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Red House

Caracol. 13 de mayo de 1999

Ya parece suficiente que una propuesta surgida aquí y amparada en el blues sea capaz de sobresalir del panorama habitual para que un público amplio se pare a escucharla. Espinoza y Simón han conseguido eso a base de currar, de creérselo, de tocar en todo el circuito a fuer de inventárselo y, sobre todo, de demostrar en cada bolo que lo suyo tiene nivel para no pasar desapercibido. Puede que haya ayudado la antigua presencia de Jeff en la Vargas Blues Band o la popularidad que a Simón le otorga el formar parte de la banda del programa Caiga quien caiga, pero para cualquier oyente queda claro desde el principio que lo uno y lo otro no son sino recursos para que la gente se pare lo suficiente como para hacerles caso.

En Caracol no estaba ni la Vargas ni la gente de Caiga quien caiga (salvo alguno como invitado) y lo que Red House presentó fue el material de ese fantástico álbum de debut que han puesto en la calle. Eso y unas cuantas versiones bien aderezadas que pusieron en solfa lo más obvio: a Jeff y a Simón les gusta el blues, lo tocan desde hace años y lo presentan con suficiente solvencia como para que cualquiera de sus conciertos sea una fiesta. Ya sea en el terreno más highway, cuando se van al rock'n'roll o cuando se acercan a la parte lenta de la mano de Albert King, el grupo sabe dar su medida. No se excede ni se queda corto, aporta lo que puede y, sobre todo, en todo momento tiene en cuenta la respuesta del público: busca su colaboración y mantiene el tono con divertidos guiños que la audiencia recoge. En Caracol su set no tuvo el mismo calor que se puede apreciar cuando Red House toca en salas más pequeñas, si bien eso no ha de colocarse como uno de los "peros" del grupo. Probablemente, la banda aún no está suficientemente alta como para llenar una sala con ese aforo y la presencia de numerosos invitados dejó claro que éstos no son los más participativos en un concierto de este tipo. Sin embargo, entre las primeras filas todo fue fiesta y diversión, comunicación y hasta pasión en algunos momentos. Especialmente pintoresco fue cuando Jeff se atrevió a abordar un tema sin micrófono: el asunto cayó bien en el público cercano al escenario, pero no se apreció en la parte de atrás. Estas cosas funcionan en una sala pequeña, pero no en Caracol, obviamente. Por lo demás, muy bonito todo. Coquetón, con buen repertorio, gran sonido y un saber estar en el escenario propio de músicos que no son nuevos en esto. La banda no puede sino mejorar y eso, teniendo en cuenta lo ya conseguido, solamente puede ser positivo.

E.P.

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