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Ben Harper

La Riviera. 16 de marzo

Este es de los conciertos que, lo mires como lo mires, queda marcado en tu memoria por la poca fiabilidad de lo que puedas decir. Lo que se escuchó en la parte delantera de La Riviera debió ser tan diferente a lo que escucharon las últimas filas que, digas lo que digas, siempre te podrán acusar de no haberte enterado. Y por momentos fue verdad. De hecho, yo apenas me enteré de que hubo bises. Vi a Harper con su acústica y me daba la impresión de que estaba cantando, pero en ningún momento llegué a escucharlo. Del mismo modo, me dijeron que en un momento del concierto sacó a cantar a Joseph Arthur, que ese día ejercía de telonero, pero yo sólo vi a un hombre paseando por el escenario con un micrófono en la boca. No puedo asegurar ni que cantara ni que no fuera un técnico haciendo pruebas.

Y es que como sonó Ben Harper en su última visita a Madrid fue realmente patético. Lo más gracioso es que la gente, en vez de solicitar más volumen de la mesa de sonido, se dedicó a chistar al que estaba plácidamente pidiendo una copa al camarero o arrullando cálidamente a su chica. Aquello parecía, por momentos, un concierto de música clásica cambiado de sitio.

Hubo más cosas que colaboraron a ello. Yo nunca había visto a un artista que se trajera un sillón para actuar. Harper no sólo se lo trae, sino que lo usa durante todo el concierto. Es sabido que siempre toca sentado, pero, como siga así, con el tiempo se va a traer la cama, con edredón y todo.

Si salvas estas cosas, el de Ben no fue un mal concierto. En Madrid gustan los guitarristas y, siendo éste tan bueno como demostró, era lógico no sólo que congregara a un numeroso público, sino que éste disfrutara un montón (siempre y cuando escuchara, claro). Harper brilló especialmente en su lectura del blues, una visión del estilo que recordaba mucho a Hendrix aun cuando las formas del californiano no tuvieran la esencia salvaje que ofrecía el mítico zurdo. Ben juega con unas guitarras hechas a medida que, casi siempre, toca sobre sus rodillas, pero lo mejor es que juega poniendo el alma en ello y consiguiendo trasladar su feeling a toda la audiencia (que oye).

Hizo un recorrido por sus cuatro discos concediendo especial preponderancia a su último "Burn to shine". De él escogió "Less", "Alone", "Please bleed", "The woman in you", "Steal my kisses" o la pieza que da título al álbum. También hubo referencias a sus obras anteriores, abriendo con el "Don't take that attitude to your grave" de su primer disco y dejando retacitos de "Fight for your mind" ("Excuse me", "Mr.", "Burn one down", "Ground on down", "Opression"...) y "The will to live" ("Faded"). El resto pertenece a la entelequia, ya que sólo estuvo disponible para las primeras filas.

El concierto lo abrió Joseph Arthur, que aprovechó para presentar algunos temas de su más reciente "Come to where I'm from". Fue un repertorio corto que sirvió de espera para lo que debería haber sido el plato fuerte de la noche.

E.P.

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