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Doctor Deseo

7 de octubre. El Sol.

Por fin bajaban estos bilbainos a Madrid, una tierra en la que no se prodigan demasiado y que, con las mismas, tampoco les ofrece una respuesta excesivamente llamativa. No se sabe nunca si es primero el huevo o la gallina pero, de lo que no cabe ninguna duda es de que una banda con gran nivel no ha terminado de calar en la capital, bien porque sus discos tengan poca distribución bien porque sus excelentes directos apenas estén presentes entre nosotros.

El caso es que El Sol apenas registró público para ver a Doctor Deseo lo que convirtió el concierto es un acto casi privado que, como era previsible, encandiló a los que asistimos a verlos. Si bien ésta es de las bandas curtidas a la hora de enfrentarse a grandes audiencias no puede negarse que se muestra igual de solvente ante un público recogido y que la inmediatez de sus letras y su espectacular directo resulta siempre mucho más disfrutable cuando casi hay una comunicación personal entre músicos y público, algo a lo que colabora la ausencia de bullicio.

Doctor Deseo centró su repertorio mayoritariamente en su última entrega discográfica, "Atrapado en tu silencio... de incertidumbres y caricias" pero evidenció que su más reciente material no tiene nada que envidiar al de sus anteriore álbumes. Canciones como "Reality show, Encadenado a tus juegos" o "Un mar de cerezas" ponen de manifiesto la capacidad de este grupo para poner sus historias sobre un escenario. Aunque habría que aclarar que el concepto de escenario se extiende, en su caso, allá donde llega su capacidad de ver. Francis, su cantante y principal letrista es, además, un encandilado por las alturas y el movimiento continuo lo que le lleva a abandonar una y otra vez la tarima que comparte con sus compañeros. Armado de un micrófono inhalámbrico y de una capacidad inusual para la escalada se deja llevar y no duda en introducirse entre el público, visitar al técnico de luces para encañonar con los focos a la audiencia o simular un suicidio quedándose colgado de una sola mano del techo del local. Cómo sería su ansia equilibrista que, al principio de sus evoluciones, el personal de la sala se mostraba preocupado por su integridad. No están acostumbrados a que nadie toque los conductos de aire acondicionado o salte desde el corredor superior al nivel del público.

La espectacularidad de Francis no ahoga, con todo, la facilidad del grupo para llegar a la gente. Sus letras son construcciones excelentes que parten de la dinámica diaria de cualquier persona y su manera de analizar los comportamientos auna la capacidad de asombro con el distanciamiento del que funciona a su propio modo distanciándose de la mayoría. Con esas, sus historias calan enseguida acompañadas por una música que aúna el pop y la canción melódica sin dejar de lado los ritmos programados. Todo en ellos es directo y se aprecia realmente bien en cuanto empiezan a desgranar su repertorio.

El público, por tanto, no se mostró en esta ocasión enredado en un mar de saltos o en un baile contínuo sino que quiso encontrar en las canciones del grupo lo mejor de ellas y concedió espacio para la escucha reposada. No siempre era fácil por cuanto era todo un ejercicio de tortícolis perseguir a Francis con la mirada pero sí consiguió el objetivo de disfrutar de un concierto sumamente agradable e interesante.

E.P.

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