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Charlie Musselwhite graba, en "Continental drifter", con el Cuarteto Patria. Junio del 99

La autopista 55 acaba en Cuba

Se le considera el mejor armonicista blanco de la historia y ha tenido que trabajar mucho para llegar a ese apelativo. Charlie Musselwhite ha llevado el instrumento hasta cotas nunca pensadas. Comenzó dentro del blues, pero sus grabaciones le han presentado dentro de géneros en los que la armónica no parecía un instrumento natural.

La autopista 55 parte de Nueva Orleans y atraviesa los estados de Mississippi, Tennessee, Arkansas, Missouri y, por ultimo, Illinois. Termina en Chicago, a las orillas del lago Michigan. Se calcula que, desde 1915 a 1970, fue recorrida por más de cinco millones de personas negras que, a lo largo de ese tiempo, huían de la podredumbre y el racismo del sur para buscar trabajo en la urbe industrial. Junto a ellos, siguieron el mismo camino otro incontable número de personas blancas que buscaban en la gran ciudad lo que no podían obtener en sus tierras arrendadas. La 55 corta los ríos Yazoo y Tallahatchie, ríos que, junto al Big Sunflower, desembocan en el Mississippi creando lo que se dio en llamar "el delta". Muchas de las personas que recorrieron la 55 en busca de mejor suerte provenían del delta y un buen número de ellos tenían como profesión cantar blues. De allí salieron Son House, B. B. King, Muddy Waters, Willie Dixon o Robert Johnson, originario de Hazlehurst, una localidad algo más al sur.

Todos siguieron el mismo camino. El billete hasta Chicago era demasiado caro y, como la mayoría de los viajeros que seguían ese rumbo, hicieron una parada en Memphis para ponerse a trabajar y obtener el dinero suficiente para realizar la siguiente etapa del viaje. Por ese motivo, la 55 es llamada "la autopista del blues". A ambos lados de sus carriles han nacido más canciones de las que nunca podrías oír y las ciudades que atraviesa se han convertido, por derecho propio, en las capitales fundamentales de esta música.

Charlie Musselwhite también realizó este viaje. Nació en 1944 en el delta y, desde crío, vivió en Memphis. Cuando cumplió los dieciocho años, cogió su maleta y empezó el éxodo hasta Chicago. "Cuando llegué allí tocaba la guitarra y la armónica, pero enseguida vi que había multitud de guitarristas mejores que yo y que sería dificilísimo encontrar trabajo. Por eso me quedé con la armónica. Por eso… y porque me harté de cargar con la guitarra mientras buscaba alojamiento", cuenta sobre aquella época. Hoy Charlie Musselwhite ve aquellos lejanos días como un pasado que ha dejado huellas en su personalidad y en su música, pero se felicita de poder grabar sus discos en cualquier lugar del mundo. "Continental drifter", su último trabajo, es el álbum de un triunfador del género: ha sido grabado en Noruega y cuenta con la participación de… ¡músicos cubanos!. Y no unos músicos cualquiera: se trata de Elíades Ochoa y su Cuarteto Patria.

"Sí. La vida de los bluesmen ha cambiado desde aquellos tiempos, aunque siempre depende de quién estés hablando. Todavía hay gente en Mississippi que no tiene nada y que sueña con hacer ese mismo viaje, pero también hay otros como B. B. King o John Lee Hooker que hoy son millonarios. Afortunadamente, ahora el blues se conoce más: se hacen libros, festivales, conferencias… y así es más fácil vivir de ello. Fijate en el caso de R. L. Burnside, por ejemplo". Burnside nació en 1926 en el pueblo de Coldwater, en el delta. Realizó el viaje a Chicago, pero no tuvo suerte y volvió a Mississippi gastando su vida en labores agrícolas por cuenta ajena. Sin embargo, en el 67 se le solicitó para participar en festivales y desde entonces no ha dejado de grabar y tocar en público. "Ahora tiene una bonita casa y un Cadillac", comenta Charlie, el cual tuvo más suerte que R. L.. Cuando llegó a Chicago tenía apalabrado un trabajo en una factoría, pero se quedó fascinado por lo que vio allí y entró en el ambiente de quienes, a la postre, serían los mas grandes: Little Walter, Muddy Waters, Howlin' Wolf…. "Cuando estuve en Memphis "--recuerda--" apenas era un fan. Aprendía y practicaba. Fue un momento muy bonito porque podías escuchar a la gente que, a su vez, había aprendido de músicos de los años veinte. En Chicago, sin embargo, vi que podía ser profesional. En el 62 ya se había formado otra generación de bluesmen que habían creado un estilo nuevo".

Hoy Charlie está considerado como el mejor armonicista blanco que hay sobre la faz de la tierra, tiene una carrera discográfica considerable y puede elegir sus proyectos con las máximas ambiciones musicales. "La armónica es como una voz y cuando la toco me siento como si cantara sin palabras. Pienso que la música realmente no tiene un idioma y que por eso puedo llegar al oyente tan bien como si cantara. Además, la armónica es un instrumento misterioso, no como la guitarra o el piano. Cuando toco, la escondo en mi mano y nadie ve lo que hago. Es un instrumento que me fascina y desde que tuve una no he dejado de aprender. Seguiré así hasta que lo sepa todo sobre ella", señala. Charlie conoció la armónica escuchando a Sony Terry cuando era un crío en Memphis. Terry era ya una leyenda en el ambiente del blues y el folk. A los dieciséis años perdió la vista y se ganaba la vida trabajando en espectáculos pueblerinos en los que el negocio era vender la típica "medicina mágica que lo cura todo". Con el tiempo grabó discos, estuvo en la cárcel y se constituyó como un personaje emblemático para los armonicistas posteriores. Murió en 1986. "Yo escuchaba "--recuerda Charlie--" la WDIA en Memphis, especialmente el programa que presentaba Rufus Thomas y que tenía 'Hooked'n blues' como sintonía. Me encantaba. Fue ahí donde descubrí las canciones de Sony Terry y tengo que admitir que fue mi primera inspiración para empezar a tocar".

En Chicago, Charlie tocó, entre otros, con Johnny Young, Big Joe Williams, J. B. Hutto y Mike Bloomfield y en el 67 comenzó su carrera discográfica en solitario. Su reputación creció considerablemente en poco tiempo y no tardó mucho en firmar por sellos especializados y en iniciar una carrera internacional que le permitía estar presente en todos los festivales de prestigio. Si una de las señas de identidad de Musselwhite había sido el no estancarse únicamente en el blues, sus viajes le permitieron ampliar más aún su curiosidad por la música en todas sus vertientes. "No puedo negar "--dice--" que mi primera pasión sigue siendo el blues, pero cuando viajo me intereso por otros estilos musicales. Antes que ponerme la radio y escuchar el top 40 de cada país prefiero salir a la calle y escuchar la música de raíz. El flamenco, la música brasileña, lo cubano… todo es como el blues. Es el latido del corazón de la gente. Cuando grabábamos 'Continental drifter', Elíades me dijo un día: 'el son y el blues son el mismo corazón' y creo que tiene razón. La música tiene una enorme parte humanística y los músicos hablan siempre de seguir hacia adelante. Es ese lío que llamamos la vida".

Entre las grabaciones de Charlie hay obras de blues, de jazz, de r'n'b, de rock, de música brasileña y, ahora, también de música cubana. "Yo escucho música cubana hace mucho tiempo. Siempre he tenido la impresión de que el blues y el son tienen una cadencia similar y usan escalas parecidas. Ambas pertenecen a esa mezcla que hicieran Africa y América para dar como resultado una nueva música. Creo que la armónica encaja bien ahí, igual que, por ejemplo, en lo brasileño o en el flamenco. Es como si todas esas músicas proviniesen, en origen, de los gitanos del norte de la India que, con el tiempo, la extendieron por el mundo hasta cruzar el Atlántico".

El deseo de Charlie de grabar con el Cuarteto Patria era una ambición largamente deseada pero que contó con más problemas de lo previsto. "Me encanta la música del Cuarteto. Estaba muy por encima del resto de la música cubana que escuchaba y, poco a poco, me fui haciendo con todos los discos suyos que podía conseguir. Creo que, escuchándolos, me emocionaba tanto como cuando conocí el blues", señala. Un día comentó esto mismo al gerente del Festival de Jazz de Noruega. Ambos resultaron ser fans de Elíades y su cuarteto y de la conversación surgió el deseo de Charlie por grabar con los músicos cubanos. "Tenía todo el viaje preparado, pero coincidió con la visita del Papa a Cuba. A cuenta de eso, nadie con pasaporte estadounidense podía entrar en la isla en esas fechas. Cuando el proyecto estaba casi abandonado, me llamó mi amigo de Noruega y me comentó que había contratado al Cuarteto Patria para realizar unos conciertos allí. Me invitó a ir y, según colgué el teléfono, varios pensamientos aparecieron en mi cabeza. Primero fue que sería fantástico verlos en directo, luego que podría intentar tocar con ellos; de ahí pasé a pensar que eso se podría grabar, que igual podríamos conseguir un estudio en Noruega… todo esto en treinta segundos. Sin más, le dije a Enrieta, mi mujer, que empezara a organizar las cosas: el estudio, el ingeniero…".

En cuanto se conocieron, Elíades y Charlie conectaron inmediatamente. Surgió entre ellos una comunicación fluida y sencilla propia del carácter de los dos músicos. De ese modo, no resultó difícil convencer al Cuarteto Patria para participar en algunos temas que, finalmente, serían incluidos en "Continental drifter", un disco que, en principio, no tenía ese objetivo. "Cuando empecé a planificarlo era como cualquier otro disco, pero surgió esta posibilidad y no quise desaprovecharla", comenta el armonicista.

De ese modo, "Continental drifter" quedó finalmente estructurado en tres partes. Una primera en la que Charlie toca con su banda, una segunda con Elíades y su cuarteto y una tercera en la que el bluesman aborda tres temas en solitario cantando y tocando la armónica y la guitarra. "En casi todos los discos meto algo con la guitarra. Es un instrumento que me encanta. Hace solamente un par de años que la toco en público, pero suelo tocarla mucho en casa y me permite conservar mis raíces. Al fin y al cabo, uno de mis pies estará toda la vida en el campo mientras el otro está continuamente viajando", comenta. Sobre su faceta como cantante, señala que "no creo que sea bueno. Ojalá tuviera una voz como Elíades o como Camarón, pero no la tengo. Hay gente a la que le gusta que cante, pero yo siempre me siento en este aspecto como un principiante, nada llamativo".

Este "principiante" ha conseguido pasar de un sello especializado, Alligator, a Pointblank, un subsello de Virgin que le permitirá ampliar más aún su carrera internacional. A partir de ahora, sus discos se editarán con nuevo logo, aunque en España aparecerán en La Raíz, una recién creada etiqueta de la multinacional. La nueva proyección que ofrece la compañía a Charlie hizo que hasta el presidente de Alligator le animara a aceptar el cambio.

Otra de las facetas en las que resalta este hombre es su pasión por comunicar sus conocimientos. Su site en Internet (www.charlie-musselwhite.com) permite hacerle todo tipo de consultas sobre las técnicas para interpretar con armónica y, a lo largo de su carrera, ha creado métodos para este instrumento. "Antes tenía más tiempo y siempre dedicaba algo a la enseñanza, pero de eso hace ya muchos años. Luego escribí un par de libros y, por lo que me comentaban, resultaban una buena ayuda para quienes querían tocar la armónica. Ahora ya no hago nada de eso, aunque puede que algún día vuelva a retomarlo".

La actividad de Charlie no se limita únicamente a sus grabaciones y conciertos. Como buen bluesman, es aficionado a las colaboraciones con otros músicos, algo usual cuando no necesita trasladar equipo ni material incómodo. Siempre lleva con él un maletín metálico en el que llego a contar veintidós armónicas. Algunas son realmente preciosas, verdaderas obras de artesanía. Otras son modelos de diferentes tamaños que permiten tocar en distintos tonos. Con éstas y, previsiblemente con otras, Charlie participó recientemente en la grabación del "Mule variations" de Tom Waits, el último de los discos, además de "Continental drifter", aparecidos con participación suya. "Fue fácil. Tom me lo pidió y acepté. Es un amigo y vivimos cerca, por lo que no supuso ningún trabajo excepcional", señala sobre el tema.

Actualmente, Charlie Musselwhite está preparando su próxima gira europea, a realizar después del verano. Si bien todavía no tiene confirmadas fechas más que en Lisboa y Atenas, él confía en poder tocar en nuestro país en octubre o en noviembre. Seguramente, su pinta de bonachón y sus armónicas conquistarán al público español igual que lo han hecho con el de medio mundo. Junto a él vendrá su banda habitual y su mujer, quien parece ser la típica californiana vegetariana que se encarga, dentro de la pareja, de establecer el orden. Ella es la que le lleva el horario, la que le recuerda a Charlie sus obligaciones y la que, oportunamente, añade sus recuerdos a los del armonicista cuando habla de sus primeros tiempos como músico profesional.

Antes de despedirnos, no puedo evitar preguntarle por una parte de su biografía que, como aficionado, me gustaría conocer. Charlie estudió en sus tiempos mozos con gente como Johnny Burnette o Slim Rhodes y llegó a asistir a varias de las fiestas que organizaba Elvis Presley con invitados especiales. "¿Aquello? Era muy divertido. Siempre estaban llenas de chicas bonitas y duraban toda la noche. Elvis las organizaba en el cine, en la pista de patinaje o en el recinto ferial de Memphis. Siempre solían poner dos o tres películas de actualidad y un montón de dibujos animados del 'Correcaminos'. Le encantaba aquel muñeco. Al final de las fiestas siempre quedaban unos cuantos Cadillacs en los que se metían los invitados más especiales para continuar la fiesta en Graceland. Era como un cortejo fúnebre, aunque sabías que quienes iban dentro no estaban muertos".

E.P.

Charlie Musselwhite. "Continental drifter". La Raíz

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