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Latino Diablo reaparece con fuerzas renovadas. Mayo del 99

Consolidación en clave de funk

Es fundamental en una banda que mejore en cada uno de sus trabajos. Latino Diablo ya tiene listo "Frecuencia latina", lo que es su segundo disco, y, afortunadamente, cumple con el requisito. El grupo no ha dejado de evolucionar dos años y medio después de debutar con un álbum sorprendente.

"Latino Diablo es lo primero que hemos hecho a nivel propio. Aunque siempre hemos estado metidos dentro de la música, lo que hicimos anteriormente no lo vemos sino como una forma de vivir, un trabajo que podría haber sido el de vender zapatos o el de subirse a un andamio. Era una cuestión meramente profesional". Así sientan las bases de su pasado Javier Pedreira, Manuel Mejías y Mario Carrión, los tres miembros de Latino Diablo. Juntos sorprendieron en la segunda mitad del 96 proponiendo una música personalísima en "El mundo no es de la gente humilde", su álbum de debut. Allí se daban la mano riffs de guitarra y scratchs discográficos, rapeos de hip-hop y trabajo musical, todo ello en un ambiente oscuro que sentenciaba personalidad y una dura labor de producción. Ahora, con nueva compañía y con un tiempo de silencio que ha servido de reflexión, vuelven con un disco aún más interesante que su debut.

"El primer disco nos proporcionó mucha experiencia y generó en nosotros una lucha tanto a nivel interior como exterior. La repercusión que tuvo nos hizo platearnos a dónde queríamos ir realmente y lo que suponía empezar a vivir de un proyecto enteramente nuestro. Estos dos años y medio han supuesto una época durísima para nosotros, pero ha sido plenamente positiva porque nos ha aclarado muchas cosas. Todo esto, de una o de otra manera, afecta a nuestra expresión musical", señala Manuel. "Hemos cambiado lo que pueden cambiar las personas en dos años "--añade Javier--". Puede que nos hayamos hecho más objetivos y realistas, pero eso nos permite ver las cosas más claras y no sorprendernos tanto ante las situaciones que aún podemos vivir".

Desde las primeras palabras que cruzamos se comienza a destilar una satisfacción enorme por el paso de una etapa primeriza y una esperanza terrible en lo que tiene que venir. Y no es para menos. Tras la salida de "El mundo no es de la gente humilde", la crítica alabó la propuesta de Latino Diablo y el público respondió fenomenalmente a nivel de directo. Lo más difícil, como siempre, era enfrentarse a un mundo que, cerca de los músicos, no es sino una industria como otra cualquiera. "En casa tenemos guardadas un montón de críticas que nos ponían por las nubes "--sonríe Javier--", pero eso, cuando ya tomas la decisión de vivir de tu proyecto, vale de poco. El disco fue perfecto y obtuvo una buena repercusión porque presentábamos algo nuevo, una mezcla que representaba muy bien la expresión de lo que somos".

Aquel disco salió publicado con Zero Records, pero aquella relación no prosperó mucho. "Nuestros objetivos "--afirman los miembros de Latino Diablo--" se cumplieron porque dimos a conocer lo que éramos y lo que podíamos aportar. A la hora de abordar el segundo disco es cuando surgieron los problemas, ya que la compañía puso algunos inconvenientes que evitaban que hiciéramos el álbum tal y como nosotros queríamos. Para nosotros, antes que hacerlo de otro modo, primaba nuestra autenticidad, esa palabra que parece una etiqueta pero que era fundamental para el grupo. Desde nuestro punto de vista no es tan importante la compañía en la que estemos, si es independiente o multinacional, si es grande o pequeña, siempre que podamos hacer y expresar exactamente lo que queremos".

El caso es que su segundo trabajo saldrá con el recientemente creado sello Desobediencia, etiqueta que también ha firmado hace pocas fechas a bandas como Habeas Corpus, Ixo Rai! o Bad F Line. El título elegido para el nuevo álbum es "Frecuencia latina", un nombre que, en pleno auge de la coletilla, puede incitar a la confusión. "Para nosotros, utilizar el término es normal "--comenta Manuel--" y no lo entendemos con el sentido con el que ahora se usa la palabra 'latino', que parece referirse únicamente a música de salsa o de merengue. Nos llamamos Latino Diablo y, por más 'flacas' que aparezcan, no vamos a cambiar nuestro concepto. Nuestra manera de ser, nuestra cultura… todo en nosotros es latino. Somos como una familia y ese concepto también es muy latino. Lejos de una idea racial hay algo que diferencia a las personas, a los ingleses de los indios y a los franceses de los noruegos. Es una manera de comportarse con la que nos identificamos".

Por el uso que hacen de la voz en sus canciones, Latino Diablo fueron identificados por mucha gente como una banda de hip-hop. Sin embargo, ellos tenían todo lo necesario para ser despreciados en el ambiente más radical del género: tocaban instrumentos. Su fusión, surgida de una enorme amalgama de herencias adquiridas, se plasmaba sin barreras y sin atender a arquetipos. "Nos influye lo que escuchamos "--señala Manuel hablando sobre eso--". Desde Sly & the Family Stone hasta Tom Waits".

A la hora de explicar su propuesta, hace dos años y medio, los miembros de Latino Diablo no esperaban que el hip-hop tuviera en España el auge que ha cogido y, por tanto, no tenían miedo de que sus palabras pudieran malinterpretarse. Sin embargo, no fue eso lo que ocurrió: "A la hora de explicar a la gente lo que hacíamos "--comenta Javier-- buscábamos la definición más fácil, la más sencilla. Decíamos que nuestra música era, formalmente, la de una banda de hip-hop con instrumentos. Por supuesto que teníamos y tenemos mucho en común con la corriente del hip-hop, pero resulta que eso que nosotros creíamos que nos unía es precisamente lo que nos separa de su público. Nosotros no somos ni racistas ni integristas ni despreciamos a nadie por la música que haga ni por cómo quiera expresarla". "Hablábamos sobre el hip-hop "--añade Manuel-- por lo que suponíamos que era, pero luego ves que esta escena tiene poco que ver con eso. Resulta que a nosotros, por tocar instrumentos, nos miran mal o no nos quieren. Es algo curioso que probablemente sólo pasa aquí. El otro día leía en una revista una cosa muy llamativa: un crítico español ponía en solfa a un músico americano porque, según él, ya no hacía hip-hop por utilizar otros recursos estilísticos en su disco".

Latino Diablo lo tienen claro. Resulta ridículo, a estas alturas, discutir sobre etiquetas cuando éstas se convierten en esencias de militancia. "Si hablas de música "--señalan--" hablas de expresión y eso no tiene ni cajas ni fronteras. La música debe ser el reflejo de quien la hace". Su opinión sobre el hip-hop más típico tampoco entra en divagaciones: "Está bien"--apunta Javier--". Hay letras que me parecen un poco infantiles cuando tratan de hablar sobre lo bueno que es uno o si es mejor que otro, pero hay gente a la que le gusta y eso es lo importante. En mi opinión, la música está ligada al concepto de tolerancia".

La propuesta del trío no es, ni ha sido nunca, tan marcadamente rapera como para poder encuadrarlos fácilmente. En "Frecuencia latina", por ejemplo, se respiran aires funkies y souleros que enriquecen enormemente las composiciones. "Es una muestra de evolución "--afirman--". Esas influencias ya se podían apreciar en el primer álbum, pero ahora, con el tiempo, puede que las expongamos de otra manera, que hayamos alcanzado otro tipo de expresión. No ha sido nada forzado, pero parece evidente que nuestro estilo se ha desarrollado así y que ahora aflora un poco más el lado funk".

Admiten que su propuesta puede resultar más asequible en esta segunda entrega y comentan todo el trabajo que ha supuesto sacarla adelante: "Ha sido un año de mucho curro en el local, todos los días y a todas horas. La preproducción del disco, lo referente a las composiciones y los arreglos, nos resultó durísimo, ya que coincidió con una época en la que no veíamos claro el futuro en la otra compañía ni una dinámica que nos permitiera ver que nuestra propuesta avanzaba. Luego, con la mitad del trabajo hecho, todo se relajó bastante. Pusimos muchas cosas en claro y enfocamos nuestra energía de una manera mucho más real, sintiéndonos más convencidos. A partir de ahí todo fue más llevadero".

El trabajo en el estudio contó con una alegría añadida. Arabella Rodríguez, quien ya trabajara con Soul II Soul, Lisa Stansfield, Sidney O'Connor o Manu Dibango entre otros, sería la encargada de mezclar el material. "Fue fantástico. Nos encontramos con una persona con la que contactamos enseguida y con la que nos entendimos a la primera. Eso facilitó que todo el proceso de grabación resultara divertido y que las cosas salieran definitivamente bien", señalan todos al unísono.

El estilo de Latino Diablo contó con un inconveniente cuando apareció: tenía que convivir con un mercado que se debatía entre géneros muy cerrados y que no prestaba demasiada atención a lo que no llevaba el marchamo de "indie" o de "rock". Eso hacía complicado que la música del trío pudiera ser aceptada por emisoras o que captara la atención del oyente despistado que no los ubicaba ni dentro del hip-hop ni de ninguna otra tendencia cerrada. "Sí. Puede que fuera así "--admite Javier--", pero eso tiene que servir de algo. Aparecer en ese momento puede que no fuera lo más conveniente a nivel de popularidad, pero sí nos permitió demostrarnos que nuestra música era solvente y que había gente que quería escucharnos. Empezar en esas circunstancias nos ha permitido aprender y poner en marcha todo el tinglado para demostrar que realmente aportamos algo distinto".

La situación llegó a ser tan pintoresca como curiosa. El material de Latino Diablo fue publicado en México y sus temas era incluidos en recopilaciones al lado de piezas de Cypress Hill, Control Machete, Molotov o Delinquent Habits. "Hubo ocasiones "--recuerda Manuel--" en las que estaba contestando telefónicamente entrevistas con medios de Chicago mientras teníamos en el aire la grabación de nuestro segundo disco. No ayudaba nada a nivel anímico que te valoraran allí mientras que aquí no se te terminaba de entender".

Intentaron ir a tocar a México, algo que finalmente no fue posible, pero creen que aquel mercado es tremendamente válido para su música. Ahora, sin embargo, más que en México piensan en la piel de toro. Semanas después de que "Frecuencia latina" se ponga a la venta, los miembros de Latino Diablo cogerán sus instrumentos y volverán a la carretera para presentar su material ante el público. A estas alturas se encuentran manejando fechas y considerando los festivales que se celebrarán en el verano. Su máxima con este disco es convencer a la gente de que, aunque sean críticos con la sociedad actual, su música no pretende aportar negatividad, sino todo lo contrario.

E.P.

Latino Diablo. "Frecuencia latina". Desobediencia

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