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JVC presenta su catálogo étnico. Febrero 1997

La vuelta al mundo en música

¡Prepárense los amantes a los ritmos de allende los mares! Y que se preparen en condiciones. La compañía JVC es una de ésas que puede presumir de muchas cosas, pero, ante todo, de un catálogo étnico que quita el hipo. Hasta hace pocas fechas, las referencias del mismo solamente podían encontrarse por medio de importadores particulares, los cuales distribuían en poquísimas tiendas especializadas. Recientemente, JVC ha abierto su división europea y ha comenzado el desembarco.

Las siglas JVC responden al nombre de J. Victor Company, una multinacional japonesa a la que solamente le falta invertir en la fabricación de champú para el pelo. En el resto de las cosas, al igual que Mitshubishi o Sony, ya ha colocado sus acciones en una multitud de compañías subsidiarias que van desde la fabricación de aparatos de alta fidelidad hasta, ¡cómo no!, compañías discográficas.

JVC, la discográfica, comenzó editando lo habitual (música clásica) y se juntó, sin quererlo, con un catálogo que cubrió toda Asia y que engrandeció enormemente el mercado de los reproductores fonográficos (donde también tenía parte). Curiosamente, por esas cosas que tiene el destino, en Estados Unidos existía ya un sello que se llamaba Victor y que era distribuido por RCA. Del mismo modo, el logo de J. Victor Company, un perrito aullando a un gramófono, estaba registrado en Europa por La Voz de su Amo. Con estas circunstancias, resultaba que la imagen de la compañía fuera de Asia casi no se parecía en nada a la que mandaba en el imperio nipón. JVC fue de esas empresas que, dentro de la alta fidelidad, se montó en el carro de la investigación y mantuvo constantemente un eficaz duelo con Sony. Así, ayudó a desarrollar el sistema estéreo y dio los primeros pasos dentro del sistema cuadrafónico. En este campo, JVC perdió terreno al llegar la era digital y el salto al compact disc.

El sello

En los años 80, JVC comenzó un catálogo de grabaciones que pretendía reflejar todas las raíces y culturas del mundo asiático. Así nació su serie de world music. Antes, JVC ya había abordado el terreno del jazz y el folk convirtiéndose, en algunos terrenos, en un sello prestigioso al que no hacían asco los artistas norteamericanos. En los 90 llegó el momento de dar el salto a los Estados Unidos. Si todas las compañías están embargando literalmente el territorio norteamericano, ¿cómo iba a faltar allí JVC? Fue así como se abrió, a principios de la década, JVC Music Industries USA, orientada, sobre todo, al desarrollo del catálogo de jazz contemporáneo con músicos japoneses y estadounidenses. El salto siguiente, bastante lógico, era desembarcar en Europa, lo que sucedió en 1995 con la creación de la filial instalada en el Reino Unido. Estas expansiones no solamente estaban dirigidas a abaratar los costes de las exportaciones y a facilitar la captación de artistas europeos y norteamericanos, sino también a ampliar y completar el extensísimo catálogo clásico y folklórico con el que ya contaba el sello. Lo bueno para los españoles es que JVC ya tiene distribuidor oficial en España de todo su material. La compañía Indigo ya se encargaba de esta etiqueta en los últimos años, pero fundamentaba su trabajo en los géneros más accesibles que provenían del mercado americano. Ahora, con la instalación de JVC aquí al lado, Indigo se ha propuesto comercializar en nuestro país el catálogo completo del sello y esto supone un notición para los amantes de la música étnica. ¿Qué por qué? JVC tiene lo que podríamos llamar tres "colecciones" dentro de la música étnica. La primera, World sounds, se caracteriza por tener una banda roja en su portada y agrupa todo el fondo de catálogo de la compañía. En total son ciento catorce referencias que cubren todo el espectro asiático y que ha realizado incursiones en tierras europeas, africanas y latinoamericanas. De esta colección se van a importar inmediatamente cincuenta títulos, mientras que el resto se pondrán en las tiendas ordenadamente y atendiendo a las solicitudes de los aficionados. La segunda colección, World sounds special, también tiene banda en la portada, pero en este caso se trata de una de color azul. Esta serie se dedica a material especializado en folklores muy específicos y concretos y es un complemento al fondo de catálogo. Por último, tenemos la serie Voices, totalmente centrada en la música tradicional vocal. Estas dos últimas series ya tienen ediciones europeas y se fabrican en el continente, lo que implica que las notas explicativas son en inglés (en la serie roja lo son en japonés, muy exótico pero algo complicado) e irán apareciendo en el mercado español al mismo tiempo que en el resto de los mercados. El catálogo étnico de JVC no termina ahí, ya que, continuamente, están apareciendo dentro del sello abundantes novedades centradas en los músicos que, lejos de ubicarse en los modelos tradicionales, aportan novedad y tendencias contemporáneas a la música asiática, africana y sudamericana. Estos álbumes aparecerán sin pertenecer a ninguna serie concreta de JVC, ya que no tienen intención de complementar el catálogo más tradicional.

La serie roja

El fondo de catálogo impone, por su variedad, algo que vamos a tratar de mostrar, aunque lo mejor que puede hacer el aficionado es hacerse cuanto antes con un catálogo de la serie (el teléfono de Indigo es 466 43 34). Comenzando por territorio americano, de Argentina se muestran tanto los cantos andinos como los tangos, de Panamá existe un volumen sobre la música folklórica instrumental del país, de Paraguay hay editado un cancionero y de Perú se recogen unos volúmenes sobre el folklore andino, del mismo modo que en Songs of the Garifuna se atiende a la música tradicional de Honduras. Todo ello sin olvidar, por supuesto, las típicas rancheras mexicanas. Subiendo para el norte podemos detenernos en Songs of the navajo, centrado en el folklore de una de las razas indias más antiguas del continente, o seguir ascendiendo para conocer la música de los indios canadienses en Songs of the inuit. Los discos referidos a Europa son menos, pero no guardan menor interés: volúmenes sobre la polifonía búlgara, cantos ortodoxos griegos, violines gitanos húngaros y ceremonias sufís turcas también tienen cabida en esta serie roja, aunque, con todo, es la música asiática la que predomina en el catálogo de la colección: Bali, China, Georgia, India, Irán, Japón, Java, Corea, Mongolia, Pakistán, Sumatra, Thailandia y el Tibet son territorios sobre los que se puede llegar a conocer absolutamente todo sobre su música gracias a la enorme cantidad de discos que tratan cualquier faceta de su tradición instrumental o cantada. Africa tampoco se queda atrás en cuanto a cobertura. En la serie se encuentran por igual arpistas etíopes, vocalistas ghaneses, percusiones de Costa de Marfil, artistas de Madagascar, griots senegaleses, trovadores sudaneses, folkloristas tanzanos y música ritual de las etnias de Zaire. Como se puede ver, un surtido envidiable que cualquier aficionado querría tener en su totalidad, ya que supone una enciclopedia viva de la cultura que ha ido componiendo el mundo actual en el que vivimos.

La serie azul

Por si lo anterior no fuera suficiente, siempre hay algún quisquilloso que quiere saberlo todo, absolutamente todo, sobre la música que se hizo en la última isla del Pacífico. Para ellos se creó World sounds special, una serie especializada que busca debajo de las piedras la música del mundo. Dentro de "los azules" ya se han publicado cinco volúmenes sobre la música de la Polinesia que te pueden dejar tumbado: Tahití, Tuamoto, las islas australes de la Polinesia francesa, Samoa, Tonga, Fidjí, Futuna o Tuvalu son islas que probablemente nunca verás (a nosotros nos cuesta encontrarlas en el mapa), pero que también tienen música. Aparte de otras cosas la mar de pintorescas, las últimas novedades de esta serie corresponden a dos músicos del norte de la India: Amjad Ali Khan, el "príncipe del sarod", y Nishat Khan, un virtuoso del sitar. Igualmente, se acaban de publicar referencias del Tanjor Viswanathan (un grupo de flautas del sur de la India), un par de discos sobre orquestas de Bali (la Semara Ratih gamelan orchestra y la Yama Sari gamelan orchestra) y el último trabajo del Song of the native land ensemble, una formación que trabaja desde 1981 dentro del folklore coreano más exótico. Todas estas grabaciones son novedades y han sido publicadas ya por JVC Music Industries UK.

La serie negra

Podríamos denominar a la serie Voices como la serie negra porque todas sus portadas presentan un fondo negro sobre el que se sitúa la foto del artista que protagoniza la grabación o un motivo alusivo a la misma. Esta es la serie más joven de JVC y, hasta el momento, sólo cuenta con cinco referencias que acaban de publicarse hace muy pocas fechas. La primera está centrada en cantos gregorianos con temática navideña. La segunda es Dhrupad, el último trabajo de los Dagar brothers, un dúo especializado en la interpretación de ragas elegidos entre la tradición musical del norte de la India. Otro de los lanzamientos de Voices es Bulgarian a capella, interpretado por el Phillip Koutev national folk ensemble. Este disco presenta música polifónica búlgara interpretada por más de ciento veinte voces grabadas con la última tecnología digital 20 bit K2 supercoding. Devotions es, probablemente, el disco más curioso de la serie, ya que aúna, en una única grabación, a coros gregorianos y budistas presentando material de ambos y llegando a fusionar en algún tema las voces de ambas formaciones. La última referencia de esta serie negra es Namdzilin norovbanzad, de la vocalista Urtiin Duu, originaria de Mongolia y realmente espectacular (en sus aptitudes vocales). Como bien se puede comprobar, en este catálogo, el que no tiene es porque no quiere. Claro que, igual que el quisquilloso de la Polinesia, siempre puede haber alguien que diga: "No, pero lo que yo quiero es música actual, contemporánea, nada de folklore". Para ellos se ha hecho el recuadro que cierra este artículo. JVC no se limita en sus ediciones a recuperar lo más tradicional, sino que también tiene su catálogo abierto a los músicos más vanguardistas de los cinco continentes.

E.P.

Hamza El Din

Muwashshah

Hamza es uno de los grandes dentro de la música nubia. Su carrera como músico es amplia (nació en 1929) y fue uno de los primeros que, gracias a becas y estudios en el extranjero, consiguió dar a conocer el folklore nubio por todo el mundo. Tocó en Newport en el 64 y en Woodstock en el 69. Ha colaborado con gente de Grateful dead y ha compuesto música que interpretó el Kronos quartet (The persions). Su nueva grabación se centra en el muwashshah, una forma clásica de canción creada en el siglo IX en Andalucía (Al-Andalus) por Ziryab, un músico negro que cumplía condena en Bagdad y escapó.

Mandinka

Independence

El guitarrista de Malí Mamadou Doumbia ya tenía un cartel antes de formar Mandinka en 1993. Había tocado en la Rail band (una especia de Bluesbreakers africanos por su manera de lanzar músicos) y más tarde fue el guitarrista de Salif Keita (otro que salió de la Rail). Girando con Keita conoció a músicos occidentales, llegando a tocar con frecuencia con Carlos Santana. Por entonces fusionaba la raíz folklórica con nuevos ritmos occidentales. En el debut discográfico de Mandinka presenta ya solamente tendencias contemporáneas que recuerdan a la fusión, el soukous y la música de baile, tanto del Caribe como del Mediterráneo. Impresionante.

Yumuri y sus Hermanos

Provocación

Este grupo se dio a conocer en España con la aparición de su Cocodrilo de agua salá. Es uno de los más populares en Cuba gracias a su fusión de estilos, donde cabe el son, el chachachá, la salsa, el jazz latino y el funk. Yumuri debutó en la Orquesta Reve y, a los veintiocho años, formó este grupo junto a sus tres hermanos. Su carrera internacional ha crecido hasta llegar a ser fichados por JVC, la cual los ha convertido en una sensación dentro del mercado nipón. Provocación es su último trabajo.

Cheb Tati

Dans la vie

Desde el último lanzamiento de Rimitti no había un disco de raï que revolucionara tanto el panorama. Tati es, hoy por hoy, uno de los grandes de todas las discotecas del Magreb. Su estilo, que inserta el dance más radical dentro de la música tradicional, llega a alturas a las que nadie había llegado aún. Desde que grabó El Hammam, su debut discográfico, han pasado siete años en los que su figura se ha engrandecido. En Dans la vie, su último trabajo, Tati no hace ascos a las programaciones, los coros disco, la percusión electrónica y una voz que aborda cualquier cosa que le echen. Sorprendente.

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