|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Gargantas de ébano. Febrero de 1998 Nuevas ediciones de Billie Holiday, Ella Fitzgerald y Sarah Vaughan Fueron las más grandes y, probablemente, todavía lo son. Sus obras han quedado como modelo de referencia y cada una, a su manera, aportó a la música contemporánea algo que no existía antes que ellas. Billie es el mito por excelencia, Ella la interprete soñada y Sarah la voz inigualable. Febrero nos las vuelve a traer con sendos trabajos recopilatorios que nos sirven para mirar atrás. Preguntarse quién fue la mejor es algo así como tratar de señalar el cuadro más bello jamás pintado. Sus voces han sido capaces de asombrar al mundo entero y de permanecer vivas aunque sus dueñas nos dejaran hace tiempo. En 1996, cuando Ella Fitzgerald moría después de una larga enfermedad, cualquier aficionado al jazz sabía que asistía al final de un trío mítico, legendario, comenzado casi con la historia del siglo XX y finalizado a las puertas del XXI. Ella ha sido, para muchos, la cantante más versátil y capaz que ha existido sobre la faz de la tierra, verdadera musa del swing, propulsora del bop cantado, una de las mejores dentro de la música popular americana y, ante todo, leyenda viva de la mujer dentro del mundo del espectáculo. La muerte de Ella traía consigo la desaparición de la última de las "tres grandes" voces que aunaron en su obra el clasicismo y la modernidad, que se situaron como faros alrededor de los cuales todo giraba y que consiguieron catapultar el jazz hacia audiencias nunca soñadas por los instrumentistas. Ahora su obra vuelve a nosotros en forma de discos recopilatorios, realizados con la colaboración de quienes deberían ser sus herederas aun cuando es notorio que ni Ella ni Billie ni Sarah podrán tener nunca sucesoras. Esta fue, de hecho, su gran virtud: siendo herederas de una amplia tradición musical, innovaron y crearon hasta llevar a las vocalistas norteamericanas a una cumbre únicamente comparable a los estados que hoy viven las grandes estrellas del pop. En ellas se aúna la historia de medio siglo de música norteamericana y se dan parentescos que no se pueden olvidar a la hora de pasar revista a aquellos años. Las tres, como no podía ser menos, son negras, nacidas en el primer cuarto de siglo y con vivencias a caballo de guerras mundiales, cracks económicos, políticas racistas, leyes secas y, sobre todo, el comienzo de la cultura estadounidense. Es muy difícil señalar acontecimientos culturales en aquel país antes de este siglo y, sin embargo, tremendamente fácil indicar a estas mujeres como verdaderas embajadoras de la música norteamericana a lo largo de los años y los países. Billie Holiday es, probablemente, la vocalista que más ríos de tinta hizo correr antes de que los medios de comunicación fijaran su vista en la música para engrandecer su sección de sucesos. Su vida es la representación teatral del folletín con protagonista femenina: nacida en la pobreza, encumbrada al cabo del tiempo y muerta en sórdidas circunstancias. Ella, sin embargo, era la imagen triunfadora, la que logró salir de la pobreza y colocarse como uno de los iconos más representativos del "american way of life". Sarah puede aún considerarse una de las voces más privilegiadas de este siglo; educada desde cría para ser la mejor, consiguió convertirse en la verdadera reina del Harlem que fue la cuna profesional de las tres. Billie Holiday La droga y el alcoholismo tiñeron de tragedia la vida de Billie Holiday, nacida Eleanora en 1915. Si bien cambió su nombre en homenaje a la actriz Billie Dove, lo cierto es que terminó siendo conocida por el apodo de Lady Day. Su vida es todo un poema que, lógicamente, ha quedado marcado en su obra. Trabajó desde cría, sufrió una violación y, tras mudarse a Nueva York desde su Maryland natal, fue detenida por ejercer la prostitución para poder comer. Debutó en la música como cantante de propina en el Log Cabin de Harlem y fue descubierta por John Hammond. Su ascensión fue meteórica debido a su enorme carisma y a su capacidad para sensibilizar al público. Grabó con los mejores porque sólo los mejores estaban a su altura y fue una de las primeras mujeres que reivindicó su papel como compositora. Su figura se convirtió en musa de intelectuales y en representación de posturas antirracistas. Cuando por condena no pudo trabajar en los clubs de jazz, dado que en ellos se vendía alcohol, se descolgó actuando en teatros "finos" con lleno en cada show. Su voz, mágica, recreó el jazz tradicional, se internó en el blues con marca de identidad y creó a su alrededor una leyenda paralela a la de su propia vida. Aún en su lecho de muerte, fue perseguida por la policía, quien la fichó estando en coma acusada de tenencia y consumo de estupefacientes. Su vida ha sido llevada al cine y expuesta en su autobiografía ("Lady sings the blues"), pero sus azares nunca pudieron ganar en interés a su obra, que ha quedado grabada casi en su integridad y que es comercializada hoy, casi cuarenta años después de su fallecimiento. Ella Fitzgerald Nació en el estado de Virginia, dato que, si hablamos de 1918, ya quiere decir bastante. Huérfana desde joven, fue una de tantas artistas que se descubrieron en los concursos del Apollo, el emblemático teatro de Harlem que siempre contó en su programación con apartados dedicados a los jóvenes valores. Tras ganar un concurso, comenzó a trabajar con la orquesta de Chick Webb y se convirtió, rápidamente, en un emblema de la música swing. Su ascensión coincidió con los felices años posteriores a la prohibición y los grandes empresarios del espectáculo vieron en ella a la mejor exponente de los "canarios", vocalistas femeninas que adornaban las sesiones de baile de las grandes orquestas de la época. Sin embargo, su calidad y mejora le hicieron abandonar rápidamente ese status para convertirse en una estrella por derecho propio. Con el nacimiento del bop dio un giro a su carrera, consolidándose como una artista inigualable, capaz de improvisar como ninguna y de dominar el escenario como una verdadera diva. Posteriormente, amplió su carrera acogiendo el repertorio clásico estadounidense, grabando con Louis Armstrong, entrando en el cine y convirtiéndose en la vocalista por excelencia de la música estándar norteamericana. Las grabaciones de los songbooks de los mejores compositores de la época la catapultó a una fama impresionante y prolongó su carrera cuanto pudo, aun cuando su salud la hizo declinar en el tiempo. Se la ha considerado como una de las mejores intérpretes (si no la mejor) dentro de la música vocal. Reconvirtió por completo el jazz vocal, cantó blues con elegancia, se pasó a la música popular y llevó el scat a unas cimas inigualables. Sarah Vaughan La apodaron La divina y con bastante razón. De las tres grandes voces norteamericanas, esta mujer, nacida en New Jersey en 1924, es, con seguridad, la más perfecta. Su familia era aficionada a la música y, por este motivo, recibió educación desde pequeña. Fue una de las miles de vocalistas que comenzó su carrera en la iglesia cantando gospel e interpretando con el órgano y el piano. Como Ella, su salida profesional también llegó gracias a sus actuaciones en el Apollo. Después de cantar "Body and soul" le dieron un premio de diez dólares y le proporcionaron un contrato con la orquesta de Earl Hines. Mejoró su técnica y aprendió a plantarse en el escenario, convirtiéndose desde siempre en una verdadera compañera de sus músicos. Su capacidad la permitía tratar a los grandes de tú a tú e introducir su voz en la música con la misma perfección que lo hace cualquier otro instrumento. A partir de 1945 decidió alejarse de los circuitos habituales, llevando su carrera de forma autónoma. Sus cuatro matrimonios la convirtieron en una de las musas de la prensa del corazón y la ampliación de su repertorio la permitió, incluso, competir con las divas del pop. Su carrera cubrió todo el espectro que una cantante puede alcanzar, tocando con los mejores músicos y las más grandes orquestas. Su gran déficit fue siempre la interpretación: su voz fue tan majestuosa que la trataba con una rigurosidad propia de una artista de música clásica, lo que la hacía olvidarse, por completo, de la temática central de los textos. Con todo, una voz impresionante. Ultimate "Ultimate" es el nombre de la serie que Verve Records ha iniciado centrándose en las figuras del jazz vocal. En principio, esta serie está dedicada íntegramente a mujeres y añade una circunstancia pintoresca que la enriquece de cara al oyente: la selección del material ofrecido ha sido realizado por vocalistas en activo. Así, las primeras cinco referencias de la colección llevan la siguiente relación: Dee Dee Bridgewater se ha encargado de seleccionar el material de Sarah Vaughan, Joe Williams he elegido las canciones de Ella Fitzgerald, la maravillosa Shirley Horn ha sido la responsable del álbum de Billie Holiday, Abbey Lincoln ha hecho su propia selección del material de Dinah Washington y, por último, Dianne Reeves ha sido la responsable del álbum correspondiente a Nina Simone. De esta última, la selección no aporta muchas novedades, dado que Nina, aunque popular, tiene sus éxitos bastante contados. En el disco dedicado a Dinah no falta su excepcional "Blue Gardenia" ni otras obras que la han colocado como una de las mejores baladistas del género. La selección realizada por la Bridgewater sobre la obra de Sarah Vaughan no es lo mejor que se podría esperar. Las mejores piezas de la Vaughan no se grabaron precisamente con la compañía que edita esta recopilación, pero, con todo, un álbum en el que se incluyen la mítica "Shulie a bop", una versión incontable del "Summertime", otra del "Smoke gets in your eyes", y se recupera la grabación que realizó del "Corcovado" jobimiano en el 64 es, de por si, más que suficiente como para despertar un enorme interés. Billie Holiday estuvo en Verve durante su época de madurez (a partir de 1952). Con esta compañía realizó sus últimas grabaciones antes de dar su último salto a la Columbia. Ello hace que el material que esta mujer dejó en la compañía la represente como una artista completa, que no vivía de hits, dado lo irregular de su modo de vida, pero que contaba siempre con un glamour acumulado después de muchos años de éxito multitudinario. En esta época, Billie procuraba actuar más que grabar. Con todo, las versiones ofrecidas en la selección de "Lady sings the blues" o de "Body and soul", así como la de "God bless the child", dejan claro el carisma de su voz y hacen notar que la selección de Shirley Horn es la que, probablemente, más se aproximaría a su propio repertorio. Al contrario que la Holiday, Ella Fitzgerald tiene lo mejor de su repertorio en Verve, por lo que Joe Williams se juntaría con un montón de problemas para realizar una recopilación de, sólo, dieciséis temas. El tema lo ha resuelto buscando versiones pintorescas de los temas más emblemáticos de la diva. Con eso ha quedado un disco verdaderamente llamativo y coqueto, muy alejado de las recopilaciones al uso. Billie Holiday. "Ultimate". Verve 539051 Dinah Washington. "Ultimate". Verve 539053 Ella Fitzgerald. "Ultimate". Verve 539054 Nina Simone. "Ultimate". Verve 539050 Sarah Vaughan. "Ultimate". Verve 539052
|