Grupos prefabricados. Septiembre 1997
Frankie Lymon* llora por las Spice girls
Los grupos de fans, prefabricados para cubrir una demanda real o intuida, constituyen uno de los sectores más dinámicos de la industria discográfica. Puede que no te gusten, pero sí conviene saber cómo se montan y lo que ocurre con sus componentes cuando pasan sus 15 minutos de gloria compartida. Diego A. Manrique saca la lupa y se tapa la nariz.
Es uno de los secretos vergonzantes de la industria del disco: prácticamente ninguna compañía se niega a explotar la mina de los artistas para niños y adolescentes. Hasta los ejecutivos más exquisitos entierran sus prejuicios y sus gustos personales para ordeñar la rica leche de esa vaca sonrosada que no ha llegado a la nubilidad. Algunos hasta tienen justificaciones históricas: "también Elvis y los Beatles empezaron como fenómenos de fans". ¿Serán sacrílegos?
Todos los cazatalentos buscan entrar en esa zona infamante. Y esa es una decisión acertada desde una lógica empresarial. Los artistas de fans no necesitan un desarrollo convencional: se lanzan con estrépito y entran o no entran, pero apenas requieren mimos especiales. Con ellos no hay grandes exigencias creativas o crisis temperamentales: llegan disciplinados por manager y/o productor enseñados a sonreír y decir "gracias" o "sí, señor"; son mansos y manejables. Son los artistas ideales.
Además, si se acierta con ellos, se convierten en una catarata de dinero rápido que pone color saludable a las cuentas del año en curso, un año tal vez poco brillante en cuanto a resultados de nuevos lanzamientos. El tándem Dro-Gasa superó las suspicacias de su propietario, Warner music, en cuanto a las escasas ventas de sus artistas nacionales gracias a que alguien tuvo la inspiración de poner a una tal Laura Pausini a cantar en castellano.
Así que nadie se debe asombrar que ahora mismo haya tres grupitos luchando por el quimérico título de las "
Spice girls españolas": son las Sugar girls, A las 10 en casa y Ahora!!. Mejor dicho, sí que hay motivos para el pasmo: intentar duplicar a escala peninsular las fórmulas ajenas suele generar resultados patéticos, tanto en lo comercial como en lo artístico. Ahí está el ejemplo de la Virgin española: beneficiaria de los millones de Spice girls, no ha dedicado sus esfuerzos posteriores a lanzar una versión cañí de las picantes, sino a promocionar algo diferente, los Backstreet boys. ¿Qué fue de Lydia, aquella "Laura Pausini de Leganés"?
De todos modos, no resulta fácil conseguir información sobre la trastienda de estos fenómenos, un mutismo hecho a la vez de deseo de preservar los-truquillos-del-maestrillo o del pudor, explicable por tratarse de una actividad poco respetable estéticamente y ahora sometida a un escrutinio mayor ante la histeria social desatada por algunos casos de pederastia.
(Conviene parar aquí que para desdramatizar. Sólo conozco un caso de Dr. Frankenstein del pop-para-adolescentes que fuera condenado por esos delitos: es el de Tam Paton, responsable de los escoceses Bad city rollers, condenado a tres años de cárcel por "gross indecency" con chicos no precisamente los del grupo menores de edad. Y recuerdo haber oído quejarse a Enrique del Pozo en los tiempos finales de Enrique y Ana de los toqueteos bajo la mesa que le sometían algunos locutores radiofónicos. En general, parece que se mantiene esa regla, tantas veces invocada y violada, de "no metas la polla donde tienes la olla".")
Lo poco que se sabe es que la maquinaria del laboratorio estelar que debe contar con fuertes fondos para invertir en el proyecto se pone en marcha con el casting, donde se recurre a ese inmenso ejército de chicos y chicas guapos que aspiran difusamente a vivir de su belleza, ya sea en televisión, en cine o en la canción. Aparte del físico, se requieren algunas dotes para el baile y algo para el canto. Cierto: en el disco se puede trucar todo lo que sea necesario o reemplazarles por gargantas mercenarias, pero conviene que sepan defenderse con un micrófono para que no hagan el ridículo de las Spice girls en sus raras presentaciones sin playback.
Lo ideal es que se trate de un grupo preexistente, con ciertos talentos musicales. Ese fue el caso de The Jackson 5, con varios años de existencia y algunos singles editados antes de ser fichados por Motown. Eran pasta moldeable para la Academia Berry Gordy para futuras estrellas, que se ocupó de enseñarles coreografía, etiqueta y buenos modales. Una enseñanza nada gratuita, ya que los términos del contrato un mísero 6% de royalties eran más que ventajosos para Motown. Cuando se separaron de Gordy tuvieron que cambiar de nombre (The Jacksons) e incluso éste les pasó una factura de medio millón de dólares por el coste de producción de casi 300 canciones que fueron grabadas pero no editadas. No; no hay vergüenza en estos bajos fondos.
El ser hermanos es un factor de cohesión que da tranquilidad a los inversores, y más si han sido educados bajo estrictas creencias religiosas, como es el caso de los hermanos Osmond, mormones que fueron catapultados en 1971 como la versión pálida de los Jackson 5. Lo mismo ocurre con los recientes Hanson: si ya tienen programado un sistema de control de las hormonas es improbable que surjan escándalos sexuales. Y esas familias suelen contar con un padre o una madre que ejerce el poder y evita las tendencias centrífugas inevitables cuando los mocosos crecen. Aunque sea con extrema crueldad, caso del brutal progenitor de los Jackson, o de en otro género Murray Wilson, el "pater familias" de The beach boys.
El factor familiar no se daba, evidentemente, en The monkeys, un cuarteto inspirado por los Beatles y cuya serie de televisión seguía el fresco modelo de "¡Qué noche la de aquel día!". Los elegidos eran perros (relativamente) viejos con experiencia como músicos o actores, lo que provocó constantes insurrecciones motivadas por el hecho de correr unos años de 1966 a 1970 pródigos en insurgencias y por el afán de no quedarse atrás frente a sus colegas más hip: llegaron a tener en su serie de telefilmes a invitados como Frank Zappa o Tim Buckley. ¡Toma maternidad!
Por semejantes turbulencias, el "caso Monkeys" es un ejemplo negativo en estos asuntos, aunque ahora sea evidente que dejaron una discografía espléndida aparte de sus variados talentos contaban con dos de los mejores compositores y músicos de la Costa Oeste y que sus episodios televisivos tenían un ingenuo encanto. Pero este texto no trata de grupos que hicieron música espléndida a pesar de las circunstancias
Insisto: el patrón Jackson 5 dinamita morena reconcentrada sigue siendo imitable. Así lo entendió un tipo listo como Maurice Starr, quien puso en marcha New edition tras devorarse vídeos y discos de Michael y familia. La música era fiel a la inspiración, pero los tiempos eran más agrios: uno de los empleados de New edition terminó acusado de intento de homicidio de Guy, el jefe de seguridad del grupo que giraba con ellos (un recluta de New edition terminaba en la UVI esa misma noche tras toparse con los bates de béisbol de la tropa de Guy).
Starr decidió aplicar sus experiencias a una "New edition en blanco" que se llamaría New kids on the block y despegaría gloriosamente en 1988. Los
Nuevos chicos del bloque eran clase media baja y no se contentaban con imitar el funk, el hip hop o el new jack swing de sus contemporáneos negros: se convirtieron en habituales de los tribunales por actos de violencia, demandas de fans heridas, acusaciones de plagio Y un juez determinó que Starr y compañía deberían compartir ganancias con un mafioso de tercera que puso 60.000 dólares para moldear el grupo cuando todavía se llamaba Nynuk. Millones de padres sintieron escalofríos al enterarse de semejante asociación, pero sus hijas hace tiempo que habían enterrado los discos y los muñecos y los comics de NKOTB.
Y llega la pregunta del millón de dólares: ¿tienen una segunda vida profesional los miembros de grupos para teenagers? A veces. De Jackson 5 y New edition salieron sendas megaestrellas y algunos satélites de breve brillo. Y, en el caso de los solistas, Alanis Morissette logró borrar el estigma de dos discos afortunadamente para ella sólo conocidos en su Canadá natal que oscilaban entre imitaciones de Madonna y copias de Paula Abdul previos a su supermillonario y superauténtico "Jagged little pill".
Ya se sabe que es España tenemos memoria de elefante y no se perdonan esos pecados de juventud. Por el contrario, en la América hispana que recogió el testigo de los infinitos grupos y solistas españoles lanzados en los setenta como carnaza para dientes tiernos son más tolerantes. Claro que en aquellas tierras tórridas han perfeccionado e arte de empaquetar tales productos, alucinantes grupos con capacidad de regeneración, que cambian de miembros según pasa el tiempo. En México, el imperio Televisa hace naturales esos recambios que incluyen (¡qué generosidad!) el lanzamiento como solistas de los expulsados del paraíso. Así, Thalia, la niñita de Timbirinche, es ahora una real hembra que se desmelena así: "despacio y luego me mata/ un macho e corazón/ bien rudo lo quiero/ lento yo lo quiero/ siempre más y quiero/ que me llegue hasta le fondo del corazón". ¡Pausa para refrescarse!
En Puerto Rico se alcanzó la perfección del montaje para "tinajeras": Edgardo Díaz, estudiante de periodismo en la Complutense madrileña, trabajó en ambos lados del Atlántico con La pandilla hasta que los críos entraron en edad de votar y cambiaron la voz. Edgardo tuvo entonces la gran idea: en su grupo habría renovación de personal cuando se llegara a los 16 años. Así nació Menudo, que conquistó múltiples records durante los años ochenta.
Menudo era una empresa inatacable: además de cantar, bailar y tener buen tipo, Díaz exigía buenas notas y obligaba a estudiar durante las giras). Los temas se componían y se grababan en España, la mayor parte firmados por esos músicos invisibles metidos en la industria de la publicidad. Los chicos cobraban inicialmente una tajada de los beneficios netos, pero luego se quedaron sólo con un sueldo, adelantos generosos "para que los padres se muden a pisos nuevos que concuerden con la imagen triunfal de Menudo" y experiencias que aprovecharon para sus carreras en solitario.
De Menudo salieron Charlie Rivera, Robbi Rosa y Ricky Martin, en cuyas biografías oficiales (¡curioso!) se ignora o se pasa por encima del dato de la estancia en el grupo infantil. No creo que esto le haga gracia a Edgardo, un manejador paternalista convencido de que estaba haciendo una gran labor por sus protegidos y por la imagen de los latinos en EE.UU. Un Edgardo que decía que su máximo placer era "tratar con tiburones anglos del show business que se quitaban el sombrero ante su implacable regla del reciclaje de miembros al llegar a los 16 años "
Díaz, que negaba contra la atronadora evidencia de que lo de Menudo tuviera componentes eróticos, seguramente se estará tirando de los pelos al ver los desastres recientes de grupos británicos en la misma línea: el chico de East 17 despedido por defender el uso del éxtasis, el "festival" de reproches y demandas que fue el final de Take that, el desastre en directo de Spice girls. "Chapuceros" le oigo refunfuñar desde su mansión de Miami.
* Frankie Lymon fue número uno en EE.UU. allá por 1956, a los trece años de edad, con el vibrante "Why do fools fall in love" al frente de un grupo vocal del Bronx: The teenagers. Su éxito fue fugaz y poco rentable: Lymon fallecería de sobredosis a los 25 años rodeado por ratas y una miseria indescriptible.
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