga adecuado. Si con "Antichrist superstar" todo lo relacionado con él tenía un aire lúgubre y con "Mechanical animals" pretendió rodearse de glamour, ahora juega la baza del desconsolado, del perseguido: "Me he sentido perseguido por todo lo que se ha dicho de mí a lo largo de estos años y eso lo he querido reflejar en este disco. En la portada, por ejemplo, aparece mi imagen crucificada y sin mandíbula, tratando de representar a un hombre al que se maltrata y al que se le rompe la boca para que no pueda expresarse. Parece que ahora no puedes decir nada porque la sociedad norteamericana siempre necesita un chivo expiatorio para sus pecados y siempre lo busca en el mundo del espectáculo. He pensado mucho en eso. Es curioso como todo el mundo de la religión olvida lo que el crucifijo supone como una imagen de violencia. Siempre están afirmado que la violencia está en la televisión o en los vídeojuegos y no quieren mirar a la cruz que tienen encima de su cama".

En el álbum, antes de abrirlo, se pueden apreciar algunos de los trucos que Manson utiliza en sus discursos para conseguir atención. La portada, por ejemplo, aparte de su propia imagen, incluye también un fragmento del documento oficial en el que se transcribió la autopsia de JFK, lo que deja caer, una vez más, el concepto de violencia. Al mismo tiempo, el título supone un juego de palabras en el que se hace alusión al mundo del espectáculo pero en el que se cae una "L" del nombre de la famosa localidad angelina conocida como la meca del cine. "Hace alusión a la madera de un modo un poco histórico, desde el árbol del conocimiento hasta el sacrificio de Cristo. Su cruz también era de madera". "Holy wood" quiere decir "madera sagrada".

La trilogía de la que "Holy wood" supone el cierre resulta un tanto complicada de entender por cuanto está contada al revés. El hecho entra de lleno en la moda norteamericana que se ha dado en llamar "premake". Ahora muchos directores de cine se niegan a grabar la secuela de una película y prefieren hacer otra que cuente una historia anterior a lo ya contado. El fenómeno surgió a cuenta de la curiosa manera de estrenar la primera parte de "La guerra de las galaxias", dos décadas después de que todo el mundo viera el cuarto capítulo y cuando aún no han visto la luz ni el segundo ni el tercero. "La historia es muy autobiográfica "--comenta Manson--". La empecé contando en 'Antichrist superstar', pero allí hablaba de lo que quería llegar a ser sin haber reflejado todavía el porqué ni el cómo. La historia es la de un joven idealista que desea un mundo perfecto pero que no encaja en ningún sitio. Con el tiempo se da cuenta de que todo lo que consideraba como perfecto es, precisamente, lo que le está jodiendo y, por ese motivo, se plantea una revolución que es lo que contaba 'Mechanical animals'. La resolución de la historia es lo que cuenta 'Antichrist superstar', mientras que el principio aparece en 'Holy wood'. El mito de Zaratustra me inspiró mucho a la hora de escribir el primer álbum".

Respecto a la parte meramente musical del disco, el cantante afirma que "en el anterior no tenía necesidad de experimentar lo que sí necesito ahora. Por eso no era tan duro. Atendiendo a los tres álbumes de la trilogía, creo que 'Antichrist' tenía mucha energía, pero carecía de emoción y sentimiento. 'Mechanical animals' tenía precisamente eso, pero no aportaba ni rabia ni contundencia. Ahora he juntado las dos cosas". Manson comenta que las ideas primigenias para grabar el disco se fueron hasta casi cien patrones diferentes, aunque solamente treinta de ellos terminaron cogiendo forma de canción. Finalmente, el disco cuenta con veinte temas divididos en cuatro partes de forma similar a lo que se ofreció en el "Antichrist".

La estética del álbum recuerda también a la primera entrega de la trilogía antes que al ejercicio glammy de "Mechanical animals", pero no por ello se deja de lado la ambigüedad que ha caracterizado al personaje a lo largo de su carrera. "Me gusta representarme así, ya que todos tenemos un aspecto femenino además del masculino, aunque haya gente que no lo reconozca", comentaba Manson a este respecto. También habló de su relación con las drogas admitiendo que, aunque le gusta experimentar con ellas a la hora de componer, la música no ha tenido apenas papel en la creación del nuevo disco.

Una de las peculiaridades que ha aportado "Holy wood" es que los fans han podido ir conociendo las canciones poco a poco dado que Manson publicaba semanalmente en Internet fragmentos de algunos temas. El hecho no es, según él, ni un modo de promoción ni una encuesta para recibir la opinión de sus seguidores. "Lo lógico es que todas las canciones acaben en Napster "--comentó haciendo alusión al polémico site de Internet que facilita el intercambio de piezas musicales entre los usuarios--", por lo que prefiero ponerlas yo directamente en vez de que lo hagan los extraños".

Por último, antes de coger el avión que le llevaría a su siguiente parada promocional, Manson atendió a dos preguntas que le dibujan bastante bien. En una de ellas se le sugirió que, dada su defensa de la provocación ante lo que considera un mundo imperfecto, probablemente él no sería artista en una sociedad sin defectos. "No lo sería "--contesto--", pero un mundo perfecto sería muy aburrido". Por último, también hizo alusión a los comentarios sobre su relación con el satanismo, tópico tremendamente utilizado en el mundo de la música pop: "Toda la música y todo el arte es diabólico porque es un desafío en la manera de ver las cosas. Luego depende de ti lo que consideras bueno o malo dentro de lo diabólico".

E.P.

Marilyn Manson. "Holy wood". Interscope

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