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Sting abre su universo musical en "Brand new day". Octubre del 99 El optimismo por bandera Muchos se han acostumbrado a escuchar a hablar a Sting sobre causas sociales. Los derechos humanos, la Amazonia Cualquier causa le parecía buena a este hombre que está a punto de cumplir los cuarenta y ocho años para demostrar que él amaba la vida tal y como la concebía, no como se la presentaba la sociedad actual. Ahora, sin embargo, en sus manifestaciones públicas, tales hechos han pasado a un segundo plano. Lo más importante para él es demostrar optimismo. "Con todos los desastres que hay en el mundo no tienes más remedio que ser optimista. Si no piensas así estás condenado al fracaso. La vida siempre me ha recompensado esa actitud con resultados y quiero seguir manteniendo esa postura. Si fuera pesimista sobre el futuro de este disco, por ejemplo, no lo sacaría". Sting está sentado delante de una centena de periodistas contestando sus preguntas. La mayoría de ellas son relativas a su nuevo disco, "Brand new day", un álbum que, como él dice, retrata una faceta mucho más positivista del mundo que la que se podía reflejar en los anteriores discos del británico. Sin embargo, en el aire flota una pregunta obvia. Hace once años, el 10 de septiembre del 88, Sting paró su actuación en el concierto que ofrecía en Barcelona participando, junto a otros artistas, en uno de los shows de la gira "Human Rights Now Tour", organizada a fin de apoyar la causa de Amnistía Internacional. " hoy hace 15 años que fue destruida la democracia en Chile "--dijo--". Durante esta década y media, nosotros hemos tenido noticia de arrestos mortales, desapariciones, degollados obreros quemados vivos y la lista continúa. Los chilenos merecen un gobierno democrático que no tenga las manos manchadas de sangre de su propia gente". Hoy Pinochet está esperando para ser juzgado: "No tengo un especial sentimiento de victoria porque él esté así. Eso no arregla o repara las vidas destruidas por su régimen. No va a arreglar tampoco la vida de los supervivientes. El juicio lo veo como una oportunidad para él, para que demuestre su inocencia o para que diga que lo siente. Me interesa más el papel que otros gobiernos realizaron apoyando a Pinochet, gobiernos muy poderosos". Sting tiene sobre sí una marca que él mismo ha construido. No hay peor cosa en este mundo que el hecho de que una persona rica se solidarice con quienes no lo son. Siempre será señalado con la etiqueta de "claro, así se puede opinar cuando se tiene dinero". "Sigo comprometido con las mismas causas y organizaciones a las que siempre he apoyado: la defensa de la selva amazónica, Amnistía Internacional Lo único que ha cambiado es que he decidido centrarme en el apoyo a un par de organizaciones y no diversificarme tanto como ahora. Creo que es más productivo". Cuarenta y ocho años y está hecho un chaval. Mientras posa para los fotógrafos, muestra su cara de niño malo mirando aquí y allá para que todos estén contentos pudiendo sacarle de frente, con esa mirada traviesa y con su flequillo descolocado. Sin embargo, Sting no tiene nada de travieso; simplemente, conoce todas y cada una de las facetas que influyen en su vida profesional, sabe cómo agradar a todo el mundo y cómo facilitar a la gente su tarea. Cuando aparece en la rueda de prensa saluda en castellano y bromea cuando le falla el micrófono, pone cara seria cuando le hacen preguntas trascendentes y no duda en hacer una gracia cuando lleva mucho tiempo sin sonreír. Estas circunstancias, innatas en su personalidad, son las que le han permitido ser uno de los pocos músicos que ha remontado su carrera después de estar dentro de un grupo de éxito y abandonarlo. Si cierras los ojos y escuchas sus respuestas, te viene a la mente la persona de Phil Collins. Dos carreras similares en todo, tanto que casi son tópicas del artista perfecto: los dos tuvieron una banda que hizo historia, los dos probaron suerte en solitario, los dos hacen actos benéficos siempre que pueden, los dos sienten pasión por el jazz los dos tienen una fortuna impresionante que les permite hacer exactamente lo que les da la gana: "El tener una independencia económica me permite tomarme mi carrera como un juego, pero también lo hacía así cuando empecé y no tenía lo que ahora tengo. Creo que si no hubiera vendido ni un solo disco me lo pasaría igual de bien tocando la guitarra delante de un perro. Hay algo en el sonido de la guitarra, o en la voz humana, que me gusta, que me parece casi hasta curativo. Obviamente, lo de ganar dinero también está muy bien". Las cosas son muy bonitas cuando se pueden hacer como a uno le gusta. El único riesgo que se corre (y en el que muchos tropiezan) es el de caer en manos de lo que tú mismo has construido. "Hubo un tiempo en el que no es que perdiera la ilusión por la música, pero sí me afectaban las presiones que tenía por parte de toda la infraestructura que se creó a mi alrededor. Compañías, músicos, técnicos de escenario todos tenía que comer y yo tenía que pagar las facturas. Esa presión no es útil para fomentar la creatividad, no la favorece". ¿La solución? La obvia: "El disco surgió en casa, jugueteando un poco con los músicos. Durante bastante tiempo intenté que aquello no pareciera la grabación de un disco. Prohibí hablar de ello y me empeñé en que todos los músicos que participaban en él disfrutaran. Solamente al final les dije que sí, que aquello era para hacer un nuevo álbum. Me parecía necesario volver a mis primeras intenciones, pasarlo bien, olvidarnos de ganar dinero para pagar las hipotecas " La sensación obvia es que en Sting ya no queda nada de aquel Gordon Matthew Summer de Wallsend, aquél que abandonó la universidad siendo un gran estudiante para ganarse la vida de un modo bohemio. En aquellos tiempos callejeaba nocturnamente frecuentando los clubs de jazz y terminando siempre en The Wheatsheaf para tocar con los Phoenix Jazzmen. Fue entonces, a finales de los sesenta, cuando se ganó el apodo de Sting debido a que al trompetista del grupo le parecía una abeja porque siempre se presentaba con una camiseta a rayas blancas y negras. Sin embargo, el Sting del año 2000 no está tan lejos de aquél. Sí es cierto que han pasado los años, pero su éxito le ha proporcionado tal libertad que, a estas alturas, puede hacer exactamente lo que quiera, igual que si fuera el bohemio de hace treinta años. "El próximo milenio viviré la segunda mitad de mi vida "--afirma--". Es, seguramente, la etapa más interesante en la vida de un hombre. Nacer en esta época que estamos viviendo ha supuesto para mí una oportunidad y, al mismo tiempo, un desafío". Sueños dorados para los que todavía es un desafío convivir con el mercado de trabajo. Mientras otros tienen esas preocupaciones, ahora la de Sting es mostrar su optimismo y, en su reciente "Brand new day", lo hace con canciones de amor: "Está dentro de mi evolución. No es nada raro escribir sobre eso porque, al fin y al cabo, es el tema más popular dentro de la música. Lo inusual es que todos los temas sean sobre el amor. De todas maneras, la emoción más prevalente en el disco es la del optimismo. Mi estrategia para el nuevo milenio es ésa: el optimismo. Hay demasiada gente preocupada por el fin del mundo, por el efecto 2000 Puede parecer ingenuo, pero mi trabajo es ése: parecer ingenuo". Y, entonces, si estamos hablando del tema más tratado dentro de la música popular, ¿dónde queda el desafío? ¿Y eso de la evolución?: "Lo que quiero conseguir es ser mejor músico y compositor que hace tres años con el anterior disco. Lo que sí es un riesgo es que en 'Brand new day' hay muchos estilos, incluso dentro de una misma canción. Puede que con este álbum tenga problemas en las radios, que no lo pongan porque digan que no es etiquetable". Hum ¿Cuándo una radio ha puesto problemas a un disco de Sting, a esas canciones que, con todo el riesgo que él quiera, están dentro de un universo melódico perfectamente asumible para el público mayoritario? Bueno Entendamosló como el típico guiño y asumamos que la figura del "desafío" es más suya que evidente. Hablemos de lo de la evolución: "A veces, al componer, música y letra surgen a la vez. Otras veces me salían las letras primero, pero aquí ha sido al revés. Durante un año trabajé en la música y en las melodías. Tenía todo secuenciado antes de ponerme a escribir los textos. Pensé que, si había estructurado la música correctamente, sería ella quien me marcaría las historias, tendría una narrativa en su interior. Así que me cogí unos cascos y unos bocadillos y me fui a pasear por unos jardines cerca de donde vivo, en Toscana. Luego, volví por la noche a casa, me puse a escribir y nada. Con el tiempo mejoré; noté que algunas veces de la música surgía una emoción, una historia y poco a poco cada una de las canciones me había contado algo. El proceso es mucho más largo, pero he disfrutado mucho con él". ¿Y ésa es toda la evolución que hay?: "Bueno, he pretendido añadir elementos a mi obra, pero no soy yo quien puede evaluar el resultado con respecto al resto de mis discos. Eso tendréis que hacerlo vosotros". Bien. Evaluemos. Al escuchar "Brand new day" no hay ninguna duda de que estamos ante un disco infinitamente mejor que "Ten summoner's tales" y "Mercury falling". Aquéllos parecían álbumes de serie, realizados desde la tónica habitual de quien sabe que sus baladas van a ser devoradas por emisoras y público. El hecho de haberse centrado en la música sí ha tenido un gran valor. Al fin y al cabo, a Sting le gusta la música y tiene una oreja tan grande como una antena parabólica. En "Brand new day" hay innovación dentro de su obra y se conjugan con gusto diferentes estilos que, por qué no decirlo, Sting no controlaba ni medianamente bien a lo largo de sus discos anteriores. Siempre se ha dicho que este hombre era consciente de que sus músicos eran infinitamente mejores que él y él nunca lo ha negado. Para perfilar "Brand new day", Sting ha recurrido a artistas tan singulares como James Taylor, Stevie Wonder, Branford Marsalis, Chris Botti o Cheb Mami sin dejar de contar con sus habituales Dominic Miller, Manu Katche o Vinnie Colaiuta, pero no ha dudado en exprimirles todo lo que ha podido: "Stevie Wonder, un chico nuevo que promete mucho "--bromea--", tocaba la armónica en sí mayor, una clave que es una pesadilla para ese instrumento. Me maldijo y creo que todavía debe estar acordándose de mí". Aquí hay cosas que Sting nunca había hecho, pero, del mismo modo, tienes el sello del bajista por los cuatro costados. Es como, por ejemplo, en "Desert rose", una canción que cuenta con la colaboración de la estrella del raï argelino Cheb Mami cantando en su idioma. Mientras, el paisaje musical combina con gusto aires magrebíes con loops de trance y esencias jazzies y el ritmo recuerda al Sting de Police cuando jugueteaba con formas caribeñas. Sí. Realmente es un disco de altura, un álbum hecho con la tranquilidad de quien trabaja desde el salón de su casa: "Pasar tiempo en un estudio no siempre es positivo. Hay muchas veces en que puede ser bastante estéril: un sótano, sin ventanas, sin aire Como podía, decidí grabar en mi casa, al lado de mi familia. A veces era un poco incómodo, porque me encontraba cenando rodeado de timbales y cajas o los músicos aparecían por el pasillo cuando menos lo esperaba, pero, por otro lado, es muy positivo. Considero muy bueno que mis hijos me vean trabajar y, al estar en casa, siempre aparece ese espíritu de juego y diversión que luego repercute en la música". Ahora sólo queda lo que se considera "trabajo posterior": la promoción y la inevitable gira. Sting volverá a los escenarios el 4 de enero y, tanto su compañía discográfica como él mismo, no dudan en que pasará por España. "Aquí siempre me he sentido muy bien recibido", comentaba. E.P. Sting. "Brand new day". Universal
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