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Beck. Abril 1997 El placer de hacer lo que quieras Se critica muchas veces que, cuando un artista firma con una multinacional, se ve inmerso en unas obligaciones que, en ocasiones, limitan su independencia creativa. Bien sea para cumplir períodos de promoción, lanzamientos en fechas más favorables o un trabajo más fácil para su difusión en radio, muchos artistas se ven envueltos en una dinámica que no favorece demasiado el crear cosas personales y, por el contrario, sí aceptan con facilidad construir sus temas pensando más en su resultado que en su propia satisfacción. Hay muchos artistas que han conseguido dar el salto sin que ello les haya influido. Beck es uno de ellos y, probablemente, el ejemplo más exacerbado de que su vida no ha cambiado desde que se ha convertido en un artista por el que cualquier compañía pagaría millones de dólares. En el verano del 93, una pequeña compañía independiente de Los Angeles editó Loser (perdedor), un single que se distribuyó entre las emisoras alternativas de Estados Unidos y que solamente podía encontrarse en tiendas muy especializadas dentro del entorno indie. La canción, mezcla de mil estilos e inmersa dentro de un género indefinible, venía firmada por un tal Beck. En las radios fue muy bien recibida y en Bongload rec., la compañía que la había lanzado, llamó la atención el hecho de tener que reeditarla con una tirada mayor dado que los pedidos se amontonaban en una de las mesas de la pequeña oficina. Curiosamente, antes de relanzar el disco, un montón de gente que se acreditaba como A&R de una compañía discográfica multinacional llamaba para saber quién era ese Beck del que todo el mundo hablaba. Los más avispados buscaban en sus estanterías la cinta de Golden feelings, la primera grabación que realizó Beck y que contenía diecisiete canciones. El disco había sido lanzado por la compañía Sonic enemy, pero aquélla fue una de las compañías que, tal y como apareció, desapareció. Una vez localizado, Beck resultó ser un chico de veintitrés años que trabajaba en un vídeo club ordenando alfabéticamente las cintas porno que suministraba el local. Mientras él trataba de salir adelante cobrando cuatro dólares diarios, un enjambre de ejecutivos preparaban sus ofertas para fichar al nuevo talento que había conseguido que Loser sonara hasta la saciedad en todas las universidades estadounidenses de la costa oeste. Lo más llamativo de la cuestión es que Beck no demostró ningún interés por entrar en el negocio discográfico: ya había contactado con unos amigos para que le sacaran un álbum a la calle y no necesitaba más. Nadie podía creerlo: una estrella del rock en potencia diciendo que prefería trabajar colocando vídeos porno. Se cuenta una anécdota que puede o no ser verdad, pero que, cuanto menos, es curiosa. David Geffen, después de oír a sus ejecutivos decir que el fichaje era imposible, se fue personalmente a ver a Beck. Fue a su casa y tuvo que tragarse la piedra más gorda de las que en este negocio puede existir. El muchacho le comentó al magnate que no podía fichar por Geffen (la compañía, por entonces, de Aerosmith, Guns n'roses y Nirvana entre otros) porque tenía un acuerdo con dos sellos independientes para que le publicaran sus canciones. Geffen, haciendo de tripas corazón, no le dio más importancia. Y no sólo eso: le aseguró que podría seguir grabando con sellos pequeños siempre que lo deseara. Lo importante era que firmara el contrato que tenía delante: un contrato en el que una de las primeras cláusulas era que Geffen rec. podría comercializar el Loser dichoso y lanzarlo acompañado de una enorme campaña de promoción. Beck aceptó y, a la semana siguiente, Loser encabezaba todas las listas de música alternativa que existían en los Estados Unidos. ¿Beck? El 8 de julio del 70 vino al mundo Beck en una parte del este de Los Angeles. La vida de este chico es tan hermética que otros citan su nacimiento en el 74, aunque, al fin y al cabo, ¿es eso importante? Lo que sí se considera importante, dado que parece tener influencia en su música, es el hecho de que su infancia pasó alrededor del hip hop, un género incipiente por aquella época y que surgía con facilidad en los barrios bajos en los que los breakdancers se disputaban sus honores realizando bailes que luego se harían populares. La familia de Beck dependía del sueldo de su madre, una oficinista que tenía que mantener a sus dos hijos. El resto de la familia de nuestro protagonista lo formaban sus abuelos: uno, que aún conservaba su mujer, era un pastor presbiteriano, y el otro era Al Hansen, un músico de blues con el que Beck pudo viajar a Europa. Este parentesco descubrió a Beck la música del Mississippi y la que hacían los folk singers americanos, por lo que, cuando abandonó la escuela a los dieciséis años, trató de ganarse la vida tocando canciones tradicionales en garitos. La aventura no le gustó mucho y cruzó el país de punta a punta para aterrizar en Nueva York siguiendo casi la misma historia que Dylan cuando descubrió la gran manzana. Pero, al contrario que el de Minnessota, Beck no aterrizó en el ambiente folk, sino que fue a parar a la zona más punky de Manhattan. El tiempo había cambiado y el protagonista también. El Raji's, el Al's y el Jabberjaw fueron los primeros locales que permitieron tocar a Beck. Este no se limitó a presentar canciones ya oídas, sino que le cogió gusto a eso de componer y creo pronto un estilo propio en el que se daban la mano, con gran naturalidad, los estilos clásicos con las formas más modernas de la música americana. En 1991, sus canciones tenían tanto de música presbiteriana y de blues como de hip hop y punk. Cuando el productor Karl Stephenson escuchó su canción MTV takes me want to smoke crack (La MTV me hizo querer fumar crack) decidió que eso tenía acomodo dentro de su ambiente y movió al muchacho dentro de los círculos alternativos de Nueva York hasta el punto de que el tema apareció en single. Tras aquella primera experiencia, el productor de hip hop se animó a realizar más grabaciones con Beck, tomas éstas que darían forma al ya nombrado Golden feelings. Dentro de un circuito muy reducido, el disco, como cabía esperar, llamó la atención, por lo que Bong load custom rec. se animó a sacar Loser en formato de 12 pulgadas. La segunda parte de la historia ya la conoces. Mellow gold En el mismo año en que Geffen ponía en la calle su primer álbum de Beck, Mellow gold, aparecerían también Steve threw up, dentro del sello Bong load, y A western harvest field by moonlight en la etiqueta Fingerpaint. Era llamativo ver cómo el gran fichaje de una multinacional hacía lo que quería sacando más y más canciones con pequeñas compañías con las que tenía contacto. Pero el tema no quedó ahí. La fama de Beck empezó a subir, su rostro comenzó a aparecer en revistas, sus vídeos a asaltar la televisión y el chico que no quería ser nadie comenzó a convertirse en una de las mejores bazas de la música americana de cara al año 2000. En 1994 Beck volvía a dar la nota al lanzar Stereo pathetic soul manure, un disco que salía en Flipside y que recuperaba parte del iniciático Golden feelings. Pero la cosa no paró y, antes de acabar el año, Beck también publicaría en K records One foot in the grave, un álbum en el que colaboró Calvin Johnson, verdadero emblema y creador de la etiqueta. A estas alturas nadie podía discutir que Beck era el artista más libre del mercado. Esta circunstancia se daba al mismo tiempo que Prince se peleaba con la Warner por no poder editar más de un disco al año, algo que terminó con ruptura y que hizo señalar al "príncipe" que no era más que un esclavo en manos de la compañía discográfica que lanzaba sus discos. Mientras el de Minneapolis tenía estos conflictos, un chaval de algo más de una veintena de años podía sacar tantos discos como quisiera en tantos sellos como deseara. Estaba claro que con Beck había llegado una nueva época a la música americana. Y la época comenzó a florecer no tardando mucho. Con su segundo álbum para Geffen (Odelay), Beck ha juntado más premios que cualquiera de los últimos artistas aparecidos recientemente. Rolling stone y el New musical express le declararon artista del año, se llevó el Brit award destinado al mejor músico extranjero y ya tiene en su casa dos Grammies que recogió en la última ceremonia celebrada en el Madison square garden de Nueva York: los correspondientes a la mejor interpretación de rock masculina por Where it's at y a la mejor interpretación alternativa por el álbum Odelay. Desde luego, para ser un muchacho que no quiere crecer, no le van tan mal las cosas. Las últimas noticias sobre Beck no pueden ser más alentadoras sobre su futuro. Calvin Johnson nos cuenta en la entrevista que tienes en este mismo número que dentro de poco estará listo un nuevo álbum de Beck para el sello K y, en cuanto a su actividad en directo, su próxima gira por Europa le traerá al escenario de Festimad, algo que cualquier tipo avispado no debería perderse. Beck tiene una faceta eléctrica, en la que la fusión está más presente que en cualquier otro artista, y otra mucho más acústica con la que recuerda a los folk singers de los setenta. ¿Con cuál aparecerá en España? Si algo puede decirse de Beck es que es imprevisible y que, afortunadamente, hace lo que le da la gana. ¿Estamos ante el gran artista del año 2000? E.P.
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