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Lejos de perjudicar, Internet está favoreciendo las expectativas del mercado musical
Diciembre del 2000

El futuro aún no está aquí

El año pasado dedicábamos un buen número de páginas al fenómeno de Internet. La red se dibujaba entonces como un nuevo entorno sobre el que el mercado de la música podía crecer o hundirse. Hoy todo está más claro. En el último seminario sobre el tema organizado por la SGAE los mayores expertos del campo coincidieron en que, de momento, Internet está favoreciendo la difusión de la música pero no está afectando negativamente al mercado tradicional que se apoya en el soporte del compact disc.

Si quieres enterarte de lo que piensa la industria con respecto a lo que tiene que venir nada mejor que asistir a uno de estos seminarios que se organizan periódicamente. La SGAE podrá tener muchos defectos, pero algo que no se le puede achacar nunca es que se muestre despistada cara a los medios que van a influir en un futuro de la economía de sus socios. En base a ello, la sociedad de gestión organizó a finales de octubre una serie de conferencias y mesas redondas en las que numerosos expertos de aquí y de fuera pasaban revista a lo que puede influir Internet en el mercado actual de la música. Se analizaron los resultados actuales y las expectativas futuras, la influencia del nuevo medio en las costumbres del consumidor y en las de los vendedores, las cifras de mercado y las previsiones... todo lo que se puede mirar hoy en día en relación a la red de redes y a su influencia en el futuro de la música.

Las conclusiones más espeluznantes después de tres días de charlas y diapositivas señalaron que, en España, todo esto es aún una entelequia. El auge que ha tenido en estos últimos años el comercio electrónico apenas ha afectado a las ventas de discos y los portales que han soltado más cuartos para meterse en el mercado han demostrado, hasta el momento, ser verdaderos infantes en el terreno. Los argumentos y expectativas ofrecidos por los representantes de Terra o Inicia quedaron ridiculizados ante las charlas de personajes internacionales verdaderamente especializados en las nuevas tecnologías. Ante eso, más valía prestar atención al dibujo del futuro que nos ofrecían los invitados foráneos que a la mirada de ombligo que expresaban los mayores medios de comunicación de este país que han entrado en Internet, sobre todo, para "posicionarse en el mercado" sin tener una idea clara de cuál es el mercado ni cuál es su posición ante él.

La cuestión primordial: ¿existe negocio en Internet? Y, sobre todo, ¿existe negocio para el mundo de la música? Hay algunos datos que señalan que la música se presenta como uno de los valores más altos y con mayor proyección a la hora de sacarle partido a la red. Desde hace un buen montón de meses la palabra "música" es la más utilizada en los buscadores y las páginas más visitadas dentro de la telaraña son las relacionadas con este arte. Otra cosa diferente es que se haya encontrado hoy por hoy una forma para hacer dinero con todo ello. La mayoría de la gente que busca música en Internet se decanta por las descargas gratuitas en lugar de por la compra de productos o por las escuchas previo pago. Eso, en la visión de las mentes lúcidas del asunto, no augura que, de momento, la venta por Internet vaya a ser un gran negocio, pero sí consolida la idea de que la red se va configurando como un elemento de promoción que no puede desperdiciarse.

En un principio, casi todas las compañías discográficas sienten pavor al ver como sus grabaciones corren por la red con una impunidad absoluta. Te puedes conectar a cualquier site de Internet y descargarte canciones de multitud de artistas sin que te suponga ningún gasto. Obviamente, eso no supone tampoco ningún ingreso a los dueños de las canciones ni a los propietarios de la grabación y, a la vista de las empresas, el hecho puede suponer una pérdida considerable de ingresos.

Con todo, dicha apreciación parece no responder a la realidad. Los números señalan que, si bien cada día se descarga más música de la red, el hecho no afecta al mercado tradicional de la venta de compactos y que, si lo hace, es en buen plan.

El ejemplo perfecto es Napster, la palabra mágica que indicará, en poco tiempo, por donde pueden ir los próximos tiros. Napster es un site de Internet que favorece el intercambio de archivos entre sus usuarios. Cada uno de los visitantes de Napster pone su archivo discográfico al alcance de los demás y, de ese modo, si tú te conectas a su página, puedes descargarte todo lo que esté comunicado con ella. Napster ha llegado a tener hasta cincuenta millones de usuarios y ha favorecido las descargas gratuitas de ¡1.400 millones de canciones en tan sólo un mes! Estas cifras, aparte de ser bestiales, asustan a cualquiera, sobre todo cuando confía su subsistencia a la venta de discos.

La industria discográfica en pleno ha llenado las oficinas de Napster de denuncias, pero el site se ha defendido en los tribunales argumentando que ellos no hacen nada que pueda considerarse ilegal. Ante la primera sentencia jurídica en la que salían mal parados, Napster presentó recurso y éste fue aceptado, con lo que, de momento, todo queda en suspenso hasta que los tribunales de Estados Unidos aclaren finalmente dónde llega la culpabilidad del invento y dónde su actuación legal.

Lo más gracioso es que el mercado estadounidense, aquél en que Napster ha calado más, no sólo no ha visto decrecer sus ventas de discos, sino que las ha visto aumentar. A la vista de ello, muchos expertos señalan que sitios como Napster se han convertido en un elemento de promoción impresionante. Muchas de las descargas intercambiadas por los usuarios respondían a canciones que estaban fuera de catálogo y el descubrimiento de artistas por medio de esta página ha facilitado que chavales jóvenes que han escuchado por primera vez un disco se hayan decantado finalmente por ir a la tienda y comprarlo.

Cifras como las que ha ofrecido este site en sólo un año de funcionamiento masivo han hecho pensar a más de uno y casi todos los asistentes al seminario organizado por la SGAE coincidieron en un hecho: Napster utiliza prácticas ilegales, pero ha dado una lección a la industria de la música que no puede ni debe olvidarse (ver recuadro).

El tiempo (y los jueces) dirán si lo que hace Napster es ilegal, pero lo verdaderamente importante es la segunda parte: en Estados Unidos se han vendido más discos a pesar de todo y sitios como el citado han puesto en manos del usuario la toma de decisiones.

Este hecho es la premisa más importante a tener en cuenta. Durante mucho tiempo, la industria discográfica ha pasado olímpicamente de los gustos de la gente y ha impuesto en el mercado productos que no premiaban ni la calidad ni el talento. Discos emblemáticos han dejado de aparecer en las tiendas y actuaciones de marketing han dirigido los contenidos de los medios hacia nuevos lanzamientos que, en muchos casos, pisoteaban literalmente a producciones con menos presupuesto y con nulas oportunidades de ser conocidos. Napster ha invertido esa tendencia: en un sistema como el suyo es el usuario el que decide lo que quiere escuchar y deja en un segundo plano los bombardeos comerciales o los programas masivos de radio. Sitios de este tipo favorecen al amante de la música, al buscador de curiosidades y quien no se conforma con lo que se le ofrece con el único argumento de la novedad.

Teniendo en cuenta los resultados de páginas como Napster es lógico que hayan aparecido en el mercado sites parecidos que intentan legalizar la situación, páginas desde las que puedes descargarte música pagando y teniendo la seguridad de que los artistas, autores y productores van a percibir su parte del pastel. Han nacido, de este modo, servicios de suscripción en los que, por un pago mensual, puedes descargarte toda la música que quieras de una manera lícita. Han aparecido, igualmente, servicios en los que los ficheros musicales se sirven encriptados de modo que no pueda escucharles sino quien haya pagado por ellos.

Todas las ideas que surgen alrededor de este tipo de comercialización están todavía en mantillas dado que generan problemas logísticos que no siempre quieren ser resueltos por todas las partes implicadas.

Pongamos un caso: Jim Bottoms, director general de Understanding and Solutions, contó la anécdota de uno de sus clientes de cara al nuevo mercado. Understanding and Solutions es una empresa de consultoría que trabaja habitualmente para las grandes compañías discográficas y una de ellas les solicitó hace unos años un estudio de lo que la gente podría llegar a pagar por descargarse música en Internet. Bottoms contaba que su cliente pensaba en encarecer la música porque veía la descarga como una comodidad añadida para el oyente. Quería, en suma, cobrar más porque te bajaras un disco a tu ordenador que por comprarlo en la tienda. Understanding and Solutions salió a la calle, hizo sus encuestas y sus estudios y enseguida se dio cuenta que el público tenía un punto de vista totalmente opuesto al de su cliente: descargarse música de la red habría de ser muchísimo más barato que comprarla sobre soporte porque implicaba que el oyente tuviera que conectarse, disponer de equipo informático, grabárselo después en un CD ROM si quisiera hacer la música portátil e imprimirse la portada y los créditos. La dos posturas quedaban, por tanto, totalmente alejadas sin posibilidad de acuerdo.

Otro ejemplo: Robert Kohn es, entre otras muchas cosas, el presidente del consejo de dirección de Emusic. Emusic vende música online llegando a acuerdos con diferentes sellos discográficos que ponen su catálogo a disposición de este site de Internet. Cuando te conectas a Emusic puedes descargarte una canción previo pago o apuntarte a una lista de suscripción que te permite bajar todo lo que quieras a cuenta de una cuota mensual. El sistema, en principio, parece fabuloso, pero tiene un agujero que aún no se ha solucionado: las sociedades recaudadoras de derechos de autor cobran, en estos casos, una cantidad fija para sus socios en lugar de un porcentaje sobre la venta de sus obras; y eso, a la larga, es insoportable para un sistema de suscripciones.

Un problema parecido tiene Vitaminic, empresa líder en este aspecto en el territorio europeo. Vitaminic necesita negociar, país por país, las cuotas a abonar en concepto de derechos de autor por la descarga de las obras almacenadas en sus servidores. Mientras que algunas sociedades se muestran comprensivas ante estas nuevas formas de venta otras piden unas cantidades imposibles de satisfacer por la empresa.

Ambos ejemplos demuestran que, en principio, la mayoría de los implicados quieren tener parte del pastel sin que éste se haya cocinado y eso pone serias dificultades a la hora de poner en marcha nuevos negocios en la red. Compañías y autores no parecen demasiado dispuestas a investigar y, de momento, prefieren que otros corran con los gastos de inventarse nuevas formas de mercado. Curiosamente, quienes tienen que inventarlo ven imposible ponerlo en marcha si no disponen de nada que vender.

El hecho de no llegar a acuerdos concretos no es el único problema. Otro tan importante como aquél es el establecimiento de la banda ancha que permita que la música dance en Internet con una velocidad razonable. Ahora mismo, descargar un álbum de la red puede suponer un dolor de cabeza si no tienes una conexión de alta velocidad, y eso, en la mayor parte de Europa, es una utopía de ciencia ficción. En España puedes disponer de conexiones de RSDI y ADSL que permiten acelerar el tráfico por Internet y estar continuamente enganchado con una tarifa plana, aunque, si no vives en una gran capital, tus posibilidades de disponer de ese tipo de servicios es prácticamente nula.

El audio (y el vídeo en el futuro) necesitan de banda ancha para tener cierta fiabilidad y, de momento, las compañías europeas de comunicaciones ven el establecimiento de la misma a muy largo plazo. Eso obliga a que, en la actualidad, para enviar y recibir ficheros musicales sin tener que dormir delante del ordenador, las compresiones que se utilizan degeneren bastante la calidad de la música. Un fichero MP3 estándar tiene una buena calidad de sonido, pero, de momento, no es ni parecida a la que ofrece un CD. Al mismo tiempo, ya se vislumbran las posibilidades que puede aportar a la música el soporte del DVD audio, el cual lo primero que hará será agrandar aún más los ficheros musicales y, por tanto, perjudicar su posibilidad de transporte dentro de la red.

Ante esta dinámica se puede presumir que, en el futuro, habrá dos mercados diferentes para la venta de música. Es muy probable que, mientras que una parte de la audiencia no esté dispuesta a privarse de las ventajas del mejor sonido, otra no le dé tanta importancia a ello y se conforme con la compra de ficheros MP3. Ello apuntará a una segunda condición que habrá de tener en cuenta el nuevo mercado: habrá mucha gente que sólo compre canciones mientras que otra siga manteniendo la idea de que la unidad musical por naturaleza es el álbum. Muchos de los ponentes extranjeros del "Seminario internacional de la música y el audiovisual en Internet" apuntaron que el mercado del single tendrá un enorme repunte en los próximos años.

Más cosas. Dos sectores en los que Internet está dando ya perspectivas claras también afectan al mercado musical. Uno de ellos es el considerable interés que está despertando la radio dentro del nuevo medio. Sobre este particular ya hablamos en nuestro número de octubre, por lo que te remitimos a él si quieres más información. El otro es lo que se ha dado en llamar "portales verticales".

En Internet, como en casi todo lo que tenga que ver con la comunicación, la información generalista sólo vale a quienes no tienen un interés específico por nada en concreto. De ese modo, los portales dirigidos a "todo el mundo" son los primeros candidatos a ofrecer siempre información incompleta y nada novedosa, ya sea en el terreno de la cultura, el deporte, el arte o la actualidad. Este tipo de ofertas es algo parecido a la televisión gratuita: mucho programa que pasa por entretenimiento o por información pero ningún contenido concreto de calidad.

En base a eso se espera que, con el tiempo, los portales especializados alcancen un mayor auge y que su calidad vaya aumentando. En el caso de la música esto afectará especialmente a las ofertas que no vayan dirigidas al público masivo y que interesen más al aficionado exigente y fiel. La cantidad de páginas personales con las que los artistas inundan la red será un maremágnum a ordenar si queremos que el aficionado esté informado día a día y eso pasará por optimizar la información especializada.

En Estados Unidos los portales especializados en música tienen ya un nivel considerable. En muchos de ellos cuentas con una hemeroteca de gran calado, biografías y fichas de artistas de todo tipo, selección de prensa especializada, conexiones en directo con los puntos calientes de la actualidad, retransmisiones de conciertos, posibilidades de escuchas anticipadas, chats con los músicos, acceso a consultas de bases de datos... un universo que sí añade valor a lo que el portal haya elegido como fórmula de negocio, ya sea éste la venta de música o, simplemente, los ingresos por publicidad.

En España, sin embargo, todo esto está muy verde. Montar un portal tan sofisticado requiere un montón de trabajo y las empresas que lideran el sector de Internet son las mismas que siempre han despreciado la música en el resto de sus inversiones. De momento, casi todas las ofertas orientadas en este sentido surgen de aficionados que buscan su nicho y que se mueven, en este momento, por su deseo de dar a conocer cosas a gente que tiene sus mismas pasiones. Del mismo modo, numerosas revistas o programas de radio hacen sus pinitos aunque se limiten, por problemas económicos, a mantener una línea informativa actualizada sin aportar ningún otro tipo de valor añadido a sus páginas.

¿Conclusiones? Pues... unas cuantas. La primera de ellas es que mientras que nuestras compañías telefónicas no se pongan las pilas todo esto irá a un ritmo más lento al que ha crecido hasta ahora, lo que, puestos a pensar, no es malo. Fernando Pardo, presidente de la Asociación Española de Comercio Electrónico, auguraba que las mayores inversiones capitalistas en la red sufrirán un parón a partir de la próxima primavera, por lo que, a lo mejor, cuando llegue una nueva fiebre inversora en el nuevo medio ya existen en España buenos proyectos y pueden consolidarse mejor con infraestructuras más modernas.

La segunda conclusión es que Internet en absoluto está dañando la música. El contenido que fluye por las redes está generando que una buena cantidad de gente joven se enganche a la música antes que a otras opciones de ocio y eso supone, a la larga, una buena base de consumidores. Eso sí: su conocimiento será mucho mayor que el de la base consumidora actual y será mucho más difícil colocarles cualquier cosa al precio de una obra maestra.

Para finalizar quedaría hablar de lo que se ha dado en llamar el "negocio híbrido", una conjunción económica en la que tan importante es la venta de soporte físico (compacto, DVD...) como el uso de las posibilidades que aporta la red. Este tipo de negocio habrá de ser considerado muy seriamente por los puntos de venta y por las mismas compañías discográficas, ya que la venta de soporte seguirá creciendo. Ante esta perspectiva, vuelve a tornarse fundamental la reordenación de los precios dado que, si estos continúan siendo abusivos, será más fácil que se popularice la descarga pese a que ésta sea ilegal.

Todo necesitará medirse y estudiarse, aunque, como era de suponer, el nuevo medio hará mucho más factible el que el aficionado escuche y compre más música.

E.P.


Bertelsmann y Napster se alían
El mundo se mueve

Dentro del "Seminario internacional de la música y el audiovisual en Internet", todos los representantes de la industria coincidían en una cosa: Napster realiza prácticas ilegales. Con todo, mientras que unos demonizaban sin paliativos el site de Internet, otros incidían en que había que tomar seria nota de sus logros.

El resultado no se hizo esperar. Mientras que en Madrid se discutía sobre el particular, en Estados Unidos Bertelsmann y Napster llegaban a un acuerdo concreto. Bertelsmann es la dueña de la discográfica BMG, una de las que ha firmado la denuncia que gran parte de las grandes compañías discográficas han presentado contra Napster. Pero, al mismo tiempo, no ha dudado en pactar con el mismo diablo, al que quería devolver al cielo. El pacto anunciado pasa porque la empresa de Internet favorezca un sistema de suscripción que permitiría a cualquier usuario descargarse el catálogo de las compañías de Bertelsmann por un pago mensual de 4,95 dólares. El sistema de software y logística que será necesario para que Napster pueda dar ese soporte será financiado con un crédito concedido por la propia Bertelsmann.

Si bien todavía quedan muchas cosas por aclarar sobre el acuerdo hay una que es tan obvia que se cae por su propio peso: Napster ha realizado una revolución en la industria ofreciendo servicio al usuario. Si eso no se hubiera producido, probablemente la industria discográfica seguiría sin hacer caso a un medio como Internet aun cuando continúe creciendo como la espuma. El acuerdo de Bertelsmann con Napster indica que Thomas Middelhoff, actual presidente de la primera, tiene las cosas algo más claras que sus competidores.

Ahora queda por ver cómo reaccionarán los compañeros de Bertelsmann en la denuncia presentada contra el site de Internet. Los dueños de BMG han anunciado que, en cuanto se ponga en marcha el servicio acordado, se retirarán de la denuncia común que han presentado junto a Sony, Warner, A&M, Geffen, Interscope, Atlantic, Island, Motown, Capitol, Elektra, Arista, Polygram, Virgin y otro buen montón de discográficas. La primera visión que se obtiene de esto es que el gigante ha empezado a caer y que, probablemente, todos terminarán dando las gracias a Napster por haberles puesto en el buen camino.

Muchos de los usuarios de la página no ven con buenos ojos el acuerdo. Para ellos, el hecho de que la música sea gratis es un principio irrenunciable y ya han anunciado en los foros de discusión de la red que buscarán servicios alternativas que se la faciliten. Ese parece ahora un problema menor por cuanto parece claro que la gente, mayoritariamente, está dispuesta a pagar por la música siempre que el precio sea razonable. Lo anunciado por Napster para su futuro parece de lo más razonable y un reciente estudio de mercado señalaba que más de la mitad de los usuarios del site estaban dispuestos a pagar hasta el triple por los servicios que recibían.

Lo mejor de todo es que, por fin, el mundo se mueve.

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