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Ilegales. Mayo de 1998 Incitación a la lujuria Como advierte en la primera canción de su nuevo disco, Jorge Martínez ha regresado, eso sí, acompañado por Ilegales, su banda de siempre. Lo ha hecho con "El apóstol de la lujuria", que supone el noveno disco en la carrera del grupo asturiano. Y ya desde la portada, una réplica del "Sátiro" del Museo Arqueológico Nacional de Atenas, con sobresaliente falo, deja clara su mala leche y sus ganas de incordiar, características que siempre han acompañado a Ilegales desde que comenzaran su andadura hace diecisiete años, aunque nunca han descuidado el aspecto estrictamente musical, en el que han ido evolucionando y demostrando, disco tras disco, una creciente exquisitez. "La lujuria, aparte de ser un divertimento sin igual, es el mejor generador de vida que existe", comenta Jorge Martínez sobre el título del disco. "Todos quienes la censuran deberían tener claro que existen gracias a la lujuria". En total, doce canciones conforman este álbum, en el que la banda ha quedado conformada, además de Jorge Martínez cantando y tocando las guitarras, por Juan Flores en los saxos y coros, Alejandro Blanco al bajo y Rubén "Moll" Rodríguez a la batería. "Los nuevos fichajes son gente muy joven, como Rubén, que sólo tiene veintidós años. Una gran parte del peso del grupo recae sobre mí, que soy quien compongo todos los temas, pero todos colaboran a darles forma en el local. Hay una implicación de todos en la banda". Además de componer todos los temas, Jorge también ha ejercido las labores de producción, algo que viene siendo habitual en los discos de Ilegales. "Desde el primero, todos los he producido yo". Lo que supone una novedad es que algunos temas se han grabado en directo en el estudio, es decir, con los instrumentos y las voces en una misma toma. "Esa forma de grabar me gusta mucho porque es más fiel al sonido de nuestros conciertos. Puede quedar menos limpio, pero es más directo. Hasta ahora sólo nos habíamos atrevido en una ocasión a grabar así y nos costó muchísimo repetir. Esta vez ha ido rodado". Las letras son tan corrosivas como de costumbre cuando se trata de Ilegales. Destacan especialmente "Jesusito de mi vida" (en cuyo estribillo repiten: "Es bueno tener un amigo, aunque sea un amigo imaginario y no exista"), "Un cuchillo que se llama educación" o la peculiar revisión del cuento de "Caperucita Roja"; "Se hizo en una tarde "recuerda Jorge". Nos habíamos comido una fabada indigerible y decidimos ir a dar un paseo al bosque, un lugar donde nunca pasa nada. De todos modos, cualquiera que vaya por el bosque en plan 'Caperucita' se merece lo que le pase". "El lobo malo del bosque" tiene tintes autobiográficos, según explica su autor: "Ultimamente he estado yendo a muchos debates televisivos, porque pagan bien y es muy fácil escandalizar. En uno de la televisión valenciana me echaron y aquello me hizo sentirme como el lobo malo del bosque". Gente joven Enfrascado en la lectura de "sus" clásicos, que van desde Quevedo a Plinio el Viejo pasando por las "Sátiras" de Juvenal o la antología "El jardín del pecado", Jorge Martínez observa con interés el creciente movimiento musical asturiano. "Hay muchísima gente joven haciendo música. Algunos son buenos y otros no tanto, pero es bueno que eso ocurra. Creo que es la consecuencia del paro, el descrédito y el desmantelamiento industrial de la zona. La única vía de escape que queda es la música". Respecto al panorama del rock español en general, Jorge cree que "ahora mismo está muy interesante. Sólo hay algo que no me gusta: es la tendencia a cantar en inglés. Hubo un momento a mediados de los ochenta en que los grupos punteros españoles empezaron a vender en Latinoamérica y la única forma en que la industria anglosajona consiguió acabar con aquello fue prohibiendo la emisión de rock en español en determinadas emisoras. La actitud de los nuevos grupos que cantan en inglés es una especie de claudicación". En las actuaciones de presentación de este "Apóstol de la lujuria" no faltan clásicos del grupo ("es inevitable, ya que forman parte de nuestra historia"), como aquel "Soy un macarra, soy un hortera" del que Jorge, defensor a ultranza de los estados de embriaguez en el proceso compositivo, todavía recuerda su origen. "Empecé formando un grupo en el que todos eran expulsados de otras bandas. Nos llamábamos Madson y hacíamos tanto ruido que los amplificadores se quedaban destruidos. 'Soy un macarra' se compuso yendo a arreglar los amplificadores, dentro de un coche tipo ranchera". Propietario, vía herencia, de un palacio del siglo XIV a las afueras de Oviedo donde ensaya el grupo ("tiene una acústica inmejorable"), Martínez se mantiene fiel al espíritu con que fundó los Ilegales hace ya diecisiete años, aunque es consciente de que el grupo, y con él su sonido, ha evolucionado. "Cuanto más vivimos, más cambiamos", asegura. "Hay una línea de continuidad, pero es inevitable la evolución. Los tiempos cambian y con ello los movimientos en cualquier corriente artística. Ahora probamos con cosas distintas. Es la única manera de mantenerse vivo". De momento, quiere buscar a un buen trompetista que se integre en el grupo, "tarea difícil, porque hay que tener una capacidad pulmonar extraordinaria y todos los músicos que conozco son unos viciosos. Tengo que encontrar a uno que beba pero no fume". Carlos Moral Ilegales. "El apóstol de la lujuria". Avispa
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