|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Manic Street Preachers. Octubre de 1998 Orgullosos de su pasado Su nuevo álbum se llama "This is my truth, tell me yours" y nadie diría, a primera vista, que es un disco de los Manic. Con este trabajo, el grupo consolida una de sus máximas de cara al público: la de no repetirse. Esta colección de canciones líricas, arregladas con violines, chelos y hasta un sitar, supone la última entrega de una de las bandas que parece navegar en una ola. Afortunadamente para ellos, ahora están en la cresta. Hay veces en las que los planes de promoción de las compañías discográficas son tan apretados que cualquier incidente causa un dilema. Cuando me presenté en el Eurobuilding para hablar con los Manic Street Preachers pensé, por un momento, que me había equivocado de lugar. Nicky Wire estaba contestando preguntas con la boca llena mientras apuraba un melocotón y una manzana. Al mismo tiempo, las encargadas de Epic que acompañaban al grupo empezaban a preocuparse porque James Dean Bradfield no aparecía por ningún lado. Daba la impresión de que un apretón de tripas cualquiera podía hacer temblar el abultado programa que el grupo tenía por delante: entrevistas con la prensa, visitas a diferentes emisoras de radio, grabación de un concierto en directo para Radio3 Llegué a preguntarme si estas cosas agradan a los músicos, pero en fin: se supone que una parte importante de esta profesión es, precisamente, dar a conocer a la gente lo que se pretende con un nuevo disco. "Hemos tratado de olvidar las cosas anteriores "--me comentaba James cuando apareció--", sobre todo las malas épocas. Este disco lo hemos hecho mucho más tranquilos y lo hemos llevado mejor". Bueno, me alegro. La primera impresión que me llevé al escuchar "This is my truth, tell me yours" es que esta gente estaba muy deprimida. No había rastro alguno de aquellos temas poderosos que enseñaron en "Generation terrorist" o "Gold against the soul". Cierto es que los trabajos posteriores de la banda, "The holy bible" y "Everything must go", iban en una línea más tranquila, pero, precisamente por ello y por el enorme éxito del último de estos discos, había pensado que, a lo mejor, volvían a coger marchilla y a demostrar un optimismo más vivo. "Siempre hay un cambio, ¿no? "--me dice James mientras enciende un cigarrillo light--". Miramos al futuro sabiendo que el futuro de hoy mañana será el pasado". James es el encargado de poner la música a las creaciones de los Manic. Sean, el batería, es su primo y juntos comenzaron a formar la banda en Blackwood, un pueblecito galés. El otro miembro del grupo es Nicky, quien decidió hacer música cuando el Arsenal le confirmó que no era tan buen jugador de fútbol como para ingresar en sus filas. Desde entonces, es el encargado de hacer las letras de la banda. Para eso le echaba una mano Richey James Edwards, un amigo de los tres que llegó a convertirse, prácticamente, en el cuarto miembro de los Manic. Richey tuvo un papel importante en el grupo hasta que el 23 de enero del 95 desapareció. Meses antes la prensa británica ya había empezado a darle el coñazo cuando tuvo que ser ingresado en una clínica psiquiátrica y, por lo visto, decidió que era mejor desaparecer que seguir en el tinglado. Ello (¡cómo son las cosas!) hizo que mucha más gente hiciera caso a los Manic, sobre todo en la prensa sensacionalista. Hace poco leía una crítica de "This is my truth, tell me yours" en una revista española y en ella se señalaba que se apreciaba la falta de Richey. Cuando se lo comento a James me dice que "no era tan importante en el grupo y, realmente, no se puede decir que fuera nuestro guitarrista. Donde sí nos ayudaba un montón era en las letras, pero prácticamente no tocaba. Nosotros le echamos de menos porque era un gran amigo y parece que su desaparición se haya convertido en una obsesión para los fans: cuanto más tiempo pasa más obsesionante se hace. A nosotros nos encanta que la gente le recuerde, pero no nos gusta que se le convierta en una especie de 'misterio de la banda'. En absoluto". Los textos El tema de las letras es, precisamente, una de las características que diferencia a Manic Street Preachers de otras bandas de su entorno. "Provenimos de un ambiente pobre, muy pobre. Eso nos obligaba a tomar posturas respecto a los problemas mineros, políticos y sociales que vivíamos cada día. Los grupos ingleses no pueden hablar de eso porque no lo han conocido: tendrían que inventárselo. Hay grupos como Radiohead o Super Furry Animals que cuidan sus letras, pero, en general, no pueden contar nada". En su último trabajo, las piezas de la banda abordan temas tan pintorescos como la tragedia de Hillsborough (el desastre del estadio del Sheffield en el que murieron noventa y seis seguidores del Liverpool en el 89) o la guerra civil española vista a través de los ojos de los brigadistas internacionales. "Yo estudie historia "--me dice James a tenor de esto--" y esas cosas me interesan. En las brigadas internacionales participó mucha gente y creo que hubo unos cincuenta galeses que formaron parte de ellas. ¿Qué puede hacer que una persona vaya a luchar a otro país cuando, en teoría, lo que pasa allí no tiene por qué importarle? La gente era capaz de hacer eso ¿Crees que ahora lo harían? ¿Piensas que nosotros lo haríamos? Yo no lo sé". Cosas como éstas son las que hicieron que "Everything must go", su anterior disco, fuera un éxito tremendo. El morbo se juntó con una colección de canciones encantadoras que parecían decantarse más por el terreno del pop. "Ese éxito influye a la hora de ponerte a trabajar en el siguiente disco, no cabe duda. Pero no por las copias que hayamos vendido, sino porque sabes que hay mucha gente que te escucha y quieres estar al nivel que ellos esperan. De todas maneras, nunca acertamos con esto. Pensábamos que 'The holy bible' era un gran disco y casi nadie le hizo caso; y, sin embargo, el público valoró 'Everything must go' mucho más de lo que lo hicimos nosotros. No sé cómo resultará este disco a nivel de ventas y esas cosas". Es curioso: en las primeras entrevistas que concedieron los Manic tras salir "Generation terrorist" el grupo admitía que querían vender más discos que Guns 'n' Roses. Eso sucedía en 1991. Hoy nadie diría que "This is my truth, tell me yours" es un álbum del mismo grupo que firmó aquel disco. "Siempre que se mira al pasado "--añade James--" hay algo que no te gusta, pero a mí, personalmente, no me pasa eso con nuestros discos. No veo que aquellos álbumes sean ni ridículos ni desastrosos, aunque sí es cierto que hay cosas que ahora ves que se pudieron hacer mucho mejor. Estoy orgulloso de nuestro pasado y en aquellos tiempos hacíamos lo que nos gustaba. Como ahora". Ahora los Manic Street Preachers envuelven sus canciones en melodías melancólicas, en lirismo muy cuidado y en arreglos muy mirados. No es la primera vez que utilizan instrumentos acústicos de cuerda, pero sí es cierto que nunca los han usado tanto. "Cuando compongo tengo esos sonidos en mi cabeza. Me gusta la música melancólica y esos instrumentos me proporcionan el sonido que deseo". En este último disco, James llega a tocar el sitar. "Bueno. Exactamente es una guitarra sitar, no el clásico instrumento indio al que te refieres. Tengo que admitir que cuando encuentro algo que me gusta lo cojo sin ningún reparo. Podría considerarme un ladrón de sonidos, ¿no?". Para poner ese sonido en directo, el trío se hace acompañar de un teclista que cuenta con amplias secciones pregrabadas, algo que podremos ver el próximo 3 de noviembre cuando vengan a tocar a Madrid. Le pregunto por lo que esperan de ese concierto y la respuesta es obvia. "Exito. ¿Qué vamos a esperar?". E.P. Manic Street Preachers. "This is my truth, tell me yours". Epic
|