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Paul Carrack

La Riviera. 4 de diciembre

Si bien Paul Carrack ha demostrado a lo largo de su ya larga carrera su enorme capacidad para adaptarse a cualquier cosa dentro del mundo de la música, evidencia una pasión absoluta por la tradición americana cuando lo que toca, canta o escribe es material que firma con su nombre. Tanto sus discos en solitario como su actual puesta en escena heredan sus puntos de referencia del soul más tradicional. Lo negativo del asunto es que apenas hace caso a la parte del género que protagonizaron gargantas de ébano con el corazón implementado en la garganta; lo que más impresionó a Carrack de la época fueron las baladas tiernas y aterciopeladas que siempre suelen ser las elegidas cuando se trata de hacer un álbum recopilatorio de consumo masivo.

Cuanto menos, lo hace bien: sabe utilizar su voz de un modo plenamente solvente para que su color y el control de la armonía nunca pongan en evidencia canciones que difícilmente serían defendibles de otro modo que no fuera metidas en el envoltorio de una tarta de chocolate.

"Dulce", "suave" y "agradable" son adjetivos que se caen por su propio peso cuando se ha traspasado el meridiano de su actuación. A partir de ese momento uno empieza a echar en falta que algo pase en el escenario. La aportación de Steve Beighton con el saxo o la pieza cedida a su teclista para que éste pusiera la voz no ayudaron en demasía. Toques de smooth flotaron en el ambiente con sonidos edulcorados y con el material del reciente "Satisfy my soul" como punto de encuentro. También echó mano Carrack de algunos de los éxitos que obtuvo a nivel popular cuando participó en Mike & The Mechanics ("Silent running" o "Living years"), pero las versiones actuales de esos temas aparecieron tan giradas con la actual personalidad del músico inglés que en poco colaboraron para romper la tónica de la actuación.

Carrack evidenció su profesionalidad y carácter, su capacidad vocal y su gusto por el arreglo refinado, pero, con las mismas, solamente la adecuada duración de su concierto consiguió evitar que el empacho nos alcanzara la garganta. Su música, en la que prima el matiz, lo sencillo y lo ambiental, es mucho más disfrutable cuando el oyente puede elegir el momento y el lugar en que la escucha. En directo, su intimismo y su delicadeza se pierden y solamente quedan flotando en el aire melodías demasiado ligeras como para llegar con firmeza al oyente.

Un concierto de resultado moderado ofrecido, evidentemente, a gente adulta poco amante de los altibajos.

E.P.

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