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Los Planetas La Riviera. 28 de mayo de 1999 "¡Hasta aquí hemos llegado!" Eso parecían decir Los Planetas en su última visita a Madrid. Consolidados ya en su entorno, con una producción discográfica que permite asegurar que la banda ha remontado tras su cambio de formación y con el apoyo entregado de los medios más vanguardistas, los andaluces dejaron claro hasta dónde pueden, y hasta dónde no pueden, llegar con su música. Esta es una propuesta que difícilmente aguanta medias tintas y que, al mismo tiempo, que cuenta con seguidores fieles y entregados teniendo también en su haber un público incapaz de entender los parámetros estéticos de la banda. ¿Qué podía encontrarse de nuevo en esta ocasión? Poco, muy poco. Tan sólo comprobar que Los Planetas son de quienes se gastan algo de dinero en ofrecer una producción pensada, cuidada y que tiene en cuenta que su show ha de ofrecer algo para que se disfrute de él más allá de la fila cinco. En esta ocasión, el escenario se llenó con frecuencia de proyecciones psicodélicas que aparentaban ser visiones de microscopio. Con eso, y con un juego de luces eficaz, el grupo se ayudó para presentar el material de su nuevo álbum, el cual, al ser un recopilatorio, permite mostrar su trayectoria en poco más de una hora y media. Por lo demás, Los Planetas siguen evidenciando que sus mayores defectos en directo no son descuidos ni incapacidades, sino parte de su concepto musical. El ruido y los susurros a la hora de cantar no son gratuitos; lo que sucede es que su música es así. Era ciertamente curioso comprobar cómo para distinguir un tema de otro el neófito tenía que fiarse más de sus compañeros de público que de la voz de J. Este apenas pronunciaba, mientras que la gente se sabía las canciones de pe a pa y permitía a quien aún no había visto a la banda en directo apuntarse al karaoke sabiendo más o menos por dónde iban los tiros. Sería ilógico afirmar que Los Planetas proponen una música deficiente cuando ésta es disfrutada por tanta gente (La Riviera no se llenó, pero tuvo una muy buena entrada). Al fin y al cabo, uno de los objetivos de este arte es el de divertir; si la gente disfruta con canciones desmadejadas y a medio hacer será por algo. Un concierto de Los Planetas es como una visita a Arco: nunca entenderás por qué un tipo se queda mirando dos horas un lienzo totalmente azul aunque él parezca de lo más feliz. Con éstas, el nombre asumido en su último disco, La Orquesta Química, muestra mucho mejor lo que hacen en un escenario que cualquier retahíla de palabras que se pueda ofrecer. Un show de los andaluces se disfruta mucho más cuando tienes algo exótico en el cuerpo, cuando tu cabeza no tiene ataduras con tu vida diaria y cuando te puedes dejar llevar, no se sabe bien a dónde, por los loops y distorsiones duraderas e ininteligibles que el grupo ofrece en cascada. Si está bien, La guerra de las galaxias, Segundo premio o De viaje fueron algunos de los temas que más gracia hicieron al respetable, aunque fue la recta final, con Nuevas sensaciones, Algunos amigos, Mi hermana pequeña y Cumpleaños total, la que dejó un cierto sabor de boca agradable. La banda, acostumbrada ya a ciertas recurrencias, no esperó a que la gente pidiera un bis: dejó sonando una distorsión durante un minuto y volvió a salir para ofrecer otros cuatro temas más. E.P.
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