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Khaled tiene nuevo disco y actuará en el Espárrago. Marzo del 99 Raï de alto voltaje Niega el calificativo de rey cuando más evidente es. El argelino, residente en Francia, ha conseguido conquistar el mercado internacional cantando en su lengua y trasladando a todos los rincones del mundo una música que, tarde o temprano, romperá en nuestro país. Su presencia es uno de los platos más fuertes de la próxima edición del Espárrago. La propuesta era de lo más llamativa: Rachid Taha, un argelino que emigró a Francia a los diez años y que ha terminado convirtiéndose en uno de los artistas que más vende en el país vecino; Faudel, el recién llegado cuyo primer álbum le ha catapultado al éxito entre la población francesa más joven; y Khaled, el artista más internacional que ha dado Argelia, juntos en un concierto acompañados por una orquesta tradicional de sesenta y dos músicos dirigidos por Steve Hillage, el músico que se hiciera popular por su participación en bandas como Gong o System 7. Eso es lo que se plasma en "1, 2, 3 soleils", un disco doble que recoge la actuación de estos tres músicos en una enorme cascada que tiene como línea argumental el raï, la música magrebí que ya ha cruzado casi todas las fronteras y que en Francia se ha impuesto comercialmente a otros tipos de música occidental más populares hace años. No es solamente el aumento de población emigrante magrebí por todos los rincones del planeta lo que ha hecho del raï una música casi universal, sino, y fundamentalmente, la labor realizada por artistas de la talla de Rimitti y Khaled. Rimitti es la leyenda, la musa del raï, una mujer septuagenaria que conquista cada vez que sube a un escenario con sus formas tradicionales y con su mensaje de revolución en una tierra donde las mujeres apenas cuentan; Khaled es la renovación, el hachazo que sufren todas las músicas cuando se ven recogidas por la nueva generación con la intención de hacerlas suyas. Khaled estará próximamente en España como una de las estrellas más destacadas del próximo festival "Espárrago". Si el argelino ya conquistó al público asistente a sus conciertos españoles del año pasado parece presumible que en un acto tan multitudinario como es el "Espárrago" la respuesta del público cubra la noche de Jerez de raï de alto voltaje. "Me encanta la idea de cantar en Andalucía "--nos comenta este argelino nacido en Sido-El-Houari, un barrio de Orán, hace ya treinta y nueve años--", cerca de Marruecos. Es muy emocionante para mí". Khaled, como las grandes estrellas del raï, tiene enormes problemas para actuar cerca de su país. Su mensaje renovador y contemporáneo les causa problemas con exaltados integristas que no dudan en poner un fin rápido a quienes ellos consideran amorales o, incluso, "pornográficos" si tratan en las letras de sus canciones algún tipo de relación personal que tenga algo que ver con el cuerpo físico de los humanos. Con todo, no es Khaled de los músicos argelinos que haya corrido peor suerte. El fue uno de los primeros que decidió cambiar de por vida su residencia y en cuanto tuvo un poco de éxito se decidió por vivir en Francia. Tras él llegaron muchos y eso ha supuesto que, con el tiempo, la ciudad de París se haya convertido por derecho propio en la capital mundial del raï. Su nombre completo es Hadj-Brahim Khaled y hablando con él se aprecian aún las huellas de una infancia en la que el dinero no abundaba. Khaled, como muchos de sus compañeros de correrías, vivía en una ciudad tan peculiar como era el enclave colonial de Orán haciendo más caso a las necesidades de la casa que a las funciones escolares. Sus diversiones partían de la calle, de las fiestas y del cine, ese cine de barrio en el que comenzaban a aparecer las películas de Elvis Presley. "Me impresionó "--dice--" y aprendí de él lo que era un artista, lo que suponía actuar. Su música inspiraba mucho de lo que se hacía en Argelia alrededor de la canción moderna". Cuando su padre se quedó en paro él comenzó a cantar en banquetes de boda para obtener algún dinero. Ello le llevó a introducirse en una vida cuanto menos pintoresca en la que los "pecadillos de juventud" iban creciendo en intensidad al mismo tiempo que él crecía en edad. A los dieciséis años ya había publicado su primer disco, un single titulado "Trig Lycée". "Llevaba la música en la sangre, pero nunca creí, a esas alturas, que alguien pudiera conocerme más allá de mi país", comenta recordando aquellos inicios. Sin embargo, y en contra de lo que él pensaba, sí lo conseguiría. Sus canciones rompían moldes introduciendo en la música popular argelina formas que en aquel tiempo y lugar se consideraban plenamente transgresivas. Khaled pertenecía ya a la nueva generación, a aquélla que relajaba sus hábitos religiosos y que se veía más influenciada por el cine americano que por las enseñanzas de los mayores. Sus textos, su manera de actuar y la inclusión de instrumentos "modernos" hacía que su música y la de sus compañeros de generación comenzase a gestar, sin saberlo, un nuevo capítulo en la historia del raï. Para muchos occidentales, el raï es como el folklore del norte de Africa; pero realmente significa mucho más. "Sí tiene parte de folklore, lo que es muy interesante, pero lo más importante del raï es lo que significa: la opinión", comenta Khaled cuando le pedimos que defina esta música para un español que no la conozca. El raï no es una música reciente y el término comienza a aparecer a principios de este siglo identificando a los cantantes, la mayoría vocalistas femeninas, que adornan las noches de Orán aportando a músicas tradicionales textos propios con opiniones particulares sobre las cosas más diversas. Cuando en Argelia aparece una incipiente industria discográfica lo que hay más a mano son cantantes de raï; el género comienza a extenderse por toda Argelia y el Magreb de la mano de aquellos primitivos discos y de las primeras emisoras radiofónicas. El raï cuenta, desde el principio, con una configuración formal que le permite adaptarse a las corrientes musicales de moda con gran facilidad y así, según se va conociendo en el norte de Africa los modos occidentales, comienzan a surgir diferentes fusiones. En los años sesenta ya se puede distinguir el raï egipcio del argelino y éste del marroquí, y según van pasando los años el estilo se va dejando seducir por géneros franceses, españoles, americanos "Eran tiempos difíciles "--comenta Khaled sobre sus inicios en el mundo de la canción--". Los músicos no cobraban derechos tal y como lo hacen en Europa y se trataba de encontrar ayudas que te permitieran seguir". La mayor ayuda que tuvo Khaled fue el cruzar el Mediterráneo. En 1986 participó, junto con otros músicos argelinos, en un festival de raï organizado en Bobigny, cerca de París. "Para mí fue como una puerta, como un camino a seguir. El mundo era distinto y la gente disfrutaba de más derechos y más libertad que en Argelia. Decidí muy pronto que no quería volver a vivir en mi país". La decisión se mostró acertada, ya que su relativa fama entre los inmigrantes le permitía vivir con cierta comodidad aprovechando el cartel que le suponía el que sus cintas cassettes fueran conocidas en Francia y le permitieran actuar con alguna regularidad. Su primer álbum en Europa lo grabó en el 90 y se tituló "Kutché". En aquel disco, y gracias a la enorme diferencia de medios y conceptos que aportaba la industria europea, Khaled pudo expresar mucho mejor su propuesta musical: una fusión de raï con jazz y con pop. "La mezcla me gusta mucho y, además, son músicas que tienen mucho que ver", señala. En el 91 conquistó el mercado internacional con "Didi", una apuesta de su compañía discográfica, la cual vio en Khaled un diamante en bruto. Curiosamente, la canción que conquistó casi todas las listas del planeta en lengua árabe apareció en España traducida y cantada por otro artista en un plan lolailo que ocultó al público al verdadero protagonista del tema. "Didi" era también el título del álbum en el que estaba incluida la canción y suponía la primera colaboración entre Khaled y el músico y productor Don Was. "Fue inolvidable "--recuerda el argelino--" y muy interesante. Era el primer artista internacional que conocía". También suponía la primera producción norteamericana para Khaled, ya que el álbum fue grabado en Los Angeles. La antigua idea de no ser conocido más que en su país se había esfumado por completo de su mente. "Según pasaba el tiempo veía que mis sueños se cumplían, pero cada día tenía más sueños y quería que se cumplieran también. Aún tengo muchos sueños por cumplir". Khaled es una persona asequible, que para periódicamente la conversación para atender a su hija y que sonríe en muchas ocasiones cuando le hacemos recordar tiempos pasados. Después de "Didi" llegó "N'ssi N'ssi", pero entre medias ya se podían encontrar en cualquier país cassettes con grabaciones de Khaled en su época argelina. "Khaled", "Le milleur", "Shab el baroud" todas cintas con portadas baratas que ofrecían diferentes repertorios con los mismos temas. En "N'ssi N'ssi " repitió con Don Was y conoció a Philippe Eidel, uno de los máximos responsables de aquella fusión entre raï, soul, country y trabajo orquestal que era el disco. "No tenía mucho que ver con 'Didi'. Era otra novedad. En cada disco intento mejorar, hacer algo nuevo". Esta idea, cada vez más acentuada, llevó a Khaled a montar un estudio en su misma casa ("pequeñito", dice) y avanzar más en el trabajo de composición. Así es como nació "Sahra", una verdadera superproducción que contó con numerosos invitados y que, por primera vez, mostraba al cantante con textos en francés, concretamente en el single "Aicha", publicado un poco antes que el álbum. El grueso de la producción de "Sahra" se realizó nada menos que en Jamaica y contó con la presencia de Clive Hunt, el creador de The Wailers, Mickey Chung y los I-Threes. "Yo era fan de Bob Marley, como mucha gente de Argelia, y creo que el reggae tiene mucho en común con el raï", afirma Khaled cuando le preguntamos por lo que sintió cuando grabó en los Tuff Gong Studios de Marley. "A partir de aquel disco mucha gente empezó a llamarme el Bob Marley de Argelia", comenta entre risas. Otra de las aportaciones que trajo consigo "Sahra" fue la colaboración con I Am, banda francesa de hip-hop que está empezando a conocerse en nuestro país a un nivel generalizado gracias a su aportación a la banda sonora de "Taxi", la película de Gerard Pires que está siendo bien aceptada en nuestros cines. "A mí me gustan mucho. Son jóvenes y gracias a sus letras son muy reconocidos. Hablan de los problemas sociales y de los inconvenientes que muchas veces supone el ser inmigrante". Con "Sahra", Khaled demostró que no hay fusión que se le resista; continuó ampliando su público, su fama y se convirtió en un verdadero icono entre los árabes del Magreb y entre todos los emigrantes árabes del mundo. Sus discos se pueden encontrar en los cinco continentes y sus giras se cuentan por éxitos enormes. ¿Le quedaba algo por hacer? "La compañía nos propuso hacer una especie de feria argelina, una fiesta de raï, y así es como surgió el concierto". Hablamos ahora de "1, 2, 3 soleils", el álbum doble que supone su última aparición discográfica y que acaba de editarse en España. En él, Khaled es el protagonista junto a Rachid Taha, el que fuera líder de Carte de Séjour, y Faudel, un artista "joven pero con mucho futuro". Cuando Khaled toque en Jerez, dentro del cartel del "Espárrago", lo hará en solitario, acompañado únicamente por su banda. Por tanto, su show no tendrá nada que ver con lo ofrecido en su último disco. Ello no impedirá que, como siempre, presente algo fuera de lo normal: "No soy más que un cantante que pone delante de su público todo lo que tiene. Me siento muy responsable con ellos y sólo me encuentro satisfecho cuando ellos se sienten satisfechos con lo que les doy". Al hablar con Khaled es inevitable referirse a la situación que está viviendo su país. El, al igual que muchos cantantes de raï, cuenta con la enemistad de los grupos integristas, lo que les impide prácticamente pisar suelo argelino y tener que cuidar mucho su seguridad cuando actúan en según qué sitios. "No es vida el que uno mate a otro o que uno pise a otro. Sería más lógico hacer las cosas de otra manera porque la persona que tiene más fuerza o más poder no es necesariamente la que más vale. No me gusta que haya odio". Argelia, al fin y al cabo, no es un mundo aislado y la conversación va girando alrededor del mundo árabe. "El arte y la cultura son los caminos para conocernos mejor. Quien descubre la cultura de un pueblo está conociendo realmente otro mundo. Con los árabes debería ser así. Demasiada gente nos conoce únicamente por las noticias de política y guerra de salen en la televisión". Estas ideas y otras muchas son expresadas por Khaled en sus canciones y en ellas se entremezclan ritmos y formas musicales de muy diferentes mundos. Eso es lo que ha permitido a este hombre saltar las fronteras con naturalidad y hacer triunfar su música mucho antes de que nadie pregunte por su nacionalidad. Lo único que le falta, a estas alturas, es hacer flamenco. "Mis padres conocían España e incluso saben hablar español. Escuché mucho flamenco de pequeño y casi se puede decir que nací entre el flamenco". Bueno. Cualquier día nos da una sorpresa. E.P. Trad: Afra M'Barka Khaled, Taha & Faudel. "1, 2, 3 soleils". Barclay 559593
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