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Smashing Pumpkins

La Riviera. 16 de enero

"Se te pone cara de enfadado", decía mi chica. Y es normal. ¿Cómo no voy a tener cara de enfadado si tres mil personas están disfrutando como locas y yo, allí parado, no me entero del porqué? Están los Pumpkins tocando algo que a mí me parece un ruido desfasado y, sin embargo, cada uno de los que han pagado las cuatro mil pelas de la entrada se deshacen. Evidentemente, pienso, hay algo que me estoy perdiendo. Y debe ser muy divertido.

Enseguida mi cabeza se va a los tópicos habituales: tú has pagado una entrada que te sale del alma, te sabes todas y cada una de las canciones que esta gente ha parido y, desde luego, no hace falta que las toquen bien para que tu espita se dispare en cuanto reconozcas los primeros acordes. La excusa me vale durante un tiempo (tres canciones, tal vez), máxime cuando el grupo ha tocado ya dos ("Glass and the ghost" y "Heavy metal machine") de un disco que ni siquiera ha salido a la calle. Pero luego... ¡debe haber algo que no termino de pillar!

A estas alturas ya me parece que el vocalista calvo se ha pasado con la cazalla o con algo parecido porque su voz no tiene nada que ver con la que aparece en sus álbumes. El guitarrista con cara de japonés no hace más que meter ruidos y utilizar unos efectos que, en la mayoría de las ocasiones, no vienen al caso. Más parecen ruidos sin querer que esquemas trabajados. Todo lo que conozco de esta gente ("Zero", "To Sheila"...) tiene aquí un sonido pésimo y una interpretación de lo más pobre. ¿Por qué, entonces, los tres mil chavales están botando, levantando sus manos y cantando las letras del grupo como si en ello les fuera la vida? Lo admito: no lo entiendo. Debo fijarme más.

"Tonight tonight", "I am one", "Pale scales"... van cayendo una tras otra y la cosa no mejora. De lo que vi en Festimad hace unos años a lo que se están marcando aquí hay una diferencia enorme. Las guitarras entran tarde y están, casi siempre, fuera de tono; el calvo sigue arrastrando su voz y moviendo sus manos como si quisiera invocar a alguien o practicar kung-fu... Empiezo a convencerme de que éstos no son Smashing Pumpkins, que han salido unos dobles.

Pero no. Mientras otros grupos tienen imitadores que, haciendo versiones, destrozan las canciones, éstos se encargan de destrozarlas ellos solitos. ¿Qué queda aquí de esas piezas hermosas, melódicas, potentes y bien estructuradas que aparecen en su "Mellon Collie" o en su "Siamese dream" ("Bullet with butterfly wings", "Cherub rock...")? ¿Qué hay de aquellos sonidos embriagadores, de aquellas canciones perfectas? ¿Dónde están?

Se acaba el concierto y la gente, como loca, pide más. Los pipas colocan unas banquetitas y el grupo sale para hacerse, en acústico, "1979" y "Disarm". El tema está mejor. Evidentemente, cuanto menos te puedes equivocar, menos te equivocas y el hecho de que el guitarrista deje su colección de eléctricas y pedales apagados es una mejora. A la gente le da igual: ha llegado a un momento en el que ya, suene lo que suene, le va a sacar partido. En un segundo bis hay un momento en el que ya todo es un desparramo, en el que el vocalista calvo empieza a decir un montón de tonterías y el guitarrista con cara de japonés se cree Hendrix en Monterrey... La gente va a lo suyo: responde al vocalista y se extasía con el guitarrista.

Evidentemente no hay remedio. Esto no va a cambiar para lo que queda ("I of the mourning", también nueva, y "XFU"). Me alegro de que, a veces, la gente sea tan poco exigente porque, en caso de serlo, aquí se habría montado la de Dios. Por el contrario, todos con una sonrisa en la cara perdonan que los instrumentos suenen desafinados, que la gente se salga de tono o que canciones perfectas sean destrozadas sin ningún rubor. Para el caso es lo mismo. Se lo han pasado pipa y eso es lo importante. Yo, con cara de enfadado, vuelvo a pensar que, tal vez, me he perdido un gran concierto. Pero, por más que busco, no encuentro. Otra vez será, supongo.

E.P.

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