Pag.Ppal. Artículos Discos Crítica Agenda Directorio Foros Anuncios Contacto

Indice

Marc Jordan se redescubre como un fantástico vocalista de jazz
Mayo del 2000

Los hombres también lloran

Es el álbum de jazz de este mes. Y quién sabe si el del año. El vocalista y compositor Marc Jordan ha dado un giro de ciento ochenta grados y se ha mostrado al público en una faceta en la que gana enteros y en la que ha cuajado una obra soberbia.

Mi chica se ha ido. No sé si ha quedado con sus amigas o tenía alguna de sus clases de inglés. Aún no ha bajado el sol y veo, desde la ventana de mi salón, sus últimos reflejos en la fachada de enfrente. En ella, una chica negra está asomada a la ventana con el rostro apoyado en sus manos y con la mirada perdida allá donde yo no llegó a ver. Dejo de mirar y cojo otra vez el compacto que se ha afincado en la pequeña mesa que sirve para todo y en la que conviven el teléfono, los restos de la última copa y unas anotaciones que ahora soy incapaz de entender. Saco el disco de su caja y vuelvo a colocarlo en el reproductor. No sé cuántas veces lo he puesto ya, pero es que, simplemente, me encanta. Pocas veces encuentro un álbum que me toca tanto la fibra. Empieza a sonar "Charlie Parker loves me" y me derrito. En ese momento pienso si todo el mundo haría lo mismo que yo cuando escuchara esta canción, pero enseguida la idea se me va de la cabeza: "¿Cómo va a poner la radio una canción de un disco de jazz?".

Sigue sonando el álbum y sigue cayendo el sol. La esencia de ese piano juguetea con el sonido del hielo al caer en el vaso y la voz de Marc Jordan acaricia todo lo que toca en su paseo por todo lo largo y ancho que es la habitación. Nunca pensé que este tipo hiciera un disco así. Todo lo que conocía de él podía ubicarlo en el terreno del pop. Pop adulto y americano, cierto, un estilo que siempre tiene cierto toque jazzy... pero no era esto. "Slow bombing the world" cuenta con la ayuda de esos vientos que te hacen reubicarte cada cierto tiempo, esos saxos que tiran de abajo y que no terminan de romper dejándote el cuerpo con una tensión que te dobla.

Todos son baladas... y baladas preciosas. No recuerdo la última vez que un disco tan triste, o tan melancólico, me llegara tanto. No sé si es cuestión de sensibilidad, pero parece, viviendo en un sitio urbano y estando acostumbrado a trastear por las noches, que la música melódica te cuesta más entenderla. Este álbum, sin embargo, lo cogí enseguida y pienso que algo de culpa tendrá él, que no puede afectar tanto la situación en la que estés o tu ritmo de vida para apreciar un disco hasta este punto. Además, se supone que con la cantidad de discos que escucho al cabo del mes, de vez en cuando debería de tocarme alguno como éste.

Pero no. No es posible. Porque discos como éste no salen todos los días, ni suenan así, ni aportan tanto, ni llegan como si fueran puñales encendidos. Cuando suena "I must have left my heart" me da la sensación de estar en un garito neoyorquino, con un vaso de whisky de ésos que ponen ellos y con un tipo al fondo del local cantando ante veinticinco personas con la armónica de Toots Thielemans sonando de acompañamiento. Es deliciosa, sencillamente enorme. Tiene el feeling de esas piezas indelebles, de las que se quedan contigo para muchos años.

Dentro de un rato tengo que ir a ver a Jordan a un hotel del centro. Es de esas entrevistas que haces por gusto, ya que si pienso cuánta gente de la que lee esto conoce a este hombre no se me ocurren más que tres o cuatro personas. Jordan, neoyorquino de nacimiento y canadiense de adopción, nunca ha tenido suerte en este país. Aquí salieron sus discos con la Warner sin que nadie los hiciera caso y, de vez en cuando, algún francotirador que se encarga de importar a sellos independientes americanos también ha trabajado con alguno de sus álbumes. Mientras suena "Let's get lost" acabo la copa y voy recogiendo mis cosas llenándome los bolsillos: el tabaco, los bolis, las llaves... Lamento no tener una cinta del disco hecha en cassette para poder ir escuchándola mientras voy en el autobús. "Bueno "--pienso--"; siempre está bien quedarte con el deseo encima".

Jordan llega tarde, pero no excesivamente. Ha cogido el típico embotellamiento madrileño del que nadie sabe muy bien la causa. Viste con una sudadera deportiva y sigue llevando el pelo como si nunca hubiese visto un peine. Viene acompañado por una chica de la compañía americana y por una intérprete que supone siempre la salvación para mí y que hace el medio trabajo de la entrevista que supone decirle al artista lo que yo le pregunto y decirme a mí lo que él me responde. El no quiere tomar nada y yo me sirvo un agua mineral. Lo primero que ha hecho al llegar al hotel es pedir un plano de Madrid, ya que, por lo que parece, quiere aprovechar su visita.

-- "This is how men cray" es el primer disco que haces para la Blue Note, un sello caracterizadamente jazzy. Eso parece haber influido en tu orientación artística...

-- "Este álbum es menos pop y más jazz. Sobre todo, tiene una música que es, para mí, muy agradable de cantar. Es de ésa que me encantaría hacer en clubs pequeños, algo que hace mucho tiempo que no hago".

-- ¿Por qué ese giro al jazz?

-- "Tampoco lo sé con seguridad. El jazz siempre me ha gustado, desde pequeño, y siempre que canto aporto a mis interpretaciones cierto toque jazzy. Me apetecía hacerlo y he podido".

-- En el álbum hay tres versiones. El "Crazy" de Willie Nelson, "Let it be me" de Gilbert Becaud que popularizaran los Everly Brothers y el "Almost blue" de Elvis Costello. Parece extraña, a priori, su inclusión en un disco de jazz.

-- "Quería incluir algo en el álbum que no fuera mío, pero, cuando buscamos en el repertorio de Blue Note, no encontré nada que me satisficiese. Sin embargo, sí vi viejas canciones country que pensé que podían interpretarse en estilo de jazz. Fue así como elegí 'Crazy' y 'Let it be me'. La canción de Costello sí se había hecho para tocarla en clave de jazz; me encantó la primera vez que la oí".

-- El aire de todo el disco resulta un poco tristón o, cuanto menos, melancólico. ¿Por qué?

-- "Casi todos vivimos de una forma solitaria, aunque estemos rodeados de gente todo el tiempo, y en cada uno de nosotros hay partes que la gente nunca llega a rozar. Sobre todo en los hombres. Creo que esta soledad viene dada porque no terminamos de ofrecer a la gente lo que de verdad es nuestro paisaje interior. De eso va el disco".

-- Tanto su título, "Así es como lloran los hombres", como la portada, en la que aparece una fotografía de un combate de boxeo, parecen tener algún significado...

-- "El boxeo es una especie de metáfora. Muchas veces tenemos dificultades para expresar nuestras sensaciones, nos aislamos y generamos soledad. La foto de los boxeadores es la imagen de la soledad, ya que cada uno está completamente sólo aunque tenga multitud de personas a su alrededor. Creo que estaría muy bien que ampliáramos nuestro grado de relación con la gente, que abandonáramos ese aislamiento. Es, como te decía antes, un problema que afecta más a los hombres que a las mujeres. Deberíamos fijarnos más en ellas".

Ha necesitado cincuenta y dos años para hacer un disco como "This is how men cry", pero ése no es su primer contacto con la belleza. Jordan es un afamado compositor que cuenta con grandes éxitos en boca de otros intérpretes. Nació en Nueva York, pero a los dos años se había mudado, con toda su familia, a Toronto, una ciudad desde la que, en autobús, puedes llegar enseguida a las cataratas del Niágara. Su padre trabajaba en la radio y cantaba, pero, sobre todo, tenía una enorme colección de discos y eso le llevó a escuchar, desde muy pequeño, a los más grandes.

-- Creo que fue Dylan uno de los artistas que más te influyó cuando empezaste a conocer la música...

-- "Sin duda, pero también citaría a otros. Hablando de pop, por ejemplo, no podría evitar a los Beatles. Hubo otra gente, como Joni Mitchell o Van Morrison, que también me influyeron mucho".

-- Sin embargo, empezaste a estudiar cine en lugar de algo relacionado con la música. ¿Llegaste a algo por ese lado?

-- "A nada. Abandoné los estudios en dos años. Mis amigos estaban dentro de la música y, cuando ellos se iban a tocar y yo a estudiar, echaba mucho de menos ese ambiente. Dejé todo lo relacionado con el cine y a partir de aquel momento decidí que sólo me dedicaría a la música".

-- Formaste Churl y empezaste a vivir lo que eran las giras. ¿No es así?

-- "Bueno... Tocamos por Canadá y por el norte de Estados Unidos. Eramos un grupo de locales pequeños y versiones y no puedo decir que hiciéramos nada importante. A mí me sirvió mucho como experiencia de vida y para mejorar con la guitarra".

-- Luego llegó el contrato con la CBS canadiense...

-- "Me oyeron cantar en uno de los bares donde tocábamos y me propusieron un contrato. Grabé unos singles con ellos, pero enseguida me di cuenta de que, si quería hacer algo, tenía que ir a Estados Unidos".

-- ¿Cómo surgió tu contrato con la Warner?

-- "Estando aún en la CBS fuimos a Nueva York. Allí conocí a Phil Ramone y enseguida quise que fuera mi productor. La CBS me dijo que lo olvidara, por lo que aproveché la situación y resolví mi contrato con ellos. Entonces contacté con la CBC y grabé algunas maquetas que mandé a Los Angeles. Les gustaron y apareció el contrato".

-- ¿Cuál dirías que fue el resultado de "Mannequin", tu primer álbum?

-- "No quedé muy satisfecho con él. Lo produjo Gary Katz y me hizo sonar casi a Steely Dan. Yo quería sonar más un tipo James Taylor".

-- Creo que en ese álbum también tuvo algo de responsabilidad Donald Fagen...

-- "Sí, pero a nivel de arreglos. También tocó algo, pero no produjo".

-- Tanto "Mannequin" como "Blue desert" los grabaste en Los Angeles. ¿Te gustó aquella ciudad?

-- "Trabajar allí sí me gustó. Hay mucha actividad, mucho ambiente, muchos músicos. Lo que no me gustó fue la ciudad en sí. Prefiero sitios como Nueva York o algunas ciudades europeas. No puede decir que sea un tipo especialmente playero".

Sigue viviendo en Toronto y sus apariciones por Europa son de lo más esporádicas. De vez en cuando se descuelga tocando en sitios como Francia, Dinamarca, Suecia, Noruega... Tiene fans en todos lados, aunque es incapaz de decir una cifra sobre ellos o sobre las ventas de sus discos.

-- Tú también has hecho cosas para el cine, como los scores para "Youngblood", "Heavy metal", "Like father, like son", e incluso creo recordar que trabajaste para "The canadian conspiracy", una especie de documental. ¿Cómo es eso de escribir para películas ya hechas?

-- "Ugh... Es muy técnico, muy rígido y muy matemático. No es nada gratificante, por lo menos para mí. Prefiero componer canciones".

-- Hablando de eso... Aparte de tu carrera discográfica tienes un inmenso cartel como compositor para otros artistas. ¿Qué sientes cuando escuchas tus canciones en boca de otros?

-- "Quien compone siempre aporta algo a las canciones en el momento en que las canta y, desde ese punto de vista, me gustan más cuando las canto yo. De todos modos, tengo que admitir que he tenido mucha suerte con la gente que ha interpretado mis canciones. Nunca me ha molestado mucho nada de lo que hayan hecho con ellas. Otros compositores, sin embargo, han sufrido muchísimo por eso".

-- ¿Con cuál de las canciones tuyas que han cantado otros te quedarías?

-- "Creo que elegiría el 'Two different word' que hizo Kenny Loggins y el 'Rhythm of my heart' de Rod Stewart".

-- Hablando de tu carrera en solitario nos habíamos quedado en un momento un tanto singular. "Talking through pictures" y "C.O.W. (Conserve our world)" tenían un mayor contenido social que los anteriores. ¿Por qué?

-- "Cuando estuve un tiempo en Los Angeles aprecié la contaminación y el destrozo espeluznante que podemos llegar a hacer con la naturaleza. Poco a poco comencé a involucrarme con Echo, una organización ecologista, y a tomar partido por ciertas actitudes. Creo que eso se ve mejor en 'C.O.W.' que en el otro álbum".

-- Tu siguiente obra tiene dos referentes importantes: empezaste a trabajar con Steve MacKinnon y fuiste padre ¿Cómo afectaron ambas cosas al nacimiento de "Reckless Valentine"?

-- "Steve es un gran músico y un buen amigo. Es canadiense y, por tanto, no reacciona a las cosas como los productores estadounidenses. El se centra más en lo artístico y menos en el aspecto político que suponen las relaciones dentro de una compañía. Me hizo plantearme muchas cosas en mi carrera, al igual que mi paternidad. Ahora tengo dos críos (una chica de nueve años y un chaval de seis) y cuando vinieron me hicieron replantearme mi manera de ver las cosas. Antes nunca me había planteado el futuro, por ejemplo, o cómo tenemos que cuidar y preparar las cosas que nos rodean para que sean válidas para quienes vienen detrás de nosotros. Hay emociones que tienen puertas que sólo pueden abrir los niños. Son sensaciones y sentimientos que no sabía que existían y que también me afectaron a la hora de escribir".

Hablamos también de sus otros dos discos: "Cool jam black earth" ("es más pop que el anterior. No me quedó bien porque pensé demasiado en la radio a la hora de componer") y "Live: Now & then" ("un directo en el que recojo algunas interpretaciones hechas en festivales de folk desde el año 80"). Y, mientras va pasando el tiempo, aprecio la serenidad de este hombre que no parece tener hambre de nada. Un rato más tarde, cuando Juan Luis Vela quiere hacerle unas fotos, él se muestra disconforme con un montón de ellas. Da la impresión de que no quiere dar ninguna imagen que no sea la de un personaje vulgar y corriente.

-- ¿Cómo crees que puede ser entendida tu música en España?

-- "No tengo ni idea. Supongo que el tema del idioma siempre puede ser un inconveniente, pero yo me lo planteo como si mi disco fuera una película sin sonido. Si la película es buena puedes llegar a entenderla y pienso que puede pasar lo mismo con 'This is how men cry'. La música y la melodía son suficientes como para apreciarlo aunque no se entiendan los textos".

-- ¿Se te podrá ver en directo pronto?

-- "Estamos en ello, pero es algo que no depende sólo de mí. Me gustaría venir antes de que acabase el verano".

-- Una cosa antes de terminar. Ultimamente hay numerosos artistas canadienses que están triunfando a nivel internacional. ¿Por qué crees que sucede esto?

-- "Creo que sería más acertado referirse a 'las' canadienses. Supongo que tiene que ver con el contenido de las canciones, ya que son extraordinarias. Los canadienses son más cultos que sus vecinos de Estados Unidos y tienen la suerte de tener debajo de ellos al mayor mercado del mundo. En Canadá somos treinta y seis millones de personas y la mayoría vivimos al lado de la frontera porque más arriba hace un frío enorme. No es raro, por tanto, que crucen la línea y que sean apreciadas por el público".

E.P.

Marc Jordan. "This is how men cry". Blue Note 7243520419

Arriba

Indice