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"Feria furiosa" es el título del segundo álbum de Amparanoia. Marzo del 99 Fiesta sin fronteras Hablar de mestizaje a estas alturas puede sonar a tópico. Si algo ha tenido en los dos últimos años la música española ha sido una sana contaminación de influencias latinas que ha permitido a nuestros artistas darse cuenta de que son un granito de arena en un mundo de muchas músicas. Ello trajo consigo muchos oportunistas, muchos despistados y elogiables aciertos. El de Amparanoia fue uno de ellos. Estaba en el Hebe para ver a Color Humano y, apoyado en la barra, escuchaba a una chica que, con su guitarra y acompañada por un compañero, estaba poniendo a bailar a todo el personal que coincidía por allí. Tenía una voz de la leche y una cabeza con el pelo cortado al uno en el que destacaban unos ojos enormes. Era andaluza, no había duda, aunque lo que cantaba parecía más un mariachi pasado por el Caribe que una rumba de Madrid. Luego me enteré de que se llamaba Amparo y que era la misma chica que había grabado Haces bien a principios de 1994 liderando Amparo & the Gang. Hoy, poco más de dos años desde aquel momento, estoy hablando con Amparo mientras está dando el visto bueno a la portada de su segundo álbum con Amparanoia y unas horas antes de que coja un tren que la llevará a Francia, país en el que su música ha sido muy bien recibida y en el que actúa con cierta frecuencia. En estos dos años, Amparo ha conseguido demostrar que su propuesta de mestizaje, de entremezclar de manera natural todo aquello que le llega a las orejas, no sólo es algo bello, sino también divertido e interesante a nivel comercial. Su nuevo disco se llama Feria furiosa, un título que define muy acertadamente su reciente oferta. "Sigue teniendo el mismo tinte festivo que ya mostráramos en 'El poder de Machín', pero aquí el sonido es mucho más furioso. Cuando hicimos el primer disco sólo contábamos con un cajón y unas tumbadoras, mientras que en éste tenemos una percusión enorme. Es una cosa distinta", comenta. Escuchando el álbum, uno puede apreciar claramente la evolución que ha tenido Amparo en el tiempo, casi dos años, que separan ambas obras. Aquella era un debut, muy ilusionado y muy bien planteado. Esta es la consolidación de una propuesta que Amparo defiende mejor que nadie. "El primer álbum nos abrió las puertas, nos permitió conocer sitios en los que tocar y nos dio seguridad, confianza en que hay gente a la que le ha gustado y espera nuevas cosas. Aquel álbum fue la base". Fue la base de Amparanoia, pero Amparanoia no es sino una etapa más en la vida de Amparo Sánchez. Ella es de esas personas que parece nacida para cantar, sobre todo porque se lo pasa bien y porque no duda en cambiar su orientación en el mismo momento en que empieza a excitarse por algo nuevo. Su primer grupo fue Correcaminos, una experiencia iniciática que tuvo, como todas, una importancia que hay que saber reconocer. "Teníamos mucha ilusión, pero no sabíamos nada. Todo nos parecía muy bonito, pero era poco real. Ahora nada es igual", dice recordando aquellos días. Luego llegó la "época negra", la formación de Amparo & the Gang y la pasión por el blues. Fueron los tiempos en los que conoció la música de Billie Holiday y en los que su garganta se ponía a prueba en cada actuación afrontando piezas dificilísimas. Su pasión por esta vocalista no ha mermado, aunque su intensidad de trabajo le permite, cada vez menos, volver a bucear en la obra de esta gran dama. De vez en cuando, pero muy de vez en cuando, Amparo vuelve a mirar al blues, como en Paradisu zinema, el último disco de Joxe Ripiau, en el que se marca una pieza del estilo cantada en euskera. La vida seguía y Amparo cambió su Granada por el castizo Madrid. Fueron años de conocimiento, tanto de gente como de modo de vida, y también de crecimiento. En el circuito madrileño apareció Ampáranos del blues, un grupo surgido cerca de la noche madrileña y que itinerantemente era capaz de llegar a tocar ocho pases en distintos garitos de Malasaña durante un solo día. Poco a poco, actuación a actuación, los sonidos recibidos y los amigos conocidos iban ejerciendo su influencia, los shows de Ampáranos del blues iban derivando y terminaban convirtiéndose en fiestas en las que lo latino, desde la cumbia hasta el bolero, tomaba carta de naturaleza. Se estaba comenzando a gestar Amparanoia. Y Amparanoia nació, vio la luz entre guitarras acústicas, rumbas, percusiones, formas festivas, melodías y juerga. Era una propuesta divertida, sumamente aceptable por cualquiera que la escuchara. "No es raro que la gente quiera estar contenta y divertirse. Yo también lo quiero y disfruto mucho cuando veo desde el escenario como la gente baila y bota. Ahora se han roto tópicos respecto al mestizaje y cada uno hace y vende su película. Nosotros cogemos ritmos y hacemos canciones. Nada más". Canciones como Hacer dinero, como En la noche o como Mi amor se fue, temas que, en cuanto aparecen, despiertan los instintos más lúdicos del personal. La propuesta de Amparo ya no tenía nada que ver con lo hecho antes; se había roto cualquier nexo con el pasado y el ambiente en el que se movía la granadina era la fuente de inspiración más prolífica que podía encontrar. Además, para redondear la jugada, apareció en escena Manu Chao, personaje emblemático que siempre vio en Amparanoia un proyecto totalmente sólido. "Fue muy importante --comenta Amparo al respecto--. Siempre nos dio un apoyo incondicional y una gran seguridad confiando en nosotros". No tardó mucho en fichar con Edel y lanzar a la calle El poder de Machín, un disco en el que, ya desde el título, se dejaba clara la orientación musical de un combo multicultural. "Machín power" era el término utilizado en guasa cuando, al llegar a una ciudad en la que eran desconocidos, el grupo se veía obligado a definirse. "Mucha gente nos empezó a conocer, aunque no terminara comprándose el disco. No es para quejarse, ya que 'El poder de Machín' nos permitió tocar mucho y eso, para nosotros, es más importante que las ventas". No solamente se consiguió que todo el mundo conociera sus canciones, sino que el campo de acción de la banda empezó a crecer de manera considerable. El hecho de que Amparo esté ahora haciendo las maletas para ir a Francia es un ejemplo: "El disco también se editó allí y aparecieron promotores, amigos gente con la que nos sentíamos muy a gusto. Así que, de vez en cuando, tocamos en aquel país". Su paso por el país vecino no supuso únicamente tener más sitios donde actuar, sino, tal y como es Amparo, un nuevo caudal para conocer. Cuando la pregunto por los discos que más la han impresionado últimamente me cita a Transglobal Underground y el 1, 2, 3 soleils que han grabado Taha, Faudel y Khaled en directo, una explosión de raï que no puede dejar indiferente a nadie que tenga una sensibilidad sin fronteras. Y si hay algo que Amparo no tiene es, precisamente, fronteras. Furia furiosa, su nuevo trabajo, tiene esencia cubana, aires mexicanos, formas africanas y perfumes de Brasil. Para todo, y para cada cosa, esta mujer tiene justificación: "He escuchado más música que nunca, y además, música muy buena de la que conocía muy poco. Creo que hemos ganado en expresión gracias a ello". Esa ganancia se traslada, incluso, a los textos de las canciones, una mixtura de idiomas en las que todo se entiende independientemente de la lengua en que se cante. "Hay tanto cruce y tantas nacionalidades en el grupo --comenta-- que, cuando salen las canciones, el idioma no es tan importante". En Amparanoia hay, actualmente un miembro inglés, un irlandés, dos cubanos, una pamplonica y una granadina; además, para grabar Furia furiosa, se ha contado con los tres Muguruza, con Goñi, con amigas francesas, con Manu Chao, con Macaco, con Oliver de 7 Notas 7 Colores "Habrá que comprarse un disco para ver todo el listado de invitados. Es enorme". Empezamos a hablar del disco, de esa segunda entrega que saldrá a la calle próximamente y de la que todavía no tengo más que la cinta de adelanto. En ella hay, mucho más marcada todavía que en El poder de Machín, una fusión que respira latinidad y mediterraneidad por los cuatro costados. Me llama la atención que Feria furiosa tenga tanto contenido festivo cuando, en más de una ocasión, Amparo ha señalado que compone en momentos duros, tristes. "Compongo cuando tengo explosiones, de un extremo o de otro. Pueden ser muy efusivas, muy tristes o muy cómicas", me aclara. En el álbum hay hasta referencias africanas, como en el caso de Caravane, una canción que se compuso para los amigos de una asociación cultural francesa que se llaman como el título de la canción. "Muchos son de origen africano y es normal que la canción saliera así. Con ellos estamos siempre de superbuen rollo". También aparecen formas de hip-hop, algo novedoso en el universo amparanoico, aunque habrá que irse acostumbrando, ya que la fusión que quiere lograr Amparo no tiene ningún límite. La pregunto, incluso, si piensa trabajar con formas electrónicas en un futuro y su respuesta no deja lugar a dudas: "Me interesa todo, pero siempre que sea fusionando, mezclando". Una de las cosas que me llama la atención es que nunca Amparo se haya dejado tentar por el flamenco, una música que la toca por su nacimiento y que cuenta, incluso, con un antecedente familiar en la figura de un bisabuelo cantaor. "Nunca se puede decir que, con el tiempo, no haga algo en ese sentido, pero por el momento no lo considero. Sólo lo canto cuando estamos de broma. He visto mucho flamenco y he admirado mucho a los cantaores. Puede que por ello me parezca tan difícil hacerlo". En Feria furiosa también hay guiños a Brasil, un país del que la líder de Amparanoia está enamorada desde que se quedó prendada con la música de João Gilberto. Es llamativa la pasión que esta mujer siente por Latinoamérica cuando, curiosamente, nunca ha estado allí. "Eso cada vez está más cerca y estoy segura de que con el tiempo terminaremos tocando allí. De momento hay que ir más cerca y convencer a la gente de aquí de que podemos aportar muchas cosas". Puede que en esta pasión también influya el hecho de que su compañero es cubano, aunque siempre se pueden buscar otras explicaciones: "No lo sé. Quizás en una vida anterior fui latinoamericana", comenta con humor. Cuando la pregunto por la música europea que la llama la atención su respuesta es de lo más previsible: Macaco, Dusminguet, Joxe Ripiau, Zebda bandas todas que, como Amparanoia, son de aquí pero parecen tener el corazón en otro continente. Va pasando el tiempo y cada vez la prisa se hace más acuciante. El tren no va a esperar y aún hay que hacer muchas cosas antes de irse. La vida de Amparo ha entrado ya en una vorágine en la que se hace difícil distinguir cuándo se trabaja o, simplemente, cuándo se disfruta. "La vida se vive toda a la vez y el trabajo nos ocupa toda la vida", comenta refiriéndose al ritmo vital que ahora lleva. Hace poco tuvo su segundo bebé y ni siquiera por ese motivo deja de trabajar. El primero le llegó a los quince años y eso la permitió tener siempre muy claro lo que es viajar y moverse compartiendo su vida con un ser más pequeño que ella. Lo único en lo que parece verse afectada es en el ritmo de la ciudad. Ahora vive fuera de Madrid, huyendo del jaleo que nunca dejaba de existir y buscando momentos reales de descanso cuando vuelve a casa después de una gira. "También podemos tocar sin molestar a nadie", añade. Reconoce que nunca pensó llegar donde está ahora, pero lo mejor de todo es que sus posibilidades de crecer son inmensas. El poder de Machín la descubrió a cualquier público y, ahora, Feria furiosa va a aportar un buen trozo de la banda sonora de este 99. En Madrid se la podrá ver en el mes de marzo presentando sus nuevos temas. Será el inicio de una feria muy larga. E.P. Amparanoia. Feria furiosa. Edel
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