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The Kinks. Junio de 1998 El amanecer de Waterloo Estamos de enhorabuena. Castle Communications (aquí distribuida por Mastertrax) acaba de reeditar los cinco primeros LPs en estudio de los Kinks. "Kinks" (Pye, 64), "Kinda Kinks" (Pye, 65), "The Kink controversy" (Pye, 65), "Face to face" (Pye, 66) y "Something else" (Pye, 67) vuelven a resplandecer en reseñas periodísticas y programas radiofónicos a través de cuidadas reediciones, remasterizadas digitalmente, que recuperan los empaquetados originales y resultan embellecidas con fotos inéditas, pequeños ensayos y memorabilia. De guinda, copiosos bonus tracks, en forma de caras B de singles, canciones publicadas únicamente a 45 r.p.m., tomas alternativas, maquetas y material inédito. Una gozada, vaya. Y la cosa tiene visos de continuar. De momento, se anuncian próximas reediciones del único disco en directo de esa primera etapa ("Live at Kelvin Hall") y de los plásticos de su época conceptual (desde "The Village Green Preservation Society" hasta "Percy"). De la primera andanada hemos escogido para esta sección la última entrega, el fabuloso "Something else", a modo de homenaje a Raymond Douglas Davies, uno de los mejores compositores de la historia del rock y que nos visita este mes de junio con su espectáculo en solitario. "¿Y por qué?", se preguntarán los quisquillosos. "¿Por qué no elegir el sonido más garajero y enérgico de las tres primeras ofertas de Ray Davies y cía, en las que despuntan varios de sus temas más clásicos, como "You really got me", "All day and all of the night" o "Where have all the good times gone"? ¿O, ya puestos, por qué no quedarse con el inmortal "Face to face", pionero de muchos sobresalientes aspectos de la banda?" Efectivamente, este seminal larga duración es la primera obra maestra del cuarteto londinense. De una riqueza melódica sin par y una coherencia que asombra, puede considerarse perfectamente como un disco conceptual en el buen sentido, dado que lo anima una sólida voluntad artística y un sonido propio e inconfundible (incluido el inimitable y lánguido estilo vocal de Ray Davies), más ecléctico que en anteriores entregas. Además, muchas de las características más clásicas de la obra "daviesana" adquieren carta de naturaleza en "Face to face", especialmente la observación crítica de la sociedad inglesa, siempre en clave de inteligente sátira, distanciada e irónica pero con un inconfundible punto de ternura y comprensión por las debilidades de la condición humana, que se resuelve en mordaces bocetos ("Holiday in Waikiki", "House in the country" o "Dandy", que siguen la senda abierta en piezas como "A well respected man" o "Dedicated follower of fashion") o deliciosos apuntes cotidianos, como el indolente "Sunny afternoon" o "Rain day in June". Sí, es verdad. En todo esto, "Something else" resulta una continuación afortunada y con estilazo, eso sí de "Face to face". Hasta en sus respectivos y desorientadores frontispicios pseudopsicodélicos y los surrealistas panegíricos que adornan sus contraportadas. Pero posee también alicientes propios y un atractivo descomunal. Para empezar, es mucho más variado en la composición, mucho más pop. Lanzados, Ray Davies, su hermano Dave, el bajista Peter Quaife y el batería Mick Avory, siempre bajo la dirección e inspiración del primero, se atreven con piezas de sugerentes texturas: la sensual bossanova de "No return", el aire de marcha y los arreglos de viento de "Tin soldier man", los ecos lisérgicos de "Lazy old sun" (de la que aparece una toma alternativa en estéreo entre los temas de propina; el resto está digitalizado en mono), el aroma a decadente vodevil de "End of the season", que encaja tan perfectamente con el maduro tono otoñal de la letra, tan alejado, como toda su producción, de las ñoñadas "flowerpowerianas". "Something else" marca, además, el final de la intensa pero conflictiva relación que el combo había tenido con el productor americano Shel Talmy desde 1964, recayendo el manto de la producción sobre Ray a partir de las sesiones de mayojunio de 1967, las finales del álbum. Según confesión propia, el mayor de los Davies tenía bastante prevención al respecto, pero lo cierto es que no se aprecia diferencia alguna entre los temas grabados antes y después. Todos gozan de un sonido luminoso y unos arreglos sutiles y de primera. Y la banda suena incluso más compacta que en el LP anterior. Otro hito Otro hito del disco es el despegue de su hermano Dave desde sus labores como guitarrista solista hacia las tareas compositivas. De los trece cortes incluidos, interviene en tres como escritor y cantante: la clásica "Death of a clown" (coescrita por Ray), la vibrante y bluesrockera "Love me till the sun shines", con un gran trabajo suyo a las seis cuerdas, y la más ortodoxa "Funny face". Las dos primeras se lanzaron como sencillo a su nombre el siete de julio de 1967, un par de meses antes del álbum, con gran éxito (irrupción en el Top 5 inglés). Se rumoreó que Dave eternamente peleado con su hermano como cualquier aficionado a la mitología del rock sabe podría dejar la banda y emprender la aventura en solitario. Al final todo quedaría en tres sencillos más (de los que "Susannah' still alive", que tuvo de cara B a "Funny face", y "Lincoln country/ There's no life without love" se incluyen en esta reedición) de impacto cada vez más reducido en las listas. No sería hasta los ochenta cuando Dave retomaría sus vuelos fuera del nido con varios potentes álbumes. No faltan en el plástico, naturalmente, las memorables y agudas viñetas típicas de Ray: "Situation vacant", la tabernaria "Harry Rag" y sus cachondeos fumetas, el ondulante y legañoso sentimiento de "Afternoon tea". Especialmente memorable al respecto es "Two sisters", cuyo barroquismo formal (ese clavicordio tan "sixtie") esconde una historia de celos entre dos ficticias hermanas, Priscilla y Sybilla, en realidad oscuros "alter egos" de Ray y Dave. Hemos dejado para el final, a propósito, los dos pesos pesados del LP. El primero es el arrollador y corrosivo "David Watts", bienhumorada diatriba contra el rígido sistema de clases británico y la filosofía del éxito social, y el tipo de canción por el que Damon Albarn (de Blur) vendería a su madre. Paul Weller otro adorador rendido de Davies, cuya influencia traspasa varias barreras generacionales también lo dejó muy claro: tal es la rabia contenida en la versión que hizo con The Jam. El segundo es el celebérrimo y maravilloso "Waterloo sunset". ¿Qué se puede decir de un tema así? Pues que, en mi opinión, es la canción más representativa de toda la historia de los Kinks (y mira que atesoran toneladas de piezas de primer orden). En ella se despliega lo mejor de Ray y, por extensión, del pop británico: ajustada instrumentación, delicada y memorable melodía, ¡esos coros!, la entrañable letra y esa deliciosa melancolía tan característica suya (un apunte personal: he oído ésta miles de veces, pero nunca dejo de emocionarme al escucharla). Todo lo que volvió a hacer grande a Inglaterra, la colorista revolución cultural que le sacó de su depresivo estado de rancia expotencia colonial venida a menos, se encierra en "Waterloo sunset". Será por eso que el actor Terence Stamp luminaria del nuevo cine británico de esa época afirma estar convencido de que los Terry y Julie de la canción son, en realidad, él mismo y la también significativa actriz Julie Christie. Verdad o no, ¿existe mejor homenaje a una tonada? "Waterloo sunset" fue el otro single del álbum, editándose a 45 r.p.m. en mayo de 1967 (fue el anticipo, vamos). El "flip", "Active nice and gentle", se incluye también entre los temas extra, al igual que los cortes ya reseñados y otros dos sencillos posteriores: "Autumn almanac" y "Wonderboy/ Polly". En total, veintiún cortes para disfrutar como un poseso, ya seas fanático convencido o reciente converso. Y recuerda siempre: Dios (o quien sea) salve la mermelada de fresa, el vodevil, las variedades y a Raymond Douglas Davies. Kinks. "Something else by the Kinks". ESM CD 479
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