El violinista escocés Alasdair Fraser graba en directo con la élite del folk español. Diciembre del 2000
Las raíces del futuro
Comenzó en esto siendo un crío y, con el tiempo, ha conseguido que su nombre sea una especie de monumento en toda la tierra de Escocia. Su pasión por la música sin etiquetas le llevó hace bastante tiempo a coquetear con cualquiera que le mostrara ilusiones por hacer cosas bellas. Así comenzó a colaborar con el pianista Paul Machlis, el guitarrista Jody Stecher o el también guitarrista Tony McManues. Con todo, su mayor logro fuera de la música tradicional fue la formación de Skyedance, una banda nacida en 1997 que permite a este violinista juguetear con lo contemporáneo sin necesidad de erigirse en líder de nada. Alasdair Fraser ha estado recientemente en España y anunció que su próximo disco recogerá grabaciones en directo tomadas de su última gira por nuestro país.
Nació en Clackmannan hace cuarenta y cinco años. Desde entonces, los paisajes de aquella pequeña ciudad siempre han estado presentes en su obra. Se suele decir que los artistas centrados en la música tradicional son enormes comunicadores en lo que se refiere al paisaje y a la vida de las gentes y, escuchando a Fraser, nadie lo puede negar. En sus melodías están las brumas de las montañas, el verde de los pastos y las casas de piedra, argumentos más que sobrados para que a un escocés se le vuelque el alma cada vez que le escucha.
-- "A los ocho años comencé a tocar el violín de mi abuelo. En poco tiempo me di cuenta de que era como mi propia voz, otra que no era la mía pero por la que podía hablar perfectamente. Con ese instrumento he encontrado siempre una gran satisfacción y nunca se me ha ocurrido introducirme tan intensamente en otro. De hecho, si dedicara tanto tiempo a otro instrumento como se lo dedico al violín, me faltaría para cualquier otra cosa".
Nadie le podía augurar que su pasión por el arco y las cuatro cuerdas le iba a traer con el tiempo una fama internacional que muy pocos artistas tradicionales tienen. En España, por ejemplo, su cartel ha crecido considerablemente gracias a las ediciones que el sello Resistencia ha realizado de sus obras. Sus giras por nuestro país se han contado siempre por éxitos y sus discos han sido valorados extraordinariamente por la crítica especializada. Hace unos meses Alasdair consideró la posibilidad de grabar un álbum en directo en nuestro país y deseó, desde el principio, contar con músicos de gran calibre que dejaran la nota española en la grabación. Eso nos propició la oportunidad de hablar con él unos días antes de su concierto en Madrid, una gala por todo lo alto en la que el violinista se vio flanqueado en el escenario por Kepa Junkera, Hevia, Tejedor, Txalaparta, Josean Goikoetxea y otro buen montón de amigos entre los que también estuvieron presentes miembros de Tejedor o Camerata Meiga.
-- "Las grabaciones en directo transmiten una energía diferente a lo que se puede mostrar en un estudio. Para mí es muy importante tocar en vivo. Creo que todos los músicos tocan de manera diferente cuando viven la experiencia de celebrar algo encima de un escenario".
-- Pero, ¿por qué grabarlo en España?
-- "Es una manera de dar las gracias. En este país me he sentido muy bien tratado; es un lugar muy especial para mí. Por la gente, por la forma de expresarse, por la manera apasionada como se vive... No es tanto, como puede suponerse, por la conexión que pudiera tener la música gallega o asturiana con la música escocesa, sino porque siempre me impresionó su corazón abierto".
-- El hecho de tocar con músicos españoles y que el álbum sea grabado aquí parece indicar que lo que salga estará orientado específicamente al público español...
-- "Lo está, pero no sólo para él. El álbum tendrá un sabor muy español, pero creo que la gente de otros países podrá apreciarlo igualmente".
El disco, que todavía no tiene nombre, contendrá retazos de las actuaciones que Skyedance ofreció en Pamplona, Gijón, Orense, Pontevedra y Madrid. En cada uno de los shows se contó con invitados diferentes, pero casi todos aparecieron en la capital para una especie de celebración de despedida. En dicho concierto, de bellísimo resultado, primó lo más tradicional en contra de lo que Skyedance había presentado en su último paso por aquí. Eso no ha de extrañar a nadie: si algo le gusta a este escocés es picar allí donde le dejan y raro es que en dos de sus giras ofrezca algo parecido.
En 1984 saltó a la palestra de la mano de "Portrait of a scottish fiddler", un álbum de lo más folky en el que Alasdair se empeñaba en demostrar por qué los jurados de los concursos comenzaron a considerarle enseguida el mejor violinista de Escocia. Aquel disco, sin embargo, no logró traspasar las fronteras que el purismo y el mercado limitado concede a los músicos de raíz. Más tarde grabaría "Skyedance" junto a Paul Machlis y, dos años después, "The driver bow" acompañado por Jody Stecher. Fue entonces cuando le llegó el reconocimiento internacional tras una curiosa circunstancia que le hizo dejar su país.
-- "Fue realmente por azar. Yo trabajaba en una compañía petrolífera y me tuve que ir a vivir a San Francisco para volar periódicamente a Alaska. Ahora vivo en Sierra Nevada, una parte del estado de California situada en medio de ninguna parte, con coyotes y serpientes de cascabel entre la arena".
-- Supongo que tu trabajo en el campo del petróleo te llegaría por tus estudios de física en la Universidad de Edimburgo. Siempre me llamó la atención que la mente cuadriculada y fría de un físico pudiera casar con la vida bohemia y bucólica de un artista como tú...
-- "Bueno... Yo encuentro bastante relación entre las dos cosas. Si lo miras bien, la ciencia tiene mucho en común con el violín y la música. Cuando empecé a estudiar matemáticas y física lo que me gustaba era buscar problemas y encontrar sus soluciones. La música es algo así y, aunque trabajaba de ingeniero, no dejaba de tocar. De un modo u otro, componer o adaptar música es algo parecido a buscar las soluciones que supone el expresarte".
-- La música tradicional, ¿te interesó desde el principio o te atraían otros géneros diferentes cuando eras joven?
-- "Siempre me ha interesado de todo: la música clásica, los conciertos barrocos... Lo que adoro, sobre todas las cosas, es tener la libertad de expresarme sin ningún tipo de barreras. El mundo tradicional es una progresión de siglos de existencia y eso, desde luego, no es lo mismo que el interpretar o componer".
-- Tú has colaborado con músicos de pop, por ejemplo. Me acuerdo de tu violín en medio de composiciones de los Waterboys...
-- "Sí. El pop es como el folk o como cualquier otro tipo de música. Lo importante es que cada uno exprese lo que desea. Calificar lo que haces de una manera o de otra es siempre peligroso porque hay una cierta obsesión alrededor de las etiquetas. Si investigas entre todas las que hay siempre encuentras áreas grises y, si las eliminas, ves que es muy difícil hacer diferenciaciones entre ellas mismas, entre unas y otras".
-- También has grabado en numerosas películas y documentales. ¿Cómo abordas ese tipo de trabajos? ¿Cómo te surgió el primero?
-- "Me lo propusieron. Me lo tomo como un extra dentro de la creación. Con ello me mantengo fresco, ya que me obliga a hacer cosas diferentes. La primera banda sonora en la que participé fue la de 'El último mohicano'. No es algo demasiado importante para mí, pero sí es algo que me divierte y me entretiene. Hay demasiadas ocasiones en las que no termino de asimilar bien eso de escuchar mi música escocesa en producciones tipo Hollywood".
Grabar con la etiqueta americana Narada su álbum "The north road" junto a Paul Machlis le presentó ante el mercado internacional y le trajo el éxito. Posteriormente grabaría otros dos discos a su nombre: "Dawn dance" en el 96 y "Return to Kintail", con Tony McManus, dos años después.
-- Supongo que la creación del grupo Skyedance fue, precisamente, para hacer cosas diferentes a las que mostrabas en los discos que firmabas a tu nombre...
-- "Habitualmente existe la idea de que el violín es un instrumento obligado a llevar siempre la melodía y eso es algo que yo no termino de aceptar. En ocasiones me gusta desarrollar también una parte rítmica o de acompañamiento y, para realizar eso, necesitaba un grupo. También lo quería para poder tocar esa especie de conversaciones que surgen entre instrumentos cuando el uno contesta al otro. Es por eso por lo que formé Skyedance. Y me costó. En el oeste de Estados Unidos casi todos los músicos asumen que su trabajo es uno u otro, rítmico o solista, y no me fue fácil encontrar a artistas que quisieran asumir las dos facetas".
-- Al formar Skyedance señalaste que tu ilusión con el grupo era que terminara funcionando por sí mismo, que no se convirtiera, únicamente, en una banda acompañante...
-- "Creo que eso lo hemos conseguido con una evolución natural y me alegro, ya que era eso lo que yo buscaba. En Skyedance cedo la iniciativa a los demás. No sería justo que yo fuera el centro de todo. De ese modo, los seis nos beneficiamos de esa libertad de expresión. Esa era la meta: que juntos hiciéramos algo más grande que las sumas de las partes".
Skyedance no es un proyecto cualquiera. Chris Norman, Eric Rigler, Paul Machlis, Peter Maund y Marc Linden son, por separado, excelentes músicos que pueden presumir de un currículum denso y excepcional. Chris, por ejemplo, encabezó listas americanas con su "Man with the wooden" y sus flautas forman parte, entre otras cosas, del conjunto barroco Baltimore Consort. Las gaitas de Eric han aparecido en discos de Mike Oldfield y en los conciertos de Paul McCartney, aunque han quedado para la historia siendo las protagonistas principales de la banda sonora de "Braveheart", la odisea creada por Mel Gibson alrededor de la figura de William Wallace. Paul, aparte de haber grabado con Alasdair un par de discos, también cuenta con su carrera en solitario, mientras que Peter pone sus elementos de percusión al servicio del Ensemble Alcatraz de San Francisco. Como Skyedance han grabado dos álbumes: "Way out to Hope street" y el más reciente "Labyrinth".
-- "Trabajando con Skyedance exploro, investigo colores y mezclamos nuestras experiencias alrededor y a través de la música. Es diferente a lo que hago cuando firmo con mi nombre; son caminos distintos que abrimos para nosotros mismos".
-- Entiendo, por tanto, que continuarás grabando también en solitario...
-- "Sí, por supuesto. Cuanta más variedad pueda tener en lo que hago, mucho mejor. Actualmente estoy trabajando en un largo proyecto alrededor de la música escocesa de los siglos XVIII y XIX. Concretamente, sobre la música rural del noroeste de Escocia. Ya tengo hecho el primero de una serie que quizás se prolongue hasta cinco discos. No soy muy partidario de hacer este tipo de música sacándola de los libros o estudiándola, sino que prefiero irme a los lugares de los que partió, buscarla y grabarla. Eso me va a permitir trabajar con tipos diferentes de violín y ver lo que ha evolucionado el instrumento en esa época en concreto".
-- ¿Seguirá el resto de los miembros de Skyedance con sus proyectos paralelos?
-- "Supongo. Siempre es mucho más sano tener salidas para todos. Es imposible expresarse plenamente sólo con una banda. Causa problemas, ya que siempre existen cosas que propones que, en el seno del grupo, quizás no cuadran muy bien. Antes de que surja cualquier tipo de estrés por ese motivo es preferible que esas composiciones se graben en otro tipo de grupos o de aventuras que cada uno de nosotros mantenemos".
-- Tú tienes Culburnie, tu propio sello discográfico. ¿Por qué lo montaste?
-- "Más o menos por lo mismo. Tener tu propio sello te permite disponer de una plataforma para hacer exactamente lo que quieres hacer; te da mucha más autonomía. Si grabara en otro sello probablemente se empezaría a hablar de las etiquetas de las que charlábamos antes y se empezaría a pensar más en la rentabilidad de los discos que en mi propio deseo de hacerlos de una u otra manera. Actualmente no contemplo la posibilidad de grabar a más gente en Culburnie; lo tengo como un cauce de expresión para un grupo de amigos que, probablemente, no tendrían oportunidad de grabar su música en ningún otro sitio".
-- La música tradicional ha tenido un gran renacer en España durante los últimos años. ¿Tú has sentido lo mismo en el resto de los países en los que has actuado?
-- "Sí; en todos los sitios. En el caso de España, en concreto, la primera vez que vine me asombró cómo este país casi negaba su propia música. Por la forma en que sonaba, todo lo que escuchaba podía estar hecho en otros países. Me alegro mucho de que eso haya cambiado".
-- Muchos achacan ese cambio al hecho de que el folk ha asumido fusiones que las tendencias demasiado puristas no aceptaban hace algunos años. ¿Estás de acuerdo con eso?
-- "No. Creo que es algo más profundo. Pienso que la gente busca ahora una identidad propia, algo que ha ido perdiendo en los últimos tiempos y que ahora encuentra reflejado, entre otras cosas, en la música de raíz. Es lógico que la gente quiera encontrar algo suyo y el sonido de un instrumento tradicional siempre será más propio que el generado por una máquina electrónica".
-- Skyedance utiliza la electrónica y tú, particularmente, eres de quienes no reniega de ningún tipo de fusión...
-- "Me gusta explorar cualquier tipo de fusión, sí. Es como un círculo en el que caminas que siempre te devuelve al pozo del que bebías originariamente. En mi opinión, la fusión no hay que abordarla tanto en el plano de mezcla sino como una búsqueda constante: sales de unas raíces, buscas otras músicas y vuelves de nuevo al pozo. No se trata de coger las cosas que ya están hechas, sino de nutrirse de ellas. Algo así como romper la cáscara del huevo y ver lo que hay dentro. Cuando haces eso puedes llevarte grandes sorpresas, como las conexiones que existen entre la música brasileña y china con los ritmos tradicionales escoceses".
-- ¿¿¿Cómo???
-- "Sí, sí. Las culturas rurales tienen mucho en común. Es sorprendente".
-- Escuchándote hablar uno puede pensar que en tu próximo disco se podrá escuchar algún tipo de fusión entre la música escocesa y la música española...
-- "Probablemente, pero nunca pienso en eso. Habitualmente, no me dejo influenciar tanto por los discos o por lo que suena en la radio como por lo que me conmueve. No me planteo, por ejemplo, hacer una fusión con la música flamenca, pero nada quita que cualquier día me encuentre en un pueblo con un viejo tocando la guitarra y que me quede ensimismado. Todo puede surgir si soy capaz de leer el mensaje, si las cosas me llegan al alma".
Hablar con un músico escocés o uno corso es como hablar con uno vasco, por ejemplo. Aunque nacionalizados en un estado diferente, en su búsqueda de los orígenes siempre aparece una especie de nacionalismo que busca reivindicar una cultura que puede perderse ante el empuje de la oficialidad. El caso de Alasdair no es diferente.
-- "No sé si utilizaría el término 'nacionalista' para explicarlo. Soy consciente de la cultura de mi pueblo y cuando toco lo hago, aunque no quiera, con acento escocés. Puedo tocar con cualquiera de cualquier parte porque siempre hay un lugar común para el entendimiento, pero mi alma es escocesa. Eso es inevitable".
-- ¿Qué te parece la situación actual de Escocia después de la celebración del referéndum de autonomía?
-- "Pienso que es muy importante que la gente pueda controlar su propia vida. En el caso de los escoceses, el referéndum supuso una recuperación sobre el control de nuestro destino. Es importante que tengamos nuestro propio gobierno porque tenemos cosas que hay que cuidar. La cultura de nuestro país es muy importante en ese aspecto y, gracias a la nueva situación, hay mucha más gente consciente de ella. Apoyarnos en nuestra cultura nos aporta confianza y eso es muy importante para la gente joven. Tengo un par de escuelas de música tradicional en Skye en las que trabajo en verano y es asombroso ver la cantidad de gente joven que ahora presta atención a la música tradicional".
E.P. Trad. Richard Harrison
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