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Hermanos Dalton

El Sol. 11 de junio de 1999

Hay ciertas cosas que parecen hacerse norma cuando se graba un disco en directo. Una de ellas es tocar todo lo tocable a fin de tener una buena oferta a la hora de decidir lo que finalmente va o no va en el disco. Otra es el ya habitual desfile de invitados que han de dejar en el disco cierta seña de complicidad aunque raras veces aporten algo de riqueza musical.

Los Hermanos Dalton cumplieron con ambas premisas en sus dos actuaciones en El Sol, dos shows que servirán para recoger material de cara al nuevo álbum de los andaluces, un directo que presente algunos de sus temas más emblemáticos al lado de una serie de versiones que servirán como material inédito. En sus dos sets madrileños, los Dalton contaron con la colaboración de José Ignacio Lapido (quien fuera miembro de 091 y que recientemente ha presentado aquí su primer álbum en solitario), Paco Loco, Hendrick Roever, Fernando de Reincidentes, Alex de los Flechazos, y Josele de los Enemigos. Hasta veintiséis temas se marcó el trío antes de empezar unos bises que aportaron también un buen número de canciones.Lo que no estuvo a la altura fue el clamor del público, los gritos y las palmas (algo también inevitable en un disco en directo), ya que, fuera por lo que fuera, la entrada a los dos conciertos de Los Dalton estuvo un poco floja en comparación con sus últimas visitas. El trío, sin embargo, respondió como en él es habitual, con una ración rapidísima y salvaje de su repertorio powerpopero. El grupo, en esta ocasión (y tal vez por el asunto del disco), no empezó a enlazar temas uno detrás de otro en una espiral sin fin, sino que se lo tomó, en este aspecto, de modo más reposado esperando la contestación del público después de cada canción. Sin dirección, Perdiendo el tiempo, Nunca más o Séptima invasión fueron algunos de los temas que mejor quedaron, junto con algunas de las aportaciones cedidas por los invitados. La colaboración de Hendrick en After the gold rush de Neil Young o la de Josele en el Jumpin' Jack Flash stoniano puede que fueran las más acertadas, aunque no puede evitarse la marcada presencia del reincidente Fernando abultando con su cuerpo casi más escenario que todo el combo daltoniano mientras hacía La vía. En resumen, no fue un concierto tan diferente como otros de los Hermanos Dalton y todo lo sorpresivo llegó de la mano de las incorporaciones y las versiones. Por lo demás, se pongan como se pongan Carlos, JoseMa y Jesús, todo lo que tocan tienen los mismos lugares comunes y la misma forma de presentarse, con una actitud de diversión acelerada y con unos tiempos capaces de hacer temblar cualquier caja de ritmos. La velocidad es la seña de identidad de los Dalton y a ella se remiten constantemente, si bien en esta ocasión, por la abundancia de material, el pistón se bajó un poco en ciertas interpretaciones. Como fin de fiesta, un Hi ho let's go coreado por toda la sala y con un Hendrick Roever ejerciendo de jefe. Divertido, largo y con el pensamiento puesto en el disco.

E.P.

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