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Subterfuge cumple diez años y lo celebra con gira y con una edición especial. Noviembre del 99

¿Cómo es una compañía independiente?

No es ni la primera compañía independiente de este país ni la que más discos tiene. No es tampoco la más preparada ni la más moderna. A pesar de ello, Subterfuge es el sello que, por avatares de la vida, ha conseguido que muchos medios miren a la escena independiente de este país con respeto, haciendo las cosas de manera singular y cogiendo una parte de mercado que mantiene gracias a su imagen de marca.

Parecía que los noventa tampoco iban a marcar el despegue. Si bien en esta década han proliferado las compañías independientes por doquier, una selección de mercado ha dejado en vigor a las más solventes. En este terreno, hablar de solvencia sólo quiere decir una cosa: hacer las cosas lo suficientemente bien para que no te hundas mientras publicas la música que consideras más atractiva. Algunas compañías han preferido la especialización, otras los mercados locales y otras la mera licencia de producto extranjero. Todas han tenido los mismos problemas para mantenerse y éstos se pueden cifrar, básicamente, en tres aspectos: el poder entrar en los medios a fin de dar a conocer su producto, el dar con la distribución adecuada para que el comprador no tenga que volverse mico buscando un disco y, como conclusión de éstas, el vender lo suficiente para hacer factible un balance de gastos e ingresos.

Muchas lo han conseguido y eso ha supuesto que, en la década de los noventa, la música española avanzara más que en los cincuenta años anteriores. Ahora hay más grupos que nunca y muchos de ellos pueden llegar al público por medio de compactos dignamente grabados. Lo que falta es, únicamente, lo que se da en muchos otros países: que periódicamente alguna compañía pequeña lance un producto que llegue al mercado masivo. Compañías como Avispa (con Medina Azahara), Suicidas (con Reincidentes), Picap (con Lluis Llach) u Horus (Mojinos Escozíos), por citar sólo algunas, han dado en el clavo y han pegado el pelotazo poniendo en cuestión lo que las radios mayoritarias programan o lo que las televisiones ofrecen diariamente. Con todo, la mayoría de estos éxitos se ha ubicado en un público que es, con mucho, el que más discos consume. Siempre se ha contado con la fidelidad de la gente y en pocas ocasiones se ha tratado de un lanzamiento novedoso que ponga en cuestión los terrenos estéticos de nuestra música.

Es ahí donde entra Subterfuge. Esta compañía ha crecido, como muchas de sus compañeras generacionales, ordenadamente y de acuerdo a sus posibilidades. Se ha ubicado en un terreno en el que vender cinco mil copias asegura la permanencia y se ha hecho con un público que es más fiel a la etiqueta que a sus propios músicos. Ha conseguido llegar a muchos medios de comunicación y ha mostrado un eclecticismo extraordinario que le permite elegir y difundir una amplia gama de estilos. Además, fue la primera que dio el salto al público realmente masivo con un producto plenamente novedoso. Con la aparición de "Devil came to me", el segundo disco de Dover, se abrió un antes y un después dentro de las compañías independientes. Ese éxito animó considerablemente a otras compañías, demostró que lo local puede ampliar su territorio y tiró por tierra todos los complejos idiomáticos que muchos críticos tenían respecto a las bandas españolas.

Subterfuge cumple ahora diez años y lo celebra como suele, con una gira de sus habituales fiestas en directo y con la edición de un curioso pack en el que, además de un recopilatorio, regala pegatinas, posavasos, un folletito con su historia y tres o cuatro cosas más. Hablar con Carlos Galán, el director de Subterfuge, orienta mucho sobre el ambiente independiente que se respira actualmente. Hace tres años había que ir a verle a un pisito de Augusto Figueroa en el que las paredes respiraban el olor del tabaco aliñado, su plantilla se reducía a dos o tres personas (dependía del día) y las sillas en las que te sentabas habían tenido más dueños que un disco de segunda mano. Ahora Subterfuge tiene un coqueto y amplio piso en Tirso de Molina, dieciséis trabajadores, su propia distribuidora y un roster de artistas que abarcan desde el jazz melódico al trip-hop y desde el pop juvenil a la música introspectiva de Mercromina o Sexy Sadie.

No es mi intención que Carlos nos cuente su vida. Quiero hablar de la escena que se dio en llamar "indie" y de la que él es un espectador de excepción. De hecho, ha jugado en el equipo titular, por lo que sus opiniones serán siempre más válidas que las de sesudos observadores y analistas.

-- "En 1989 se había pasado la resaca que hubo desde el 85. Entonces los sellos independientes habían crecido mucho y había aparecido un vacío importante respecto a lo puramente underground. Por entonces funcionaban ya Munster y Romilar-D, que son los sellos referentes en los que me fijé. Yo empecé con un fanzine y creo que, junto con otros sellos que empezaron a editar en el 92 y el 93, servimos para instalar otra escena diferente, en la que la constancia, a diferencia de las compañías aparecidas en los ochenta, generó que hoy tengamos una parcela en el mercado. Es pequeña, pero cuenta con la misma presencia que puede tener cualquier multinacional".

-- ¿Habías aprendido de los errores que mostraron las compañías independientes aparecidas a primeros de los ochenta?

-- "Lo que aprendí fue a empezar con el mismo espíritu con el que empezaron ellos, pero había muchas diferencias. Aquéllas fueron compañías con más gente, especies de cooperativas en las que opinaba más personal que en las actuales, que han nacido prácticamente de un par de personas o poco más. Por otro lado, el contexto histórico era diferente: era la época de la transición, de los primeros gobiernos socialistas, de Tierno Galván, de gente que daba un apoyo a la música que ahora no existe. También, muchos de quienes formaron aquellos sellos eran gente que había estado en compañías grandes e incluso alguno de ellos tenía una seria preparación empresarial. Era una cuestión diferente de actitud y de ver las cosas de modo distinto".

-- ¿Son más familiares las surgidas en los noventa?

-- "Todo fue mucho más artesanal. Hasta el 93 yo no fui consciente de que había montado una cosa que derivaba en una compañía discográfica".

-- En un artículo que publicaste en el primer anuario de esta revista señalabas que te convertiste en empresario sin darte cuenta…

-- "Es que fue así. Cuando saqué el número 0 del fanzine tenía el almacén debajo de mi cama. Luego, un día pillas un cuartito. Otro día, por circunstancias de la vida, te vas a vivir solo y en una habitación montas algo… y hasta hoy. Por suerte, nunca he tenido que pedir un crédito ni decir 'voy a montar una compañía discográfica', sino que todo se ha dado con muchísima naturalidad".

Los inicios no fueron iguales para todos los sellos que surgieron a principios de los noventa. El terreno abonado y la pobre oferta de las compañías grandes animaron a muchos a buscar una posibilidad de negocio divertido dentro del mundo de la música.

-- "Yo conocí a algunas compañías en las que empezaron dos o tres socios con un sueldo. Meterte en una serie de gastos todos los meses desde el principio es lo menos recomendable. Yo, en ese aspecto, siempre he ido acorde a mis posibilidades: cuando tuve que estar solo a los veinte años, estuve solo; cuando Gema "(la otra parte trascendental en el crecimiento de Subterfuge)" empezó a ayudarme, empezó sin cobrar… todo se ha ido dando naturalmente. Otras compañías vieron que había una parcela donde entrar y, tal vez, entraron con otro tipo de pretensiones. Creo que las que han quedado nacieron con nuestra misma filosofía".

-- La mayoría de los sellos que aparecieron, y que han aparecido después, parecen conformarse con una difusión local que anime la escena en un determinado sitio. Vosotros sois de los que han dado el salto…

-- "También ha sido parte de ese proceso artesanal. Hemos intentado estar en todos los sitios y, hasta hace cuatro años, Gema y yo éramos quienes montábamos nuestro stand en el Espárrago. Hemos hecho una labor de base que no es que sea complicada, pero para la que necesitas tener veinticuatro o veinticinco años".

-- Ahora ese salto aparece en forma de distribuidora y eso ya es otra cosa. Un sello independiente puede ser una especie de hobby si sabes administrarte, pero una distribuidora ya es una empresa muy seria…

-- "Nosotros hemos vivido el batacazo de las tres distribuidoras con las que hemos trabajado. Ahora, con la perspectiva del tiempo, pienso que ello vino dado por una mala gestión de esas empresas, pero es que la cosa es tan difícil que hace un año te hubiera dicho que prefería montar un estanco a una distribuidora. Sin embargo, con todo este varapalo, hemos llegado a la conclusión de que o te distribuyes tú o te distribuye una multinacional. Las condiciones que nos ponían las multinacionales con las que hemos hablado eran absolutamente abusivas y habrían supuesto, a la larga, la muerte de Subterfuge. Así que… nos lo hemos montado".

-- Se suele señalar, precisamente, que uno de los errores que tuvieron las independientes de los ochenta es su fragilidad en la red de ventas…

-- "Ninguna distribuidora con las que habíamos trabajado se había preocupado por nuestro producto. Todo era vender a Tipo, a Madrid Rock, al Corte Inglés y nada más. Es importante que haya una persona encima de las tiendas y eso es difícil de mantener, ya que los comerciales van a comisión y no pueden vivir sólo de Subterfuge. Tiene que ser gente que cuente con otros catálogos y que no trabaje en exclusiva para ti, pero… es una manera de empezar".

-- Ahora sois vosotros quienes tenéis otros sellos en distribución. Supongo que se les tratará como a ti te hubiera gustado que te trataran.

-- "Son sellos muy pequeños, como Alkilo, Spicnic… gente a la que conocemos y a la que procuramos ayudar".

El gran enigma que se plantea actualmente para las compañías independientes es la respuesta que se puede dar a la piratería en CD grabable. Dicha actividad afecta ligeramente a los álbumes de millones de ventas, pero, lógicamente, el porcentaje de ejemplares pirateados aumenta considerablemente al disminuir el volumen de copias.

-- "Creo que este año la piratería se habrá llevado el cuarenta por ciento de lo que podíamos haber vendido. Ese tema depende un poco del target del artista, el público al que va dirigido. Fangoria puede tener cierto público joven, pero también otro maduro, con poder adquisitivo, que no va a perder el tiempo en grabarse un disco. El caso de Fromheadtotoe, por ejemplo, es diferente: cuenta con un público más joven que igual tiende más a esa tendencia. Es un rollo muy preocupante y me alucina la falta de movimiento por parte de las multinacionales en ese sentido. Con posturas como las que defienden, diciendo que les afecta sólo en un diez por ciento, o las de la SGAE, que señala que las copias piratas pierden una cierta calidad… poco podemos avanzar".

-- Habrá que hacer algo. Supongo que no tiene sentido el esperar que otros te vayan a resolver la papeleta…

-- "La piratería ha aparecido por un abuso total de los precios. Los discos llegan muy caros a las tiendas y ocurre un poco como con la ley seca: como no había alcohol, el que lo vendía lo ponía carísimo. Luego se regularizó y volvió a un precio normal. En este caso, creo que hay mucha especulación en las tiendas y a lo que va a llevar eso es a la desaparición del intermediario, quien, al fin y al cabo, es el que se lleva el doscientos por cien de beneficio en cada disco".

-- ¿Cuánto se lleva el artista de cada disco?

-- "En nuestro caso es entre el doce y el dieciséis por ciento del precio al que vendemos. En una multinacional creo que está entre un siete y un ocho, aunque supongo que gente como Alejandro Sanz tendrán su propia escala. Del precio final que se pone en la tienda puede terminar llevándose un tres o algo así".

-- Vosotros tenéis la suerte de que mucha gente compra los discos de Subterfuge en lugar de los discos de vuestros artistas. Eso supone una imagen de marca que muy pocos sellos han conseguido colocar en España. ¿Cómo lo habéis conseguido?

-- "Promocionando esa marca desde el primer momento. Empezamos con un fanzine que sigue en la calle diez años después de nacer. Esponsorizamos muchos de los actos de nuestros artistas y lo primero que se ve es que 'Subterfuge presenta…' Hemos hecho las cosas de una manera un tanto especial, con mucho contacto con el público, potenciando un servicio de venta por correo, de información… un montón de cosas".

-- La venta por correo ha supuesto una magnífica manera de llegar a la gente…

-- "No lo enfocamos a la venta pura y dura. Tenemos un mailing de cuarenta y cinco mil personas y calculo que así compra un diez por ciento de la gente a la que le enviamos nuestro catálogo. Para lo que sí nos vale es para tener un contacto permanente con el comprador, ya que hay mucha gente que, aunque reciba el catálogo, luego compra el disco en la tienda. El catálogo hace las veces de boletín donde la gente puede ver las novedades que sacamos, una explicación lo que es cada disco… Es como los festivales: antes eran nuestra bujía principal porque nuestros discos no estaban en las tiendas. Ahora que están, se trata más de hacer de escaparate, de estar cerca del público".

Otro tema fundamental: el modo de abordar la promoción. Los medios tienen especial tendencia a dejarse llevar por los artistas de las más grandes, por quienes cuentan con una buena inversión detrás y por quienes están orientados hacia el público menos exigente. Para una compañía pequeña es prácticamente imposible entrar en las fórmulas radiofónicas que aseguran las radiaciones continuadas, aparecer en los periódicos diarios o tener cierta parcela en la prensa especializada. Subterfuge parece ser de las que ha ido ganando batallas en todos estos terrenos.

-- "En el 93, cuando apareció el primer disco de Australian Blonde, la gente empezó a ver que ahí había algo y entonces los medios empezaron a hablar de 'la invasión indie'. De cierto modo, aquello fue perjudicial, ya que se infló todo demasiado cuando aún estábamos un poco en bragas. Luego, a falta de pasta, teníamos que exprimirnos el coco y, de alguna manera, mantener un contacto con los medios, que se fijasen en nosotros y poder explicarles casi de tú a tú lo que hacían nuestros artistas. No era vender un producto, sino vender algo que a ti, desde el primer momento, te encantaba".

-- Mucha gente piensa que lo de meteros a todos en un saco tuvo una vertiente positiva: medios que nunca os habrían hecho caso empezaron a hablar de compañías en las que no habrían reparado sino hubiera existido ese fenómeno de "explosión indie".

-- "Nos sirvió para tener acceso donde hasta entonces no lo teníamos, pero lo vieron una moda y la abordaron como tal. No fueron al contenido, sino al continente. Lo asociaron a una moda de vestir, al grunge, que si tal, que si cual… Se habló demasiado de una historia que tan sólo estaba fraguándose, aunque con el tiempo hayan salido cosas importantes de ahí".

-- Lo malo es que ahora aquellos medios han vuelto a hacerse autistas. Sólo hablan de artistas promovidos por compañías grandes sin atender a un criterio propio de exigencia.

-- "Tuvo que venir una 'selección natural', dar atención al contenido en vez de al continente. Con aquello se nos abrieron muchas puertas, pero luego hubo que luchar una barbaridad para que esas puertas siguieran abiertas. Mucha gente hacía artículos de los indies, pero había que demostrar que existía algo duradero detrás de eso. Puede que más de un sello no es que se durmiese, pero consideró que podía mantener su superindependencia sin claudicar y pasar por determinadas cosas que por su filosofía o su ética no compartía. Nosotros aprovechamos ese interés que los medios mostraron para intentar mantenernos".

-- Actualmente parece que, salvo en casos excepcionales, las compañías pequeñas sólo pueden obtener respuesta por parte de la prensa especializada, las radios libres o… ¿Radio 3?

-- "Aunque te guste o no la gestión que lleve, es la única radio potente que llega a todos los sitios y apuesta por nuestro producto. Las radios libres aún llegan a muy poca gente. Es el mismo caso que nosotros con las multinacionales: la sombra de los 40 es muy alargada. Por mucho esfuerzo que hagas, la gente cada vez tiene menos tiempo para el ocio y sólo le llega lo que le meten por los ojos. Antes, por lo menos, tenías Cadena 100 y los 40, pero Prisa es muy absorvente. Es muy difícil luchar contra una radio, un emporio televisivo, la prensa… Es casi un monopolio".

-- Curiosamente, las radios libres tienden a apoyar el producto independiente porque son estas compañías las que más apoyan este tipo de comunicación. Es necesario mantener esa relación…

-- "Nos apoyaron y nosotros les apoyamos. Nunca hemos dicho 'renunciamos a lo anterior y nos vamos para el otro lado'. Creo que hablando con cualquier radio independiente te dirán que sigue existiendo el mismo trato que antes y que aquí somos las mismas personas que antes de Dover, que seguimos apoyando también la historia de los fanzines y de todo lo que se mueve a su alrededor".

Ha salido varias veces en la conversación y se hace necesario abordar ya el tema. La actual Subterfuge no sería igual sino fuera por el éxito de Dover. Antes de que apareciera "Devil came to me" el sello facturaba la décima parte de lo que facturará este año, pero eso es sólo la mitad de lo que se facturó el pasado año.

-- "Nos permitió cambiar nuestro nivel de infraestructura. Ahora tenemos la capacidad de hacer lo que hacen las multinacionales, el poder llegar a todos los sitios con un producto bueno. Creo que asimilamos muy bien lo que nos pasó; no nos volvimos locos y lo que nos ha engrandecido personalmente es que hemos asimilado muy bien que Dover ya no esté. Somos conscientes de que aquello fue una marcianada y tuvimos la suerte de que nos tocó a nosotros. Por supuesto, lo supimos trabajar bien, pero, sin duda, nuestra baza es otra: un tipo de grupos de los que nos cuesta vender diez mil copias pero con los que disfrutamos cada copia que vendemos. Somos conscientes de que eso de colocar veinticinco mil a la semana se ha terminado. Dover nos ha servido, a todos los niveles, para aprender mucho. Para aprender a saber vender y para saber estar resistiendo cuando las ventas no se acompañan con otras cosas".

-- Aquello sirvió para potenciar aún más la etiqueta de Subterfuge. Se hablaba tanto de vosotros como del grupo…

-- "Por supuesto. Algunas puertas las teníamos un poquito abiertas y Dover fue un ariete para terminar de abrirlas completamente. Luego hay otras que, después de Dover, se nos han vuelto a cerrar, no sólo a nivel de medios, sino a nivel de tiendas o distribuidores. Son gente que compraba dos mil discos de Dover y que después, ni se han vuelto a preocupar por otros discos nuestros, que ni siquiera se ponen al teléfono si les llamas. Hemos tenido que mantener las puertas que se nos abrieron, no dormirnos en los laureles y aprender. Si viene otro Dover… se van a enterar".

-- ¿Y por qué no salen otros Dover? Hasta el mismo grupo señala que hay más bandas que, por trabajo y calidad, merecerían tener más reconocimiento. ¿Qué es lo que impide que, por lo menos una vez al año, un artista independiente llegue al público masivo?

-- "Lo que ha vendido Dover es lo que ha vendido toda la industria independiente junta en estos diez años. Es brutal. Yo creo que España es un país difícil para mantener el público, el consumidor masivo. Pienso que este caso fue como el de Los Bravos en los sesenta o Mecano en los ochenta. En el caso de Dover, apareció un público nuevo muy joven que empezaba a consumir música, público que tenía el acceso a los 40 principales (el gurú espiritual de todos los niños) y que eligieron ese camino. Por otro lado, Subterfuge, como compañía, comenzaba a tener una madurez que permitía trabajarlos según iban creciendo las cosas y, por supuesto, están los propios Dover: sus canciones, sus directos… Es como una conjunción astral que se da muy de cuando en cuando. Se juntaron muchos factores, ya que competir con el producto multinacional es muy difícil, sobre todo ahora que se lleva lo latino".

-- Lógicamente, el resultado no se puede asegurar, pero… ¿no se pueden trabajar otros grupos de la misma forma?

-- "Es la falta de una fórmula mágica que yo no tengo. Nosotros hemos trabajado otras cosas de manera similar a lo que hicimos con Dover, a nivel de compañía y a nivel de grupo. Dover empezó a tocar cada fin de semana, se llevaban su cajita de discos y volvían los lunes con la caja vacía. Se veía un movimiento que hemos notado con otros grupos, pero… el resultado que tuvo es un expediente X inexpugnable".

-- El caso de Dover trae otro tema a colación. Algunos de tus artistas han pasado posteriormente a compañías multinacionales. ¿Cómo valoras los resultados para los grupos?

-- "Depende de cada caso. Quizás Australian Blonde o Undrop han metido la pata porque el cariño con el que se trataban sus cosas aquí no lo van a encontrar en las compañías donde ahora están, ya que les van a exigir resultados pronto. El caso de Dover era más delicado. Nos quedaba un año de contrato y creo que hicieron lo que tenían que hacer. Para Subterfuge habría sido muy difícil soportar el lanzamiento de su nuevo disco y todo había crecido tanto que las relaciones tampoco eran las del principio. Los grupos, cuando empiezan a vender, empiezan a pedir cada día más. Cuando les das un primer piso te piden el segundo y cuando has llegado al ático ves que es imposible darles más. Creo que, en el caso de Dover, fuimos ofreciéndoles todo lo que querían hasta que llegamos al tema de la distribución en el extranjero, algo que para nosotros era imposible. En su caso creo que hicieron bien".

-- Has hablado de la relación con el grupo. Siempre se ha señalado que una de las grandes diferencias entre grabar para una multinacional o para una compañía independiente es, precisamente, ésa: el hecho de que una compañía grande es algo así como un ministerio. Sin embargo, cada vez se ve más el caso de artistas de pequeños sellos que también vuelcan sus quejas en la manera en que estas compañías trabajan sus productos, en la manera en que liquidan…

-- "A nosotros nos ha podido pasar, pero, por la libertad que damos a los artistas para decidir sus cosas, siempre se ha provocado una relación clara. En el 96, tal y como estaban las cosas, había gente que creía que podía vender cuatro mil discos pero que sólo vendía setecientos. Eso pudo sembrar dudas alrededor de las compañías. En nuestro caso, creo que lo de Dover demostró a todos los grupos que nada nos gustaría más que poder decirles 'tío, he vendido quince mil discos tuyos'. Nuestros artistas saben que hemos convivido con ese tipo de boom y que, sin embargo, hemos seguido manteniendo nuestro apoyo activo en ellos aunque vendan tres mil discos. Siempre que el grupo piensa que algo es fallo de la compañía se habla. En cuanto a lo de las liquidaciones, nosotros pagamos a Autores según lo que fabricamos, no como las multinacionales, que pagan según lo que venden. Comprobar nuestras ventas es sumamente fácil: basta con pedir una inspección de la SGAE. Ese tema, desconfiar de la compañía, es muchas veces una demagogia".

El éxito de Dover trajo consigo otro tema de interés para las compañías independientes: el interés que la gran industria puso en su mercado. Desde aquel boom empezaron a surgir A&Rs que miraron directamente a los resultados de los músicos de las independientes e incluso a los propios sellos. Se trataba de reproducir el esquema que en Inglaterra y Estados Unidos ha tenido buenos resultados. Aquí, sin embargo, parece que los planteamientos no son tan interesantes.

-- "A nosotros nos propusieron muchas cosas en la época de Dover, pero vi claramente que Subterfuge les importaba un bledo, que lo que querían era solamente al grupo y lo enmascaraban en su supuesto interés por la compañía. En ninguna de las ofertas había una valoración de lo conseguido: eso de mejorar los puestos de trabajo, los sueldos de los empleados, conservar tu infraestructura y tu manera de distribuir… una apuesta de futuro. Una oferta de ese tipo la valoraría si me sirviese para mejorar, pero nadie, absolutamente nadie, me ha hablado de eso. Simplemente se trataba de tenerte para que no te tuviera otro".

-- Parece que lo más lógico sería que las compañías grandes entendieran que no saben trabajar en productos pequeños. Todas las multinacionales tienen infinidad de discos que no mueven por su incapacidad para convertirlos en éxitos masivos y eso hace que muy buenos artistas, que podrían generar importantes beneficios, se queden abandonados porque sus ventas se consideran demasiado pequeñas para los objetivos de estas compañías.

-- "Las ofertas que me han hecho siempre han pasado por destruir los discos de los artistas que no vendieran quinientas copias. Una multinacional tiene que ir a cubrir unos presupuestos y yo tengo la ventaja de poderme permitir el lujo de sacar discos que me van a gustar a mí y a muy pocos más. Gente a la que admiras musicalmente, aunque su repercusión sea mínima. Ese rollo de 'si no venden quinientas copias se van', 'cada año podemos eliminar tres títulos del catálogo', 'si no se te devuelven cajas enteras de veinticinco compactos podemos destruirlo'… Nosotros estamos intentando consolidar una distribuidora independiente que quizás podría ser aprovechada por las multinacionales para cuidar un producto que ni mueven. Sony, por ejemplo, tiene el sello Creation, que edita muchísimas cosas que no salen aquí y que lo mismo se podían trabajar de otra manera".

-- Lo que podría aportar la distribución de una compañía multinacional es la expansión en el extranjero. Por lo que parece, lo hagan como lo hagan las independientes, apenas obtienen repercusión en otros países mientras que aquí estamos viendo todos los días cómo nos llegan discos de independientes alemanas, norteamericanas, mexicanas…

-- "Nosotros lo intentamos y el disco de Dover, por ejemplo, se envió a todas las distribuidoras que conocíamos, pero resultó muy difícil. Cada país tiene su Dover, su Nawjajean… El entusiasmo que puedes proyectar porque haya vendido bien en España no puede llegar a otros sitios con nuestra infraestructura. No es como las multinacionales, que tienen sus subsidiarias en cada sitio. Es como si a mi me ofrecieran un grupo que ha vendido cuatrocientos mil discos en Alemania: muy claro lo tendría que ver para mojarme con esa gente porque… ¡a ver con qué cara me pongo a hablar con Sexy Sadie o con los Fresones y les digo que voy a hacer una inversión con un grupo alemán cuando ellos tienen un determinado número de carencias que tienes que solventar! Quizás hay mercados más especializados, como el heavy o el thrash metal, que tienen sus propios canales, pero me parece que en el pop y el rock todo el mundo tiene cubierto su cupo".

Algunos sellos independientes abogan por la especialización en un determinado género de música, pero Subterfuge no. El tema tiene sus pros y sus contras, pero, evidentemente, va ligado a los gustos y preferencias de los dueños de los sellos editores.

-- "Nosotros, como la mayoría de los sellos, nos hemos hecho más con el corazón que con la cabeza. Yo soy una persona ecléctica y eso lo proyecto sobre la compañía. Luego la gente ha potenciado también esa imagen de marca sabiendo que se podía comprar el disco de Nawjajean o de Fresones Rebeldes porque, aunque no tienen nada que ver, hay una actitud detrás que es seña de la compañía: el modo de moverlo, de promocionarlo… Proyectar esa historia sobre la gente es importante. En los sellos que se especializan llega el momento que, cuando tienen que hacer catálogo, a veces lanzan cosas que no tienen el mínimo de calidad que les gustaría exigir pero que es lo único que hay en el terreno que trabajan".

-- Supongo que la especialización vendrá dada también por la imposibilidad de lanzar más discos sin salirse del presupuesto. Vosotros habéis enfocado vuestra bonanza económica en el lanzamiento de nuevas series y en la mejora técnica de las producciones.

-- "Cuando no había, me gustaba ser sincero, decir 'hay que hacerlo de esta manera porque no hay otra'. Sin embargo, cuando ves que con un poco de esfuerzo los discos suenan mejor, que cuando lo puedes masterizar todo mejora… De alguna manera, el artista te está dando la obra que él hace en su local y que a veces supone el curro de años. Creo, por una cuestión de respeto, que hay que intentar que el disco suene lo mejor posible sin traicionar nunca el objetivo artístico del músico. Puede que la producción del próximo disco de Fromheadtotoe, aunque hayan vendido tres mil copias, sea más cara que la de los Fresones Rebeldes que han vendido quince mil. ¿Por qué? Porque los Fresones hacen un tipo de música en la que hasta ellos, en su conciencia, no admitirían que la compañía se dejara más dinero para las posibilidades artísticas que piensan que tienen".

-- Cada vez es más frecuente eso de mandar a los músicos al extranjero encareciendo la producción. ¿Tiene sentido?

-- "Eso es dar otro salto que me niego a dar a no ser que sea una cosa muy clara o que el grupo se lo pueda merecer. No creo que aporte demasiado. El disco de Doctor Explosion, por ejemplo, lo hicimos en Seattle pensando que iba a sonar mejor o que el áurea de traerlo de allí iba a aportar algo y no sirvió de nada. Suena igual que los otros, se vende igual que los otros pero nos ha costado un poquito más".

Hablando de todos estos temas, puede parecer que quien dirige una compañía independiente no tiene tantas diferencias con quien dirige una multinacional. Sin embargo, sí las hay. Precisamente lo que estamos tratando de ver es cómo la industria independiente ha surgido y se ha consolidado desde unos modos de actuación mientras que las grandes compañías demuestran un anquilosamiento peligroso tanto en su forma de comercializar la música como en su forma de presentarla. Eso pasa, lógicamente, por un carácter personal. Este mismo año Subterfuge se hizo con el Premio de la Música concedido a la mejor compañía independiente y el galardón aparece en el despacho de Carlos sin que se aprecie, entre papeles, muñecos y posters de películas gore. Cuando he entrado en el despacho del director de una compañía grande lo primero que me encuentro es una colección de discos de oro y fotos a diestro y siniestro con los artistas multivendedores. La mayoría de los despachos en los que trabaja la gente de las independientes respira actividad.

-- "Empiezas a sentirte empresario cuando comienzas a sentir que la gente ya no te ve como el romántico que veían al principio, sino como una SL. Cuando notas eso, cuando notas que llega Hacienda y te levanta el cincuenta por ciento de lo que has generado, cuando antes ibas a salto de mata y te llega una inspección de la SGAE y te pega un palo en cosas que tú consideras totalmente injustas… Ahí te sientes mal, pero todo ha surgido desde el principio de un modo tan inconsciente que igual es ahora cuando me agobio algunas veces".

-- Este tipo de compañías están creciendo. Han crecido durante diez años y ahora se enfrentan a otro tipo de retos, como el caso de la piratería en CD o la transmisión de música por Internet, retos que antes no han tenido. ¿Qué se puede esperar de vosotros para el futuro?

-- "No creo ni en un fin inmediato ni en nada parecido. Lo que se está haciendo va a continuar: tendremos una parcela para bien o para mal. Es un trozo de quesito muy pequeño, pero que obliga a un clima de convivencia. Tenemos que seguir luchando y tratar que esa parcela sea cada vez más grande. ¿Cómo? Llegando a la gente que empieza a definir sus gustos musicales y que ahora la única propuesta que tienen son los 40 principales. Eso atrofia el cerebro. Tenemos que estar como una propuesta más para que, cuando la gente llegue a una edad, pueda elegir su camino, sus gustos, sus historias".

E.P.

Varios. "Subterfuge box. 10º aniversario". Subterfuge

Los problemas más importantes

En la pasada edición de "Todomúsica" se organizó una mesa redonda en torno a la problemática que tienen ante sí las compañías independientes. El título de la convocatoria era ya, de por sí, específico: "Independientes, ¿negocio o ruina?". La respuesta a dicha pregunta no quedó resuelta, aunque sí se abordaron algunas cuestiones que hacen pensar sobre el particular. Francisco Martínez, de la discográfica Avispa, señaló uno de los motivos fundamentales que expresan con claridad la gran diferencia que sostienen en su funcionamiento una compañía multinacional y una independiente. "Nosotros nos jugamos nuestro dinero", comentaba. Esto, que puede parecer una perogrullada, no lo es en absoluto. Cualquier empleado en una compañía multinacional tira, mejor o peor, con pólvora ajena y, en base a eso, sus decisiones son meramente económicas. En un sello pequeño, sin embargo, el rendimiento económico no deja de tener importancia, pero ésta es relativa cuando aparecen otros factores. "En nuestro caso tenemos un compromiso cultural y lingüístico", señalaba Joan Carles Doval, de la compañía Picap, un sello catalán totalmente comprometido con la música de aquella comunidad y que cuenta actualmente en su catálogo con muchas de las viejas figuras de la canción de autor realizada en catalán. Lluís Llach, Raimon o Maria del Mar Bonet son algunos ejemplos y éstos mismos serían válidos para otros sellos (Elkar, Esan Ozenki, Clave…) que anteponen un compromiso localista y cultural a un rendimiento económico más abultado. Esto, lógicamente, no pasa por un suicidio romántico a nivel empresarial. Manuel Marvizón , de Villamúsica, señalaba claramente refiriéndose a este caso, que "somos empresas, no locos".

Otra de las diferencias que se dejó clara con respecto a las compañías grandes la expuso José María Martínez, de Pep's. "Las multis no están en la calle", señaló refiriéndose a la manera cómo las diferentes empresas buscan sus productos. Joan Carles ahondó en el tema hablando sobre la relación que mantiene con sus artistas: "Siempre se habla de los que pasan de las independientes a las multinacionales, pero nosotros, por ejemplo, somos de los que hemos rescatado artistas que han salido rebotados de las multinacionales. La indie trata al artista de otra manera, ya que si un disco no funciona con un rendimiento rápido se sigue con él, sin abandonarlo". "En una empresa como las nuestras "--añadía Francisco--" no basamos todo en un presupuesto. Las multinacionales organizan estrictamente ese concepto y, aunque vean que un disco no vende, siguen gastando lo que está escrito aun cuando no tenga ningún rendimiento. Del mismo modo, si un artista resulta, muchas veces se ve incapacitado para crecer habida cuenta que, a lo mejor, su presupuesto de promoción se ha terminado y no se modifica". Estas críticas a las compañías grandes podrían ser contrastadas, pero, curiosamente, no apareció ninguna opinión discrepante en este aspecto por parte de nadie. Lo que sí surgió fue preguntar sobre el descontento que cada vez más artistas evidencian también en los sellos pequeños argumentando que su producto siempre podía tener más posibilidades de las que se le da. "Hay artistas que nunca están a gusto, ni en indies ni en multis", comentaba Joan Carles, quien recientemente ha tenido en su catálogo a Loquillo, artista que grabó su último álbum de estudio con Picap. El

Loco no se cortó, en la presentación de dicho disco, a la hora de criticar a Hispavox, su compañía de siempre, para justificar su paso a Picap a fin de grabar "Con elegancia". Pocos días después, sin embargo, el cantante catalán volvía a Hispavox y vertía sus críticas contra el sello independiente al que había alabado anteriormente.

Un tema que no podía dejarse de lado era la preocupación por la distribución de los discos. De las compañías que contaban con ponentes, únicamente Pies es distribuida por una multinacional, aunque reconoció aceptar unas condiciones que al resto de las compañías les parecieron abusivas. Tanto los representantes de Picap como los de Avispa hicieron hincapié en el buen funcionamiento de su propia red de ventas, lo que animó a parte del público, pertenecientes también a otros sellos independientes, a proponer el inicio de relaciones entre diferentes distribuidoras que cuidan el producto a nivel local pero que no cuentan con medios ni infraestructura suficiente como para acometer una distribución por todo el territorio español. "El defecto más grande que tienen las compañías independientes "--señaló Francisco--" es el poco contacto que tenemos entre nosotros. Crear una asociación de este tipo sería interesante, pero siempre y cuando no nos impusiéramos nada a nosotros mismos. Al fin y al cabo, quien tiene una tienda de discos lo que quiere es vender y poco le importa si los discos que vende son de una compañía grande o pequeña".

Este hecho dio paso a analizar la presencia que en los puntos de venta pueden tener las compañías pequeñas. Cada día más, las empresas con mayor poder económico están haciéndose las únicas poseedoras de los espacios de las tiendas con muy pocas referencias y llegan, incluso, a pactar su presencia en escaparates y puntos estratégicos, algo que deja a los sellos más pequeños relegados a sitios muy poco estratégicos. Poco más o menos viene a suceder con la presencia del material independiente en las grandes cadenas de radiofórmula. "Ya es difícil hasta pactar", añadía Francisco, mientras que Joan Carles contaba una situación pintoresca: "Queríamos invertir publicitariamente en radio para la campaña de Navidad, pero ni siquiera nos han escuchado. Ya tienen toda la publicidad vendida y sólo aceptan nuestras campañas después de éstas fechas, algo que, lógicamente, no nos interesa". Si bien Joan Carles señaló que una emisora catalana de reciente creación les solicitaba en sus tarifas publicitarias el precio de 3.500 pesetas cada vez que sonara un disco suyo, ninguno de los presentes comentó las condiciones que las grandes cadenas les proponen a fin de aceptar sus discos en listas.

Eso sigue siendo un misterio.

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