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El saxofonista Bill Evans se introduce, con su último disco, en el mundo del soul
Octubre del 2000

Un movimiento saxy.

Tenía que llegar. Si bien los discos de Bill Evans discurrían por los territorios más abiertos y variados, sus directos terminaban siempre mirando al funk. Empezaran como empezaran sus conciertos era ineludible que tanto el saxofonista como su banda fueran decantándose, poco a poco, por la explosión soul y el gusto por los ritmos binarios. Ahora, por fin, Evans explota esa faceta a nivel de disco. Se llama "Soul insider" y es una declaración de principios desde el mismo título.

Ha tenido suerte. Aunque la mayoría de los aviones que aterrizan en Barajas por estas fechas lo hacen abonados al cartel de "retrasado" él ha podido instalarse en su hotel conforme al horario previsto. Ya tiene suficiente cartel en España como para llenar el día con entrevistas promocionales y presentaciones ante la prensa, por lo que se lo toma con tranquilidad y buenas formas. En su cara se exhibe no sólo la satisfacción por saber que cada uno de sus pasos por nuestro país sirve para acrecentar su popularidad, sino también el contento que le produce haber hecho, por fin, un disco como "Soul insider". "Tengo un poder de concentración limitado, así que necesito hacer siempre lo que me apetece porque si no lo hago paso inmediatamente a otra cosa. Me gusta la música que toco, pero, al mismo tiempo, siempre me está generando ideas sobre tratar otro tipo de estilos. Me considero un músico de jazz y, por tanto, soy lo suficientemente abierto como para poder tocar cualquier cosa. Voy creciendo en cada uno de los discos que hago", señala nada más preguntarle por el cambio asumido en su nueva producción.

La carrera de Evans se traduce, al fin y al cabo, en eso, en un no repetirse ni aunque los resultados comerciales lo aconsejen. Su carrera en solitario comenzó en 1984 después de que se diera a conocer ante el público jazzy dentro del grupo de Miles Davis. Después de grabar cuatro discos con el trompetista y de haber fijado sobre sí un buen montón de miradas simultaneó sus aventuras en solitario con su participación en la Mahavishnu Orchestra del guitarrista John McLaughlin. En solitario, sus primeros álbumes eran, evidentemente, de jazz, pero incluían tanto esencias clásicas de bop como acercamientos al por entonces incipiente smooth. Un salto considerable fue el que dio en el 94 grabando "Push". Aquel fue su disco de arranque en España, el que le abrió a un público más amplio que el puramente jazzy. En "Push" Evans exprimía sus saxos y se dejaba llevar por los ritmos urbanos del hip hop. No se trataba de una simple colección de rimas, sino de un experimento sonoro en el que dos géneros radicalmente negros se fusionaban gracias a un blanco de ojos azules. "Suelo tocar lo que me inspira cada momento. En el 94 se trataba del hip hop mientras que ahora me encuentro más cómodo en el soul bop. Lo importante es que me sienta a gusto con lo que hago. Además, eso es positivo, ya que amplío público sin tener que hacer nada que no me guste. Con 'Soul insider', por ejemplo, puedo llegar a gente a la que no le gusta el jazz pero que aprecia a artistas como James Brown o Eddie Harris", comenta al tiempo que añade que "soy como cualquier otro oyente de radio. En cualquier género o estilo siempre hay algo que me gusta y algo que me parece odioso. El hecho de que unas cosas vendan cinco millones de discos o pasen sin pena ni gloria no tiene nada que ver con su calidad: viene dado principalmente por buenas campañas de marketing orientadas a masas a las que les gusta tal o cual música".

Tras "Push" y una secuela grabada en directo Evans volvió a cambiar las tornas con "Escape". El disco, una buena dosis de virtuosismo con un enorme abanico de estilos en su interior, fue seguido por "Starfish & the moon", un ejercicio de música tranquila en el que el saxofonista se dejaba seducir por el feeling generado por sus instrumentos. En el espacio de tres años había abordado estilos suficientemente diferentes como para llenar la carrera de cualquier otro músico. "Si te pones a pensarlo no son tan diferentes. El tema es que los discos sólo reflejan una parte de lo que hago, ya que en directo siempre terminábamos sonando de un modo parecido a lo que resulta 'Soul insider'. La diferencia entre los músicos de jazz y los demás es que nosotros podemos tocar cualquier música", afirma generando a su vez una pregunta sobre un "hipotético futuro" disco relacionado con el rock: "Uhm... Nunca se puede decir que no a algo como eso. En el 88 hice unas maquetas sobre algo parecido al rock con el vocalista de Journey, pero al final no edité nada de eso".

Cabría la posibilidad de pensar que un hombre tan ecléctico es como una especie de animal en pleno período de evolución. El caso de Evans, sin embargo, no es así; su figura se parece más a la de un músico plenamente capaz que genera sus obras en base a impulsos poco racionales: "Sí. Lo mío es más impulsivo que generado. Si me tengo que poner tres meses a preparar un disco con material nuevo tengo que hacerlo necesariamente con algo que me motive, por lo que nunca sé por donde va a salir el próximo álbum hasta que no me pongo a hacerlo y noto lo que más me apetece tocar en ese momento. Creo que a mi público también le gusta eso; sabe que con cada obra hay alguna especie de sorpresa".

Lo que comenta es cierto. Bandazos tan prolongados como los de un conductor ebrio en la carretera pueden afectar seriamente la fidelidad de los seguidores, pero eso no sucede en el caso del saxofonista. "Al contrario. El público crece. Creo que eso es debido a que la esencia de mi música sigue estando ahí, el sonido del saxo y la formación de la banda. Siempre procuro reunirme con buenos músicos y eso es algo que el público sabe valorar. La última vez que estuve en España, por ejemplo, fue en noviembre pasado; toqué todo tipo de música y la gente respondió muy bien", afirma.

En "Soul insider" se dan, casi, todas las características comentadas más arriba. Si lo general es que Evans y su gente terminen siempre sus conciertos con un ejercicio de sudor, en este álbum eso se ofrece desde el mismo instante en que pulsas "Play" en el reproductor de CDs; y si en su carrera es habitual contar con músicos de probado prestigio, aquí llega hasta el límite con un elenco capaz de poner los dientes largos a cualquier aficionado a la buena música. Steve Jordan, Ricky Peterson, Dean Brown, James Genus, Tim Lefebvre, Don Alias... hasta el guitarrista John Scofield y el vocalista Les McCann aparecen en un par de temas. "Todos son amigos míos y, afortunadamente, suelen tocar mucho tiempo juntos. Ricky, Don y Dean, por ejemplo, forman parte habitual del grupo de David Sanborn y cada uno de ellos ha tocado alguna vez con James Genus. Ricky y Steve también se conocen desde hace mucho tiempo, por lo que cuando contacté con uno fue fácil liar a todos, ya que entre ellos se tienen un gran aprecio".

Lo de John Scofield fue diferente. Evans fue quien recomendó a Miles Davis que incluyera a Scofield en su banda y su amistad se remonta hasta un par de décadas. Sin embargo, y por esas cosas de la vida, no habían vuelto a tocar juntos en los últimos diecisiete años. "Siempre me gustó su estilo, muy abierto y asequible para el soul", comenta Evans sobre el guitarrista. El hecho de la participación de Scofield en el disco da pie para hablar de la época en la que el saxofonista pasó por la Mahavishnu de John McLaughlin, otro guitarrista de altura con un enorme reconocimiento en multitud de campos. "Fue un gran amigo durante muchos años "--recuerda--" y era uno de mis músicos favoritos. Tiene un gran sentido del humor y es uno de los guitarristas más rápidos que conozco".

Les McCann pertenece a otra familia musical. Además de colaborar con Eddie Harris a finales de los sesenta, McCann ha tenido importantes apariciones dentro del soul, como fueron el descubrimiento de una jovencísima Roberta Flack o sus exitosas grabaciones como soporte de Lou Rawls. Evans siempre tuvo interés por trabajar con Les y, tras contactar con él por teléfono, enseguida acordaron hacer algo juntos. Ya habían tenido una experiencia en vivo antes de entrar a grabar "Soul insider". El hecho se remonta a 1988 y ocurrió en Carolina del Sur. Fue una experiencia tan agradable que, desde entonces, Evans ha buscado la manera de que ambos colaboraran juntos.

Lo malo de formar una banda de este calibre es que, probablemente, apenas tenga continuación en directo. Los primeros shows en los que se ofrecerá ante el público el material de "Soul insider" se llevarán a cabo en Europa, concretamente en Alemania. Allí flanquearán al saxofonista Ricky Peterson, Dean Brown, Don Alias y Les McCann, quienes tendrán que abandonar pronto la formación para cumplir compromisos previamente acordados. Evans viajará entonces a Oriente girando por China, Taiwan, Japón y Kuala Lumpur. La actividad del saxofonista se prolongará con otra gira asiática en la que formará parte de un elenco de "all-stars". Con un poco de suerte, en su próximo paso por España (previsto para marzo y con una duración de diez fechas en diferentes ciudades) sí podrá contar con estos invitados de postín, aunque, sea como sea, la garantía de calidad en los acompañantes de este hombre siempre está garantizada.

Actualmente, la figura de Bill Evans está reconocida en casi todas las partes del mundo. Poco tiene que ver el artista bien conformado que es ahora con el que debutó profesionalmente junto a Miles Davis a principios de los ochenta. "Algo sí. En esto del jazz nunca terminas de crecer", comenta mientras recuerda sus primeros escarceos con la música como pianista clásico y su debut con Miles cuando aún era un perfecto desconocido. "Hice algunos conciertos de piano cuando tenía seis o siete años, pero en cuanto empecé a tocar el saxo y el clarinete decidí jubilar mi faceta de pianista. Lo de trabajar con Miles fue muy extraño y, a la vez, muy excitante. Era mi primer grupo, mi primer trabajo importante. Acababa de salir de la escuela y me encontré en el grupo de jazz más importante y escuchado del mundo. Era como si un crío entrara en una tienda de caramelos. En esos momentos pensaba que el universo del jazz era ir a hoteles de lujo, ganar mucho dinero, ponerte delante de gente que te adora y tocar con los mejores".

Ahora, sin embargo, nos lo encontramos reivindicando a gente como James Brown, George Clinton o Maceo Parker en un momento en el que el soul no goza del favor mayoritario de la gente. En España, por ejemplo, se da el caso de un desconocimiento masivo hacia la figura de James Brown. La utilización del "Sex machine" para un anuncio televisivo ha vuelto a poner su figura de actualidad y muchos adolescentes piensan aún que el intérprete del famoso "Guerapa" es un artista nuevo. "Quizás cosas como éstas son necesarias, ya que casi todo está en manos de los departamentos de marketing y, si se vende, todo es bueno y da un poco igual. A mí siempre me gustó la música de estos artistas y me apetecía hacer mi propia versión sobre la música soul. Otra cosa diferente es si me tengo que poner a anunciar coches para vender el disco. Lo pensaré", bromea.

Su pasión por personalizar lo más posible esta visión "saxofonística" del soul le ha llevado a Evans a tocar todos los saxos del disco, sean los que sean: "Grabamos el disco en directo y éstos son los únicos recordings que hemos realizado, ya que aún no sé tocar todos los saxos al mismo tiempo. Comencé a mejorar con el saxo alto hace un año y todavía no me considero bueno con el barítono, pero tengo que admitir que me divertí mucho con la experiencia. Es bueno para el sonido del disco porque le aporta variedad y, al mismo tiempo, enseño a quienes no lo saben que hay más de un tipo de saxo".

El resultado es considerado por el saxofonista como un paso más en su devenir por el mundo de la música. "Siempre quedo satisfecho con lo que hago, pero no puedo evitar el desear que todo vaya más deprisa. Si hoy en día puedes hacer lo que quieres y con quien quieres no tienes derecho a quejarte, pero eso no quita para que siempre sienta que me falta tiempo. Ya casi no puedo jugar al golf", comenta aludiendo a una de sus mayores aficiones. Sobre su eclecticismo comenta que "una buena melodía es una buena melodía, hagas el estilo que hagas. Yo intento no poner mi música en una única categoría. Creo que más que de mi música habría que hablar de mis interpretaciones". Curiosamente, la figura de Evans se ha convertido en una de las preferidas dentro de los músicos de smooth, uno de los géneros que actualmente no le divierten en demasía: "Si me consideran una influencia no puedo tomármelo más que como un halago. Como te decía, creo que la gente se fija más en mi forma de tocar que en las piezas propiamente dichas".

Actualmente es uno de los saxofonistas más valorados en España. Sus cifras de ventas son considerables atendiendo al mercado en el que su música se mueve y sus periódicas citas con el público de aquí se suelen contar por éxitos. Parece que también en nuestro país los seguidores de Bill Evans no se han quedado solamente dentro del terreno del jazz o la fusión, sino que siguen creciendo poquito a poquito a un ritmo más que razonable.

Ahora, a ritmo de soul.

E.P.

Bill Evans. "Soul insider". Escape

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