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Alanis Morissette. Diciembre de 1998

El segundo asalto

"Supposed former infatuation junkie" hace su quinta entrega, pero, de cara al público internacional, es sólo la segunda. Sus primeros álbumes apenas sí tuvieron éxito en Canadá, pero en cuanto firmó por Maverick vendió veintiocho millones de copias con su "Jagged little pill". Ahora tiene una meta para superar, pero eso, a ella, no parece importarle demasiado.

Recién salido al mercado, su nuevo álbum ha colocado dos millones de discos en una semana y se ha encaramado a lo más alto de las listas en un montón de países. Para animar el cotarro, esta cantautora de rasgos delgados se ha metido en una gira de promoción que la ha traído hasta España. Aquí hablo con la prensa y se mostró amable y distendida en todo momento. "No me obsesiono con las ventas del disco "--señaló--". No me preocupa. Es gratificante saber que contactas con tanta gente, pero nada más".

Su último álbum da otra imagen de la Alanis que conquistó el mundo con "Jagged little pill". Si en aquel disco parecía rabiosa, en éste hay tal cantidad de canciones que la canadiense puede mostrarse en muchas más facetas: tranquilas, melancólicas… "Cada disco es una foto de un momento concreto. Es lo que quiero expresar en el momento en el que lo hago. En este disco he experimentado con acordes distintos, con otros instrumentos y he escrito las canciones yo sola. Para mí, componer es como tener una responsabilidad sobre mis emociones. Eso es tormentoso porque, de alguna manera, es como si mataras esas emociones al ponerlas en una canción". En muchos momentos del álbum, Alanis parece más calmada que en su anterior entrega, cosa que ella, de alguna manera, justifica: "Desde entonces he aprendido muchas cosas. Me he hecho mejor persona no con el éxito, sino a pesar del éxito. El hecho de que esté más calmada probablemente se deba a que he descansado. Tuve una época en la que tuve que superar todo ese éxito y eso supuso volver a redescubrirme, volver al principio, a reencontrar el motivo por el que compongo canciones".

El éxito de su anterior disco también trajo algún que otro problemilla con su casa discográfica, dado que Alanis no parecía contenta de cómo era tratada en el sello que dirige Madonna. "Hubo una época "--dice respecto a esa etapa--" en la que pensé en dejarlo todo, ya que creí que nada merecía la pena. Hice una exploración de todos los problemas y los fui entendiendo uno a uno. Eso me permitió volver a conectar conmigo misma y volví a componer. Cuando veo a la gente en los conciertos me doy cuenta de lo que realmente quiero hacer". ¿Se puede dar entonces por zanjado el problemilla? "La desconexión de la compañía con el artista es un problema crónico en la industria de la música. Afortunadamente, yo no he tenido esa experiencia y creo que tengo las mejores condiciones para trabajar". Bien: una polémica menos.

El reto

La mayoría de las preguntas que se realizaron a la cantautora tenían que ver con el reto que supone haber pasado, de la noche a la mañana, a ser toda una superestrella mundial. Hay gente que no lleva bien esto del éxito y a la hora de volver a trabajar se obsesiona mucho por volver a ser quien fue. "No pienso en términos de ganar "--comentaba Alanis--". Pienso que aún tengo que expresar muchas cosas y eso lo puedo hacer por medio de las canciones, la pintura o el cine. Es todo una cuestión de evolución". La canadiense abundó en su aventura cinematográfica, una colaboración en el recién filmado "Dogma" de Kevin Smith donde hace ni más ni menos que de Dios. "Fue muy divertido y siempre me sentía como una aprendiza. Fue una experiencia fantástica y me gustó mi papel: es un Dios tan humano…"

Si algo se aprecia enseguida en esta mujer es su espiritualidad, una espiritualidad que parece haberse acrecentado después de alguno de sus viajes. "Eso me ha hecho aprender a vivir el momento, algo que no sabía. He visto diferentes culturas, me he interesado por ellas y he conocido mejor la condición humana. Eso ha creado un espacio del corazón que me ha servido de mucho".

Eso supone que ahora "me enfrento a las canciones desde la libertad. Cuando he tenido presiones para componer deprisa o para hacer el nuevo disco me sentía deshecha. Nunca me ha gustado lo que he hecho en un plano meramente práctico. Cuando pasé del problema, cuando me despreocupé, las canciones salieron". ¡Y cómo salieron! Su nuevo álbum es larguísimo, con una gran amplitud de temáticas y con diferentes tratamientos armónicos que ha conocido en su último viaje a la India. "Las relaciones que tuve en ese viaje se reflejan en todo el álbum. Ese viaje me confirmó que no hacía falta ir allí para encontrar la espiritualidad. En todas las religiones hay un hilo conductor que lleva a Dios".

Otra vez Dios y otra vez la espiritualidad. ¿Tiene algo que ver la espiritualidad con el hecho de que en su último vídeo salga desnuda? "Eso es por muchas cosas diferentes. Pensaba en las canciones del disco mientras me estaba duchando y vi que las imágenes conectaban. Me entiendo muy bien con mi cuerpo y no lo veo solamente como un objeto. Por otro lado, apareciendo así en el vídeo, intento mostrar también vulnerabilidad".

Alanis también fue preguntada por sus primeros álbumes. "Hace algunos meses que los escuché y eso me sirvió para hacer balance. Vi una continuidad y una evolución en mi trabajo. Hubo un momento, a los diecinueve años, en el que me empecé a expresar con mi propia personalidad y no como una adolescente. Mudarme a Los Angeles me hizo centrarme más en ello y así es como espero seguir". A ese respecto contó una anécdota sobre la canción "UR (You are)", un tema que refleja el proceso sobre el que hablaba como autora: "Es una mezcla al cincuenta por ciento de cómo me veo y de cómo me ven los demás. La primera estrofa la hice a los diez años, la segunda cuando era adolescente y la tercera después del éxito de 'Jagged little pill'. Puede que en el futuro añada otra estrofa".

E.P.

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