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Vargas Blues Band Caracol. 4 de marzo de 1997. Bob Margolin Clamores. 4 de marzo de 1997. El día 4 mi chica y yo se lo dedicamos al blues. Lo primero que hicimos fue acercarnos a Caracol para ver la presentación que la Vargas blues band realizaba del material de su reciente Gipsy boogie. El nuevo grupo, que se estrena con el vocalista Bobby Alexander, se mostró en principio frío, supongo que algo desolado por la floja presencia de público. Pero, en cuanto comenzó a fluir la música, todo se hizo más natural y más llevadero. Lo más llamativo del showcase fue que Alexander tiene que competir, en directo, con los enormes vocalistas que han acompañado a Javier Vargas en su último disco. En él, Loonie Brooks, Little Jimmy King, Larry McCray o Larry Graham (¡cuánto se le echa de menos en Body shock!) se encargan de poner voz a piezas en las que triunfa la fusión y sustituir a todos encima de un escenario resulta una ardua tarea para la que se necesitará rodaje. La otra parte llamativa es el propio Javier. Le note más centrado que en sus últimos pasos por Madrid, con melodías más elaboradas y sin entrar al trapo en terreno de distorsiones y desbarres. En conjunto, me pareció un buen aperitivo para el concierto que se celebrará en abril y que abrirá la nueva gira de Vargas y en el que le podremos ver con invitados y con el show completo que paseará en los próximos meses por España y parte del extranjero. Después de pasar por Pachá para ver la presentación del nuevo disco de Aerosmith (muy espectacular todo y con muchas fans jovencitas) nos tomamos un bocadillo y nos acercamos a Clamores. Allí tocaba esa noche Bob Margolin en formación de trío y no era cuestión de perdérselo. Eso, por lo menos, es lo que pensábamos al entrar, ya que al salir, mi chica y yo mostrábamos una amplia división de opiniones. Mientras que ella estaba muy contenta y reconocía que el show le había gustado mucho yo me quedé más frío que el oso de Santa Lucía. Margolin apareció con un bajista y un batería que podrían calificarse como algo más que discretos, con muy poca base y con el escueto papel de acompañantes tipo metrónomo. Un chaval muy joven se encargaba del bajo y un despistado de la batería. Margolin tuvo que corregirle varias veces a lo largo del show, ya que el ritmo que marcaba no tenía nada que ver con lo que se estaba tocando. Este histórico, que cuenta en su currículum con el hecho de haber formado parte de la banda de Muddy Waters y con cuatro llamativos álbumes, abordó temas de r'n'b con los que el público respondió bien y un largo apartado de blues en el que el bajista cogió una armónica, cantó e intercambio su instrumento con el propio Margolin. El resultado, en mi opinión, fue tan irregular como inesperado, con abundantes versiones de Waters, Rodgers y hasta de Elvis Presley y Woody Guthrie. El concierto, que más parecía una sesión de ensayo con desparramos varios, tuvo toques tan pintorescos como el hecho de que Margolin, al colocarse por segunda vez el slide, se equivocó y volvió a comenzar una pieza que ya había interpretado. Ni cortos ni perezosos, después de cruzarse unas risas, el trío la volvió a interpretar, haciendo el mismo solo y obteniendo los mismos aplausos en los mismos sitios que la primera vez. Otro toque pintoresco fue la presencia de Tonki de la Peña en el escenario, presentado por Bob como "un músico del que no recuerdo su nombre". Tonki estuvo muy digno y ayudó a que el sonido de la banda fuera más agradable que con una formación en la que el bajo parecía estar para sujetar al bajista y la batería para disimular. Con todo, lo que a mí me pareció decepcionante al público pareció gustarle... como a mi chica. Es cuestión de opiniones. E.P.
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