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Elvis Presley. Julio 1997

El rey del rock se fue hace veinte años

Pues sí. Ya han pasado veinte años desde que nos dejara una de las figuras imprescindibles dentro de la música del siglo XX. Su trascendencia no deja lugar a dudas dentro de cualquier género. El r'n'b', el rock'n'roll, el country, el gospel o la canción melódica encontraron en este personaje una de sus mejores cunas. Quieras que no, él fue el rey.

De Elvis se han dicho tantas cosas que es difícil no repetirse. La historia de un juvenil camionero que, por casualidad, pasa a convertirse en la máxima estrella del firmamento musical ha sido escrita, filmada y escenificada en multitud de ocasiones. Su época de ascensión, convirtiéndose en un demonio para los acomodados y en un ídolo de los jóvenes, fue uno de los episodios más románticos de la historia del rock'n'roll. Su movimiento de caderas, su tupé, sus trajes de cuero negro y su prodigiosa voz han quedado inmortalizados en todas las retinas y oídos de quienes le pudimos disfrutar en vida. Su decadencia, estandarización y muerte son el ejemplo vivo de lo que el dinero puede llegar a hacer con la gente. Elvis reunió en su persona lo mejor y lo peor de ser una estrella y en su discografía dejó la primera música mestiza que vio parir este mundo. Cantó como un negro con su voz de blanco, llevó el gospel hasta sus cimas más altas y convirtió al rock'n'roll en una música sin color sacándola del ghetto y encumbrándola hasta hacerla la verdadera voz de la segunda mitad del siglo.

Hoy en día todo el mundo tiene claro que, sin Elvis, no tendríamos muchas de las cosas que tenemos hoy. El inventó el espectáculo tal y como hoy lo conocemos, él fue la primera gran estrella tal y como hoy lo consideramos, él fue el primer artista cuya música saltó las fronteras de los países convirtiéndose en el icono universal que representaba a la juventud de todo el mundo. Es irrepetible y como tal hay que tomarlo. Ahora que se cumplen los veinte años de su fallecimiento los homenajes se suceden por todo el mundo, Graceland vuelve a ser la meca de los más fanáticos seguidores de su persona y sus admiradores se agrupan para recordar su música y su inigualable estilo. Elvis nunca estuvo en España y su figura estuvo durante muchísimo tiempo prohibida en los medios de comunicación por su enorme desvergüenza hacia las formas establecidas, sus películas tardaron una enormidad en ver la luz en nuestro país y algunos de los documentales sobre su persona están aún inéditos en estas tierras. Con todo, en España también disfrutamos de su obra, también nos llegaron sus discos y, aunque tarde y fuera de contexto, pudimos ver en televisión sus pintorescas películas que comenzaron a hacer palpable su cuesta abajo. Era muy difícil verle y no quedarse impresionado, pero era del todo imposible escuchar su voz y quedarse indiferente. Ante todo y sobre todo, Elvis fue uno de los mejores (si no el mejor) vocalistas que ha dado la música del siglo XX.

La historia

De este hombre se pueden escribir (y se han escrito) libros enteros. Nacido en Tupelo, Mississippi, el 8 de enero del 35, nada en su adolescencia le acercó al mundo de la música. Viviendo más cerca de la transgresión que de las formas ordinarias, contó siempre con el apoyo de su madre, quien, sin querer, iba a convertirse en su hada madrina. En julio del 53 Elvis entró en el establecimiento de Sun records para grabar dos canciones en un disco y entregárselas a su madre como regalo de cumpleaños. Esto era una tónica muy normal en aquella época y muchos eran los individuos que grababan alguna canción para ponerla luego en su gramófono o (los más modernos) en el pick-up. Elvis volvió por la tienda una segunda vez y Sam Phillips decidió comercializar la grabación. Por muchas pruebas que hicieron ninguna salió bien hasta que Elvis atacó el archifamoso "That's all right (mama)" de Big Boy Crudup acompañado por el guitarrista Scotty Moore y el contrabajista Bill Black. De repente, Sam se dio cuenta que tenía delante a un blanco que cantaba como un negro con un acompañamiento que tenía, más que nada, los modos del country y la música blanca. Aquello no era normal.

Después de grabar cinco singles con la Sun todo el mundo hablaba de aquel chico. Cuando tocaba en directo formaba una revolución a su alrededor. Su movimiento de caderas y su desvergüenza hacía que los adultos le odiaran y que los jóvenes (sobre todo ellas) le vieran como algo sobrenatural. Elvis encontró a un personaje al que la historia ha llamado Coronel Parker. Thomas Andrew Parker no tenía nada de coronel, pero era el representante de Johnny Cash, Hank Snow y Eddy Arnold. El fue quien consiguió colocar a Elvis en la RCA llevándose 35.000 de los 40.000 dólares que la compañía pagó por contar con el nuevo talento. Su primer disco con la RCA Victor dio la razón a todos (menos a Sam Phillips, claro, que no se llevó ni un duro en la transacción). "Heartbreak hotel" fue derecho al número uno de las listas y vendió un millón de copias en dos semanas. Nunca se había visto nada igual. Estábamos en 1956.

Desde aquel momento la bola no hizo más que crecer. Cada single de Elvis colapsaba las tiendas y tenía tantos prepedidos que lo hacía rentable aún antes de grabarse. Los shows de televisión en los que aparecía Elvis multiplicaban su audiencia por diez y, después de cada emisión, los periódicos se hacían eco de las discusiones familiares en todos los hogares de Estados Unidos. Para los padres, Elvis era un indecente, mientras que sus hijos e hijas comenzaban a ahorrar para comprarse el nuevo single de quien ya era el "rey del rock".

Al mismo tiempo que comenzaba a filmar películas, su repertorio iba haciéndose más amplio, aprovechando sus enormes capacidades vocales. Gospel, country… todo era posible con una voz como aquélla. Mientras que arrasaba donde iba poniendo a bailar a todos los jóvenes compartía plató con Frank Sinatra y Bing Crosby sin desmerecer en nada. La construcción de Graceland, su continua presencia en la prensa del espectáculo y sus numerosas películas (hasta tres en un año) hacían de Elvis el tótem de la música de los primeros sesenta. Sus ganancias eran superiores a las de cualquier magnate petrolero y su figura era ya conocida en el mundo entero. En 1965 Elvis había producido más de doscientos noventa millones de dólares, vendido más de cien millones de discos, actuado en diecisiete películas, ganado cincuenta discos de oro y sido el actor más taquillero durante seis años. Estas cifras, contando lo que ha bajado el dinero desde entonces, no han sido igualadas por nadie en la historia de la música. Por nadie.

Los malos ratos

A partir del 65 Elvis tuvo que pagar las facturas de tanto éxito. La aparición de los Beatles le arrebató el contacto con la juventud e Inglaterra pasó a ser el punto de referencia de la música moderna. Había nacido el pop y Elvis tuvo que contentarse con un público adulto que le veía como el crooner ideal para los años setenta. Ello trajo consigo sus primeros Grammies dentro del formato de música gospel, su matrimonio y el nacimiento de su hija. Se recluyó en Graceland y solamente aparecía esporádicamente en shows televisivos que habían de pagar los cachés más altos que nunca viera la historia. En 1969 Elvis volvió a monopolizar las listas de éxitos con canciones tan increíbles como "In the ghetto" o "Suspicious minds", reapareció en Las Vegas y se instauró como una gloria nacional intocable que poco tenía que ver con los nuevos fenómenos que revolucionaban el mundo: los Rolling stones.

Los Beatles ya se habían separado. Mientras medio mundo lloraba esta situación, Elvis, aquejado de una enfermedad, comenzó a consumir una enormidad de medicamentos, lo que unido a su especial gusto por la bebida trajo consigo una degradación enorme de su persona. Comenzó a engordar como un poseso, a moverse cada vez menos y a espaciar sus apariciones en público. Graceland era su hogar del que no salía para casi nada mientras una inmensidad de turistas visitaban sus alrededores cargados de máquinas fotográficas. En aquellos años, y aunque suene a broma, Graceland tenía más visitantes que Disneylandia.

Los años setenta fueron, en lo musical, una etapa en la que Elvis se congració con toda su audiencia. Si bien sus apariciones en público podían parecer muchas veces deprimentes, su voz dejó cosas como "Kentucky rain", "The wonder of you" (70), "It's only love" (71), "An american trilogy", "Burning love" (72), "Separate ways", "Streamroller blues", "Raised on rock" (73), "Promised land" (74) o "T-R-O-U-B-L-E" (75), piezas suficientes para quitar el hipo a cualquiera que quisiera cantarlas. Su última actuación se realizó el 26 de junio de 1977 en el Market Square Arena de Indianapolis y en ella era ya palpable que su estado físico estaba al borde de la quiebra. Según George Nichopoulous, su médico, Elvis llegó a consumir, entre estimulantes, tranquilizantes y otras "cosas", 19.000 pastillas en los dos últimos años de su vida. Ese mismo médico fue el encargado de firmar el certificado de defunción el 16 de agosto cuando Elvis fue encontrado muerto por su novia Ginger Alden. Aún muerto, el rey tuvo que sufrir el precio de la fama. Enterrado en el cementerio de Forest Hill, junto a su madre, con la asistencia de doscientas mil personas, su cadáver sufrió varios intentos de robo y su tumba fue saqueada en numerosas ocasiones por buscadores de recuerdos y fanáticos sin escrúpulos. Ello hizo que su familia optara por trasladar el cadáver a un mausoleo acondicionado en el interior de Graceland. Desde entonces, Elvis descansa en paz.

Hoy

Veinte años después de su muerte, los discos de Elvis siguen reeditándose, desde los que grabó con villancicos hasta los discos de country, desde su colección de espirituales hasta sus más impúdicos trallazos de rock'n'roll. Su discografía entera no cabría en un ejemplar de esta revista. Los discos piratas con sus grabaciones en directo son infinitos y las colecciones editadas en cajas con una recopilación de su obra ya se cuentan por centenares. Una vez al año, la compañía que tiene los derechos de sus canciones edita, cuanto menos, un doble recopilatorio con alguna faceta de Elvis. Durante los últimos años, toda su discografía está poniéndose en el mercado en formato compacto y no paran de salir discos inéditos con entrevistas suyas, comentarios o apariciones en programas de televisión. Alrededor de todo el mundo, miles de clubs de fans viven con el recuerdo de Elvis. Una multitud de admiradores se visten como él, se peinan como él y participan en concursos luciendo trajes blancos con dibujos de lentejuelas similares a los que el rey usaba en la década de los setenta. Los vinilos originales con las canciones de Elvis han adquirido un enorme valor siempre que sean ediciones concretas, en single, y con la portada original. Aún hoy, sus canciones siguen siendo interpretadas y se han convertido en clásicos. Es raro que algún aficionado no tenga en su casa un "Hound dog", un "Jailhouse rock" o un "Don't be cruel" en la versión de Elvis.

Mientras no surja otra revolución social como la que supuso el rock'n'roll no podrá haber otro rey.

E.P.

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