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Vargas

La Riviera. 21 de enero de 1999

A mí ya me parece evidente por completo. Lo del blues se le ha quedado pequeño a Javier Vargas. O es eso o es que se ha dado cuenta de que con ello nunca se va a comer nada a nivel de mayorías. Sea como sea, el caso es que, con el cambio de nombre (de Vargas Blues Band a Vargas) ha llegado también una transformación estilística de padre y muy señor mío. Y lo mejor: no sólo funciona, sino que tiene música por kilos. Vargas juntó en el escenario de La Riviera una banda todoterreno, capaz de disfrutar con la música y de hacer disfrutar al público; les dio unas coordenadas básicas sobre las que articularse y ya no fue necesario nada más. Quienes iban a buscar el blues se quedaron a medio camino (puede que menos), pero quienes iban a escuchar un concierto se encontraron uno de lo mejorcito que se puede ofrecer hoy en día. La nueva bandera del guitarrista es Feedback, un disco en el que fusiona con criterio, en el que pone las piezas al servicio de un concepto musical que tiene mucha más enjundia que otros mestizajes latinoamericanos que han inundado el mercado en los últimos tiempos. Vargas ha mamado la música americana y, afortunadamente, no ve en las esencias latinas ni una fiebre ni una corriente a la que apuntarse. Toma de ella pinceladas profundas en lugar de pijotadas para la galería, se fundamenta en la raíz rítmica en vez de utilizar sin ton ni son percusiones pintorescas y lo agrupa todo en un producto que busca la calidad sin mirar excesivamente (¿un acierto o un error?) el resultado que obtiene entre el público menos exigente pero más comprador de discos. El caso es que Feedback sonó en La Riviera casi por completo y Vargas demostró, si es que tenía que hacerlo, que su nuevo material en directo es tan explosivo o más que como se ofrecía enlatado. Con evidente esencia de soul sustituyendo al blues, y con un marcado, marcadísimo, deje "santanero" en la guitarra, el grupo puso en marcha un repertorio que lució sin sobresaltos, que tuvo una línea argumental siempre atrayente y que contó con las justas aportaciones de raíz que se muestran en la música de Vargas mucho más acertadas que las que se incluyen en otras corrientes que caen denodadamente en el "lolailo" más vulgar. Hubo hueco, para el blues porque la música del guitarrista lo pide, pero, y eso es lo mejor de todo, nunca sonó forzado, sino que (es ya marca de experiencia) paseó con naturalidad por las canciones como pudo hacerlo el funk o el flamenco. Así, la banda puso en escena veintidós canciones que nunca aburrieron, que aportaron solos inteligentes que no llegaron a la pesadez y que dejaron en La Riviera un crisol estilístico que sólo puede disgustar a los más fundamentalistas, a quienes sólo disfrutan con un estilo o que desprecian otro por el solo hecho de existir. Para quienes iban a escuchar música, lo que salía por los altavoces evidenciaba ganas de buscar y señales de haber encontrado, esencias que recordaban a grandes de la música y patrones originales que aportan personalidad al propio Vargas. Todo sumamente lúcido y medidamente arreglado. Nueve temas de Feedback y otros tres de Bluestrology formaron el material nuevo. El resto fueron recuerdos para Gipsy boogie (un excelente Body shock casi al principio del concierto para ir marcando territorio), en el que no quedaron fuera las particulares versiones de Born under a bad sign o Chill out, y un repaso a viejos temas (muy buena también la interpretación de Blues latino al comienzo de los bises) que completaron, probablemente, lo mejor de la carrera del guitarrista.

E.P.

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