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Enemigos

La Riviera. 4 de noviembre

Parece que uno de los grupos preferidos por el público madrileño ha tomado la determinación de poner punto y aparte en su carrera. Josele, Fino, Chema y Manolo, agrupados hace tiempo tras el nombre de Los Enemigos, han vivido suficientes aventuras a lo largo de dieciséis años de carretera como para pensar que sería bueno hacer resumen. Este vendrá de la mano de una biografía escrita por Buitre no come Alpiste y se ilustrará con un vídeo de Alex Calvo Sotelo y un álbum grabado en directo en el que se recogerá lo que ellos consideran lo mejor de su carrera. Para grabar el álbum y el vídeo, el cuarteto se ha montado cuatro fechas en las que, aparte de ofrecer conciertos largos y cuidados, ha invitado a gente de su cuerda para que dejen en el disco su testimonio. Madrid fue, como cabía esperar, una de las cuatro ciudades que sirvió de base para la creación de "1985-2000. Canciones escocidas", el disco que se pondrá a la venta en enero y que también contendrá grabaciones realizadas en Granada, Valencia y Santiago.

Siempre se ha dicho aquí que grabar en directo hipoteca un concierto, pero eso no tiene por qué ser necesariamente algo negativo. Es verdad que la duración de estos eventos se prolonga a veces más allá de lo necesario o que, en ocasiones, se pide del público una colaboración exagerada en forma de coreo y aplauso que requiere la provocación fácil. Pero, en esta ocasión, pocas de esas cosas resultaron molestas. Si hay que señalar algo que marcó el concierto de La Riviera en ese aspecto fue, únicamente, que se diera cabida en el recinto a una multitud de amigos que colaboraron para que el público fuera numeroso y entregado. Nunca resultó agobiante, por lo que todos lo vimos más como una fiesta de celebración que como una concesión para lo que tuviera que venir.

Afortunadamente, y a cuenta de eso, éste fue de los conciertos en los que las caras conocidas, los amigos y el ambiente rockero madrileño aparecían por detrás de cualquier esquina. Hasta mi chica, que últimamente tiene trabajo hasta las cejas y no suele desplazarse conmigo a las aventuras nocturnas, dejó todo de lado para celebrar la fiesta "enemiga" alrededor de un buen puñado de canciones y un sonido que resultó exquisito.

Treinta y tres canciones se marcó la banda en un repaso casi exhaustivo de lo que podría ser su obra. Aún quedaría alguna colgada para los fans más recalcitrantes, pero no se puede negar que apenas aparecieron quejas en torno al repertorio y que, después de más de dos horas de concierto, las gargantas no arrancaron a la hora de pedir un bis. Ya estaban roncas de cantar y los pies cansados de saltar. Quienes aún aguantaban no se ponían de acuerdo sobre qué canción pedir.

Y es que, a la hora de hacer balance, no se puede encontrar nada negativo alrededor del concierto. Sonó como la seda, se eligieron las melodías de toda la vida y se consagró la función con la presencia de Rosendo (eso de "Yo el rey" en voz del carabanchelero pareció enteramente un reconocimiento de poder) y un Julián "Siniestro que estuvo estupendo en "Donde". También colaboraron Artemio, que se volvió a unir al grupo después de que lo abandonara a las puertas de su segundo disco, y Ajo, la vocalista de Mil Dolores Pequeños y alma mater del sello Por Caridad. El primero se decantó por "Juan Valdés" mientras que Ajo puso su voz en "Paquito".

Antes y después que ellos, que aparecieron casi en tanda, llegaron recuerdos de todo tipo que igual pasaban revista a su último "Nada" como se remontaban en el tiempo probando la capacidad de memoria del personal. Todo muy atadito y sin parones apreciables, muy lineal y agradable. Es posible que Los Enemigos no sea una de esas bandas que despierta pasiones en la piel en un público mayoritario, pero no se puede negar que sus seguidores viven cada palabra de sus letras aun cuando tengan que poner toda su consciencia para poder entenderlas. La voz de Josele sigue siendo una de las más características del rock español, tanto por su oscurantismo a la hora de soltar las palabras como por haberse convertido en un retrato de la vida ajetreada que todo grupo de rock atesora.

Junto a él, la solvencia rítmica de Fino y Chema y el arabesco siempre medido de Manolo, un guitarrista dinámico que, sin ser estrella encima de un escenario, sabe poner siempre el punto necesario para que las canciones de Josele eviten el parecido a un monólogo. En resumen, todo quedó como se esperaba, con adornitos de percusión y otra guitarra de apoyo (la de Pablo Novoa, que colaboró en todo lo que se le ocurrió), con invitados en el escenario y admiradores en la arena, con recuerdos a una carrera y memorias compartidas.

Enemigos pone punto y aparte y lo hace con un puntito bien redondo. Ahora todo se trata de esperar el resultado físico y comprobar en carne que, tras las "canciones escocidas", el grupo seguirá en su trapecio sin caerse.

E.P.

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