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"Línea de fuga" se convierte en el tercer álbum de unos concienciados Hechos contra el Decoro
Junio del 2000

Con la cabeza en su sitio

No son solamente uno de nuestros mejores grupos, sino uno de los colectivos más activos y atrayentes de los que muestran hoy en día una preocupación por los problemas sociales. Graban con una compañía vasca, tienen sus derechos editoriales compartidos con una multinacional y presentan su disco en un centro okupado. ¿Es normal?

No. No son un grupo normal. Ahora andan molestos porque la palabra "mestizaje" se haya puesto de moda y es, simplemente, porque ni son ni tienen intención de formar parte de una moda. "Es, como todo en la vida, una marca que se coloca desde arriba a lo que nace desde abajo, un estereotipo del que queremos salir. Se nos ha situado en un espacio en el que no nos identificamos", comentaban en la presentación de "Línea de fuga", su tercer trabajo discográfico. No se referían a la música, obviamente, dado que tanto el espíritu de sus canciones como el sentimiento humano de todos los componentes de Hechos contra el Decoro está decididamente implicado en la mezcla, en la fusión, en la inexistencia de fronteras culturales y en el hermanamiento de las personas por el solo hecho de haber nacido. El asunto es bien diferente; si algo revienta a este combo multicultural es encontrarse de repente en la captación que las grandes empresas hacen de todo para crear productos consumibles. "Nosotros mismos decíamos que nuestra música era un mestizaje cundo presentamos 'Rabiamuffin', pero, desde entonces, el término ha perdido su sentido por completo: ya sólo es una etiqueta. No tenemos ninguna intención de criticar a los grupos o artistas que quieran ubicarse ahí, desde luego, pero es un espacio en el que no queremos estar, ya que entendemos las cosas de una manera bien distinta. Es como cuando se habla de la 'tolerancia' o del 'buen rollito'; parecen acepciones que incitan a dejar las cosas como están, a verlas pasar sin hacerse mala sangre ni darlas importancia. Nosotros no vemos las cosas con tanta simpleza. Lo del mestizaje ha sido asumido como un fenómeno comercial aun antes de que la idea haya calado en la gente. No se ha tratado de que las grandes empresas hayan recogido una moda o un sentido que se viera entre la población, sino que, directamente, han convertido el término en una manera diferente de vender". 

Su indignación, expresada sin necesidad de elevar la voz, se palpa en un ejemplo demoledor: "Todo el mundo que habla del mestizaje en el plano musical se va siempre a Mano Negra, por ejemplo. A ese tipo de música. Nosotros preferimos referirnos a gente como los Clash. Ellos tenían una idea y un planteamiento del que estamos más cerca. La cuestión era que los Clash no fueron un grupo comercial y sí eran activos, por lo que es preferible olvidarse de ellos a la hora de vender una idea aceptable para cuanta más gente mejor". A Hechos contra el Decoro, probablemente, les encantaría que su música llegara a muchísima gente no por una ilusión comercial, sino a fin de que su idea sea escuchada y considerada. "Queremos recuperar el ocio, no el negocio. La música, como arte, tiene que tener un sentido más importante que la simple generación de ocio para producir dinero. A nosotros nos sirve para apoyar determinadas cosas con las que estamos de acuerdo. Una cosa es ser músico y vivir de ello, que es a lo que aspiramos, y otra muy diferente, inventarse algo que tenga que ver con la música y ponerle luego una cara, un cuerpo o un producto", comentan. "Mestizos" no es el único apelativo que les molesta. Hechos contra el Decoro se han convertido, queriéndolo o no, en uno de los máximos representantes de la música comprometida de este país. Desde que apareciera Rabiamuffin, en 1997, se podía apreciar claramente que no estábamos ante un grupo que unía su fusión musical a mensajes divertidos que animaban al baile o a sueños playeros y tropicales. Su actitud era excesivamente concreta como para que resbalara fácilmente por las orejas de los simples y sus textos no se limitaban a ponerlo todo patas para abajo, limitándose a criticar las cosas a toro pasado. 

Eso les ha supuesto que numerosos medios de comunicación les hayan colgado el sambenito de "grupo político", una acepción tan aséptica como rebatible. "Todo el mundo que crea es político o hace política. Es como todo en la vida. Ricky Martin o la Pantoja, por citar a algunos, también hacen política. La diferencia entre ellos y nosotros es que Hechos contra el Decoro declara su compromiso con unas cosas mientras que otros artistas aceptan una complicidad con otras", señalan. En la rueda de prensa organizada para la presentación del citado "Línea de fuga" alguien les preguntó por su relación con grupos y asociaciones "radicales". "Martí decía que radical es lo que va a la raíz y nosotros estamos con la gente que va a la raíz de los problemas. Si estamos hablando de eso... sí: somos radicales". 

¿Algún otro tópico? Sí, por supuesto: Hechos contra el Decoro es, ante todo, un grupo que se implica aun cuando su postura no sea entendible en muchas ocasiones o se convierta en algo difícil de explicar en una sola frase de diez palabras. "Línea de fuga" se presentó a la prensa en el centro okupado del Laboratorio, lugar elegido por dos motivos fundamentales. El primero, apoyar las iniciativas y la función que cumple el centro como foco cultural y activo; el segundo, plantear su visión sobre la actual situación que vive actualmente el barrio de Lavapiés. Este enclave se ha convertido en uno de los lugares preferidos por la prensa morbosa para ofrecer a sus lectores amenas novelas sobre la vida de ciudadanos cuya estancia en España no está totalmente legalizada. Sin embargo, dicha prensa no ha escogido para sus retratos a los trabajadores esforzados o a los vecinos que sufren la falta de infraestructuras de las que el barrio está cubierto. Han preferido pararse en las bolsas de delincuencia generando un sentimiento de intranquilidad que, a la larga, ha aumentado de un modo inmenso la presencia policial en la zona. 

Tomar la postura que han tomado los miembros de Hechos contra el Decoro, criticando abiertamente la respuesta policial, supone, automáticamente, dos cosas: u obtener el rechazo de la citada prensa o que, a la larga, alguno de esos medios se refiera a ellos como un "grupo musical que apoya la delincuencia en Lavapiés". Habitualmente, lo planteado por Hechos no es explicable en una simple y sencilla frase, sino que su grado de compromiso está siempre expuesto a ser entendido como una provocación. Eso puede que no sea lo mejor desde un punto de vista comercial, pero, evidentemente, es uno de los mayores encantos que tiene este grupo: si lo deseas, es de los que te hace pensar. 

El día posterior a la rueda de prensa me acerco a los locales de ensayo de Tablada. Hechos contra el Decoro (Chuchi, Andrés, Alfonso, Eva, Angelo, Antonio, Minsa y Angel) se aprietan en un cuarto que difícilmente puede albergar a tanta gente y a sus instrumentos. Están dando los últimos toques al repertorio que presentarán al público en sus próximos conciertos, una amplia lista de fechas que tiene como principal objeto ofrecer a la gente sus nuevas canciones. Mientras acaban les espero en el bar tomándome un vermut. Tengo interés en hablar con ellos porque ésta es una de las bandas que tiene cosas que decir y, sobre todo, cosas que entender. No me gustaría, a la hora de hablar de ellos, quedarme en lo superficial y provocar más equívoco del que ya les rodea. "Cuando decimos que queremos situarnos en la frontera entre lo comercial y lo subversivo nos referimos fundamentalmente a que queremos vivir de esto, pero sin dejar de darle sentido. Más que de lo subversivo tendríamos que hablar casi de lo 'reversivo' ya que lo otro remite a un ghetto. Lo reversivo es la aceptación de las cosas con el fin de servirte de ellas. A nosotros se nos ha acusado de terroristas, por grabar con Gora Herriak, y de vendidos, por haber tocado en Festimad. Lo único que podemos hacer ante eso es aprender, tomar nota e ir ganando un espacio que, poco a poco, vamos consiguiendo", comentan añadiendo cada uno una idea determinada. 

Como ellos mismos dicen, el funcionamiento asambleario del grupo lo hace todo un poco más lioso, pero garantiza la plena unidad que tiene una banda tan numerosa y que al cabo de unos cuantos años se ha terminado haciendo una especie de familia. Cuando Ramiro y Nacho abandonaron la formación del grupo por incompatibilidad con otras actividades el resto de sus compañeros lo sintieron como un golpe duro. "No era sólo todo lo que habíamos compartido y el grado de cariño que nos tenemos, sino, además, la situación en la que quedaba la banda. Necesitábamos un vocalista y un batería, las dos partes más extremas del sonido, y teníamos intención de ponernos a grabar cuatro meses después de que ellos se fueran. Elegir a los miembros de este grupo no es nada fácil. No se trata solamente de buscar a gente que toque bien o que se aprenda los temas, sino que asuma y le guste el funcionamiento que llevamos y que se implique con los demás en aquello que realizamos. Eso no es algo que se pueda ver en tres días". 

Su particular funcionamiento les crea unas peculiaridades que tienen que ser pulidas con el tiempo y con la capacidad de diálogo. El grupo, por ejemplo, mantiene a capa y espada el principio de su autogestión, pero, por motivos obvios, tiene que mantener relaciones con una compañía discográfica (Esan Ozenki, propietaria del sello Gora Herriak), una oficina de management (Munster Tourin) y una editorial (EMI Publishing). "Antes de llegar a ello nos lo teníamos que hacer todo nosotros, por lo que comprendimos la labor de cada apartado y comprobamos los problemas y las situaciones que podían ir surgiendo. Eso nos permitió valorar acertadamente a la hora de elegir, ya que trabajamos con personas que entienden muy bien nuestra manera de funcionar. Para nosotros, la autogestión es la no delegación de nuestra actividad; somos quienes gestionamos nuestros propios asuntos aun cuando cooperemos con Esan Ozenki, Munster y EMI. Decidimos cada cosa y cada paso que damos y esas empresas lo entienden y, en el caso de que haya algún tipo de desacuerdo, aportan su punto de vista en busca de un consenso. Llevamos juntos tanto tiempo que ya existe un importante grado de complicidad y conexión entre todos". 

La conexión funciona sobre una máxima de oro: "Todo en la vida es complicado. La vida en sí es una frontera. La música tiene que tener una utilidad, pero, para poder hacerla, no puedes vivir del aire". Los problemas más importantes que puedes asaltar a un grupo con la filosofía de Hechos contra el Decoro es que les manipulen o que se sientan inútiles en lo que desean hacer. Respecto a lo primero aún no se han visto envueltos en ninguna circunstancia desagradable y parecen manejar muy bien su barco. Además, son especialmente críticos con determinados medios de comunicación y con las posturas ideológicas que éstos sostienen. "Cuando hablamos de los medios de comunicación lógicamente no nos estamos refiriendo a todos: es algo más concreto. Lo que ocurre es que el poder informativo se está concentrando tanto que pocas empresas manejan la mayoría de la información que le llega a la gente. Habitualmente, los medios de esas empresas no sólo no reflejan la realidad, sino que, además, construyen otra diferente. Presentan una visión de las cosas que pocas veces responde a lo que ocurre de verdad". Respecto a la inutilidad de su función, ellos defienden que no todo ha de remitirse única y exclusivamente a lo que generen sus letras. 

Les comento que, a diferencia de otras épocas, hoy en día es dificilísimo que los músicos generen situaciones de activismo y les pregunto por la posibilidad de que mucho de su público vea de ellos únicamente la faceta lúdica. "Igual queda una impresión mucho más consciente de la que piensas. Esto es como la publicidad subliminal, ya que cuando vas a uno de nuestros conciertos no sólo te encuentras con el grupo y con lo que te ofrece. Hay también un ambiente, un tipo determinado de gente, una forma de sentir... Todo eso se palpa, se vive y presenta una realidad diferente a la que puedes ver en conciertos de otro tipo de grupos. La gente que va a vernos no valora solamente nuestra música o lo que decimos, sino que nuestra vida es coherente con todo eso. No cantamos una cosa y hacemos otra". 

Con todo, uno de los mayores logros de "Línea de fuga" es la mejora del grupo en la capacidad de expresión de sus letras. Aquí no aparecen incitaciones a la ofensa, ni simplezas de comunión masiva ni pachangadas sacadas del chiste del bar. La evolución de la banda se refleja decididamente en las posibilidades de sus textos y evidencia unas posibilidades aún más esperanzadoras. "Si mejoramos es porque somos un proceso y estamos madurando. Es como ver un álbum de fotos antiguo: hay veces que no te reconoces porque tú mismo has sido muchas personas a lo largo del tiempo" E.P.

Hechos contra el Decoro. Línea de fuga. Gora Herriak EO174

 

Línea de fuga

Cuando Hechos contra el Decoro presenta uno de sus discos es difícil ver caras sonrientes o escuchar alguna broma. Apenas Eva, la teclista y vocalista del grupo, suelta una sonrisa de vez en cuando o encuentra un comentario suficientemente atractivo como para reír. El resto de sus compañeros se toman la situación con una frialdad que sorprende y sus rostros se vuelven inexpresivos e hieráticos, como si cada una de sus palabras tuviera que ser previamente analizada y evaluada. El hecho no es negativo, por supuesto, y no responde necesariamente a la forma de ser de cada uno de los personajes de la banda. Simplemente ven en cada una de sus obras algo tan importante que no deja lugar para lo trivial. 

Su rueda de prensa para contar lo que trae consigo "Línea de fuga" tuvo dos partes diferenciadas: una primera en la que explicaron el porqué de presentarlo en el Laboratorio y otra en la que se centraron específicamente en el álbum. "Lo empezamos a preparar en diciembre, una vez se incorporó 'Chuchi', Jesús González, el nuevo batería. Queríamos editarlo en primavera por inquietudes artísticas y comerciales. Las artísticas respondían a que ya teníamos ganas de ofrecer nuevo material y a lo que nos ha generado la nueva formación. Lo comercial tiene más que ver con el hecho de aprovechar el verano para tocar lo más posible. Lo preparamos durante tres meses en Madrid, tiempo durante el cual se incorporó Gemma Herrero, 'Minsa', la nueva vocalista". 

"Preferíamos grabar el disco fuera de Madrid para estar más concentrados en el trabajo, pero no teníamos intención de irnos, como en 'La danza de los nadie', a Nápoles. Elegimos los estudios Tío Pete de Urdulz porque eran buenos y nos permitían estar cerca de Irún, donde está la compañía. Así, si teníamos algún tipo de problema o era necesario ajustar algo siempre podíamos actuar con rapidez. La producción la hemos hecho conjuntamente con Enzo Rizzo, con quien ya trabajamos en el anterior disco, si bien, en esta ocasión, le presentamos el material por anticipado de cara a que pudiera aportar también su visión de las cosas". 

"En esta ocasión nos hemos centrado en buscar un sonido propio, diferente a lo que hicimos en 'La danza de los nadie', donde a cada tema le dimos un tratamiento diferente. Aquí, aunque haya cosas que suenen más a hip hop o a reggae, todo tiene una unidad. Con todo, las aportaciones de los colaboradores (Miguel Ballumbrosio, Kilema, Hana Dalouh y Xabier Muguruza) han aportado mucho a los temas, ya que los habíamos dejados abiertos para ellos. No queríamos una colaboración sin más, sino que ellos añadieran y aportaran algo propio que justificara esta unión. En conjunto, el resultado puede sonar menos latino, algo más occidental, aunque mantiene la línea de fusión que nos ha caracterizado". 

"Las letras también aportan fusión, ya que el artista tiene que estar al lado de la gente, junto con ella. Nuestras letras vienen de la calle y, respecto a su significado, cada uno puede interpretarlas como quiera".

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