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The Offspring + Vandals + Lunachicks

Pabellón del Real Madrid. 9 de abril de 1997.

Se abren las puertas y las legiones del punk-rock hacen su entrada para ver el primer concierto de la noche: Lunachicks, un grupo de féminas salvajes. Una auténtica muestra de potencia pidiendo más protagonismo para las mujeres en esto del punk-pop (o punk-rock, que no consigo aclararme). Una revolución de sonido para un público no tan escaso como suele ser habitual para un grupo que sale como telonero de los teloneros. (¿Queda mejor "segundo telonero"?).

Llegan los Vandals, grupo cachondo donde los haya, que ya la había montado en su último concierto en Madrid como teloneros de NOFX (con streaptease incluido). Estos cuatro locos con distorsionadores volvieron a hacerlo: carreras por el escenario, volteretas, canciones rápidas y divertidas (todas demasiado parecidas, eso sí), versión del Tell me more de la película Grease... incluso el guitarrista tocó un punteo mientras se mordía un pie (es cierto, lo juro: yo le vi). Pero lo mejor fue el tema en el que guitarrista y cantante se cambiaron los papeles, con desnudo casi integral del loco guitarrista; en medio de la canción, I have the day, dedicada a las "señoritas", el guitarrista se bajó al foso de los fotógrafos para cantar las primeras estrofas de la canción más famosa (creo que se llama Wannabe) de las "muñecas-barbie-grupo de moda" con el consiguiente cachondeo general. Tras la actuación de los Vandals (cuarenta y cinco minutos que se hicieron cortos), creo que todos llegamos a la conclusión que el amigo Terry Fitzgerald (guitarrista y exhibicionista del grupo) está para que lo vea un psiquiatra, pero, hasta entonces, que se dé muchos más paseos por Madrid, que nosotros seguiremos pasándonoslo de miedo con él. El acontecimiento de la noche iba a llegar con un poco de retraso, como es habitual en esto de los conciertos. El cuarteto californiano más popular de los 90, The offspring, salió al escenario. Como era de esperar, basaron casi toda su actuación en su mayor éxito, Smash, tocando todos sus temas excepto un par de ellos. Empezaron con Bad habit y, desde ese preciso momento, estuvo muy claro que el público no iba a dejar de saltar y de corear todas las canciones. Una serie de temas pegadizos y muy rápidos cogieron al joven público y no lo soltaron hasta la media hora de concierto, cuando hicieron un intermedio para descansar y fumarse un cigarrito mientras sonaba una simpática musiquilla. Tocaron canciones de sus tres discos más populares. De Ignition sonaron Session, en los bises, o Kick him when he's down; de Smash tocaron casi todas, de las que Come out n'play, Genocide y el divertido pseudo-ska What happened to you fueron las más coreadas; de su último trabajo, Ixnay on the hombre, tocaron algunas, como el single All I want, Me & my old lady o Motta. El pabellón alcanzó su máxima temperatura cuando, anunciando que iban a tocar un tema que no habían tocado nunca, arrancaron con Self Esteem, su canción más radiada, sin duda; en medio de ésta, Dexter, el cantante del grupo, pidió a la gente que diese palmas y cantó el conocido estribillo de la canción de Queen We will rock you. En definitiva, un concierto muy divertido por parte de un grupo en la cima del punk-rock (o, lo que es lo mismo, pop con distorsión).

Edgar Vela

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